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¿"Pro" Cuarta Internacional? ¡No! ¡La Cuarta Internacional![1]

 

 

31 de mayo de 1938

 

 

 

Estimado camarada:

 

La proclamación de la Cuarta Internacional le parece "prematura". Usted considera que es más "modesto" y exacto, mantener el nombre de "Movimiento pro Cuarta Internacional". Yo no estoy del todo de acuerdo con esto. Este nombre me parecía pedante, inadecuado y algo ridículo hace dos años, cuando inicialmente fue adoptado. La experiencia de estos dos últimos años ha probado completamente que es un error. La mejor prueba reside en el hecho de que no ha sido aun aceptado totalmente. Nadie nos llama por este nombre. La prensa burguesa, la Comintern, los socialdemócratas, todos ellos hablan con un solo nombre, la Cuarta Internacional. Nadie observa la pequeña palabra "pro". Nuestras propias organizaciones, con algunas pocas excepciones, actúan en la misma forma, llamándose ellas mismas secciones de la Cuarta Internacional. Es igual en todos los casos, con los franceses, los alemanes, los rusos, los norteamericanos, los mejicanos, los cubanos y otros. Solamente Sneevliet y Vereecken han hecho su bandera de la palabrita "pro". Pero este hecho enfatiza mejor el error en el nombre anterior, el cual para la abrumadora mayoría resultó impracticable.

Usted está completamente de acuerdo conmigo en que la Cuarta Internacional está siendo construida por nosotros únicamente, que ningún otro grupo está en capacidad de desempeñar o de emprender el cumplimiento de esta tarea. Por otra parte, soy el menos inclinado a cerrar los ojos ante el hecho de que nuestra internacional es aún joven y débil. Pero ésta no es razón para renunciar a nuestro nombre. En las sociedades civilizadas una persona lleva el mismo nombre en su niñez, madurez y vejez, este nombre se funde con su individualidad.

Para usted la palabrita "pro" parece ser una expresión de "modestia" política. A mí me parece expresión de indecisión y de falta de confianza en sí mismo. Un partido revolucionario que no está seguro de su propia significación no puede ganarse la confianza de las masas. La circunstancia de que tanto los enemigos de clase como los amplios círculos de obreros se refieran a nosotros como la Cuarta Internacional, demuestra que ellos tienen más confianza en esta "firma" que algunos escépticos o medio escépticos en nuestras propias filas.

Parece que para usted el nombre de Cuarta Internacional impediría a las organizaciones simpatizantes o medio simpatizantes acercarse a nosotros. Esto es completamente erróneo. Nosotros sólo podemos atraer a otras con una política clara y correcta. Para esto, debemos tener una organización y no una mancha nebulosa. Nuestras organizaciones nacionales se llaman a si mismos partidos o ligas. Aquí, también podría decirse que la "proclamación" del Partido Socialista Revolucionario en Bélgica hace más difícil para los grupos simpatizantes o medio simpatizantes el acercamiento hacia nosotros. Si el principio de "modestia" se hubiera observado, nuestro partido belga, por ejemplo, hubiera sido llamado "movimiento pro partido socialista revolucionario". ¡Pero yo creo que aun el camarada Vereecken no estaría de acuerdo con tan ridículo nombre! ¿Por qué entonces en nuestra organización internacional debemos aplicar principios diferentes de aquellos que aplicamos en nuestras organizaciones nacionales? Es indigno para un marxista tener dos normas: una para las políticas nacionales y otra para las internacionales.

Sin duda, en Bélgica, como en cualquier otro país, pueden surgir grupos que simpatizan con nosotros, pero que aún no están preparados para entrar formalmente en nuestras filas. Debemos estar dispuestos a entablar con ellos relaciones amigables y si lo desean, incluirlos dentro de la Cuarta Internacional en calidad de organizaciones simpatizantes, es decir, con voto de consulta.

Usted señala el hecho de que nosotros no hemos hecho todavía un análisis de la última fase del imperialismo, etcétera. Pero si este es un argumento contra la "proclamación" de la Cuarta Internacional, no lo es menos contra la existencia de los partidos nacionales. ¡De nuevo dos normas! Pero la Cuarta Internacional, en su conjunto, está indudablemente mejor provista teóricamente y asegurada en un grado mayor contra las vacilaciones, que cualquiera de las secciones nacionales por separado.

