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El caso de Zinoviev, Kamenev y otros[1]

 

 

16 a 18 de enero de 1935

 

 

 

16 de enero, 8 p.m.

 

Recién escuché por radio que Zinoviev y Kamenev han sido llevados ante un tribunal militar “en conexión con el asesinato de Kirov”. Con esto la amalgama entra en una nueva fase.

Recordemos las etapas más importantes: Zinoviev, Kamenev y sus amigos de Moscú fueron arrestados “en conexión” con el asesinato de Kirov. Sin embargo, durante la investigación preliminar se presenta un obstáculo inesperado.

El Comité Ejecutivo Central se ve obligado a exten­der el plazo acordado a la investigación preliminar dejando de lado la ley recientemente promulgada. No obstante, resulta que faltan pruebas para llevar a juicio a Zinoviev y a los demás. ¿Por qué los arrestaron? La conclusión es clara: los arrestaron, no porque hubiera motivo, sino con un objetivo determinado.

Los arrestaron con la perspectiva de preparar una amalgama, es decir establecer una relación entre el asesinato terrorista y la Oposición, toda oposición, toda crítica en general, pasada, presente o futura. Se decidió arrestarlos cuando ya todo parecía preparado. La GPU estaba enterada de los preliminares del acto terrorista. El “cónsul” había cumplido con la tarea que se le asig­nara; él era el eslabón de la amalgama. Pero parece que Nikolaev, el verdadero terrorista, a último momento, por razones conspirativas, se apartó de su grupo, incluidos los agentes de la GPU que formaban parte de él. Se disparó el tiro fatal. Esto no figuraba en el programa de Stalin. Pero era un riesgo que corría la empresa. Kirov fue su víctima. Los agentes de la GPU pagaron por ello: los funcionarios superiores fueron dejados ce­santes, los inferiores fusilados junto con los terroristas. El inesperado disparo provocó confusión en la amalgama. El “cónsul” y sus patrones no tuvieron tiempo de preparar nada. Fue necesario dejar fuera del juicio el caso de Kamenev, Zinoviev y sus amigos. En la acusa­ción del caso Nikolaev no se dijo una palabra sobre ellos; el gobierno comunicó que serían deportados administrativamente. ¿Por qué razón? ¡ No se sabe! A los catorce acusados de Leningrado se los sometió a juicio; se los fusiló a todos. Parecía que el caso estaba cerrado. Pero sólo podrían engañarse los que hubieran olvidado el objetivo fundamental de todo el asunto: la amalgama.

“Profecía a posteriori”, podría decirme un adver­sario.

Afortunadamente, puedo citar toda una serie de documentos, algunos de los cuales fueron publicados.

El 4 de marzo de 1929, poco después de mi arribo a Turquía, expliqué de manera muy concreta en el Biulletin Opozitsi ruso los objetivos que perseguía Stalin al expulsarme. Refiriéndome a la permanente vitalidad de las ideas de la Oposición en el partido, escribí: “A Stalin le queda una sola cosa por hacer, trazar una línea de sangre entre el partido oficial y la Oposición. De cualquier manera tiene que ligar a la Oposición con crímenes terroristas, preparación de la insurrección armada, etcétera [...]" (Los subrayados son del Biulletin.)

“Pero la dirección de la Oposición -continuaba- es un obstáculo en el camino. Como lo demostró el vergonzoso incidente del ‘oficial de Wrangel’ al que Stalin, en el otoño de 1927, trató de meter adentro de la Oposición, fue suficiente con que un opositor hiciera una declaración para que la trampa se volviera en con­tra del mismo Stalin.

“Por lo tanto el plan de Stalin [era] [...] exiliar con este pretexto a la Oposición [aunque en esa época se consideraban otras expulsiones -L.T.] y quedarse así con las manos libres para atacar a los jóvenes oposi­cionistas de base cuyos nombres todavía son descono­cidos para las masas, especialmente en el extran­jero [...]

“Por eso después del exilio de los líderes de la Opo­sición la camarilla de Stalin seguramente intentará pro­vocar de un modo u otro a cualquier supuesto grupo opositor a que se lance a una aventura, y en el caso de que le fracase fabricar o atribuirle a la Oposición algún ‘acto terrorista’ o algún ‘complot militar’, [...]”

