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La política del Partido en el terreno del arte y la filosofía[1]

 

 

16 de junio de 1933

 

 

 

En respuesta a los camaradas norteamericanos Martin Glee, Harry Ross y M. Martin

Estimados camaradas:

 

La carta de ustedes plantea problemas muy impor­tantes que, en mi opinión, no admiten soluciones generales y categóricas, válidas para todas las situa­ciones. Nosotros, como organización, nos apoyamos no sólo en ideas políticas específicas sino también en determinados métodos filosóficos y científicos. Nos basamos en el materialismo dialéctico, cuyas conclu­siones afectan tanto a la política y a la ciencia como al arte. Sin embargo, nuestra actitud hacia cada una de estas conclusiones es distinta. En virtud de la natu­raleza propia del arte, de ninguna manera podemos ejercer el mismo control riguroso sobre éste que sobre la política. El partido está obligado a permitir una gran libertad en el terreno del arte, a eliminar en forma implacable únicamente aquello que va dirigido contra las tareas revolucionarias del proletariado; por otra parte, el partido no puede responsabilizarse direc­tamente por los distintos puntos de vista de sus mili­tantes acerca del arte, aun cuando les proporcione su tribuna. La observancia de estas dos reglas -otorgar la libertad que necesita la creación individual y la no transmisión de la responsabilidad de la misma al partido- es más obligatoria en los casos en que no se trata de teóricos del arte sino de artistas, pintores, hombres de letras, etcétera. Además, el partido tiene que distinguir claramente el momento en que la gene­ralización artística se convierte en política. No obstante, sin hacer la menor concesión en cuanto a los prin­cipios, el partido debe, en el caso de los artistas, limitarse a rectificar, con firmeza pero con tacto, todas las conclusiones políticas erróneas que surjan de sus posiciones artísticas. Marx expresó esta idea en una frase jocosa sobre Freiligrath:[2] "Los poetas son peces raros" (Die Dichter sind sonderbare Kauze). Lenin encuadraba su actitud hacia el teórico y político profe­sional Bogdanov y hacia el artista Gorki[3] según crite­rios distintos, a pesar de que Bogdanov y Gorki mantu­vieron una estrecha vinculación política durante cierto tiempo. En cuanto a Gorki, Lenin opinaba que su activi­dad artística y su popularidad podían traerle a la causa revolucionaria beneficios mucho mayores que los daños que podían producir sus declaraciones y acciones erróneas, las que, por otra parte, el partido siempre podía corregir con tacto y oportunamente.

Desde este punto de vista, la actividad filosófica se encuentra en un nivel intermedio entre el arte y la política, más cercano a ésta que a aquél. En el terreno de la filosofía el partido tiene una posición combativa; no así -al menos no en la misma medida- en el del arte. El argumento de que la "dogmatización" y "ca­nonización" del materialismo dialéctico en el partido impiden el libre desarrollo del pensamiento filosófico y científico no es digno de atención. Ninguna fábrica puede producir si no se basa en una doctrina tecnoló­gica definida. Ningún hospital puede tratar a sus pacientes si los médicos no se basan en las enseñanzas de la patología. Seria una locura permitir que elemen­tos diletantes experimenten arbitrariamente en la fábrica o en el hospital, so pretexto de que se autotitulan "innovadores". Los innovadores deben ganarse el derecho a influir sobre la tecnología y la medicina. El partido tiene que vigilar atentamente a los "innova­dores" que sólo desentierran viejas recetas críticas o cuyas investigaciones todavía no han producido ningún resultado concreto. Pero ello de ninguna manera signi­fica que el partido puede actuar en el terreno de la filo­sofía como si todos los problemas ya estuvieran resuel­tos, y que nada puede esperar de la evolución del pen­samiento científico. No es fácil elaborar una línea polí­tica justa en este terreno, sólo se lo puede lograr con la experiencia y con una dirección flexible. Ocurre lo mismo que con el fuego de artillería: el objetivo sólo se alcanza después de varios tiros, algunos de los cuales no llegan y otros lo sobrepasan. Es necesario plantear la pregunta: ¿cómo se reflejan las ideas filosóficas de una persona o de un grupo en el terreno de la política y la organización?, que es de gran impor­tancia para que el partido pueda formular una justa política de control. Así, Lenin combatió implacablemente a Gorki en 1917, cuando todo estaba subordinado a las necesidades de la revolución. Por otra parte, debe considerarse una gran vergüenza que la burocracia stalinista transforme a Barbusse de novelista en una figura política de relieve, justamente a pesar de que en política Barbusse marcha del brazo con Renner, Van­dervelde, Monnet y Paul Louis.[4] Mucho me temo no haber dado una respuesta satisfactoria a todos los inte­rrogantes planteados. Pero espero que haya quedado claro que no puedo darla por falta de conocimiento concreto de la situación y de las circunstancias de tipo personal. De todas maneras, quizás estas breves líneas sirvan, al menos parcialmente, para ayudarles a ela­borar una política correcta en ese aspecto tan difícil e importante.

 

Con saludos comunistas,

 

L. Trotsky



[1] La política del partido en el terreno del arte y la filosofía. The Militant, 22 de julio de 1933. Harry Roskolenko ("Harry Ross") , uno de los militantes de la Oposición de izquierda a quien va esta carta, la publicó en su novela auto­biográfica When I Was Last on Cherry Street (1965). Su descripción de las circunstancias es tan prejuiciosa y poco digna de confianza como el resto de la historia sobre sus experiencias en la Oposición de izquierda.

[2] Ferdinand Freiligrath (1810-1876): poeta alemán que escribió poemas líricos e himnos patrióticos de guerra. Hizo además traducciones de Victor Hugo, Shakespeare, etcétera.

[3] Alexander A. Bogdanov (1873-1928): ingresó al Partido Bolchevique des­pués del Segundo Congreso, en 1903. En 1908 formó una tendencia "boicotis­ta" que sostenía que el partido debía trabajar exclusivamente a través de or­ganizaciones ilegales en el periodo de reacción. Fue expulsado del partido en 1909. Elaboró un sistema filosófico, el empiriononismo variante de la filosofía idealista subjetiva de Mach, que Lenin critica en Materialismo y empiriocriticismo. Después de la Revolución de Octubre fundó y dirigió el Proletkult, escuela de artistas que trataban de crear una cultura proletaria (Trotsky pole­miza con esta escuela en Literatura y revolución). A partir de 1921 se dedicó a trabajos científicos y médicos. Máximo Gorki (1868-1936): escritor ruso, fue simpatizante de los bolcheviques antes y después de 1905. Fue enemigo de la Revolución de Octubre de 1917, pero luego apoyó al gobierno hasta 1921, cuando abandonó el país, aparentemente por razones de salud. Volvió en 1932 y apoyó en general la política de Stalin.

[4] Georges Monnet (1898): ministro de agricultura en dos gabinetes de León Blum (1936-1937 y marzo-abril de 1938). Paul Louis (1872-1948): periodista francés y autor de varios libros sobre historia del movimiento obrero, era miembro de un pequeño grupo centrista, el Partido de Unidad Proletaria (PUP)



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