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La situación en la Liga norteamericana[1]

 

 

7 de marzo de 1933

 

 

 

Al Secretariado Internacional

 

Estimados camaradas:

 

Como ustedes dicen, la situación de la Liga norteamericana exige que nuestra organización internacional intervenga en forma rápida y decisiva. Por lo que he podido juzgar en base a las actas del Secretariado Internacional y la correspondencia, no diferimos en la evaluación de la situación. De todas maneras me siento en el deber de exponerles con toda claridad, después de una serie de conversaciones muy detalladas con el camarada Swabeck[2] y de un estudio de los documentos, cómo veo yo las cosas y las medidas que debemos tomar.

1. Durante muchos años, la actividad de la Liga fue principalmente propagandística y literaria. La cantidad de militantes oscilaba siempre en torno a la misma cifra; las variaciones eran tan sólo fruto del mejor o peor trabajo realizado por el núcleo central. La falta de progreso del movimiento ha provocado toda clase de antagonismos personales, de grupo y locales. El propio estancamiento del movimiento impide que tales antagonismos adquieran un carácter político. Esto le ha dado, y le sigue dando, a la lucha características sumamente venenosas, ante la ausencia de un contenido de principios que resulte claro para todos. Los militantes de la organización no aprenden nada de semejante lucha. Se ven obligados a agruparse según afinidades, simpatías y antipatías personales. La pelea de los grupos se convierte, a su vez, en un obstáculo para el progreso ulterior del movimiento.

2. Es posible que esta lucha contenga embriones de diferencias de principios válidas. De todas maneras es una desgracia que los dos grupos se anticipen demasiado y agudicen la lucha organizativa entre ellos y entre los militantes hasta el punto de abandonar totalmente el desarrollo del trabajo político y los problemas planteados por éste. Es imposible no ver en las maniobras organizativas apresuradas, que ejercen un efecto disolvente sobre la Liga al convertir a cada grupo por separado en blanco de los prejuicios de los demás, la influencia dañina de los métodos y el proceder de la Comintern de los epígonos, que han acostumbrado a toda una generación a buscar la salida de las dificultades en las maniobras del aparato, a expensas del conjunto de la organización. ¡Este es uno de los rasgos más negativos del burocratismo!

3. Las dificultades internas no encontrarán solución sino extendiendo el trabajo entre las masas. La Liga ya se ha embarcado en esa senda. Esta desplegando una energía magnífica en tres direcciones: a) una campaña sobre la victoria del fascismo en Alemania y la capitulación de la Internacional Comunista; b) participación en la movilización de los desocupados; c) participación en el sindicato minero independiente (Illinois). Y ha logrado éxitos morales en los tres terrenos. Pero -y éste es el rasgo más importante de la situación - los primeros resultados satisfactorios no se ven acompañados por la disminución sino por el agravamiento de la lucha interna. ¿Qué significa esto?

4. Por supuesto que es teóricamente posible que, en la transición a un trabajo más amplio, las diferencias potenciales adquieran un carácter abierta y activamente político. Pero, hasta ahora, no ha ocurrido así, pues en ninguna de las tres áreas de trabajo mencionadas se revela la existencia de diferencias más o menos desarrolladas, serias y firmes. Queda otra explicación: el agravamiento de la crisis es fruto de la propia mecánica de la transición de una modalidad de trabajo a otra. Esto no excluye el surgimiento de diferencias importantes en el futuro, pero éstas no necesariamente coincidirán con las posiciones de los grupos existentes.

5. No hay otra solución que ampliar y profundizar el trabajo entre las masas, acercar nuevos elementos proletarios a la Liga, y llevar todos los núcleos de la Liga a las organizaciones de masas. Al respecto, ya fueron sentadas algunas bases para este trabajo. Pero la lucha entre los grupos ha llegado a un grado tal, que puede colocar la ruptura a la orden del día. En semejantes circunstancias, un hecho como este tendría un carácter puramente apriorístico, llamémoslo preventivo, que resultaría incomprensible para todos salvo quienes lo inicien. Si a nosotros, dirigentes de la Oposición de Izquierda Internacional, nos parece difícil entender las causas de la pelea feroz, a los obreros norteamericanos, incluidos los militantes de la propia Liga, se les dificultará aun más comprender las causas de la ruptura. Esta clase de ruptura en la cumbre destruiría la autoridad de ambos grupos y comprometería por mucho tiempo la causa de la Oposición de Izquierda en Estados Unidos. Hoy, la burocracia soviética no tendría más que publicar las numerosas declaraciones de los grupos en pugna para envenenar todas las fuentes de simpatía de la Oposición de Izquierda. De producirse una ruptura, la situación se volvería cien veces peor.

Ambos grupos deben saber con toda claridad que, en caso de ruptura, la Oposición de Izquierda Internacional no reconocerá a ninguna de las dos como sección. Ambas mitades, condenadas por un largo período a la impotencia, se encontrarían en una situación similar a la de Checoslovaquia, donde los grupos existentes son tan sólo grupos simpatizantes que no gozan de plenos derechos en la organización internacional.

