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Un cáncer en el Workers Party[1]

 

 

12 de agosto de 1935

 

 

 

Al Comité Nacional del Workers Party de EE.UU.

 

Estimados camaradas:

 

En mi primera carta mencioné que, en su momento, la gran mayoría de las secciones europeas se opuso al "viraje" francés. Pero la propia experiencia ha sido tan elocuente, tan notable, que posteriormente la abru­madora mayoría de los camaradas reconoció la justeza de esta política. El grupo de Naville no sólo entró al SFIO, sino que regresó al Grupo Bolchevique Leni­nista.[2] La unidad de la Liga está plenamente resta­blecida, si no se cuenta al grupo insignificante de Lhuiller. Sin embargo, el factor decisivo no es la unidad de la ex Liga, sino el nuevo papel que cumple. De un grupo de propaganda con unos doscientos militantes -incluida la juventud- se ha trasformado en un factor revolucionario que ejerce influencia directa e indirecta en el movimiento obrero del país. Puede decirse sin temor a exagerar que el peso específico de nuestra sec­ción francesa en el movimiento obrero francés es mucho mayor que el peso específico de nuestros partidos ho­landés o norteamericano en los movimientos obreros de sus respectivos países. Esto significa que se han registrado avances en Francia. El cambio de la situación no es sólo cuantitativo, sino también cualitativo.

El destino de Europa, y en cierto sentido el del mundo entero, se decide actualmente en Francia. Este hecho objetivo duplica y triplica la importancia del tra­bajo de nuestra sección francesa. ¿Cuál es el deber elemental de las demás secciones? Prestar la mayor aten­ción a la actividad del Grupo Bolchevique Leninista en Francia, solidarizarse con él, brindarle apoyo material y moral. Este deber internacional es tanto más imperioso y urgente si se tiene presente que la burocracia reformista -de la mano de la camarilla stalinista que, con este fin, no ahorra esfuerzos ni dinero- se ha em­barcado en una guerra de exterminio contra el Grupo Bolchevique Leninista. Se abre un nuevo capítulo. El año de trabajo en el SFIO crea nuevas oportunidades para un partido revolucionario independiente. Todos los camaradas del Grupo Bolchevique Leninista con­cuerdan en ello. Naturalmente, es necesario saber moverse, también saber maniobrar, para crear un partido independiente en las circunstancias más favorables. Esta es la tarea del próximo período.

Ahora, en lugar de apoyar a nuestra sección fran­cesa con todas sus fuerzas, el grupo de Oehler se ocupa en menospreciar, tergiversar y aun calumniar a nues­tros camaradas franceses. No tengo el menor deseo de agudizar la discusión en el WP, pero debo decir con franqueza que la actitud de Oehler y sus cofrades nos parece muy similar a la actitud de un rompehuelgas.

En mi carta a los camaradas polacos hice una carac­terización sintética de los primeros éxitos de nuestra sección belga (Lesoil).[3] Subrayé que el ala izquierda del Partido Socialista se encuentra -en cierta me­dida- bajo la influencia de nuestros camaradas o, al menos, de nuestras ideas, en todo el país con excepción de Bruselas. Bruselas es la única ciudad del país donde la sección local de la ex Liga se encontraba bajo la in­fluencia de Vereecken y permaneció con él después de la ruptura.[4] Tenemos, pues, una experiencia que por su claridad llamaríamos de laboratorio. En el centro mismo de la actividad de Vereecken, el ala izquierda del Partido Socialista ha caído totalmente bajo la influencia del doctor Marteau, el agente de Stalin en el POB. ¿Podría haber una prueba más contundente de la absoluta esterilidad del sectarismo? Mientras Vereecken logra acercarse con muchas dificultades a alguno que otro puñado de intelectuales jóvenes y obreros jóvenes y aislados, el grupo de Lesoil (nuestra sección) ejerce una influencia activa sobre el desarrollo del ala izquierda del Partido Socialista y de la Guardia Juvenil Socialista.

