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Sobre las propuestas del SAP[1]

 

 

Diciembre de 1934

 

 

 

Al Secretariado Internacional

Para todas las secciones

 

La propuesta del SAP se puede considerar un avan­ce desde un punto de vista formal. El paso más impor­tante es que por primera vez el SAP no caracteriza la política de la Comintern como ultraizquierdista sino como una constante oscilación entre la ultraizquierda y la derecha. Pero no sacan las consecuencias necesarias de esta concesión a nuestras críticas. ¿Qué significa teórica y políticamente una tendencia, -mejor dicho una organización mundial- que oscila entre dos extremos? Estas vacilaciones tienen que ser expresión de un cuer­po social y un rostro político. Hace mucho lo definimos como centrismo burocrático. Los dirigentes del SAP combatieron esta definición. No proponen ninguna otra en cambio. Las oscilaciones siguen siendo un enig­ma. Por lo tanto no tiene razón de ser la necesidad de liberar a la vanguardia proletaria mundial del dominio de la burocracia soviética. La primera concesión teóri­ca, al quedarse a mitad de camino, pierde todo valor. (Ver página 7 de las tesis).

En la página 5 se define al fascismo y en la 6 al re­formismo ligándolos a la democracia burguesa. Pero las tesis no dicen una sola palabra sobre la etapa transicional entre la democracia reformista y el fascismo. El SAP omite completamente el problema del bonapartis­mo, que resulta de candente actualidad en muchos países. ¿Cómo es posible orientarse en la actual situa­ción política de Francia, Bélgica, Holanda, etcétera, sin definir y explicar el neo bonapartismo?

Sorprende no encontrar nada en las tesis sobre la guerra en relación al rol del estado nacional en la crisis actual del sistema capitalista. La contradicción fundamental se da entre las fuerzas productivas del capitalis­mo y el nivel de consumo de las masas. Pero esta con­tradicción no se presenta en el marco de un capitalismo único e indivisible. Los marcos dentro de los cuales se revela están delimitados por el estado nacional. Así es como la contradicción entre las fuerzas productivas del capitalismo y el estado nacional se transforma en la causa inmediata de las guerras. Sin caracterizar el rol económicamente reaccionario del estado nacional no se puede refutar la idea de la defensa nacional. Es por esto que en el punto fundamental las tesis resultan muy débiles.

Pero más importante todavía que estos errores y omisiones teóricos y políticos (hay muchos más) es el equívoco principal sobre el que se basa toda la organi­zación de la IAG.[2] Este equívoco es propio de una política que reemplaza la explicación franca y la critica marxista por la diplomacia de los aparatos.

Leemos: “La IAG no es una internacional. Entre sus miembros no hay todavía tal solidaridad teórica y práctica que les permita asumir la responsabilidad por el conjunto de la política de cada una de las organizacio­nes.” El equivoco se basa en las palabras "die gesamte Politik" ("el conjunto de la política"). La cuestión no es si el SAP se hace responsable de todos los actos del NAP sino de su orientación general, de su línea básica. Lo mismo respecto al ILP, etcétera...

Para nosotros, la política del NAP se orienta en una dirección totalmente opuesta a la nuestra. La IAG ni insinúa explicar en sus reuniones la orientación general de la actividad de sus partidos miembros. En estas condiciones su conferencia y sus tesis carecen de todo valor revolucionario. Peor aun; sus bien elaboradas tesis les sirven para ocultar una actividad dirigida hacia el lado opuesto.

A veces se nos responde con esta objeción: “Pero la sección francesa de ustedes volvió al Partido Socialdemócrata. La Juventud Leninista belga se dispone a adherir a la JGS. ¡En estas condiciones, cómo pueden ustedes, bolcheviques leninistas, reprocharnos amar­gamente la falta de cohesión de la IAG!”

Este argumento es absolutamente falso. Nuestra sección francesa no está haciendo un doble juego. No separa sus principios de sus actos. No sustituye la críti­ca revolucionaria con la diplomacia. A veces se ve obli­gada a cuidar la manera en que expresa sus ideas. Pero nunca guarda silencio sobre lo esencial, incluidos los errores y crímenes de los dirigentes de la SFIO. En cambio la IAG mantiene un obstinado silencio sobre todas las cuestiones realmente importantes, y funda­mentalmente, respecto a la política de la dirección del NAP, que en Noruega está abonándole el terreno al fascismo.

Es cierto que en la página 8 de las tesis sobre las tareas “se obliga” (verplichtet) a las organizaciones miembros a orientar su política hacia la conquista del poder, etcétera... Se las obliga (verplichtet) a elaborar programas de acción, etcétera... Estas “obligaciones” pretenden mostrar a la IAG deseosa de avanzar hacia la cohesión teórica y política. Pero en realidad no se trata más que de un procedimiento puramente formal. ¿Cómo se puede “obligar” a hacer cualquier cosa a or­ganizaciones que nunca rinden cuenta de su actividad y que ni siquiera pueden tolerar una critica de parte de otras organizaciones? Para “obligar” hay que ser capaz de controlar. Y para controlar hay que tener el derecho a criticar.

De Man,[3] Jouhaux y otros quieren “obligar” a la economía capitalista a que sea dirigida. Pero se oponen a la consigna del control de la producción, comenzando con la abolición del secreto comercial, ¡y tienen una razón para hacerlo! El plan de economía dirigida sepa­rado de la actividad real no es más que una fantasía para distraer a los ingenuos o burlarse de ellos, mien­tras que la abolición del secreto comercial, consigna mucho más modesta, exige una lucha implacable contra la burguesía. Las tesis del SAP son un plan de política dirigida. Pero los secretos comerciales de Tranmael y Cía. siguen intactos. Esa es la desgracia. Y esta desgra­cia anula totalmente los pequeños progresos en las for­mulaciones teóricas.