Estas líneas escritas, como ya dije, el 4 de marzo de 1929, se publicaron en el Biulletin Opozitsi ruso, Nº 1-2, julio de 1929 (página 2). Y escasos meses después Stalin hizo fusilar a Blumkin por haberse entrevistado conmigo en Constantinopla y llevar una carta mía para los camaradas de Moscú. Esta carta, de carácter estric­tamente principista, era tan inútil para una amalgama que ni siquiera se la utilizó en la prensa soviética, que tampoco dijo una palabra sobre la ejecución de Blumkin.

El 4 de enero de 1930 escribí al respecto:

“Blumkin fue fusilado por decisión de la GPU. Esto sólo puede haber ocurrido porque la GPU se transformó en el instrumento personal de Stalin. Durante la Guerra Civil la Cheka[2] llevó a cabo una tarea inflexible. Pero la hacía bajo el control del partido [...] Ahora el partido está estrangulado [...] En la GPU el rol princi­pal lo juega Iagoda, un despreciable arribista que enla­zó su fortuna con la de Stalin y está dispuesto a hacer todo lo que se le diga, sin pensar ni cuestionar na­da [...] Bujarin[3] afirmó que Stalin tiene en un puño a los miembros del llamado Buró Político debido a los documentos que reunió la GPU. En estas condiciones, el fusilamiento de Blumkin fue obra personal de Stalin­” (Biulletin, Nº 9, febrero-marzo de 1930, página 8).

El artículo citado demuestra por primera vez el nuevo factor, sumamente importante, que arrastra a Stalin por la senda de las amalgamas sangrientas. “Al fusilar a Blumkin., Stalin le está diciendo a la Oposi­ción Internacional bolchevique leninista que él tiene dentro del país a cientos y miles de partidarios de aquélla que pagaran con su cabeza los éxitos del genui­no bolchevismo en el terreno mundial." (ibid.)

El corresponsal del Biulletin en Moscú informó (en la página 10) que a Blumkin, cuando estaba preso, se le propuso salvar la cabeza participando como provoca­dor en una amalgama en contra de la Oposición; su negativa fue su sentencia de muerte.

Así fue como ya hace seis años advertimos a nues­tros amigos que era inevitable que “la camarilla de Stalin intentara de un modo u otro provocar a cualquier supuesto grupo opositor a lazarse a una aventura, y en el caso de que le fracase inventar o atribuirle a la

Oposición algún ‘acto terrorista’ [...]” Pese a todos los esfuerzos de la GPU, durante seis años estos intentos fallaron. En el ínterin fue empeorando gradualmente el régimen del partido y de los soviets. Se ahogaron hasta tal punto los sentimientos de desesperación de la joven generación que explotaron en una aventura terrorista. En estas condiciones, ¿no pudo Stalin tomarse del asesinato de Kirov para concretar a través de la amal­gama la idea que venía acariciando desde hacía tanto tiempo?

 

17 de enero

 

Las noticias de los periódicos de la mañana traen algunas explicaciones: según el comunicado oficial, las declaraciones del acusado Bakaev en relación con otros problemas posibilitaron “establecer la participa­ción de Zinoviev, Ievdokimov, Kamenev y Feodorov,[4] miembro del Centro de Moscú en actividades contrarre­volucionarias”. Diecinueve personas, entre ellas los cuatro nombrados, fueron sometidas a juicio ante un tribunal militar. Tal como lo transmite la prensa fran­cesa, en el comunicado ni siquiera se menciona el caso Kirov. Habla de “actividad contrarrevolucionaria” en general. Sabemos muy bien lo que eso significa: todo lo que no está de acuerdo con los intereses, ideas, virajes y prejuicios del jefe de la burocracia se considera contrarrevolucionario. Del comunicado se deduce que cuando Kamenev, Zinoviev y sus amigos fueron arres­tados no había ninguna prueba de su participación en el asesinato de Kirov -ni tampoco existen ahora- ni en algún tipo de grupo opositor. Parece que recién ahora, en base a declaraciones de Bakaev sobre las que no se informa nada (lo deben de haber amenazado con hacerle juicio por el asunto Nikolaev, es decir con fusilarlo), se las arreglaron para probar la participación de Zino­viev y los, otros en “actividades contrarrevoluciona­rias". Nunca sabremos en qué se manifestaron esas actividades. Lo más probable es que en un circulo cerrado se hayan quejado de Stalin, hayan recordado el “Testamento” de Lenín, prestado atención a los ru­mores que circulan por la burocracia y soñado con un “genuino” congreso partidario que removiera a Stalin. Seguramente no pasó de allí. Pero ellos corrían peligro de transformarse en un eje alrededor del cual girara la burocracia inferior y media, descontenta con Stalin. Y en este terreno el jefe no bromea.

