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Una crisis en el Workers party[1]

 

 

6 de febrero de 1936

 

 

 

1. El principal argumento del camarada X: una crisis en el Workers Party resultaría muy perjudicial para nosotros. Por eso debemos evitarla a toda costa, etcétera.

Sin embargo, la crisis es ya una realidad, y no em­pezó ayer. Estamos ante una crisis crónica que ha entrado una vez más en estado de extrema agudeza. Por consiguiente, no se trata de combatir la crisis en abstracto, lo cual no redundaría sino en un conciliacio­nismo estéril sin resultados prácticos, sino más bien de encontrar la salida política justa y luego empeñar todas nuestras fuerzas para ayudar al partido a aplicar esa salida con la mayor unanimidad posible.

2. El meollo de la crisis radica en la actitud hacia el Partido Socialista. Este es el problema que determinó todos los realineamientos viejos y nuevos después del congreso de unificación del partido. No es que fal­taran resoluciones de compromiso bien intencionadas. Pero no sirvieron de mucho. El problema, y junto con él la crisis, siguió planteado. La expulsión de los oehle­ristas demostró que se consideraba el entrismo como un problema puramente táctico, no principista, es decir, que se conservaban las manos libres para el futuro.

No puedo dar el menor crédito a la acusación de que Cannon y Shachtman ocultaran sus planes "ma­lignos", negaran sus intenciones de entrar en el Par­tido Socialista, etcétera. Cannon y Shachtman abriga­ban las mismas dudas respecto de esta cuestión que muchos de nosotros respecto de Francia, luego Bélgica y, por último, Polonia. Son dudas perfectamente lógicas, en vista de que no se trata de principios abstrac­tos, sino de la evaluación justa de situaciones concretas. Pero dado que los demás grupos -los oehleristas primero, Muste-Weber después- se opusieron enér­gicamente (aunque por distintos motivos) a la posibili­dad del entrismo y exigieron a Cannon y Shachtman un compromiso firme en ese sentido, éstos intentaron no comprometerse de antemano pero, a la vez, no perju­dicar innecesariamente las relaciones dentro de su propio partido. De ahí su actitud evasiva y expectante. Cualquier político puede evocar una situación similar en su pasado. Considerarlo un crimen es un error.

3. Para Cannon y Shachtman la escisión en el PS constituyó la clave de la decisión. El hierro se debe for­jar caliente. Ahora que la situación es tan fluida y que los stalinistas trabajan a toda máquina, es un poco tar­de para proponer fracciones internas. Gracias a los ac­tuales defensores de la fracción nos resultó imposible constituir una fracción el año pasado. Lo mismo sucedió en Francia. Naville y Lhuiller se opusieron con todas sus fuerzas a la constitución de una fracción en la SFIO. Pero apenas se propuso el entrismo, propusieron la formación de una fracción "amplia".

Alguien podría decir: ¿qué nos importa el desarrollo del PS? Nosotros seguimos por nuestro camino. Pero ese es precisamente el camino de los oehleristas, que conduce de la nada a la nada. Si opinamos que la situa­ción del PS nos ofrece posibilidades significativas, debemos realizar inmediatamente un viraje audaz y, sin perder un instante, entrar al partido, constituirnos en fracción, impedir la labor destructiva de los stali­nistas y de esa manera realizar un avance importante.

4. El argumento de que el Workers Party es ya un partido independiente y, por consiguiente, un pilar de la Cuarta Internacional, no pertenece al terreno del marxismo sino, en mi opinión, al de la política decora­tiva. El grupo de Muste se autotituló partido antes de la fusión, pero no lo era. El WPUS todavía no es parti­do. Su política debe responder a la esencia, no al nombre. No debe tomar medidas que justifiquen el nombre desde el punto de vista jurídico, sino aquellas que le permitan convertirse en un verdadero partido. Además, desde el punto de vista de la Cuarta Internacional no puede haber otra consideración. No hacemos política de prestigio. Lo que beneficia a nuestras secciones también beneficiará a la Cuarta Internacional. Debemos ser pacientes y proyectar siempre el objetivo de nuestras acciones.

En todo caso, después de la experiencia france­sa -en parte también de la belga- nadie podrá concebir el entrismo como una capitulación, y si el SAP quiere hacer bromas no le negaremos ese placer.

5. "El Partido Socialista de Estados Unidos es pe­queño, tiene una mala composición social, etcétera...". No me hago la menor ilusión al respecto. En Francia no ganamos a decenas de miles, ni siquiera a miles, sino a algunos cientos, en un Partido Socialista grande. ¿Qué sucederá en Bélgica, con el poderoso POB? Por el momento parece que nadie lo sabe. Pero debemos evaluar todo en términos relativos. Si nuestra sección francesa no hubiera entrado en el momento justo se habría degenerado totalmente. La justeza de la medida se demuestra en que volvimos a ganar a los escisionis­tas de Naville. La ruptura de Molinier no constituye una prueba de lo contrario: en el curso de algunas semanas, bajo nuestra presión política, La Commune debió realizar un viraje de ciento ochenta grados (a pesar del error organizativo que se cometió)[2]. Parece que ha renunciado a sus perogrulladas filisteas ("paridad de formaciones", "tres puntos" en lugar de un programa) y que quiere volver una vez más a la Cuarta Internacional. Si actuamos con inteligencia, ganaremos nueva­mente el núcleo sano de este grupo y a sus nuevos par­tidarios.

