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Austria, España, Bélgica y el giro[1]

 

 

1º de noviembre de 1934

 

 

 

Al Secretariado Internacional y a la dirección de la Sección belga

 

Estimados camaradas:

 

Tuve oportunidad de examinar las actas de la confe­rencia del Schutzbund vienés en la que participaron Otto Bauer y Julius Deutsch junio de 1934).[2] De este documento se pueden extraer muchas lecciones. Da un auténtico panorama no sólo de lo que fue el austro­marxismo[3] sino también de los inesperados e inde­seados avances de los stalinistas austríacos. Después de romper con la socialdemocracia, los obreros más militantes buscaron apoyo en la Comintern. Las actas demuestran que los acontecimientos vacunaron seriamente a los obreros avanzados contra el reformismo pero los dejaron casi totalmente indefensos contra el stalinismo. Esto significa que los mejores elementos del proletariado todavía tendrán que atravesar nuevas trágicas experiencias antes de encontrar finalmente su camino.

Las mismas actas, extensas y detalladas como son, no mencionan a ninguno de los distintos grupos de la Oposición de Izquierda. En Austria, el sectarismo, ejemplificado por Landau y Frey,[4] avanzó sin obstácu­los. ¿Y los resultados? Llegó la más formidable crisis y les pasó totalmente por encima a estos grupitos, pese a que nuestras ideas siempre contaron con gran simpatía en Viena. Es una lección muy triste pero, sin embargo, muy valiosa. Ahora hay que decirlo abiertamente: desde el comienzo mismo de la crisis en el partido austríaco la obligación máxima de nuestros amigos era entrar al partido austro-marxista y preparar allí la co­rriente revolucionaria. No se puede asegurar que en ese caso los acontecimientos habrían seguido un camino distinto. Pero no cabe duda de que, más allá de la orien­tación que hubiera tomado el desarrollo de los aconteci­mientos, nuestra tendencia sería diez, cien veces más fuerte que lo que es ahora. Se puede objetar que hace un año y medio era psicológicamente imposible la entra­da a un partido socialdemócrata, ya que la evolución de los partidos reformistas y stalinistas no había avan­zado lo suficiente como para imponernos nuestra actual orientación. Esta objeción seria bastante correcta. Pero en esta carta no nos interesa explicar o justificar los errores de una u otra sección en tal o cual momento. Nos interesa tomar nota de las tendencias fundamen­tales que surgen en el movimiento obrero desde la de­rrota en Alemania, lo que nos impone volvernos hacia las masas de manera mucho más audaz. Si no lo hace­mos, sectores completamente nuevos del proletariado se verán empujados a los brazos del stalinismo, y se perderá para la revolución otro periodo histórico.

Aunque breve, la reciente experiencia de nuestra sección francesa nos permite confirmar positivamente las lecciones negativas de la experiencia austríaca. Es evidente que la sección francesa ha dado un gran paso adelante, que puede tener consecuencias realmen­te saludables... siempre que el Grupo Bolchevique Leninista aprenda a superar su estrechez propagandís­tica y, sin perder de vista ni por un momento sus ideas y consignas, se muestre capaz de adaptarse al ambiente de las masas para unir nuestro programa con sus expe­riencias y sus luchas. Casi podemos asegurar que, si hubiéramos podido entrar a la SFIO inmediatamente después de la ruptura de los Neos o, en todo caso, antes de la concreción del frente único, al presente podríamos acreditarnos considerables éxitos. No decimos todo esto para deplorar el pasado sino para aprender -y todos, sin excepción, debemos hacerlo- a orientarnos más rápida y audazmente a escala nacional.

Todavía no recibí ningún documento sobre los últi­mos acontecimientos de España[5] ni sobre el rol que jugó nuestra sección. Pero la orientación general del proceso basta partido para sacar la conclusión de que nuestros camaradas españoles tendrían que haber entrado al Partido Socialista en el momento mismo en que surgió la diferenciación interna que comenzó a preparar la lucha armada. Nuestra situación en España sería ahora más favorable.[6]

Un camarada belga que juega un rol bastante im­portante en el movimiento juvenil me envió algunos do­cumentos sobre la relación existente entre la Joven Guardia Socialista, los stalinistas y nosotros, también algo sobre la vida interna de la JGS. La conclusión que saco de estos documentos es que nuestros jóvenes camaradas tienen que unirse inmediatamente a la JGS. Con esta declaración tal vez me adelanto a las apasiona­das objeciones de varias docenas de camaradas. Pero espero firmemente que la experiencia francesa conven­za a los amigos que se inclinan a acentuar más los peli­gros que las ventajas de la nueva orientación. De todos modos la cuestión me parece muy urgente, candente, y la planteo tanto a la dirección internacional como a la nacional.

Naturalmente, el frente único de las tres organiza­ciones juveniles de Bélgica fue una importante conquis­ta en el terreno de los principios. El hecho de que los jóvenes socialistas belgas se planteen el problema del llamado trotskismo constituye por si solo un avance. Pero no creo que pueda durar mucho el frente único triangular. Aun si dura, no creo que nos aporte conquis­tas importantes. Somos fuertes como tendencia revolu­cionaria pero débiles como organización. En consonan­cia con esto, el frente único, tanto en manos de los adversarios como en las de los aliados bien intenciona­dos, se transforma por sus mismos estatutos en un ins­trumento que paraliza nuestra expansión ideológica. Las intervenciones de nuestros camaradas en las nego­ciaciones entre las tres organizaciones demuestran su firme deseo de desenvolverse lo mejor posible. Pero también es evidente hasta qué punto los traba, por no decir que los encadena, la diplomacia del frente único. La desproporción entre nuestras fuerzas y las de los socialistas impone de hecho a nuestros camaradas una actitud muy modesta, demasiado modesta diría yo, ya que refleja la relación de fuerzas numérica pero no el rol ideológico que podemos y debemos jugar dentro de la juventud obrera.