No quiero decir con ello que los camaradas nor­teamericanos deban intentar una mera reproducción de las experiencias francesa o belga en Estados Unidos. La diferencia de condiciones existentes salta a la vista. La fusión de dos organizaciones independientes les ha abierto enormes posibilidades. Ninguna de vuestras tendencias propone hacer entrismo en el Partido So­cialista. Una de vuestras tareas como organización in­dependiente consiste en saber influir directa y sistemáticamente en el desarrollo del ala izquierda del Partido Socialista. Durante los primeros meses de 1917, el Partido Bolchevique era una fuerza mucho más pon­derable que el Workers Party hoy. No obstante, el Partido Bolchevique se mantuvo en contacto perma­nente con el ala izquierda de los mencheviques e inclu­so, en ocasiones, presentó candidaturas conjuntas con los mencheviques de izquierda (el grupo de Larin)[5] en las elecciones municipales de Petrogrado. Por la misma época, y de acuerdo con Lenin, yo permanecí en la organización de los Internacionalistas para lle­varlos a todos en conjunto, a la fusión con el Partido Bolchevique. En julio de 1917 se convocó el congreso de unificación. Lenin habló ante la conferencia menche­vique en abril. En el congreso de unificación de julio un representante del ala izquierda del congreso men­chevique pronunció un discurso de felicitación, etcéte­ra. La intransigencia bolchevique está indisolublemen­te ligada con la comprensión del proceso real de las or­ganizaciones obreras, con la capacidad de influir sobre este proceso, con la flexibilidad de maniobra con agru­paciones y aún con individuos.

En cambio, cada sectario quiere ser dueño de su propio movimiento obrero. Cree que la repetición de fórmulas mágicas le permitirá agrupar en torno suyo a una clase. Pero en lugar de embrujar al proleta­riado, sólo consigue desmoralizar y dispersar a su sectilla.

No puedo opinar desde aquí acerca de la línea prác­tica con respecto a los partidos Socialista y stalinista. Desgraciadamente, mi visión de Norteamérica desde Europa es mucho más estrecha que la visión de Europa que el camarada Oehler tiene desde Norteamérica. Es por ello que prefiero mantener una actitud prudente y no ofrecer consejos que pudieran resultar perjudicia­les. Pero estoy totalmente de acuerdo con los camara­das Cannon y Shachtman cuando dicen que no puede haber una política leninista hacia el Partido Socialista y su ala izquierda "en medio de una atmósfera de histeria provocada por el peligro inexistente de que una evaluación realista de la dinámica del desarrollo del Partido Socialista signifique preparar la capitulación ante el PS".[6]

He leído las actas de vuestro plenario con atención y las de vuestra Comisión de Control con cierto ho­rror.[7] Parece respirarse una atmósfera de pesadilla al leer sobre las sospechas y rumores dirigidos contra los camaradas que vienen combatiendo por las ideas de la lucha revolucionaria proletaria desde hace mucho tiempo. Tales métodos pueden paralizar y desmoralizar al partido si la voluntad colectiva del mismo no les pone fin de inmediato.

¿Cómo es posible que los camaradas Oehler, Stamm y otros recurran a semejantes métodos?[8] En Fran­cia tuvimos un caso análogo con Bauer, quien, no sa­tisfecho con la lucha política contra el "viraje", se con­virtió repentinamente en una fuente inagotable de sospechas, acusaciones y calumnias increíbles dirigidas contra todos nosotros. Sin embargo, se trataba de un hombre honesto y sincero, consagrado al socialismo. Su desgracia es que es un sectario enfermizo. Un hombre de esa catadura puede permanecer tranquilo y amistoso mientras la vida de la organización siga girando den­tro de los ámbitos conocidos. Pero, ¡ay de él si los acon­tecimientos provocan un cambio radical! El sectario ya no reconoce su mundo. Toda la realidad conspira en su contra y, puesto que los hechos lo desmienten, les vuelve la espalda y se consuela con rumores, sospechas y fantasías. Se convierte así en una fuente de calum­nias, sin ser calumniador por naturaleza. No es desho­nesto. Simplemente entra en conflicto irreconciliable con la realidad.

Les camaradas Weber y Glotzer acusan al grupo de Cannon de proceder contra Oehler en forma excesiva­mente ruda y burocrática.[9] No puedo opinar al res­pecto puesto que no he tenido la oportunidad de seguir el desarrollo de la lucha. Como hipótesis, puedo concordar con que existe la posibilidad de que los ca­maradas dirigentes se hayan precipitado un poco. Naturalmente, sería un error querer liquidar una opo­sición con medidas administrativas antes de que la abrumadora mayoría del partido haya tenido oportuni­dad de comprender plenamente la incoherencia y esterilidad del grupo. La dirección suele impacientarse cuando trata de quitar un obstáculo que se interpone ante la actividad del partido. En tales casos, el partido puede y debe frenar la precipitación de los dirigentes, puesto que si éstos educan al partido, también el partido educa a los dirigentes. En ello reside la saludable dialéctica del centralismo democrático.