6. Los preparativos de la conferencia nacional de la Liga se realizan bajo el signo de la lucha entre ambas tendencias. En la actualidad, es posible vislumbrar en cierta medida cuáles serán las perspectivas de la conferencia: aceptación más o menos unánime de las resoluciones políticas de principios, acompañada de una lucha envenenada en torno a la aprobación de los mandatos y la composición del futuro Comité Central. Si partimos de que ambos grupos son aproximadamente del mismo tamaño, el único cambio a producirse en la conferencia es que el grupo que poseía el cuarenta y nueve por ciento de los votos ahora obtendría el cincuenta y uno, y viceversa; de seguir aplicándose los mismos métodos, habría una ruptura.

7. A mi parecer, la tarea de nuestra organización internacional es, evidentemente, la siguiente: no permitir una ruptura, ahora que la Liga se encuentra en el umbral de transición hacia el trabajo de masas; explicar a todos los militantes que los dirigentes de ambos grupos emplean métodos organizativos intolerables y recurren a ardides polémicos sucios; condenar resueltamente dichos métodos; llamar a los militantes de la Liga a defender la unidad.

8. Cualesquiera que sean las posiciones individuales de algunos de nosotros respecto a cual de los dos grupos de la Liga adquirirá una preponderancia seria auténtica en el curso del trabajo de masas, nuestra organización debe permitir que el futuro proporcione la solución a este problema (es posible que en la dirección, tras efectuarse algunos reagrupamientos, haya elementos de ambos grupos). No obstante, la próxima conferencia de ninguna manera podrá garantizar la hegemonía para grupo alguno, dada la ausencia de preparación política y de criterios objetivos.

La próxima conferencia debe asumir como tarea principal salvar a la Liga de una ruptura preventiva impuesta desde arriba y preservar su autoridad y combatividad para el futuro inmediato. Es necesario plantear esta tarea de manera perentoria ante todos los grupos locales que participen en la lucha del Comité Central.

9. Por lo que puede deducirse de la correspondencia, una cantidad importante, quizás mayoritaria, de militantes de la Liga no pertenece a ninguno de los grupos y se indigna ante la posibilidad de una ruptura. Dado que la lucha entre ambos grupos carece de bases principistas o, de existir, éstas no son obvias, conciliar la vida interna de la Liga es bastante justificado y progresivo. Ahora, en este momento, la organización internacional debe emplear toda su autoridad en apoyo de dicha política.

10.En mi opinión, los preparativos de la conferencia tienen que ser realizados según las consideraciones hechas más arriba. Ello significa:

a. Todas las organizaciones locales deben exigir a sus dirigentes que impongan limites a sus choques, de manera que los discursos, declaraciones, etcétera, de ambas partes no puedan convertirse en armas en manos del enemigo.

b. Hay que enviar oportunamente copias de las tesis, contratesis y enmiendas, no sólo a los militantes de la Liga, sino también al Secretariado Internacional, para que la discusión de los problemas se realice a la vista y bajo el control de todas las Secciones.

c. Se debe fijar la fecha definitiva de la conferencia de común acuerdo con el SI, para que éste pueda, si lo considera necesario, enviar a su representante.

d. Hasta el momento de celebrarse la conferencia, el Comité Central actuante que, desde luego, permanece en funciones, debe gozar del apoyo pleno de todos los militantes de la organización. Aquél, por su parte, se abstendrá de realizar dentro del comité cualquier maniobra organizativa artificial de carácter fraccional.

e. Para elegir sus delegados, las organizaciones locales habrán de tener en cuenta que éstos posean la suficiente firmeza e independencia en cuanto a la salvaguarda de la unidad de la Liga; es necesario que instruyan a los delegados en el mismo sentido.

f. El próximo Comité Central tendrá que incluir, por supuesto, a dirigentes de los dos grupos en pugna; pero es necesario elegir, junto con ellos, a camaradas sólidos, que posean autoridad, que no hayan participado en la lucha entre los grupos y sean capaces de crear una atmósfera mas sana en el seno del Comité Central. Para ello hay que ampliar considerablemente la cantidad de integrantes del Comité.

g. De ser necesario, el Secretariado realizará un plenario especial dedicado a los problemas norteamericanos, con la participación de representantes de ambos grupos.

Los acontecimientos históricos le plantean tareas excepcionales a la Liga norteamericana. Se le abren tremendas posibilidades. Nuestros amigos norteamericanos deben saber que seguimos su trabajo con la mayor atención, que estamos dispuestos a apoyarlos con todas las fuerzas y medios disponibles, que tenemos la firme esperanza de que pondrán fin al problema interno y se embarcarán en una senda más amplia.

 

G. Gourov [L. Trotsky]



[1] La situación en la Liga norteamericana. Boletín Interno de la Liga Comunista de Norteamérica, Nº 13, 29 de abril de 1933. Firmado “G. Gourov”. En otra de las conversaciones de Arne Swabeck con Trotsky se discutió la lucha fraccional que había dividido a la dirección de la CLA en un sector mayoritario, dirigido por James P. Cannon, y uno minoritario, dirigido por Max Shachtman y Martin Abern. Trotsky hizo un aporte posterior en una carta fechada el 17 de abril (véase Nuevamente acerca del problema norteamericano en este mismo tomo).

[2] Arne Swabeck (n 1890): fundador y dirigente del PC de Estados Unidos, de la Communist League of America [CLA, Liga Comunista de Norteamérica] y del Socialist Workers Party [SWP, Partido Socialista de los Trabajadores]. Rompió con el SWP en 1967 y se hizo partidario del maoísmo.



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