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El centrismo y la Cuarta Internacional[1]

 

 

22 de febrero de 1934

 

 

 

1. Los acontecimientos de Austria[2] que sucedie­ron a los de Alemania terminaron de ponerle la lápida al reformismo "clásico". De ahora en adelante sólo los dirigentes más tontos del sindicalismo británico y norteamericano y su seguidor francés Jouhaux,[3] el presidente de la Segunda Internacional Vandervelde y otros dinosaurios políticos similares osarán hablar abiertamente del desarrollo pacífico, de las reformas democráticas, etcétera. Ahora la gran mayoría de los reformistas conscientemente cambia de color. El reformismo se adapta a los innumerables matices del centrismo que predominan en el movimiento obrero de todos los países. Se crea así una situación totalmente nueva, en cierto sentido sin precedentes, para el tra­bajo del marxismo revolucionario (bolchevismo). La nueva internacional podrá avanzar fundamentalmente a expensas de las tendencias y organizaciones ahora predominantes. A la vez, la internacional revo­lucionaria no se puede formar de otro modo que a tra­vés de la lucha constante contra el centrismo. En estas condiciones, la intransigencia ideológica y una política flexible de frente único son los dos instrumentos para lograr el mismo objetivo.

2. Antes que nada, hay que comprender los rasgos más característicos del centrismo moderno. No es fácil; primero, porque debido a su ambigüedad orgánica el centrismo se adecua con dificultad a una definición positiva; se caracteriza más por lo que le falta que por lo que tiene. Segundo, nunca el centrismo jugó en tal medida con todos los colores del arco iris, porque la clase obrera nunca estuvo en un estado de efervescencia como en el momento actual. Por la misma esencia del término, efervescencia política significa realinear­se, oscilar entre dos polos -el marxismo y el refor­mismo-, es decir atravesar las distintas etapas del centrismo.

3. Por difícil que sea dar una definición general del centrismo, que necesariamente será siempre de carác­ter "coyuntural", podemos y debemos señalar las características y peculiaridades más destacadas de los grupos centristas que nacieron del naufragio de la Segunda y la Tercera Internacional.

a) En el terreno de la teoría, el centrismo es amorfo y ecléctico; en lo posible elude las obligaciones teóricas y tiende (de palabra) a privilegiar la "práctica revolu­cionaria" sobre la teoría, sin comprender que sólo la teoría marxista puede impartir una orientación revolu­cionaria a la práctica.

b) En el plano de la ideología, el centrismo arrastra una existencia parasitaria. Utiliza contra los marxistas revolucionarios los viejos argumentos mencheviques (Martov, Axelrod, Plejanov), generalmente sin sospe­charlo siquiera. Por otra parte, toma prestados de los marxistas, fundamentalmente de los bolcheviques leninistas, sus argumentos principales contra la dere­cha pero al suavizar los aspectos más agudos de la crítica y evitar sacar conclusiones prácticas le quita toda significación a sus posiciones.

c) El centrismo está muy dispuesto a proclamar su hostilidad hacia el reformismo, pero nunca menciona al centrismo. Además, considera que la propia defini­ción de centrismo es "poco clara", "arbitraria", etcé­tera; en otras palabras, al centrismo no le gusta que lo llamen por su nombre.

d) El centrista, siempre inseguro de su posición y sus métodos, odia el principio revolucionario que plantea decir las cosas tal como son. Tiende a sustituir la política principista por las maniobras personales y la diplomacia menuda entre las organizaciones.

e) El centrista siempre depende espiritualmente de los grupos de derecha y se inclina a someterse a los más moderados, a callar sus errores oportunistas y ocultar sus acciones ante los trabajadores.

f) El centrista a menudo disimula sus oscilaciones hablando del peligro del "sectarismo", que para él no consiste en la pasividad propagandista abstracta al estilo bordiguista sino en el interés activo por la pureza de los principios, la claridad de las posiciones, la cohe­rencia política y la perfección organizativa.