Pero los camaradas Weber y Glotzer se equivocan totalmente cuando colocan los errores de Cannon en el mismo plano con los "errores" de Oehler. El secta­rismo es un cáncer que amenaza la actividad del WP, lo paraliza, envenena las discusiones y le impide penetrar resueltamente en la vida interna de las organizaciones obreras. Espero que no sea necesario recurrir a una intervención quirúrgica. Pero para evitar las expulsio­nes, es necesario que por abrumadora mayoría se re­suelva atacar implacablemente al grupo Oehler. Este es el primer requisito para los éxitos futuros del Workers Party. Todos queremos que permanezca independiente pero, ante todo y sobre todas las cosas, independiente del cáncer que carcome sus entrañas.

 

Fraternalmente,

 

León Trotsky



[1] Un cáncer en el Workers Party. International Information Bulletin del WPUS, N° 2, 7 de septiembre de 1935.

[2] Cuando en agosto de 1934 los bolcheviques-leninistas franceses resolvieron el entrismo en la SFIO, se produjo una escisión. Un grupo era dirigido por Pierre Naville (n. 1904), miembro fundador de La Verité y de la Liga Comunista. El grupo de Naville entró a la SFIO poco des­pués. Aunque se reunificaron formalmente en septiembre de 1935, Naville fue uno de los delegados del GBL en el congreso de Mulhouse (junio de 1935). Fue miembro del SI hasta que estallo la Segunda Guerra Mundial, cuando se separó y se unió a los centristas. El otro grupo que se opuso al entrismo fue el de Lhuiller. Aunque fue el adversario mas Intransigen­te de esta política, Lhuiller entró a la SFIO un año después y permane­ció en esa organización después de la expulsión de los bolcheviques-leninistas.

[3] León Lesoil (1892-1942): fundador del PC belga y miembro de su Comité Central. Fue uno de los organizadores de la Oposición de Izquierda belga y dirigente hasta su muerte. La Gestapo lo arrestó en junio de 1941; murió en un campo de concentración.

[4] Liga Comunista Internacional de Bélgica: nombre de la sección belga de la LCI antes de su entrismo en el POB.

[5] Mencheviques: socialistas rusos que sostenían que la clase obrera debía unirse a la burguesía liberal para derrocar al zarismo e instaurar una república democrática. Se constituyeron en organización después de la escisión del Partido Obrero Social Demócrata Ruso en 1903 y per­manecieron en la Segunda Internacional. Iuri Larin (1882-1932), destacado menchevique que bregó por la reunificación con el Partido Bolchev­ique en 1917. Fue economista durante los años veinte.

[6] Max Shachtman (1903-1972): dirigente del PC norteamericano y fundador de la CLA. En 1940 rompió con el SWP por sus diferencias en torno a la defensa de la Unión Soviética. En 1958 ingresó al Partido Socialista.

[7] La Comisión de Control del WPUS trataba de descubrir la verdad respecto de la acusación de que Cannon y Shachtman negociaban con los dirigentes del PS a espaldas del partido para disolver al WPUS en el PS.

[8] Thomas Stamm: joven oehlerista en la dirección del WPUS. Tras su expulsión del partido, el y Oehler fundaron la Liga Obrera Revolu­cionaria.

[9] Jack Weber y Albert Glotzer (n. 1908): miembros del Comité Na­cional del WPUS aliados con Martin Abern en la lucha fraccional contra Cannon en 1935. Aunque discrepaban con la política de Oehler, formaron bloquee con él y A.J. Muste para que el grupo de Cannon quedara en minoría en el Comité Nacional. Weber rompió con Abern y Muste en 1936, cuando el WPUS resolvió entrar al PS; Glotzer se opuso al entris­mo, pero lo aceptó. Junto con Shachtman, rompió con el SWP en 1940. Weber hizo lo mismo hacia el final de la Segunda Guerra Mundial.



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