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Es necesario un nuevo giro[1]

 

 

10 de junio de 1935

 

 

 

Al Secretariado Internacional

 

Estimados camaradas:

 

Evidentemente estamos entrando en una nueva etapa. Dos acontecimientos la determinan: el desarrollo de nuestra sección en Francia y el nuevo giro de la Comintern.

1. Ahora los hechos objetivos demuestran que nuestra entrada a la SFIO fue correcta. Gracias a ella nuestra sección se convirtió de un grupo propagandístico en un factor revolucionario de primer orden. Nadie osará afirmar que nuestro grupo, al adaptarse al nuevo ambiente, se ablandó, se hizo más moderado u oportunista. Todo lo contrario. Podemos asegurar con certeza que el grupo bolchevique leninista de Francia supera en la actualidad a todas las demás secciones por la precisión revolucionaria de sus consignas y el carácter ofensivo de toda su actividad política. Los camaradas que se oponían al entrismo tendrían que reconocer ahora que se equivocaron. Es indiscutible el peligro que entraña un cambio como ése, pero no menos indiscutible es que los hechos demostraron que, teniendo en cuenta el temple de nuestros cuadros y el control de nuestra organización internacional, tenemos que recurrir a cambios muy audaces para salir de nuestro aislamiento y penetrar en las masas. Vereecken y los otros que se opusieron violentamente a la entrada probaron con su posición no haber entendido suficientemente las inestimables ventajas que se derivan de nuestra educación bolchevique y de nuestra organización centralizada. Si ahora, después de la experiencia, siguen repitiendo sus abstractos argumentos, caerán en el ridículo. Si es que aun se los puede salvar, el mejor consejo que podemos darles es que tomen conciencia de sus errores y vuelvan a nuestras filas.

2. La decisiva traición de Stalin y su pandilla de la Comintern nos abre grandes posibilidades, tanto dentro de la misma Comintern como en todas las organizaciones obreras, especialmente en los sindicatos. Hasta hace muy poco, cada nueva etapa en la radicalización de las masas implicaba inevitablemente un acercamiento de ellas a los stalinistas. Precisamente ésta era la causa de nuestro aislamiento y de nuestra debilidad. Ir hacia la izquierda significaba ir hacia Moscú, y se nos veía como un obstáculo en este sentido. Hoy Moscú significa apoyar al imperialismo en Francia, Checoslovaquia, etcétera. Para nosotros ya no se trata de discutir las sutilezas de la teoría del socialismo en un solo país o de la revolución permanente sino de plantear directamente esta cuestión: ¿somos los esclavos voluntarios de nuestro propio imperialismo o sus enemigos mortales? Aun si no se da tan rápido como sería necesario la diferenciación dentro del Partido Comunista (aunque tenemos que esperar catastróficas rebeliones, sobre todo si sabemos cómo intervenir), la afluencia elemental de las masas hacia él disminuirá inevitablemente o incluso se detendrá.

Los últimos éxitos electorales del PC Francés de ninguna manera invalidan esta afirmación. Las masas no tuvieron tiempo suficiente para asimilar la traición stalinista, aun en sus aspectos más generales. Todavía produce su efecto la inercia de ayer, pero el stalinismo está corroído por todos lados. Se caerá a pedazos. Muy pronto apareceremos ante las masas como la única posibilidad revolucionaria. En esta situación la consigna por la Cuarta Internacional asume una importancia excepcional.

3. Las mismas circunstancias demuestran la necesidad de la lucha implacable que emprendimos contra el SAP después de dos años de negociaciones, intentos de acercamientos, dudas, etcétera. Los señores del SAP se revelaron como nuestros irreconciliables y pérfidos enemigos. Rondan a nuestro alrededor, nos roban las ideas y consignas mellando sus aristas revolucionarias y desparramando insinuaciones de que somos sectarios chapuceros, cerrados; no hay nada que hacer con nosotros, pese a la aparente corrección de nuestras ideas. El hecho de que Bauer se haya puesto de su lado les proporcionó un argumento de peso, sobre todo teniendo en cuenta que nuestra sección alemana no es tan intransigente como debiera con la gente del SAP. Cuanto más flexible, multifacética y sobre todo audaz sea nuestra política de penetración en las organizaciones de masas, tanto más intransigente debe ser nuestra política general, más agresiva hacia todas las ideologías centristas, estén ya cristalizadas o en formación. Hay que oponer sin equívocos las banderas de la Cuarta Internacional a todas las demás.