El frente único, tal como se da en la actualidad en Francia y en todas partes, está envenenado por la hipo­cresía diplomática que no es más que un medio de autodefensa de ambas burocracias. Al ubicarnos al nivel del frente único como organización débil, a la lar­ga estamos condenados a jugar el papel del pariente pobre que no debe levantar demasiado la voz para no desagradar a su anfitrión. De este modo, nuestra in­dependencia organizativa se venga de nuestra indepen­dencia política e ideológica. En Francia presenciamos el mismo fenómeno después de los acontecimientos del 6 de febrero, y especialmente después de la realiza­ción del frente único. Hoy La Verité es mucho más independiente en sus críticas que antes de la entrada a la SFIO. No es casual. La crítica que no se puede hacer en el terreno de las relaciones entre las organizaciones sólo puede tener lugar dentro de ellas, no en todo momento y en todo lugar pero sí dentro de la SFIO y, hasta donde puedo juzgar, dentro de la JGS. En ese caso la independencia política debe tomar el lugar de la inde­pendencia organizativa. Dentro de la JGS nuestros ca­maradas podrán hacer un trabajo mucho más fructífero que desde afuera. Estoy firmemente convencido de la necesidad de entrar, más desde que me enteré que los miembros de la JGS con los que nuestros camaradas están en contacto insisten en que nos unamos a su orga­nización.

Seria un gran error postergar la decisión. La crisis en el POB, especialmente entre la juventud y la direc­ción del partido, podría agudizarse bruscamente y llevar a una ruptura. En ese caso, la JGS inevita­blemente se vería atraída por los stalinistas, como suce­dió con la izquierda austríaca. Eso implicaría una serie de experiencias desmoralizantes con la burocracia, una “purga” desfavorable, es decir, una selección de los más dóciles y arribistas y la expulsión de los más com­bativos e independientes. La JGS necesita, para no pe­recer, una vacuna antistalinista. Sólo nuestros camara­das pueden dársela. Pero para cumplir con este requisi­to sanitario tienen que estar totalmente libres de las trabas que les imponen los estatutos del frente único. Es necesario marchar juntos a la JGS, participar de sus experiencias, inculcarles nuestras ideas y métodos apoyándonos en esas experiencias.

Todavía no recibí ningún documento del último con­greso del POB. La actitud que tome la izquierda -incluido Action Socialiste[7]- será de gran importancia para el desarrollo de la vanguardia proletaria en Bélgica. Pero me parece que la entrada a la JGS es necesaria tanto si se acentúa la lucha dentro del partido como sí momentáneamente se apacigua. Espero con la mayor impaciencia la opinión de los camaradas belgas.

 

Crux [León Trotsky]

 

Posdata: En cierto sentido la SFIO es una organización pequeñoburguesa no sólo por la tendencia predo­minante en ella sino también por su composición social: profesionales liberales, funcionarios municipales, aristocracia obrera, maestros, trabajadores de cuello duro, etcétera. Naturalmente este hecho limita las posi­bilidades que brinda la entrada. Por otra parte, en el POB está la clase obrera y la composición de la JGS es predominantemente proletaria. Eso significa que la participación en la JGS nos sería más favorable aun.[8]



[1] Austria, España, Bélgica y el giro. Tomado de un boletín interno de la Liga Comunista Norteamericana sin fecha ni número, 1934. Firmado “Crux”.

[2] El Schutzbund fue el Cuerpo Republicano de Defensa fundado en Austria por la socialdemocracia en respuesta al avance del fascismo. Libró una heroica lucha contra el gobierno dictatorial de Dollfus en febrero de 1934, pero fue aplastado, debido, en parte, a las vacilaciones de sus dirigentes. La confe­rencia del Schutzbund de junio de 1934 se realiza en el exilio. Otto Bauer (1882-1939): dirigente de la socialdemocracia austríaca y fundador, con Frie­drich Adler, de la Internacional dos y Media (1921-1923). Fue el principal teórico del austro-marxismo. Julius Deutsch (1884-1968) fue el dirigente de la socialdemocracia austríaca y del Schutzbund.

[3] Se entiende por austro-marxismo el tipo de reformismo practicado por el Partido Socialista de Austria.

[4] Kurt Landau (m. 1937) y Josef Frey (1882-1957): fueron durante un breve lapso dirigentes de la Oposición austríaca. Landau también dirigió la sección alemana antes de renunciar a le ILO. Fue asesinado por los stalinistas en España.

[5] Hace muy poco tiempo había sido aplastada una insurrección dirigida por el Partido Socialista contra el gobierno de España.

[6] Los dirigentes de Izquierda comunista, los bolcheviques leninistas españoles, se oponían a entrar al Partido Socialista. Encabezados por Andrés Nin, pronto romperían con la ICL y se unirían con el Bloque Obrero y Campesino, dirigido por Joaquín Maurin, para formar el Partido Obrero de Unificación Marxista (POUM).

[7] Action Socialiste, que no hay que confundir con el periódico de la SFIO del mismo nombre, era la publicación del ala izquierda del POB belga dirigida por Paul-Henri Spaak.

[8] Otros artículos inmediatamente posteriores a éste figuran en la sección Anexos del volumen 2 del presente tomo.



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