g) La posición del centrista entre el oportunista y el marxista es análoga, en cierto sentido, a la del pequeño burgués entre el capitalista y el proletario: se humilla ante el primero y desprecia al segundo.

h) En el plano internacional el centrista se caracteriza, si no por su ceguera, por lo menos por ser corto de vista. No comprende que en la época actual sólo se puede construir un partido revolucionario nacional como parte de un partido internacional. Al elegir sus aliados internacionales es menos cuidadoso todavía que en su propio país.

i) En la política de la Comintern el centrista ve so­lamente las desviaciones "ultraizquierdistas", el aven­turerismo y el putchismo, ignorando por completo los zigzags oportunistas de derecha (Kuomintang, Comité Anglo-Ruso, política exterior pacifista, bloque antifascista, etcétera).

j) El centrista está presto a adherir a la política de frente único, pero la vacía de todo contenido revolucio­nario transformándola de un método táctico en un prin­cipio supremo.

k) El centrista se vale del moralismo patético para ocultar su nulidad ideológica; no comprende que la moral revolucionaria se forja únicamente en base a una doctrina y a una política revolucionarias.

Bajo la presión de las circunstancias el centrista ecléctico puede llegar a aceptar las conclusiones más extremas, sólo para replegarse en la práctica. Aceptada la dictadura del proletariado, dejará un amplio margen para interpretarla de manera oportunista; proclamada la necesidad de la Cuarta Internacional, trabajará por la construcción de una Internacional Dos y Media, etcétera.

4. El ejemplo más maligno de centrismo es, si se quiere, el grupo alemán Neu Beginnen [Comenzar Otra Vez]. Luego de repetir superficialmente la crítica marxista al reformismo, llega a la conclusión de que todas las desgracias del proletariado provienen de sus divisiones y la salvación está en proteger la unidad de los partidos socialdemócratas. Estos señores ponen por encima de los intereses históricos del proletariado la disciplina organizativa de Wels y Cía. Y como Wels y Cía. subordinan el partido a la disciplina de la burgue­sía, el grupo Neu Beginnen, disfrazándose con la críti­ca de izquierda robada a los marxistas, constituye en realidad una perjudicial agencia del orden burgués, si bien se trata de una agencia de segunda categoría.

El llamado Buró de Londres (ahora de Amsterdam) es un intento de creación de un foco de atracción internacional para el eclecticismo centrista que pretende unificar a los grupos oportunistas de derecha y de iz­quierda, a los que no se deciden de una vez por todas por una orientación y un programa. En éste como en otros casos los centristas tratan de dirigir el movimien­to oblicuamente, siguiendo una línea en diagonal. Los elementos que componen el bloque empujan en direc­ciones opuestas: el NAP se orienta cautelosamente hacia la Segunda Internacional, el ILP en parte hacia la Tercera y en parte hacia la Cuarta, el SAP y el OSP -con dudas y vacilaciones- hacia la Cuarta. Al explotar y mantener la ambigüedad ideológica de todos sus participantes y al tratar de competir en la creación de la nueva internacional, el bloque del Buró de Lon­dres juega un rol reaccionario. Es absolutamente inevitable el fracaso de este agrupamiento.

6. La definición de la política de la Comintern como centrismo burocrático mantiene toda su vigencia. De hecho, sólo el centrismo puede saltar constantemente de la traición oportunista al aventurerismo ultraizquierdista, sólo la poderosa burocracia soviética podía ase­gurar durante diez años una base estable para la ruino­sa política de los zigzags.

A diferencia de los grupos centristas que se formaron a partir de la socialdemocracia, el centrismo buro­crático es producto de la degeneración del bolchevismo; conserva -en forma caricaturesca- algunos de sus rasgos, dirige todavía a una cantidad considerable de trabajadores revolucionarios y cuenta con extraordinarios medios materiales y técnicos. Pero su influencia política constituye la más crasa, desorganizadora y perjudicial variedad del centrismo. La derrota política de la Comintern, evidente para todo el mundo, signifi­ca, necesariamente, la ulterior descomposición del cen­trismo burocrático. En este terreno, nuestro objetivo consiste en salvar a los mejores elementos para la revo­lución proletaria. Junto con la incansable crítica prin­cipista, nuestro principal medio para influir sobre los trabajadores que están en la Comintern es la mayor penetración de nuestras ideas y métodos en las amplias masas que, en su inmensa mayoría, están fuera de ella.

