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¡Los internacionalistas revolucionarios necesitan nuestra ayuda![1]

 

 

7 de septiembre de 1935

 

 

 

La carta del bolchevique-leninista que escapó de la URSS -publicada recientemente- describe un horri­ble panorama de persecuciones y represalias perpetra­das por la burocracia, y una pintura no menos horrible de las condiciones físicas en que se hallan cientos y miles de revolucionarios consecuentes, abnegados y sacrificados. Últimamente la burocracia ha agregado dos, tres y hasta cinco años a sus sentencias de exilio y de cárcel, sin presentar acusación alguna. Muchos se encuentran en la cárcel o en el exilio desde principios de 1928, es decir, desde hace casi ocho años. Leyendo la propia prensa oficial soviética surge claramen­te que otros cientos, sino miles de revolucionarios, viejos y jóvenes, han sido arrestados, exiliados y encarcelados en el curso del presente año por no compartir la política internacional de Stalin, o simplemente por no aprobar el trato brutal dispensado a Zinoviev, Kamenev y otros.

La escasa correspondencia recibida excepcionalmente por los parientes nos muestra una situación de­sesperada y sin visos de mejorar. Por ejemplo, un viejo revolucionario exiliado escribe: "no tiene sentido que me envíen dinero... No sirve para nada, ni siquiera hay verduras para comprar". Otro exiliado, separado de sus amigos desde hace años, sin posibilidades de cartearse con su familia, ni siquiera con sus hijos, en­vió una tarjeta postal que llegó por casualidad, donde dice: "Estamos embarcados en la senda de los viejos Lafargues". Esto sugiere un intento de suicidio colecti­vo, probablemente mediante una huelga de hambre.[2] Las noticias desde las cárceles son mucho más escasas que desde el exilio, y pintan nuevos horrores que su­peran ampliamente todo lo perpetrado por Stalin en los primeros años de lucha contra la Oposición de Izquierda. Esta es la situación.

Es necesario brindar ayuda moral y material en forma inmediata. La ayuda moral debe ser la denuncia -lo más amplia posible- de las brutalidades bonapar­tistas que sufren los revolucionarios en cautiverio. Cualquier informe, por exiguo que sea, debe recibir la más amplia difusión; debemos despertar la atención y solidaridad de los obreros para con los auténticos héroes que permanecen fieles a la bandera del interna­cionalismo revolucionario desde hace años, en total incomunicación, sin noticia alguna del mundo exterior y sometidos a privaciones inauditas. Debemos protes­tar abiertamente y con todas nuestras fuerzas contra el terror stalinista, cuyo objetivo no es defender a la re­volución de sus enemigos de clase sino defender al régimen autocrático de la burocracia, de la vanguardia obrera.

La ayuda material debe concretarse en colectas de dinero que enviaremos a las direcciones que están en nuestro poder: los encarcelados y exiliados, cuando pueden, comparten fraternalmente todo el dinero que reciben.

Pero la agitación, las protestas y las colectas de di­nero no bastan. Es necesario brindar ayuda organiza­tiva constante y correcta a los internacionalistas re­volucionarios, de los cuales las internacionales Segun­da y Tercera no se preocupan, que son ignorados por los sindicatos reformistas, y a quienes la burguesía del mundo entero considera, con justa razón, sus más encarnizados enemigos.

Desde luego que el problema no se limita a la URSS. En China, las cárceles de Chiang Kai-shek, ex aliado de Stalin, están pobladas por bolcheviques-leninistas, encabezados por Chen Tu-hsiu, un viejo revoluciona­rio y fundador del Partido Comunista, quien cumple una sentencia de once años.[3] Los dirigentes del autotitulado "frente único" evitan cuidadosamente toda mención del nombre de Chen Tu-hsiu, a pesar de que es un nombre que todo obrero revolucionario debería conocer. En Alemania, España, Italia, Polonia, Grecia, Indochina y otros países, las cárceles y campos de concentración de las dictaduras reaccionarias se llenan de combatientes de la Cuarta Internacional en forma cre­ciente. Incluso en Holanda, patria clásica de la "demo­cracia", los internacionalistas revolucionarios como Sneevliet y Schmidt han pagado en años recientes un pesado tributo a las cárceles del capitalismo.

