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Las organizaciones socialistas de izquierda y nuestras tareas[1]

 

 

15 de junio de 1933

 

 

 

En todas partes la socialdemocracia atraviesa una situación de aguda crisis. En una serie de países se separaron de los partidos socialdemócratas sectores de izquierda más o menos importantes. Este proceso es producto de toda la situación. Si todavía no adquirió gran desarrollo, se debe a los errores de la burocracia stalinista, que frena la diferenciación en las filas reformistas y cierra las puertas del comunismo a los sectores revolucionarios. El surgimiento de partidos socialistas independientes y organizaciones autónomas es un voto de directa y merecida desconfianza dirigido contra la Comintern.

La burocracia stalinista califica a las organizaciones socialistas independientes como "social-fascistas de izquierda", las más peligrosas de todas las organi­zaciones. Esa fue su actitud en el caso especifico del SAP. Cuando nadie lo esperaba, después del 5 de marzo, la Comintern realizó una reunión extremadamente amable con los "social-fascistas de izquierda" británicos, representados por el Partido Laborista Independiente. Así reveló una vez más su incompren­sión del proceso de descomposición de la socialdemo­cracia, que desgraciadamente coincide con su propia descomposición.

La Oposición de Izquierda Internacional tiene una nueva tarea por delante: acelerar el proceso de evolu­ción de las organizaciones socialistas de izquierda hacia el comunismo; para ello debe introducir en ese proceso sus ideas y su experiencia. No hay tiempo que perder. Si las organizaciones socialistas independientes permanecen un largo período en su estado amorfo actual, se desintegrarán. Las tareas políticas de nuestra época son tan apremiantes, la presión de las clases enemigas es tan poderosa -a ello hay que agregar las intrigas de la burocracia reformista y de la stalinista -que sólo un poderoso vínculo ideológico sobre bases marxistas firmes puede proporcionarle a la organiza­ción revolucionaria la capacidad de defenderse de las corrientes hostiles y de conducir a la vanguardia prole­taria a una nueva situación revolucionaria.

Esta situación, por las oportunidades que brinda, le plantea nuevas tareas a la Oposición de Izquierda. Hasta ahora hemos captado militantes principalmente en base a la selección individual. En la medida en que la burocracia centrista conservadora impedía que nues­tras ideas ejercieran una influencia directa e inmediata sobre los partidos comunistas, esta etapa fue absoluta­mente inevitable. Sería un error pensar que ya hemos extraído todo lo posible de los partidos oficiales. Por el contrario, el reclutamiento de grupos y organiza­ciones locales para la Oposición de Izquierda aun nos aguarda. Pero nuestra influencia sobre las organiza­ciones obreras de masas no puede lograrse por medio de un orden preconcebido. Con mirada vigilante debemos seguir los procesos vivos de todas las orga­nizaciones obreras para, en el momento oportuno, concentrar nuestra atención en el campo que prometa mayores éxitos.

Las organizaciones socialistas independientes y las fracciones oposicionistas de izquierda al interior de la socialdemocracia son organizaciones abiertamente cen­tristas o conservan dentro de sus filas fuertes tenden­cias centristas, o remanentes de ellas. Su aspecto positivo es que bajo la presión de los golpes históricos que han recibido se desarrollan en dirección revolu­cionaria. El acercamiento a estas organizaciones sobre una base clara de principios significará para nosotros un nuevo capítulo del desarrollo de la Oposición de Izquierda, y por lo tanto del reanimamiento del mar­xismo revolucionario en el movimiento obrero mundial. Una gran organización revolucionaria internacional inspirada en las ideas de la Oposición Internacional, se convertiría en el centro de atracción de los elementos proletarios de los partidos comunistas oficiales.

Hay que tener en cuenta que si damos este paso hasta el final, se abrirán las posibilidades para crear nuevos partidos comunistas. En lo que concierne a Alemania el problema ya está resuelto -no por noso­tros sino por los acontecimientos de marzo - de una forma total y definitiva. Al respecto, las diferencias que existían en nuestras filas, particularmente con los camaradas alemanes, han desaparecido por completo o han sido reducidas a un plano secundario. Todo lo que ha hecho la burocracia después del 5 de marzo -publicación de artículos en la prensa stalinista, la resolución del presidium del Comité Ejecutivo de la Comintern emitida el primero de abril, el curso del Partido Comu­nista Alemán tal como se caracterizó en el congreso antifascista de París- confirma plenamente el pronós­tico que anunciaba la desintegración inevitable del Partido Comunista Alemán. Lo que acabamos de decir se aplica también a Austria, país donde el PC desapa­reció del panorama, por orden de la policía, sin ofrecer la menor resistencia. "El partido más antiguo de la Internacional Comunista", que salió de la escena ignominiosamente, no volverá a revivir. Sobra decir que estos hechos empeoran las perspectivas de la Comintern Esta ominosa perspectiva de eliminación total de los viejos partidos comunistas debe convertirse en un medio para abrir más aun los ojos de los mejores elementos de los partidos comunistas. Al mismo tiempo, las secciones de la Oposición de Izquierda tie­nen que mostrar mayor iniciativa en el trabajo no sólo dentro de los partidos oficiales sino en el conjunto del movimiento obrero.