7. Precisamente ahora, cuando el reformismo se ve obligado a renunciar a sí mismo transformándose en centrismo o diluyéndose en él, algunos grupos centristas de izquierda, por el contrario, se detienen en su evolución e incluso retroceden. Les parece que los reformistas ya hicieron casi todo, que lo único que hace falta es no jugar con exigencias exorbitantes, críticas y fraseologías extremas; entonces, de un golpe, se podrá crear el partido "revolucionario" de masas.

En realidad, el reformismo, obligado por los acon­tecimientos a desacreditarse a sí mismo, sin programa claro, sin táctica revolucionaria, sólo puede adormecer a los trabajadores avanzados inculcándoles la idea de que ya se logró la regeneración revolucionaria de su partido.

8. Para un marxista revolucionario, en este momen­to, la lucha contra el centrismo remplazó casi totalmente a la lucha contra el reformismo. En la mayoría de los casos resulta inútil la simple contraposición de la lucha legal con la ilegal, de los medios pacíficos con la violencia, de la democracia con la dictadura. Ahora, el aterrorizado reformista, desautorizándose a sí mismo, está dispuesto a aceptar las fórmulas más "re­volucionarias" siempre que no lo obliguen a romper con su indefinición, su indecisión y su pasividad expec­tante. Por lo tanto, la lucha contra los oportunistas ocultos o enmascarados debe librarse totalmente en el terreno de las conclusiones prácticas que se derivan de las condiciones revolucionarias.

Antes de aceptar la charla centrista sobre la "dic­tadura del proletariado", tenemos que exigir la defensa seria contra el fascismo, la ruptura total con la burguesía, la construcción sistemática de las milicias obreras, su entrenamiento en un espíritu militante, la creación de centros de defensa interpartidarios que sean cuar­teles antifascistas, que eliminen de sus filas a los parlamentarios, sindicalistas y otros traidores, lacayos de la burguesía y trepadores. Precisamente en este plano debe librarse la principal lucha contra el centris­mo. Para hacerlo con éxito hay que tener las manos libres, es decir mantener la mas completa indepen­dencia organizativa e intransigencia crítica hacia las manifestaciones mas "izquierdistas" del centrismo.

9. Los bolcheviques leninistas de todos los países tienen que comprender claramente las peculiaridades de esta nueva etapa en la lucha por la Cuarta Internacional. Los acontecimientos de Austria y Francia impulsan poderosamente la realineación de las fuerzas del proletariado en una dirección revolucionaria. Pero precisamente este fenómeno universal de sustitución del reformismo abierto por el centrismo ejerce una poderosa atracción sobre los grupos centristas de izquierda (SAP, OSP) que todavía ayer estaban dis­puestos a unirse con los bolcheviques leninistas. Este proceso dialéctico puede producir la impresión super­ficial de que el sector marxista está nuevamente "aislado" de las masas. ¡Flagrante error! Las oscila­ciones del centrismo hacia la derecha y hacia la izquier­da forman parte de su naturaleza misma. En nuestro camino nos cruzaremos todavía con decenas y centenas de episodios como éstos. Sería la peor de las debilidades temer seguir adelante sólo porque tropezamos con obstáculos o porque no todos nuestros camaradas de ruta nos acompañarán hasta el final.