Sin embargo, no se trata únicamente de los bolche­viques-leninistas y combatientes de la Cuarta Interna­cional. En los países del nuevo y del viejo mundo exis­ten numerosas organizaciones y grupos revolucionarios por fuera de las viejas internacionales, que todavía no se han agrupado bajo la bandera de la Cuarta Inter­nacional: sus víctimas son numerosas. Lo propio puede decirse de las colonias. Baste mencionar el ejemplo del revolucionario hindú Roy, condenado a catorce años de cárcel, vergonzosamente traicionado por esa Comin­tern en cuyas filas había combatido.[4]

El creciente acercamiento de las internacionales Segunda y Tercera, como el de las burocracias sindica­les, sobre el programa común del socialpatriotismo -cuyas bases se sentaron en el congreso de Moscú- augura sacrificios excepcionalmente severos para los combatientes proletarios agrupados bajo la bandera del internacionalismo y del derrotismo revolucionario. Tras la cortina de humo del patriotismo, quizás inclusi­ve de la "defensa de la URSS", la policía y los procura­dores fiscales del capitalismo aumentarán sus golpes contra los internacionalistas, para allanar el camino del "frente único" de Stalin-Laval-Cachin-Blum-Jouhaux[5] y también el camino de... la próxima guerra imperialista. Quien no vea esta perspectiva es ciego o, en el mejor de los casos, miope. Los revolucionarios deben empezar a prepararse desde ahora para los esfuerzos y sacrificios supremos.

La clase obrera esta dividida en diferentes bandos políticos; no pocas diferencias graves existen entre las organizaciones que no ingresan en las internacionales Segunda y Tercera. Estas no pueden ser eliminadas artificialmente. Pero si existe algún terreno en el cual los obreros revolucionarios honestos pueden y deben aunar sus esfuerzos, es en el de organizar la ayuda a los combatientes encarcelados por la burguesía y traicionados por los socialpatriotas. Es necesario proceder de inmediato a la organización de una asociación interna­cional interpartidaria que asista a los revolucionarios perseguidos por su fidelidad a los principios del internacionalismo.

Desde luego, todos los partidos y grupos organizados bajo la bandera de la Cuarta Internacional están perfectamente dispuestos a ingresar a semejante or­ganización. Pero eso no basta. Es necesario realizar un acuerdo con los demás partidos revolucionarios in­dependientes y con las minorías izquierdistas de las viejas internacionales y sindicatos. Se trata de un pro­blema político candente. Nos esperan grandes batallas. No sólo debemos construir el ejército, sino también preparar la Cruz Roja y el cuerpo de sanidad.



[1] ¡Los internacionalistas revolucionarios necesitan nuestra ayuda!. New Militant, 28 de septiembre de 1935. Sin firma.

[2] Paul Lafargue (1842-1911): uno de los fundadores del movimiento marxista francés. Él y Laura Lafargue (1842-1911), hija de Marx, se suicidaron para evitar los oprobios de le vejez.

[3] Chen Tu-hsiu (1879-1942): fundador del PC chino y de la Oposición de Izquierda. La policía del Kuomintang lo encarceló desde 1932 hasta 1937 por su actividad revolucionaria. Quebrantada su salud, se retiró de la política en 1941.

[4] M.N. Roy (1887-1953): comunista hindú, sostenía que la colabora­ción con el nacionalismo burgués era indispensable para el movimiento de independencia colonial; simpatizaba con las posiciones de la Oposi­ción de Derecha rusa. Luego abandonó el movimiento socialista.

[5] León Jouhaux (1870-1954): secretario general de la Confederación General del Trabajo, la principal central obrera francesa, en 1909-40 y 1945-47. Fue probelicista en las dos guerras mundiales y adversario de la Revolución Rusa.



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