Jamás se cumplió la transición de una etapa de lucha a otra más elevada sin roces internos. Algunos camaradas, que sienten nostalgias por las organi­zaciones de masas, se muestran deseosos de recoger frutos todavía inmaduros. Otros, preocupados por la pureza de los principios de la Oposición de Izquierda, desconfían de todo intento de acercarse a las grandes organizaciones de masas. "Nada bueno puede venir de Nazaret." ¿Cómo nos vamos a acercar a organiza­ciones lideradas por elementos centristas? Estamos dis­puestos, dicen, a unirnos a los obreros de base, pero no vemos qué sentido tiene acercarnos a los dirigentes centristas, etcétera. Ese planteo puramente formal del problema es erróneo. Estos camaradas están muy presionados por el sectarismo propagandista.

Las nueve décimas partes de los elementos que capto inicialmente la Tercera internacional eran ele­mentos centristas que evolucionaban hacia la izquierda. No sólo individuos y grupos sino también partidos con sus viejas direcciones o parte de las mismas se ubicaron bajo la bandera del bolchevismo. Era inevitable que así sucediera. Su evolución posterior iba a depender de la política de la Comintern, de su régimen interno, etcétera. Actualmente, en el movimiento obrero, si se excluyen a las organizaciones fascistas, naciona­listas y religiosas, se observa un predominio de las organizaciones reformistas y centristas; entre estas últimas incluimos, con toda razón, a la Comintern oficial. Es obvio que el renacimiento del movimiento obrero revolucionario se producirá a costa del centris­mo. Nuevamente, no sólo individuos y grupos sino también organizaciones enteras se ubicarán bajo la bandera comunista. El proceso posterior de reedu­cación dependerá de la política general, del régimen interno y, por último, de la marcha de los aconteci­mientos históricos.

Muchas veces hemos hablado en nuestros artículos sobre el carácter heterogéneo del centrismo; com­prende a todos los matices de transición entre el reformismo y el marxismo o -que no es lo mismo- entre el marxismo y el reformismo. Es imposible com­prender al movimiento centrista únicamente a través de sus declaraciones y documentos actuales. Debemos estudiar la historia de su desarrollo y vigilar la direc­ción de su evolución.

El centrismo de la fracción stalinista se caracteriza por una política de zigzags convulsivos o de estanca­miento, y es la organización centrista más conser­vadora de la historia del movimiento obrero. La razón reside en que esta vez el centrismo dispone de una poderosa base social en la burocracia soviética; los aparatos de los partidos occidentales son simples apéndices. Mientras que en la URSS la burguesía stali­nista se ve obligada a defender al estado obrero contra la burguesía para salvaguardar sus propios intereses específicos, en Occidente se ha convertido en un ins­trumento de desorganización y debilitamiento de la vanguardia proletaria. Si no fuera por su dependencia servil de la burocracia soviética, los partidos oficiales de Occidente ya habrían encontrado la forma de acer­carse al camino correcto o se habrían desmoronado, cediendo su lugar a organizaciones más sanas.

Hoy en día, los partidos oficiales sobreviven exclu­sivamente debido a la fe en la URSS y en su dirección. Muchos comunistas honestos sienten un temor reli­gioso a la crítica y a los argumentos nuevos, temor que los aparta del riesgo y de perder la "fe" en el lide­razgo de la URSS. Eso y sólo eso puede explicar el hecho de que personas maduras, muchas de ellas revolucionarios cabales hayan apoyado durante años una política tan monstruosa que constituye una burla al marxismo, a los obreros avanzados y al pensamiento humano. Los que se libran del fetiche de la burocracia soviética generalmente caen en la indi­ferencia. Es sabido que en los últimos años los partidos comunistas perdieron más militantes que los que ganó la Oposición de Izquierda.

El centrismo de origen socialdemócrata se carac­teriza por su evolución de derecha a izquierda, en medio de una situación que dificulta el mantenimiento de posiciones ambiguas. A los militantes de la mayoría de las organizaciones socialistas independientes les falta esa impronta revolucionaria que en mayor o menor medida atraía a los militantes hacia los partidos comu­nistas. Por otra parte, los socialistas independientes, no corrompidos por el fetichismo de la burocracia soviética, libres de todo conservadurismo, pasan por una crisis interna, buscan responder honestamente a los problemas planteados por nuestra época, evolu­cionan hacia el comunismo. Todo indica que son mucho más permeables que los stalinistas a las ideas del bolchevismo auténtico.

Tal es la extraña combinación de circunstancias históricas, en cierta manera "imprevista", que les abre a los bolcheviques leninistas nuevas oportuni­dades de actividad y progreso. Debemos utilizarlas hasta el fin.



[1] Las organizaciones socialistas de izquierda y nuestras tareas. The Militant 5 de agosto de 1933. Firmado "G. Gourov". Las nuevas tendencias socialistas de izquierda que Trotsky analiza en este articulo constituyeron un factor de importancia para las tácticas de ’a oposición de Izquierda en la segunda mitad de 1933. (Ver Escritos 1933-1934)



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