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Prólogo a la edición griega de El nuevo curso[1]

 

 

28 de enero de 1933

 

 

 

La noticia de que el folleto El nuevo curso aparecerá en griego me sorprendió. No trataré de ocultar que la sorpresa me alegra. Se trata de una colección de artículos escritos hace diez años, cuando la Oposición de Izquierda (bolcheviques leninistas) estaba surgiendo. Hoy el libro será de interés más histórico que actual. Su publicación en Atenas demuestra que los obreros griegos avanzados sienten vivo interés en conocer a la vieja Oposición de Izquierda. Es imposible no ver en ello una muestra de la seriedad de nuestro movimiento. Las ideas y las consignas no caen del cielo; se las elabora en el curso de una lucha prolongada. Así, resulta difícil comprender correctamente las ideas, tanto científicas como políticas, sin conocer la historia de su elaboración. La tradición desempeña aquí un gran papel, que puede ser negativo o positivo, en la historia de la humanidad. Sabemos que las clases y partidos conservadores emplean la tradición para preservar el orden existente, es decir, primordialmente, la opresión y la explotación. Pero la clase revolucionaria necesita de la tradición porque esta es un gran arsenal que la puede proveer de armas para la lucha contra los males existentes.

La Oposición de Izquierda que, con plena justificación, se considera continuadora de la obra de Marx y Lenin, ha existido como tendencia independiente desde hace unos diez años. En el reloj de la historia es un período breve, pero en este tiempo muchos países han conocido grandes acontecimientos. La Oposición de Izquierda invariablemente respondió a todos los problemas planteados por esos mismos acontecimientos. ¿Fueron correctos sus análisis? ¿Es que el curso de los hechos confirma tales pronósticos? Las respuestas a dichos interrogantes sólo pueden provenir del estudio de la historia de la Oposición de Izquierda a la luz de estos grandes sucesos. No me cabe la menor duda de que ese conocimiento sólo servirá para fortalecer en los bolcheviques leninistas griegos la convicción de que, históricamente, hicieron bien en defender lo que defendieron.

El folleto El nuevo curso está dedicado casi exclusivamente al análisis de problemas internos de la URSS. La cuestión de la democracia de partido ocupa un buen numero de páginas, pero no es planteada desde un punto de vista abstracto sino materialista, es decir, inseparablemente ligado a las relaciones recíprocas de las clases en el país y a las agrupaciones políticas del proletariado. (Véase, en particular, el capítulo “Burocratismo y revolución.”). La democracia de partido no es necesaria como fin en sí misma sino como medio para educar y unificar a la vanguardia proletaria en el espíritu del marxismo revolucionario. Democracia de ninguna manera significa, empero, que las puertas están abiertas a todos. La organización revolucionaria sólo puede crecer y fortalecerse si constantemente se depura y ensancha su base proletaria. Una política clasista correcta es la premisa principal para que exista una sana democracia de partido. Sin eso, todo lo que se diga de la democracia y la disciplina carece de contenido; peor aun, se convierte en un arma para la desorganización del movimiento proletario.

En los mismos meses del otoño de 1923 en que fue escrito el folleto y la URSS era escena de debates en torno a la democracia de partido, la industrialización, la actitud hacia el campesinado y la economía planificada, en Alemania se preparaban inmensos acontecimientos revolucionarios, que toda la vanguardia proletaria internacional seguía con suspenso. Los obreros rusos esperaban que una Alemania soviética no tardaría en unirse a la Rusia soviética. Ello le habría abierto al socialismo perspectivas ilimitadas. Pero, debido a la parálisis provocada por la dirección oportunista (Stalin, Zinoviev, Brandler), el Partido Comunista Alemán se mostró incapaz de explotar una gigantesca situación revolucionaria. La burguesía alemana, con ayuda de la socialdemocracia, mantuvo -y durante un cierto período incluso incrementó- su supremacía. Por todo el mundo empezó a cundir el reflujo revolucionario. Los propios obreros rusos cayeron presa de la desilusión respecto de la revolución internacional. En ese momento la burocracia stalinista levantó la teoría del socialismo en un solo país, y lanzó una batalla furiosa contra los bolcheviques leninistas, partidarios del programa de la revolución permanente. Ese gran problema, no obstante, queda fuera de los límites de este artículo.

La organización de los arqueomarxistas se originó en Grecia en circunstancias especiales, y hasta hace tres años se desarrolló separada e independientemente de la Oposición de Izquierda. Pero en determinado momento, como ocurrió otras veces en la historia, nuestros caminos se unieron. ¿Seguirán así? ¿Por cuanto tiempo? Creo que sí, y para siempre. Gracias a su composición proletaria combatiente, la organización de los arqueomarxistas ha demostrado ser más capaz de absorber y aplicar políticamente las ideas de la Oposición de Izquierda que otras secciones más antiguas. La sección bolchevique leninista griega podrá mantener firmemente a su organización en la senda elegida cuanto más seria sea la educación teórica de sus jóvenes cuadros proletarios. Envío a todos los amigos griegos mis cálidos saludos, junto con la esperanza de que este librito les ayude, siquiera parcialmente, a comprender el pasado de nuestra tendencia internacional y así enfrentar el futuro con mayor confianza.



[1] Prólogo a la edición griega de El nuevo curso. Biulleten Opozitsi Nº 33, marzo de 1933. Traducido [al inglés] por Tom Scott. El nuevo curso, publicado en 1923, es el primer trabajo de la Oposición de Izquierda.



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