Pero a pesar de todo a simple vista no se comprende por qué esta vez hizo falta un tribunal militar. Hasta a los más corruptos lacayos internacionales de Stalin les resultará difícil explicar a los obreros por qué, es decir, debido precisamente a qué “actividad contrarrevolu­cionaria", se lleva ante un tribunal militar a diecinueve viejos bolcheviques, la mayor parte de los cuales están en el partido desde su fundación. Stalin no puede ignorar que está tensando demasiado la cuerda. ¿Es posible que no haya ningún objetivo disimulado, que sea sola­mente una venganza ciega? No, no lo creemos.

El corresponsal de Le Temps en Moscú señala que, pese a la campaña de acusaciones y provocaciones, “Zinoviev y Kamenev todavía no están excluidos del partido”. Los periódicos todavía hablan de su deporta­ción. Pero ayer súbitamente anunciaron que se los someterá a un tribunal militar. Parece que a Zinoviev y a Kamenev se los somete a la tortura de la incerti­dumbre: “Podemos dejarlos en el partido pero también podemos fusilarlos.” Parece que Stalin quiere conse­guir algo de Zinoviev y Kamenev y por eso juega con sus nervios, que no son muy fuertes. ¿Qué puede desear? Probablemente algunas declaraciones “conve­nientes", “necesarias” o “útiles”. Zinoviev, Kamenev y sus amigos, amenazados de muerte, tienen que ayudar a Stalin a reparar y perfeccionar la amalgama torpemente comprometida por un cónsul demasiado vacilante. No le encuentro otra explicación al tribunal militar.

En 1928, cuando yo estaba en Asia central, la GPU arrestó a G.V. Butov, mi colaborador más cercano, director del comisariado de abastecimiento del ejérci­to y la marina, y lo instó a proporcionar pruebas de mis preparativos “contrarrevolucionarios”. Butov respon­dió con una huelga de hambre en la prisión de la GPU; la huelga duró cincuenta días y terminó con su vida. Amenazándolo con una pistola, exigieron a Blumkin que se prestara a la provocación; se negó; apretaron el gatillo. A Bakaev y a otros les exigieron testimonios contra Zinoviev y Kamenev. Si vamos a creer el comu­nicado oficial, consiguieron tales testimonios.[5] ¿Por qué entonces no admitir que del mismo modo les exi­gieron testimonios a Kamenev, Zinoviev y los demás amenazándolos con un juicio militar y, al no conse­guirlo, pasaron el caso a un tribunal militar?

 

l8 de enero

 

L’Humanité del 17 de enero publica extractos de la acusación a Zinoviev y los demás. Una “acusación” como ésa sólo la puede hacer el régimen de Stalin.

Permítanme presentar las conclusiones principales que se extraen de los comunicados de Stalin:

1. El grupo moscovita de los acusados no tuvo nada que ver con el acto terrorista de Leningrado. Stalin acu­sa a Zinoviev, ex dirigente de la ex Oposición de Leningrado, de responsabilidad política por las tendencias terroristas. Pero estas tendencias se originaron dentro del Partido Bolchevique. La responsable es la direc­ción del partido. En ese sentido es absolutamente correcto decir que Stalin y su régimen son políticamente responsables por el asesinato de Kirov.

2. El principal testigo de la acusación, Safarov,[6] cuyo caso -no sabemos por qué- se examinó en forma separada (el rol de este individuo en todo el asunto resulta de lo más enigmático), demuestra que la acti­vidad “contrarrevolucionaria” de Zínoviev, Kamenev y los demás fue particularmente intensa ¡en 1932! Pero fue precisamente por esta actividad que en 1932 fueron expulsados del partido y deportados. Fue la época en que la excesiva colectivización que siguió a la prolon­gada amistad con los kulaks [campesinos ricos] exigió inmensos sacrificios y puso literalmente en juego el destino del régimen soviético. El país estaba en ebulli­ción y toda la burocracia, perpleja y aterrorizada, mur­muraba. ¿De qué acusó la Comisión Central de Control a Zinoviev y Kamenev en 1932? De haber tenido relaciones con la Oposición de Derecha (Riutin[7] y otros). He aquí el texto literal de la acusación: “Sabien­do que se difundían documentos contrarrevolucionarios, prefirieron discutir (!) estos (?) documentos en lugar de desenmascarar inmediatamente (!) a esta agencia kulak; demostrando así ser cómplices directos del grupo contrarrevolucionario, antipartido.” En consecuencia, de lo que se acusó a Zinoviev y Kamenev fue de haber “discutido” la plataforma de la Oposición de Derecha antes de denunciarla. Por esta razón fueron expulsados.

