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Todavía faltan los platos más picantes[1]

 

 

Publicado en mayo de 1936

 

 

 

En el artículo del camarada Ciliga "La búsqueda de una salida" (Biulleten Opozitsi 49), se relatan las torturas que sufrió un marinero a manos de la GPU para obligarle a confesar que participo en una "cons­piración imaginaria contra Stalin". Lo dejaron en paz cuando "se volvió loco". Este hecho merece que se le preste la mayor atención.

La serie de juicios políticos públicos en la URSS demuestra que muchos de los acusados están dispues­tos a confesar su participación en crímenes que eviden­temente no cometieron. Diríase que los acusados repiten en el tribunal algunas frases aprendidas de me­moria: de esa manera reciben castigos leves, a veces irrisorios. Hacen sus "confesiones" a cambio de esta indulgencia. ¿Pero por qué necesitan las autoridades estas conspiraciones ficticias? En algunos casos, para implicar a un tercero que no tuvo nada que ver; en otros, para encubrir sus propios crímenes, la sangrienta e injustificada represión; o, por último, para crear un clima favorable para la dictadura bonapartista.

Ya hemos demostrado basándonos en documentos oficiales que Medved, Iagoda y Stalin tuvieron parti­cipación clara y directa en el asesinato de Kirov. Proba­blemente ninguno de ellos quería su muerte. Pero ju­garon con su vida para crear una amalgama: un acto te­rrorista con la "participación" de Zinoviev y Trotsky.

Zinoviev presentó un testimonio evasivo, resultado de un acuerdo previo entre acusadores y acusados: bajo esta condición le prometieron a respetar su vida. Obligar a los acusados a presentar testimonios fan­tasiosos contra sí mismos que afecten de rebote a ter­ceros es el sistema que emplea la GPU, es decir Stalin, desde hace tiempo.

Pero, ¿cual es la necesidad de montar un atenta­do contra Stalin en 1930? ¿Y por qué tuvieron que me­ter a un marinero en el asunto? Los únicos datos que poseemos son un par de líneas del artículo del camara­da Ciliga. Sin embargo, arriesgaremos una hipótesis.

En 1929 el autor de estas líneas fue exiliado a Turquía. Poco después recibió en Constantinopla la visita de Blumkin, que la pagó con su vida[2]. En ese momento, el asesinato de Blumkin a manos de Stalin conmovió profundamente a muchos comunistas, tanto en la URSS como en el extranjero. En esa época se creó en el extranjero el centro bolchevique-leninista y aparecieron el Biulleten y otras publicaciones. En esas circunstancias Stalin necesitaba urgentemente un "atentado", sobre todo un atentado que cruzara la frontera y en el que estuviera involucrado Blumkin o, mejor dicho, su fantasma. Para eso un marinero le vendría de perillas, sobre todo un marinero que viajara entre un puerto soviético y Constantinopla. Quizás arrestaron al marinero por casualidad: por decir algo que no debía, por estar en posesión de literatura pro­hibida o simplemente por contrabando: no sabemos nada de él. Posiblemente lo amenazaron con una con­dena de varios años. Pero el ingenioso Iagoda le pro­metió su libertad y toda clase de prebendas a cambio de una confesión según la cual Blumkin, siguiendo órdenes de Trotsky, lo había envuelto en una conspira­ción contra Stalin. Si el asunto hubiera tenido éxito, podrían haber justificado el exilio de Trotsky y el fusilamiento de Blumkin de una sola vez. Pero entonces empezaron los problemas: el marinero "se volvió me­dio loco".

Nuestra hipótesis es tan sólo una hipótesis. Pero concuerda perfectamente con la moral y los métodos políticos de Stalin. "Este cocinero -dijo Lenin refiriéndose a Stalin- sólo preparará platos picantes." Pero ni siquiera Lenin podía prever en 1922, cuando pronunció estas palabras, la caldera del diablo que montaría Stalin sobre el Partido Bolchevique.

Estamos en 1936. Los métodos de Stalin son los mismos. Los peligros políticos que lo acechan son ma­yores. La experiencia de varios errores ha enseñado a Stalin y a Iagoda a perfeccionar sus técnicas. Por eso, no abrigamos ilusiones: ¡todavía faltan los platos más picantes!



[1] Todavía faltan los platos más picantes. Biulleten Opozitsi, N° 50, de mayo de 1936. Firmado "L.T." Traducido del ruso [al inglés] para la primera edición [norteamericana] de esta obra por John Fairlie.

[2] Jakob Blumkin (1899-1929): terrorista socialrevolucionario de izquierda que luego fue comunista y funcionario de la GPU. Fue el primer partidario ruso de la Oposición de Izquierda que visitó a Trotsky en el exilio, en Turquía. Al volver a la URSS portando un mensaje de Trotsky a la Oposición, fue entregado a la GPU y fusilado en diciembre de 1929. Así, fue el primer militante de la Oposición ejecutado directamente por los stalinistas.



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