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Nuevos desertores[1]

 

 

17 de marzo de 1938

 

 

 

Después de una serie de purgas furiosas del personal soviético extranjero, cuatro importantes agentes del Kremlin han desertado en los últimos meses: Ignace Reiss, Alexander Barmin, Walter Krivitski y finalmente Fiodor Butenko. Si se considera el entrenamiento, la selección, la comprobación y especialmente el sistema de rehenes, se debe aceptar que este porcentaje es extraordinariamente alto. Testimonia las fuerzas centrífugas que están desmembrando a la burocracia. Este hecho se pone de relieve aun más agudamente si se mira la orientación política de los nuevos desertores.

Ignace Reiss inmediatamente se alineó bajo la bandera de los bolcheviques leninistas. Esto indicó claramente su peso moral y político. Solamente un verdadero revolucionario pudo haber dado un paso tal bajo las presentes condiciones. Pero en los primeros pasos de su nuevo camino, Reiss cayó; otro héroe de la Cuarta Internacional. Dejó una esposa y un hijo que estaban unidos indisolublemente a él y permanecen fieles a su memoria después de su muerte. Cuando su hijo haya crecido lo suficiente para tomar la bandera caída de manos de su padre, la Cuarta Internacional será ya una gran fuerza histórica.

Alexander Barmin se unió a la izquierda de la burocracia, pero evidentemente no ha elegido aun su camino. No tenemos motivos ni derecho a acosarlo. Comprendemos demasiado bien la dificultad y la responsabilidad de elegir después de tantos años en los cuarteles de la burocracia stalinista. ¡Esperemos que elija bien!

Walter Krivitski, si las apariencias no nos engañan, es atraído al campo de la democracia burguesa. No queremos decir con esto que se va a la derecha de la burocracia stalinista. Las filas del aparato soviético están llenas de funcionarios con hábitos de pensamiento burgués. Cuando arrojan el manto del stalinismo, simplemente revelan su verdadera naturaleza política. Si nuestra suposición sobre Krivitski es falsa, seremos los primeros en alegrarnos.

Fiodor Butenko dió el salto al fascismo. ¿Tuvo que forzarse mucho? ¿Luchar consigo mismo? No lo creemos. Una parte creciente y considerable del aparato soviético se compone de fascistas que aún no se han reconocido. Identificar el régimen soviético en su conjunto con el fascismo es un crudo error histórico al cual están propensos los ultraizquierdistas diletantes, que ignoran las diferencias en las bases sociales. Pero la simetría de las superestructuras políticas y la similitud de los métodos totalitarios y los tipos psicológicos es sorprendente. Butenko es un síntoma de una importancia tremenda: nos muestra los arribistas de la escuela de Stalin en su forma natural.

Si fuese posible radiografiar políticamente a todo el aparato soviético, encontraríamos en él: bolcheviques ocultos, revolucionarios confundidos pero honrados, demócratas burgueses y finalmente candidatos al fascismo. Puede decirse con certeza que, mientras más reaccionaria es la naturaleza de la agrupación, más rápido es su crecimiento en la burocracia.

El enigma político de los Juicios de Moscú consiste en si el aparato que llevó a Stalin al poder seguirá sosteniéndolo sobre sus espaldas. Las fuerzas centrífugas dentro de la burocracia sólo reflejan los profundos antagonismos sociales en la sociedad "sin clases" y el odio general de las masas a la burocracia. La propia fracción de Stalin es pequeña numéricamente y se compone de pícaros absolutos como Vishinski y Iezov. El bolchevismo luchó por un estado sin burocracia, "del tipo de la Comuna". Stalin ha creado un estado de la burocracia que se devora a sí mismo, "del tipo GPU". ¡Esta es la razón por la cual la agonía del stalinismo es el espectáculo más aterrador y repelente de la historia de la humanidad!



[1] Nuevos desertores. Biulleten Opozitsi, N° 65, abril de 1938. Sin firma. Traducido para la primera edición [Norteamericana] de Escritos 1937-1938 por John Fairlie.



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