Pero luego se retractaron (¡y cómo!) y se los read­mitió en el partido. ¿En qué consiste su actividad contrarrevolucionaria más reciente? Sobre esto no se dice una palabra. La acusación habla de la hostilidad del grupo de Zinoviev hacia los dirigentes, de las direc­tivas políticas que impartieron (¿cuáles, cuándo y a quién?), etcétera, pero evita cuidadosamente clarificar, dar hechos y datos. Resulta claro que nos referimos al mismo año, 1932. Y el acusado Safarov, que prefirió transformarse en testigo de la acusación, confiesa que después de la debacle del grupo de Riutin la “contra­rrevolución” de Zinoviev pasó a ser “clandestina”, es decir desapareció de la escena.

3. La “acusación” dice que es cierto que Kuklin, Guertik, Ievdokimov y Sharov, que estaban relaciona­dos con el grupo contrarrevolucionario de Leningrado, “no despreciaron medios para luchar contra el poder soviético”. ¡Desgraciadamente, no se menciona uno solo de estos medios! Tampoco se demuestra cuándo se mantuvo esa relación. ¡Evidentemente, fue en 1932! La acusación no hace ninguna mención a la relación de los acusados con Nikolaev. La única conclusión política que se puede sacar de esa fraudulenta acusación es la siguiente: la segunda capitulación de Zinoviev y Kamenev dejó a la juventud zinovievista sin dirección y sin perspectivas; la vida en el partido se hacia cada vez más sofocante. La Internacional Comunista acumu­laba crímenes y derrotas. Analizarlos o pedir explica­ciones abiertamente implicaba ser inmediatamente arrestado. En este clima los más extremistas, los más excitados (incitados por los agentes de la GPU) conci­bieron la insensata idea de asesinar a Kirov.

4. Recordemos que la acusación del caso Nikolaev trataba de relacionar a los terroristas con la “platafor­ma" de la Oposición de 1926. En contra de eso, la acu­sación admite abiertamente que el grupo de Zinoviev “no tenía programa definido”. El grupo de Zinoviev había abandonado la plataforma de 1926; más aun -y esto es lo más importante- esa plataforma no respon­de a los problemas de nuestra época. Así se rompe el último lazo “ideológico” que liga al grupo de Leningra­do con la antigua Oposición de Izquierda.

5. Pero, dirán algunos, ¿acaso Zinoviev y Kamenev no “confesaron” su error? Precisamente aquí está la parte más deshonrosa del juicio. Tomando como base las acusaciones, Zinoviev y Kamenev no confesaron nada, no podían confesar absolutamente nada ya que no existían elementos materiales para un crimen. Pe­ro, bajo la espada de Damocles del tribunal militar aceptaron asumir la responsabilidad “política” para escapar a la ejecución por terrorismo. Zinoviev no ates­tigua nada, no dice nada; sólo se explaya plácidamente sobre la argumentación de que “la antigua actividad” de la “ex Oposición” - por la fuerza misma del "curso objetivo de los acontecimientos"- "no podía menos que [...J degenerar en el crimen". Zinoviev no accede a reconocer la amalgama jurídica de la prensa stalinista sino su amalgama “filosófica”: si la oposición y la crítica no existieran, no habría perniciosas desviaciones; los jóvenes serian obedientes y los actos terroristas imposibles. Ese es el significado de las declaraciones de Zinoviev en respuesta a la acusación.