4. La preparación del Congreso de Mulhouse (que se inauguró hoy, en el momento en que se escriben estas líneas) fue un notable entrenamiento para nuestra sección francesa y para toda nuestra organización internacional.

La lucha giró alrededor de tres mociones: la de la derecha, la centrista y la nuestra. Nuestros camaradas, numéricamente débiles como son, ganaron votos y simpatizantes en todos los distritos en los que opusieron firmemente nuestra resolución a las otras dos, obligando al mismo tiempo a los centristas a alejarse un poco de la derecha para no perder toda su influencia. Por otro lado, en los pocos casos en que nuestros camaradas cometieron el grave error de entrar en componendas con los centristas no ganaron nada para nuestra tendencia y al mismo tiempo empujaron a los centristas a la derecha.

Estas experiencias nos dan la clave de cuál debe ser nuestra política en esta etapa; entrar en componendas con los dirigentes del SAP, de la IAG (Buró de Londres-Amsterdam), etcétera, implica perder nuestra identidad, comprometer las banderas de la Cuarta Internacional y contribuir al desarrollo de diversas corrientes centristas en el torrente revolucionario. En lo que hace a la propia sección francesa, el Congreso de Mulhouse implica, o debería implicar, el comienzo de una nueva etapa. La SFIO no sólo no es un partido revolucionario sino ni siquiera es proletario. Es pequeñoburgués por su política y también por su composición social. Este partido nos abrió algunas posibilidades, y fue correcto formularlas y utilizarlas. Pero son posibi­lidades limitadas. El Congreso de Mulhouse y su consiguiente repercusión limitará materialmente, aun más, estas posibilidades. El prestigio ganado por el grupo bolchevique leninista tiene que transformarse esclareciendo a los obreros. Pero éstos están fundamentalmente fuera del PS, en el PC, en las organizaciones sindicales o en ninguna organización. El grupo bolchevique leninista tiene que saber efectuar un nuevo giro, consecuencia lógica de la etapa anterior. Sin hacer, por supuesto, ninguna concesión, hay que concentrar las nueve décimas partes de las fuerzas en denunciar la traición stalinista.

5. La lucha de las distintas tendencias contra nosotros coincide hoy en día casi totalmente con el adoctrinamiento ideológico en favor de la nueva guerra imperialista. La oposición a la guerra debe significar cada vez en mayor medida simpatizar con la Cuarta Internacional. La condición para lograrlo es la lucha implacable contra la menor concesión a la teoría de la defensa nacional. El inevitable reagrupamiento en las distintas organizaciones obreras (Partido Comunista, sindicatos, etcétera) tiene que abrirnos el camino hacia las masas trabajadoras. Es necesario orientarnos en esta dirección con toda la independencia que haga falta. Este reagrupamiento puede resultar en la creación de un partido revolucionario en un lapso determinado bastante próximo.

6. Es absolutamente esencial acelerar el trabajo preparatorio de la Cuarta Internacional. Los elementos revolucionarios que se separen durante el reagrupamiento general dentro de la clase obrera tienen que contar con la posibilidad de unirse directamente a una organización internacional que se apoye en toda la experiencia de las luchas revolucionarias.

 

Crux. [León Trotsky]



[1] Es necesario un nuevo giro. International Information Bulletin Partido de los Trabajadores de Estados Unidos, N° 2, 7 de septiembre de 1935. También aparecen en Le Mouvement Communiste en France. Firmado "Crux". El 9 de junio de 1935, la noche antes de que se escribiera esta carta, la SFIO inauguró su trigésimosegundo congreso nacional en Mulhouse, el primero desde la entrada de los bolcheviques leninistas. La carta demuestra que Trotsky opinaba que el giro francés ya había cumplido su función. Preveía en ese momento un reagrupamiento para la construcción de un partido revolucionario independiente, capaz de aprovechar plenamente el último y drástico giro a la derecha de la Comintern. No todos las dirigentes del GBL compartían esta opinión; algunos pensaban que habla que permanecer indefinidamente dentro de la SFIO. Los sacudió el congreso de Mulhouse, en el que hubo 2.025 votos por la mayoría (reformista), 777 por Batalla Socialista (centrista) y 105 por los bolcheviques leninistas. los dirigentes reformistas, que controlaban firmemente, pronto empezaron a expulsar de la SFIO a los izquierdistas y a la Juventud Socialista. La posición que Trotsky explica en esta carta fue asumida antes de las expulsiones.



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