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Sobre el frente único con Grzezinsky[1]

 

 

20 de septiembre de 1933

 

 

 

l’Humanité del 19 de septiembre reprodujo la fotografía de Grzezinsky,[2] el ex jefe de policía socialdemócrata de Berlín, que comparece como testigo en el contrajuicio realizado en Londres por el caso del incen­dio del Reichstag. Es evidente que los pobres directores de l’Humanité no pensaron en la importancia de la pu­blicación de esta fotografía. De otro modo hubieran renunciado avergonzados, admitiendo que no tienen derecho a estar a cargo de un periódico obrero.

El contrajuicio de Londres, que intenta establecer la verdad sobre el incendio del Reichstag, es una activi­dad política de lucha contra el fascismo. Los jueces, testigos y expertos no comparecen ante este tribunal por obligación sino para lograr un objetivo político con­creto: combatir a las bandas de Hitler. Grzezinsky detesta al comunismo; lo demostró en los hechos, cuando hizo fusilar a obreros comunistas. Sin embargo, este mismo Grzezinsky comparece voluntariamente en el contrajuicio de Londres para atestiguar en favor de los comunistas Torgler, Dimitrov[3] y otros contra el fascista Goering[4] y Cía. Al publicar la noticia del contrajuicio de Londres, y en particular la fotografía del testigo Grzezinsky, l’Humanité participa en un frente único con Grzezinsky en contra de Goering. ¿Está claro?

Hace más de dos años escribimos que para combatir a Hitler estamos dispuestos a hacer frente único no sólo con el diablo y su abuela sino también con el propio Grzezinsky. En ese momento los infortunados directores de l’Humanité y de Cahiers du Bolchevism consumieron no poca tinta tratando de demostrar nues­tra adhesión total al social-fascismo. Realmente, el des­tino es despiadado con esta gente. Grzezinsky podría haberse muerto o pasado al fascismo para aliviar un poco la carga de los desgraciados directores de l’Huma­nité. Pero Grzezinsky siguió viviendo, emigró, compa­reció en el juicio en favor de los comunistas y, por lo tanto, obligó a l’Humanité a publicar su fotografía como la de un aliado en el frente único.

El contrajuicio de Londres, más allá de su modesta significación política, es muy importante. Tal vez los lectores de l’Humanité -de los directores ya no cabe esperar nada- comprendan que el frente único con la socialdemocracia tendría que haber comenzado antes y no después de la victoria de Hitler, no cuando los comu­nistas y los socialdemócratas están aplastados y Torgler en prisión sino cuando todavía había plenas posibili­dades de vencer a Hitler.

Si los dirigentes de la Comintern hubieran estudia­do las primeras lecciones del abecé comunista en lugar de repetir obedientemente la fórmula idiota de que la socialdemocracia y el fascismo son "gemelos", el preso no sería Torgler sino Goering y el propio Hitler. Más aun, es muy probable que a esta altura ya se les habría unido Grzezinsky, dado que su participación forzada en la lucha contra el fascismo no podría librarlo finalmente de la responsabilidad ante el tribunal proletario por el asesinato de los obreros de Berlín. ¿No tendrán que comparecer algún día ante el tribunal proletario los directores de l’Humanité, acusados de confundir sistemáticamente a los trabajadores? En ese caso sólo pueden tener esperanzas de salir absueltos si se les aplica la fórmula: "no sabían lo que hacían."



[1] Sobre el frente único con Grzezinsky. The Militant, 7 de octubre de 1933. Firmado "L.T."

[2] Albert Grzezinsky (1879-1948): jefe de policía socialdemócrata de Berlín, que ofreció una resistencia apenas simbólica cuando el gobierno socialdemócrata de Prusia fue derrocado, el 20 de julio de 1932, por el golpe de Papen. Trotsky discutió la posibilidad de un frente único con Grzezinsky -y hasta con la abuela del diablo- en Por un frente único obrero contra el fascismo mientras Grzezinsky era todavía jefe de policía, y volvió a discutirlo en El único camino después que lo sacaron de su puesto. Ambos trabajos se reproducen en The Struggle Against Fascism in Germany, (Pathfinder Press), 1971. [En castellano, ver La lucha contra el fascismo en Alemania, Buenos Aires, Pluma, ts. I y II, 1974.]

[3] Ernst Torgler (1893-1963): dirigente de la delegación del PC el Reichstag alemán, y Georgi Dimitrov (1882-1949), un dirigente del PC búlgaro que había emigrado a Alemania, fueron acusados en el juicio por el incendio del Reichstag. Ambos fueron absueltos, pero Torgler siguió preso hasta 1935. En ese año fue expulsado del Partido Comunista y después de la guerra entró al Partido Socialdemócrata de Alemania Occidental. A Dimitrov se le permitió salir de Alemania, se hizo ciudadano soviético y fue secretario ejecutivo de la Comintern entre 1934 y 1943. Después de la Segunda Guerra Mundial, entre 1946 y 1949, fue primer ministro de Bulgaria.

[4] Hermann Goering (1893-1946): jefe nazi a cargo de la parodia de jui­cio por el incendio del Reichstag.



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