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Respuesta al proyecto de resolución alemán[1]

 

 

21 de Abril de 1933

 

 

 

El proyecto de resolución, que desgraciadamente no lleva fecha, aclaró algunas de las diferencias (las verdaderas y las imaginarias, es decir, las basadas en malentendidos), pero al mismo tiempo pasó otras por alto. El objetivo de esta crítica consiste en definir lo más precisamente posible el verdadero carácter de las diferencias actuales.

1. La resolución afirma al comienzo que “el de­rrumbe del PC Alemán vació de todo contenido la con­signa de reforma del mismo". En otras palabras, que al PC Alemán no se lo puede regenerar. Demás está decir que esta declaración, que implica desechar la posición contenida por nosotros hasta el 5 de marzo, reviste una enorme importancia para toda nuestra actividad.

El tercer parágrafo de la resolución dice: “El pro­ceso apunta en dirección a un partido nuevo”. Esta tesis completa la anterior y limita mucho las diferen­cias. Los camaradas dirigentes de la sección alemana reconocen que el partido stalinista alemán está políti­camente liquidado y que el partido comunista alemán se reconstruirá como partido nuevo, fuera de la organi­zación stalinista.

2. Pero citemos más extensamente el parágrafo 3: “Aunque el proceso apunta en dirección a un partido nuevo, la consigna de la creación de éste sería prema­tura y errónea.” El sentido de esta oración depende del significado que se le dé a la palabra "consigna". Se la puede interpretar como la proclama pública de nues­tra nueva posición respecto del partido oficial, o como un llamado a la creación inmediata de un partido nuevo a partir de los elementos existentes. La segunda in­terpretación implicaría un aventurerismo ridículo. Nin­guno de nosotros hizo semejante propuesta. Si esa cla­se de malentendidos pudo existir al comienzo de la dis­cusión, el intercambio de opiniones de las últimas se­manas nos dio claridad absoluta al respecto. No se tra­ta de decretar burocráticamente la creación de un par­tido nuevo sino de proclamar abiertamente nuestra posición respecto del partido viejo y las nuevas perspec­tivas con que encaramos nuestro trabajo. No podemos permitirnos disminuir u ocultar la importancia de este viraje. Nuestra línea es hacer propaganda por un parti­do nuevo y prepararnos para formarlo. ¿Estamos de acuerdo? El proyecto de resolución no aporta la nece­saria claridad en este sentido.

3. La resolución empieza bien, pero luego cae en una serie de contradicciones, oscurece sus conclusiones fundamentales y no da directivas para la acción. La consigna de “partido nuevo”, afirma la declaración, alejará a todos los comunistas con espíritu crítico o semicrítico. ¿Por qué? Obviamente porque siguen creyendo en la reforma del partido. Estos revolucionarios abnegados pero miopes, que a costa de enormes sacri­ficios tratarán de reconstruir el partido stalinista en la clandestinidad, recibirán con hostilidad nuestra afirma­ción de que "la perspectiva de reformar al PC Alemán carece ya de contenido" y que “el proceso apunta en dirección a un partido nuevo". Pero nuestro acuerdo con la dirección alemana se da en torno a estas dos te­sis, precisamente. ¿Qué haremos, entonces? ¿Nos guardaremos estas ideas sin expresarlas en voz alta para no alejar a los partidarios de la reforma? Semejan­te posición sería indigna de un marxista y no creo que sea la que sostienen los camaradas alemanes. Los embates de la experiencia convencerán a los utopistas de la reforma de que estamos en lo cierto. Cuanto me­nos tardemos en dar a conocer nuestra posición y con más firmeza lo hagamos, mayor será nuestra autoridad política.

4. El proyecto de resolución plantea la cuestión de la formación de cuadros. Esta consigna es, de por sí, inobjetable. Pero también es necesario dar respuesta al interrogante: ¿cuadros para qué? ¿Para la reforma del partido viejo o para la construcción de uno nuevo? Si nos refugiamos en un silencio diplomático, los stalinis­tas exigirán igualmente una respuesta y apareceremos ante la base comunista como esos oráculos que tienen dos doctrinas: una para sí y otra para los no iniciados. Es claro que los autores de la resolución no pueden ni quieren caer en semejante hipocresía.

5. Se afirma repetidas veces, tanto en el proyecto de resolución como en otros documentos, que la pers­pectiva del partido nuevo es acertada pero los obreros avanzados no están “psicológicamente" preparados para aceptarla. Si se tratara de la creación inmediata de un partido nuevo, a los obreros les faltaría prepa­ración no sólo “psicológica" sino también política y teó­rica. Carecemos de cuadros, y los cuadros existentes carecen de masas. Esa acotación sobre la "psicología" sólo puede interpretarse de la siguiente manera: nues­tros propios militantes, y hasta nuestros simpatizantes y amigos, no están preparados “psicológicamente" para un viraje tan brusco en la línea. Es obvio que los autores de la resolución confunden dos problemas: la preparación de la vanguardia proletaria para la creación de un partido comunista nuevo y la preparación de nuestra propia organización para dar un cambio audaz y decisivo en nuestra orientación respecto del partido vie­jo y el partido nuevo. Lo que nos interesa aquí es esta última tarea. No se origina en la “psicología", es decir, en el estado de ánimo de las diversas capas de la van­ guardia obrera, sino en las circunstancias objetivas, la victoria del fascismo y el derrumbe de la política y del partido stalinista. El estado de ánimo de los obreros aún puede cambiar, sobre todo en el sentido de una comprensión cada vez mayor de este hecho histórico. Pero la actitud (perspectiva política de la Oposición de Izquierda no debe partir de las fluctuaciones de los sen­timientos sino de los cambios objetivos de la situación.

