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Lecciones del Primero de Mayo en Austria[1]

Reflexiones desde lejos

 

 

7 de mayo de 1933

 

 

 

El Primero de Mayo los obreros vieneses demostra­ron que a pesar de la decepción, la traición y la desilu­sión, realmente quieren pelear. Una vez más quedó claro con qué facilidad los burócratas y semiburócratas, tanto los oficiales como los de la oposición a medias, ocultan su propia falta de decisión tras el pretexto del "estado de ánimo deprimido" de las masas. Los obre­ros quieren pelear. Esta es la conclusión más impor­tante y debe servimos de punto de partida.

La política del Partido Socialdemócrata para el Primero de Mayo consistió en buscarse un pretexto ante el gobierno, en el caso de que las masas salieran a la lucha y fueran derrotadas; ante las masas, en el caso de que salieran a la lucha y obtuvieran la victoria. Es difícil concebir una política más desleal e indignan­te. Es desleal porque da a las masas la ilusión de poseer un partido y una dirección; es indignante porque, en la hora más difícil, abandona a las masas, acostumbra­das a una dirección centralizada, obligándolas a bus­carse una salida por sus propios medios.

La política del Partido Socialdemócrata excluye la posibilidad de una victoria del proletariado. Al mismo tiempo, excluye la posibilidad de que se imponga ningún régimen estable. El proletariado seguirá en es­tado de conmoción y esperará una solución revolucio­naria. La burguesía vive temiendo la guerra civil. Las masas pequeñoburguesas se ponen cada día más ner­viosas. Las medidas policíaco-militares demuestran día a día una insuficiencia creciente. La gran burguesía se convence cada vez más de que no podrá mantener su sistema sin recurrir a la dictadura fascista. De esta manera, la política doblemente desleal, charlatana y cobarde de la socialdemocracia paraliza al proletariado y lleva agua al molino del fascismo.

Los semiopositores del tipo de Max Adler (¿puede Bauer todavía contarse entre ellos?) encubren y prote­gen "desde la izquierda" esta política desleal. Las masas tienen todavía la esperanza de que la cúpula arreglará las cosas, de que la oposición no tardará en señalar el camino de la lucha. De esta manera se pierden semanas y meses irrecuperables.

El ala izquierda de la oposición socialdemócrata trató de actuar por primera vez llamando a las masas a realizar una manifestación en el centro de la ciudad. El llamado no obtuvo respuesta; no pudo haberla obte­nido porque una organización anónima no puede dirigir. Los obreros quieren saber con qué bueyes están arando.

No es cuestión de personas sino de la bandera, del programa, de la consigna, de la organización. Algunos socialdemócratas de izquierda que quieren luchar se sienten molestos porque no tienen "nombre". Este se crea en el curso de la lucha. Mientras los socialdemó­cratas de izquierda no aparezcan con un programa de lucha, sus llamados no tendrán eco.

El Partido Comunista se encuentra paralizado por la política criminal de la burocracia stalinista en Alemania, por la teoría y la práctica del social-fascismo, por el tremendo embrollo del problema del frente único, por el régimen de simulación y falsía.

Los bolcheviques leninistas deben buscar vincula­ciones con los elementos auténticamente revolucionarios del Partido Comunista y de la oposición social­demócrata. No es cierto que en Austria todo esté perdido. Los obreros quieren pelear. Todavía es posi­ble que se produzcan grandes conmociones y transfor­maciones en el seno de las masas. En esas circunstan­cias, una pequeña organización que sabe lo que quiere puede desempeñar un gran papel histórico.



[1] Lecciones del Primero de Mayo en Austria. The Militant, 3 de junio de 1933. El gobierno de Dollfuss había prohibido la realización de manifesta­ciones o celebraciones públicas del Primero de Mayo, la jornada obrera tradicional.



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