La relación entre la teoría y la práctica tiene no un aspecto sino dos aspectos, es decir, un carácter dialéctico. Nosotros estamos suficientemente pertrechados teóricamente para la acción, de todos modos mejor que cualquier otra organización. Nuestra acción impulsará nuestro trabajo teórico, originará y atraerá nuevos teóricos, etcétera. La Cuarta Internacional no saldrá totalmente elaborada de nuestras manos como Minerva salió de la cabeza de Júpiter. Crecerá y se desarrollará en la teoría como en la práctica.

Déjeme recordarle que la Liga Comunista fue creada por Marx y Engels antes de escribir el Manifiesto Comunista. Que la Primera Internacional fue creada antes de aparecer el primer volumen de El capital; la Segunda Internacional, antes de la publicación de todos los volúmenes de El capital. La Tercera Internacional existió durante su mejor período sin un programa completo, etcétera.

El proceso histórico no espera a la investigación marxista, "definitiva", "completa" y "exhaustiva". Tenemos que tomar una posición sobre la revolución española sin esperar los estudios marxistas sobre España. La guerra nos exige una respuesta, independientemente de si nuestros teóricos han producido o no uno, dos o tres volúmenes de trabajos de investigación. Así como la guerra no puede ser pospuesta hasta descubrir armas más perfectas, así la revolución y la Cuarta Internacional no pueden ser postergadas hasta que aparezca un trabajo teórico más completo. La teoría es muy importante; pero el fetichismo pedante de la teoría no sirve para nada.

La paradoja reside en el hecho de que aquellos que se llaman "pro Cuarta Internacional" desarrollan en realidad una clara lucha contra la Cuarta Internacional. Esto es más claro en el ejemplo de Sneevliet. El está en "pro" del Partido Obrero de Unificación Marxista (POUM), en "pro" del Buró de Londres y para mantener su equilibrio el está, además, en "pro" de la Cuarta Internacional. No necesitamos de tal confusión. La política de Sneevliet compromete a la Cuarta Internacional en Holanda y también internacionalmente. En España su política tomó la forma de esquirolaje directo en el momento más crítico; ¡y todo esto es encubierto por la palabrita "pro"! La política de Vereecken es sólo el cincuenta y uno por ciento de la de Sneevliet. La cuestión no es muy diferente con Maslow. Todos ellos están en "pro". En realidad todos ellos desarrollan una lucha contra los principios básicos de la Cuarta Internacional, observando sigilosamente a la derecha y a la izquierda en busca de aliados que les ayuden a derrotar estos principios. De ninguna manera podemos permitirlo. Es preciso dedicar la mayor atención a los grupos de la clase obrera, vacilantes e inmaduros, que se están moviendo hacia nosotros. Pero no podemos hacer concesiones de principios a los sectarios dirigentes centristas que no quieren reconocer nuestra organización internacional, ni nuestra disciplina.

“¿Significa esto que usted quiere una internacional monolítica?" diría alguien con santo temor. No, nada de eso, replicaría yo, con calma, a tal sospecha. Toda la historia de la Cuarta Internacional y de cada una de sus secciones muestra una constante, ininterrumpida y libre lucha de tendencias y puntos de vista. Pero como nuestra experiencia lo testimonia, esta lucha mantiene un sano carácter sólo cuando sus participantes se consideran miembros de una misma organización nacional e internacional, que tiene su programa y estatutos. Por otro lado, podemos sostener discusiones fraternales con los grupos que estén fuera de nuestra organización. Pero como lo demuestra la experiencia con Sneevliet y Vereecken, la discusión inevitablemente asume un carácter venenoso cuando algunos dirigentes se mantienen con un pie dentro de nuestra organización y con el otro fuera de ella. Permitir el desarrollo de este método sería fatal.

Por todas estas consideraciones, sostengo mi posición de que nos denominemos así como somos llamados por los trabajadores y las clases enemigas, es decir, ¡la Cuarta Internacional!

 

L. Trotsky



[1] ¿"Pro" Cuarta lnternacional? ¡No! ¡La Cuarta lnternacional! Internal Bulletin, SWP, Nº 3, de 1938. Carta a un camarada belga.



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