6. Interpretar la consigna de partido nuevo en el sentido de una unificación mecánica con los elementos surgidos de la descomposición del partido viejo (brand­leristas, SAP, Leninbund) sería, además de un absurdo político, una burla a todo nuestro pasado. Respecto de tal o cual grupo, a lo sumo puede hablarse de encarar algunas actividades en común, según cómo se de la si­tuación. Así, por ejemplo, en el congreso antifascista deberíamos ponernos de acuerdo con el grupo de Sneevliet, con el SAP, etcétera, contra el bloque de Muenzenberg con Barbusse y la burguesía hindú.[2] No existe el menor motivo para mezclar los acuerdos tácticos de este tipo con la cuestión del partido nuevo. Lo único que podemos decir es: los acuerdos tácticos basados en una estrategia correcta pueden acelerar el proceso de formación de cuadros para el partido co­munista.

7. Los documentos alemanes comparan la consigna de "partido nuevo" con la consigna de un "nuevo Zimmerwald”.[3] Esta comparación es absolutamente incomprensible. Zimmerwald fue un bloque circuns­tancial de marxistas y centristas. Los primeros marcha­ban bajo la consigna de la Tercera Internacional, los segundos bajo la consigna de reforma de la Segunda In­ternacional. Había, por cierto, algunos elementos que eludan el problema de "¿segunda o tercera internacio­nal?" ocultando sus vacilaciones bajo la bandera de Zimmerwald "en general".

En definitiva, el acuerdo fue sólo un episodio, mien­tras que la consigna de Tercera Internacional determi­nó la política revolucionaria para toda la nueva etapa. Aquí sí hay una similitud. Un acuerdo con otro grupo, digamos el SAP, puede convertirse en un episodio (mu­cho menos importante que el de Zimmerwald) hacia la construcción de un partido nuevo. Pero son dos proble­mas diferentes.

8. Hablando del SAP, ¿cómo se plantea este proble­ma hoy? En la lucha por su supervivencia, los dirigen­tes del SAP, sin responder a los problemas programáti­cos, se disociaron de la Oposición de Izquierda acusán­donos de abrigar ilusiones respecto del PC Alemán. Desde entonces, la marcha de los acontecimientos ha eliminado su argumento fundamental. Podemos dirí­girnos al SAP para decirles: “A partir del 5 de marzo, nosotros también tomamos el problema de la creación de un partido nuevo. Pero un partido se crea en base a un programa. ¿Cuál es vuestro programa?" Debemos utilizar las ventajas de nuestra nueva posición. Si los dirigentes del SAP responden que la elaboración de un programa es una tarea recién emprendida, podemos ofrecerles abiertamente participar en sus discusiones e inclusive proponer la creación de un órgano de discu­sión teórica común, aunque mantenemos, naturalmen­te, nuestra independencia organizativa y nuestro pe­riódico político. El problema del SAP no es, obviamen­te, el decisivo. Tampoco queremos que sustituya a otros problemas sino ponerlo en su justo lugar, como problema secundario importante.

En síntesis, el resultado de la discusión hasta el momento es: se han aclarado una serie de malenten­didos, reduciendo así las diferencias. No obstante, sería prematuro afirmar que se superaron los antago­nismos antes de recibir una respuesta clara y tajante de los camaradas alemanes sobre los problemas arriba planteados. No sólo debemos reconocer formalmente la perspectiva de un partido nuevo, también es preciso sacar las conclusiones prácticas que derivan necesaria­mente de dicha perspectiva y luchar todos juntos por su realización.



[1] Respuesta al proyecto de resolución alemán. The Militant, 1 de julio de 1933. Firmado “G.G" El proyecto de resolución presentado por la direc­ción alemana para la discusión en la Oposición Internacional apareció en The Militant, 27 de mayo de 1933.

[2] Willi Muensenberg (1889-1940): dirigente de la Internacional Juvenil Comunista, stalinista leal, utilizó fondos de la Comintern para fundar una cadena de empresas propagandísticas, con diarios, revistas, una empresa cinematográfica, una editorial, etcétera. Después de 1933 siguió realizando la misma tarea para la Comintern en Francia, hasta que en 1937 rompió con el stalinismo por no aceptar la politica del Frente Popular. Fue hallado muerto en circunstancias jamás aclaradas, después de que los alemanes invadieron Francia. Henri Barbusse (1873-1935): novelista pacifista, ingresó al PC Fran­cés en 1923 y escribió una biografia de Stalin y una de Cristo. Fue uno de los principales propulsores de los congresos antibélico de Amsterdam y antifas­cista de Paris. El representante de la burguesía hindú era V.J. Patel (1877-1950), presidente del Partido del Congreso e integrante del gobierno cuando la India proclamó su independencia.

[3] Zimmerwald en Suiza, fue en setiembre de 1915 la sede de un congreso que reunió a las corrientes antibélicas e internacionalistas que sobrevivieron al colapso de la Segunda Internacional. A pesar de que la mayoría de los participantes eran centristas significó un avance para la creación de la Tercera Internacional. El manifiesto antibélico de Zimmerwald fue redactado por Trotsky.



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