Naturalmente, el equívoco continúa alrededor del problema de la nueva internacional. Las tesis reconocen que “las dos grandes internacionales son cada vez más un freno para la lucha proletaria”, pero al mismo tiempo se abstienen de plantear la consigna de la nece­sidad de una nueva internacional (la Cuarta). ¿Por qué? Porque Tranmael y la gente como él proclaman con ese aire de sabiduría ficticia que les es tan peculiar que ya hay demasiadas internacionales. Imaginemos por un momento a un agitador que proclama en una reunión obrera que la Segunda y la Tercera Interna­cional frenan y escamotean la revolución proletaria. El público puede o no estar de acuerdo, pero esperará que el orador prosiga, “sobre tales y tales bases tene­mos que crear una nueva internacional”. Pero el orador del SAP no tiene derecho a decirlo. Está desarmado. Su crítica a las dos internacionales no es más que un tiro al aire. Por eso tanto el SAP como la IAG están ganando tiempo.

La consigna final de las tesis es el llamado a un con­greso de todas las organizaciones proletarias, contra la guerra. Esta consigna es una ficción desde todo punto de vista. Incluso si las organizaciones más importantes, como los sindicatos, estuvieran dispuestas a sentarse con los bolcheviques rusos, si encontraran un gobierno que autorizara tal congreso, sus resoluciones serían totalmente ineficaces para luchar contra la guerra. Sería una demostración de impotencia que podría in­cluso alentar al imperialismo burgués. Si la burocracia sindical, la socialdemócrata y la stalinista se vieran obligadas a convocar a ese congreso, tendríamos que participar en él para defender nuestras ideas y nuestros métodos. Pero hacer de él una consigna y proclamarlo de antemano como un instrumento de lucha contra la guerra significa sembrar una ilusión más. Hoy en día se está saturando a los obreros con las abstracciones del frente único, el frente común y la unidad orgánica. El “congreso mundial” entra en la misma categoría que estas confortables ficciones.

Para resumir:

Si la IAG desea dejar de ser un peso muerto tendría que poner como primer punto del orden del día de su conferencia de febrero los informes de las organiza­ciones miembros (comenzando por la más importante, el NAP) sobre sus actividades en sus respectivos países. Una discusión franca y sin reticencias sobre la base de los informes concluiría en la elaboración de te­sis sobre la política general del proletariado y la de cada organización miembro en particular. Estas tesis sólo podrán comenzar con una implacable condena al tran­maelismo y a todos los que coquetean con él.

En una palabra, tenemos que plantear las cosas como son, abiertamente. Ese es el verdadero comienzo del conocimiento.

 

Crux [León Trotsky]

 



[1] Sobre las propuestas del SAP. Unser Wort, febrero de 1935. Unser Wort (Nuestra Palabra) era la publicación de la sección alemana de la ICL. Firmado “Crux”. Traducido [al inglés] para este volumen [de la edición norteamericana] por Fred Buchman. El SAP alemán había firmado en la conferencia de París de agosto de 1938 la Declaración de los cuatro en favor de una nueva internacional; al mismo tiempo suscribió una confusa resolución sobre el internacionalismo junto con el NAP y otros grupos centristas. Al año siguiente el SAP frenó la implementación practica de la Declaración de los Cuatro a la vez que coqueteaba con el NAP, el que, según lo advertían Trotsky y la ICL, giraba a la derecha y tendía a volver a la Segunda Internacional. En agosto de 1934, en una conferencia de obreros nórdicos reunida en Estocolmo, el NAP comenzó a volverse abiertamente a la derecha, para gran desesperación de los dirigentes del SAP. En el otoño de 1934 el SAP escribió un documento para presentar en la conferencia de la IAG que se celebraría en París en febrero de 1035, “Wesen und Aufgaben der IAG" (El carácter y las tareas de la IAG, que pretendía, entre otras cosas, mantener los lazos con el NAP. La carta de Trotsky es un análisis de las tesis del SAP.

[2] IAG eran las iniciales alemanas de la Comunidad lnternacional del Traba­jo, también conocida como Buró de Londres-Amsterdam y, a partir de 1935, como Buró lnternacional para la Unidad Socialista Revolucionaria. Se fundó en Berlín en mayo de 1932 por iniciativa del Partido Laborista Noruego NAP y del Partido Laborista Independiente Británico, con la colaboración del SAP y del ala izquierda de la socialdemocracia holandesa, la que posteriormente se convirtió en el OSP. En la conferencia de París de agosto de 1933 participaron, además del NAP, el ILP, el SAP y el OSP, el Partido Comunista Independiente de Suecia, dirigido por Karl Kilbom (que posteriormente cambió su nombre por el de Partido Socialista de Suecia), el Partido de Unidad Proletaria PUP) francés, la Federación catalana (O ibérica) dirigida por Joaquín Mauirin, el Partido Socialista Revolucionario Holandés dirigido por Henricus Sneevliet, los maximalistas italianos, el Leninbund alemán y la Oposición de Izquierda Internacional.

[3] Hendrik de Man (1885-1953): dirigente del ala derecha del Partido Obrero Belga y autor en 1933 de un “plan de trabajo” para terminar con la depresión y promover la producción. (Ver los comentarios de Trotsky en Escritos 1933-1934) Los reformistas de la CGT francesa dirigida por Jouhaux pronto elaboraron un plan similar.



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