Las condiciones generales para la formación de la Cuarta Internacional en base al genuino bolchevismo se tornan cada vez más favorables, independientemente de que las nuevas vacilaciones oportunistas de nuestros aliados centristas demuestren ser coyuntu­rales o definitivas (en realidad las habrá de ambos tipos). La persecución de los izquierdistas comunes por los centristas de "extrema izquierda", o la de los moderados por los izquierdistas, o la de los derechistas por los moderados, al modo como un hombre persigue a su propia sombra, no puede crear ninguna organiza­ción de masas estable; la miserable experiencia del Partido Independiente de Alemania (USP)[4] conserva toda su vigencia. Bajo la presión de los acontecimientos y con la ayuda de nuestra crítica y de nuestras consig­nas, los obreros avanzados superarán las vacilaciones de la mayor parte de los dirigentes centristas de izquierda y, si fuera necesario, superarán también a estos mismos dirigentes. En el camino hacia una nueva internacional, la vanguardia proletaria no encontrará otras respuestas que las elaboradas por los bolchevi­ques leninistas en base a la experiencia internacional, durante diez años de constante lucha teórica y práctica.

10. El año pasado nuestra influencia política aumentó en una cantidad de países. Con las siguientes condiciones podremos desarrollar y ampliar estos éxitos en un lapso relativamente breve:

a) No burlar al proceso histórico, no jugar a las escondidas sino decir las cosas como son.

b) Analizar teóricamente los cambios en la situa­ción general, que en la época actual, frecuentemente, son muy bruscos.

c) Evaluar cuidadosamente el estado de ánimo de las masas, sin prejuicios, sin ilusiones, sin autoengaño, y así, en base a una estimación correcta de la relación de fuerzas dentro del proletariado, evitar el oportu­nismo y el aventurerismo e impulsar a las masas hacia adelante, no hacerlas retroceder.

d) Todos los días, hora tras hora, plantearnos cuál debe ser nuestro próximo paso práctico, prepararlo infatigablemente y, apoyándonos en la experiencia, explicar a los trabajadores las diferencias de principios entre el bolchevismo y todos los demás partidos y corrientes.

e) No confundir los objetivos tácticos del frente único con el objetivo histórico fundamental, la creación de nuevos partidos y de una nueva internacional.

f) No despreciar ni al aliado más débil en función de la actividad práctica.

g) Analizar críticamente hasta al mas "izquierdis­ta" de los aliados como un posible adversario.

h) Tratar con la mayor atención a los grupos que realmente se inclinan hacia nosotros; escuchar pacien­te y cuidadosamente sus críticas, dudas y vacilaciones; ayudarlos a avanzar hacia el marxismo; no asustarse de sus caprichos, amenazas y ultimátums (los centris­tas son siempre caprichosos y susceptibles); no hacer­les ninguna concesión de principio.

i) Y una vez más, no tener miedo de decir las cosas como son.



[1] El centrismo y la Cuarta Internacional. The Militant, 17 de marzo de 1934.

[2] En el transcurso de 1933 el régimen de Dollfuss en Austria fue eliminando los derechos obreros y democráticos, mientras la poderosa socialdemocracia austríaca protestaba y amenazaba con lanzarse a la lucha si Dollfuss iba demasiado lejos. La crisis estalló a comienzos de 1934, cuando las provocacio­nes del gobierno se aceleraron tanto que la socialdemocracia llamó a la huelga general y los trabajadores de Viena pelearon, armas en mano, del 11 al 16 de febrero, antes de que la artillería del gobierno los aplastare y sometiera. Hubo centenares de muertos y miles de presos y la socialdemocracia, pese al heroísmo de los trabajadores, fue destruida.

[3] León Jouhaux (1870-1954): secretario general de la CGT, la principal federación sindical de Francia. Fue reformista, social-patriota y partidario de la colaboración de clases.

[4] El Partido Socialdemócrata Independiente (USP) de Alemania fue fundado en 1917 por elementos centristas del Partido Socialdemócrata. La mayoría del USP entró en 1920 al Partido Comunista Alemán, mientras que la minoría siguió existiendo como organización independiente adherida a la Internacional Dos y Media hasta 1922, cuando el USP volvió a las filas del Partido Socialdemócrata oficial, con excepción de un pequeño grupo centrista dirigido por Ledebour.



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