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Carta al comité en el exilio del IKD[1]

 

 

2 de septiembre de 1935

 

 

 

Estimados camaradas:

 

1. Leí con el mayor interés las cartas circulares alemanas que me envió. En primer lugar, trazan un cuadro informativo de la situación interna. En segundo lugar, demuestran que en Alemania contamos con cuadros de cuya idoneidad marxista nos podemos enorgullecer. Es muy importante lo que dice el informe de J- sobre la situación en las fábricas, que confirma el análisis que presenté en mis comentarios sobre la tesis del Comité en el Exilio.

El segundo informe (sobre la cuestión alemana) también es muy revelador con respecto a la cuestión de la iglesia, sobre lo cual ya se ha discutido demasiado. Es posible que la orientación de algunos camaradas ale­manes todavía sea excesivamente propagandística. Esto está vinculado con la posición de Unser Wort.[2] Es necesario fortalecer el periódico. Tiene base en Alemania, y con la intervención de nuestros cuadros pode­mos ampliarla con éxito. Sin embargo, la condición previa para ello es que Unser Wort aparezca regularmente, dos veces por mes como mínimo, y aunque sea una vez por mes en edición de seis páginas. Esto nos daría oportunidad para dedicar dos páginas a las cuestiones agitativas de actualidad, sin descuidar las teóricas y la información internacional. Insisto en que cada edición debe incluir notas breves (de cinco a diez líneas) sobre las cuestiones internas de las organizacio­nes obreras. Los informes indican que los camaradas alemanes demuestran gran interés por estos pro­blemas.

2. Se me informa que algunos camaradas piensan, o quizás pensaban, que el viraje respecto de la cuestión del SAP, vinculado externamente al artículo sobre al­quimia, se efectuó en forma no totalmente democrática. Considero esta cuestión tan importante para la com­prensión del centralismo democrático, que me gustaría decir aquí dos o tres cosas al respecto. Sin ninguna duda, el último congreso del IKD aprobó la línea del acercamiento al SAP. En esa época, los representantes del Comité en el Exilio consideraban que la perspectiva era inútil. Pero, con toda razón, consideraron necesario brindar a la sección alemana la oportunidad de hacer su propia experiencia en este terreno, porque en verdad resultaba mucho más fácil llegar a la conclusión correc­ta en el extranjero (estando cerca de la dirección), que en Alemania. Pero el sentido de la resolución apro­bada por el congreso no era que la experiencia fuera vá­lida eternamente. Se trataba de aplicar una táctica práctica y de resolver el futuro curso de acción con base en los resultados obtenidos. La posición de la dirección del SAP en el extranjero, así como los informes prove­nientes de Alemania, demostraban sin lugar a dudas que las negociaciones con el SAP no conducirían a nada y que sólo servirían para paralizar a nuestra propia organización. Así pensaba el Comité en el Exilio. Estaban de acuerdo con las conclusiones que yo extraje de nuestra experiencia internacional. Cuando discutí el problema con el camarada Braun, el acuerdo al res­pecto fue unánime.

¿Qué debe hacer la dirección en este caso? Varios camaradas pensaban que la dirección debía iniciar una nueva discusión, realizando posteriormente sobre la base de la misma un nuevo congreso o referéndum. Eso sería "democracia" auténtica. Tal vez. Pero no quedarían ni rastros de centralismo revolucionario, iniciativa, capacidad de acción, ni sentido de la respon­sabilidad. Si se procede de manera tal que la militan­cia sea responsable de todas las cuestiones, no tiene objeto construir una dirección. Basta una máquina de sumar. Dada la situación que reina en Alemania, la idea de la democracia partidaria pura (con exclusión del centralismo bolchevique) es evidentemente utópica. La dirección también debe tener la valentía de procla­mar que una actividad aprobada por el organismo in­mediato superior, el congreso, ya está perimida, y extraer de ello las conclusiones necesarias. Desde luego, al actuar de esa manera la dirección debe tener la plena seguridad de que expresa la experiencia autén­tica de la mayoría de la organización. Y el Comité en el Exilio y el autor del artículo estaban firmemente con­vencidos de que era así.

¿Se confirmó esta evaluación? Totalmente. Primero, por el hecho de que, tras una breve deliberación, los camaradas alemanes concordaron con que era nece­sario efectuar el viraje. Segundo, por las últimas pirue­tas del SAP en el terreno internacional. Repito, una di­rección que en un momento crítico es incapaz de encon­trar la valentía para efectuar un viraje en veinticuatro horas, por iniciativa propia sin perder tiempo y sin dejar de reflejar la experiencia de la organización en su conjunto, no es digna de llamarse dirección. Por supuesto, corre el riesgo de cometer un error, de ser fus­tigada por la organización, inclusive de ser desplazada.

Toda profesión entraña sus riesgos, y este es el riesgo que entraña la profesión de dirigente.

 

Con saludos comunistas,

 

L. Trotsky



[1] Carta al IKD en el exilio. Informations Dienst N° 10, febrero de 1935. Traducido del alemán [al inglés] para esta obra por Maria Roth. Infor­mations Diens (Servicio de Informaciones) era el boletín interno del IKD exiliado.

[2] Unser Wort (Nuestra Palabra): periódico del IKD, publicado en el exterior y llevado clandestinamente a Alemania.



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