La que resulta particularmente notable es la retrac­tación de Kamenev: “Confirmó que antes de 1932 participó en la actividad contrarrevolucionaria ilegal y fue miembro del ‘Centro de Moscú’ y que hasta ultimo momento siguió relacionado con Zinoviev.” ¡¡ Nada más!! Sin embargo no se trata de la critica opositora de 1932 por la que ya se había expulsado a Zinoviev sino del asesinato de 1934. Por supuesto, por supuesto; pero Kamenev “siguió relacionado con Zinoviev” (¡después de su retractación conjunta!) y aunque Zi­noviev había abandonado la “actividad contrarrevolu­cionaria”, fue del círculo de sus adherentes que surgió, “por el curso objetivo de los acontecimientos” (es decir, totalmente al margen de la voluntad de Zinoviev), el terrorista Nikolaev.

El significado de esta repugnante confusión, deli­beradamente concebida, es absolutamente claro. Stalin les dio un ultimátum a Zinoviev y Kamenev: tenían que proporcionarle una fórmula que justificara la represión contra ellos mismos; él entonces los mantendría aparte de la organización del asesinato de Kirov. La fórmula de Zinoviev debe haber pasado una docena de veces de la prisión al escritorio de Stalin hasta que, después de las necesarias correcciones, se la encontró acepta­ble. Después de eso apareció en escena el tribunal militar. Así es cómo Stalin, bajo la amenaza de una gran represión, extrae confesiones que justifican una represión menor.

6. ¿Intentó Stalin completar el trabajo del cónsul a través del tribunal militar para conseguir declaraciones contra Trotsky? No me cabe la menor duda. De cualquier modo, no lo logró. La fracción bolchevique leninista sigue permanentemente el principio de romper de manera irreconciliable con los capituladores. No permitimos el doble juego, no por lealtad a la desleal burocracia sino por lealtad a las masas. Dado que la usurpadora y totalmente conservadora burocra­cia ahogó todo pensamiento libre en el partido, los marxistas revolucionarios no pueden hacer otra cosa que actuar secretamente. Es su derecho y su deber. Pero nunca renunciarán a sus ideas ni escupirán sobre ellas como hacen los capituladores. Hace tiempo rompimos con los zinovievistas tan decididamente como el año pasado rompimos con Rakovski. Esta ruptura total de las relaciones personales y políticas imposibilitó, pese a la colaboración del cónsul y del tribunal militar, que se lograra involucrar en amalga­mas a los bolcheviques leninistas.

7. Sin embargo, sería de una ligereza criminal creer que Stalin abandonó el intento de involucramos en algún nuevo “caso” cocinado por la GPU y sus agentes extranjeros. Stalin no tiene otro método de lucha contra nosotros. Además de su propia significa­ción, el caso Zinoviev reviste la importancia de una advertencia. La lucha por limpiar la atmósfera del movimiento obrero mundial exige una clara com­prensión de la mecánica de las amalgamas de Stalin.



[1] El caso de Zinoviev, Kamenev y otros. Biulletin Opozitsi; Nº 42, febrero de 1935. Traducido [al inglés] para este volumen [de la edición norteame­ricana] por Fred Buchman.

[2] Cheka era el nombre abreviado del primer departamento soviético de la policía secreta establecido después de la Revolución de 1917.

[3] Nikolai Bujarin (1888-1938): viejo bolchevique y segundo presidente de la Comintern (después de Zinoviev) entre 1926 y 1929. Se unió con Stalin contra la oposición de Izquierda pero rompieron en 1928 y Bujarin formó la oposición de derecha antes de que se lo expulsara en 1929. Capituló, pero fue acusado y ejecutado en el juicio de Moscú de 1938.

[4] Ver el primer parágrafo Una grandiosa amalgama, en La burocracia stalinista y el asesinato de Kirov.

[5] Probablemente, al negar los cargos que se le hacían Bakaev haya decla­rado. “Sí, nos reunimos, criticarnos al comité central, pero no se trataba de terrorismo.” Las palabras “nos reunimos, criticamos al Comité Central” se transformarían entonces en la base de la acusación. Por supuesto, es sólo una hipótesis nuestra. [Nota de León Trotsky].

[6] Ver nota anterior.

[7] M.N. Riutin fue uno de los principales propagandistas soviéticos a principios de la década del 30. Estaba cerca de varios intelectuales de la tendencia de Bujarin y junto con ellos trazó un programa de reformas al país y al partido que implicaba una acusación a la política de Stalin. Fue arrestado a fines de 1932, expulsado del partido y sentenciado a muerte.



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