6. El Partido Socialista de Estados Unidos no es débil por casualidad. En Estados Unidos, la unificación política de la vanguardia proletaria es extremadamente lenta. En su momento Engels se peleó con todo el mundo alrededor de este problema. Sin embargo, no debemos olvidar que los factores fundamentales que dificultan la cristalización de la vanguardia socialista -ni qué hablar de la revolucionaria- actúan no sólo contra el PS, sino también contra nosotros; a pesar del cambio en la situación económica, la gran inercia sico­lógica, que los sindicatos han convertido en tradición, no se puede superar en un segundo. Todo es relativo. En el medio norteamericano, un acercamiento sin obs­táculos de los partidos Socialista y Comunista sería un gran escollo para nosotros durante todo un período. Sólo un ciego total podría dejar de verlo.

7. En los partidos grandes, la fuerza de cohesión es mucho mayor que en los pequeños; no se rompe tan fácilmente con un partido de masas. De ahí que en Francia, después de la ruptura, nos quedáramos con relativamente pocos elementos nuevos. El PS nor­teamericano no es un partido de masas; justamente por eso, nuestra influencia en el mismo puede resultar mucho más decisiva. Cada cual puede calcular las posi­bilidades reales en términos tan modestos como quiera, pero nadie negará que el Workers Party y la Liga Juve­nil Espartaco pueden -digamos- duplicar sus núme­ros. Si sólo fuera en un cincuenta por ciento, no dejaría de tener importancia. En todo caso, debemos conside­rar que esto es seguro. Después de las experiencias francesa y belga, nadie se atreverá a argumentar que el medio centrista podrá absorber a nuestra organiza­ción. En Norteamérica, esa posibilidad es menor que en cualquiera de los países europeos mencionados debi­do a la relación de fuerzas. Por lo tanto, esta medida no nos plantea ningún peligro político. Por el contrario, los beneficios son seguros.

8. Sin embargo, el mayor beneficio consistiría en que agotaríamos la experiencia. Lo sucedido el año anterior demuestra con creces que no se la puede agotar mediante discusiones y resoluciones kilométri­cas. Naturalmente, tomo como premisa -y nadie se atreverá a ponerlo en duda- que ninguna de las fracciones tiene la intención de traicionar los principios marxistas. Al igual que en Francia, el medio centrista servirá para unificarías. Juntas deberán librar una ba­talla importante, franca y encarnizada. Obtendremos resultados. Aunque no ganen un solo militante (hipótesis absolutamente fantasiosa) el Workers Party gana­rá en madurez y cohesión. Por fin se llegará al final de la prolongada crisis.

9. Supongamos que el grupo Muste-Weber gane la mayoría y el grupo Cannon-Shachtman se someta a la decisión; eso significaría que se prolongaría la actual situación en el seno del Workers Party. Cannon y Shachtman afirmarían que no avanzamos porque no entramos al PS. Muste y Weber responderían que no avanzamos porque los obreros saben que Cannon y Shachtman quieren conducirnos al Partido Socialista. Esto envenenaría las relaciones internas y conduciría casi inevitablemente a una ruptura.

10. Alguien podría decir que mi visión del futuro es excesivamente negra. No lo creo; es una visión rea­lista. Hoy los vientos fuertes soplan en contra nuestra. El peligro del fascismo y de la guerra, los éxitos econó­micos de la Unión Soviética explotados por la burocra­cia, el viraje oportunista de la Comintern, la creciente presión de la unidad centrista-pacifista obra temporalmente en contra nuestra.

En los próximos meses, quizás años, quienes se beneficiarán con la radicalización política en Estados Unidos serán principalmente los comunistas y socialis­tas, sobre todo si se cohesionan en un frente único fir­me. En ese caso, el Workers Party quedaría margi­nado, convertido en una organización casi exclusivamente propagandística, sufriendo las consecuencias de las riñas internas en torno a las oportunidades desa­provechadas. La implementación inmediata del entris­mo impediría a los stalinistas desmoralizar al ala iz­quierda socialista, desenmascararía a los dirigentes centristas incorregibles, fomentaría la clarificación de la vanguardia obrera y precisamente con ello, nos fortalecería para el futuro.

11. "¿Pero podemos entrar al PS?" "¿Realmente podemos hacer algo allí?" La responsabilidad queda en manos de Cannon y Shachtman. La respuesta que dan a estas preguntas difíciles de contestar desde lejos, es afirmativa. Por otra parte, ni siquiera Muste y Weber niegan la posibilidad de realizar el entrismo y ganar influencia. Pero el otro camino les parece más ventajoso. Sin embargo, el otro camino ya se ha pro­bado y ha demostrado ser el de la crisis permanente. Ya hemos dicho más arriba todo lo necesario. Con el experimento del entrismo -uso el término "experi­mento" sin temor- difícilmente perderemos un solo militante; el futuro demostrará si ganaremos muchos o pocos.



[1] Una crisis en el Workers Party. De los archivos de James P. Cannon con autorización de Library of Social History de Nueva York. Sin firma. Casi desde su fundación en diciembre de 1934, el WPUS venía realizando una discusión en torno al posible entrismo en el PS. La crisis llegó en enero de 1936, con la propuesta de Cannon y Shachtman, no porque hubiera dudas de que la mayoría de los militantes estarían a favor, sino porque parecía existir el peligro de que las tendencias minoritarias se negarían a entrar al PS y provocarían la ruptura. La carta de Trotsky, contribución a la discusión de precongreso, jamás fue publicada hasta ahora.

[2] La Commune: "periódico de masas" del grupo disidente del GBL dirigido por Raymond Molinier, no era un periódico tendencial, sino "un periódico de agitación que da cabida a todos los que luchan". El GBL expulsó a Molinier y a sus partidarios por violar la disciplina publi­cando un periódico propio.



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