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Necesitamos una revista marxista combativa, revolucionaria y crítica[1]

 

 

29 de mayo de 1937

 

 

 

En los Estados Unidos de América el proceso social global impulsa a las masas trabajadoras hacia el camino de la lucha. La ideología tradicional del americanismo se está derrumbando junto con todas sus variantes y sus perspectivas de prosperidad capitalista eterna. Todas las clases sociales sienten la necesidad de una nueva orientación. La intelectualidad es el laboratorio de la ideología. Sin embargo, se está demostrando incapaz de cumplir su misión histórica.

Es cierto que en los últimos años ciertos grupos importantes de intelectuales norteamericanos renunciaron a los prejuicios “americanistas” tradicionales. Pero no encontraron el camino justo, ni el método seguro. La radicalización política significó para ellos, principalmente, un reconocimiento efímero y acrítico de la “experiencia rusa”. Pero sucedió que el estado obrero aislado quedó sometido a un aparato burocrático monstruoso, despótico, ávido e ignorante. A su vez, la Internacional Comunista se convirtió en una herramienta muerta en manos del Kremlin, y en un freno para la revolución, tanto en España como en otros países.

El movimiento obrero de Estados Unidos, a pesar de su espíritu combativo, carece de programa y de una doctrina científica. El mayor problema de la intelectualidad norteamericana es su falta de raíces en las masas, por consiguiente, las masas no sienten interés por los intelectuales. Y así, la intelectualidad cuasirrevolucionaria, carente de doctrina y de apoyo social, no encuentra nada mejor que hincarse de rodillas ante la burocracia soviética. Sin liberarse totalmente de la ideología burguesa tradicional, se convierte en prisionera de una nefasta Inquisición ideológica.

Todo debe justificar, fortalecer, glorificar la dictadura bonapartista: no sólo la política, sino también la ciencia, la literatura, el arte. El pensamiento independiente es tachado de enemigo número uno y perseguido. La creatividad es permitida mientras se ajuste a las órdenes. No es de extrañar que las fuentes de la creatividad espiritual, abiertas por la revolución, se hayan secado. No ha aparecido una sola obra de economía, política, o sociología digna de ocupar un lugar en la biblioteca de la humanidad. La filosofía ha degenerado hasta caer en un escolasticismo miserable. La literatura, la plástica, la arquitectura, la música, artes que hubieran llegado a nuevas alturas al servicio del socialismo, llevan el sello de la esterilidad. Este fenómeno no se detiene en las fronteras de la URSS. Por intermedio de la Comintern se han empleado todos los medios posibles para rebajar, castrar y someter al movimiento liberador en todos los países. La autoridad de la Revolución de Octubre es remplazada por la autoridad del “líder” infalible, complementada, con un sistema cuya corrupción no conoce precedentes históricos.

La atmósfera que respiran tanto los intelectuales de izquierda como los obreros de vanguardia está envenenada por el militarismo, el bizantinismo, la santurronería, el jesuitismo, la mentira y la calumnia. Esta obra mundial de desmoralización se lleva a cabo bajo la bandera de la “defensa de la URSS”.

La revista New Masses es, por su insignificancia, la mejor expresión de este sistema. La suerte que corrieron Nation y son ejemplos menos espectaculares, pero igualmente convincentes, del servilismo de la intelectualidad radicalizada. No tenemos por qué idealizar el pasado de estas publicaciones. Pero no podemos negar que, a pesar de sus limitaciones democráticas, desempeñaron un papel progresivo. En los últimos años pasaron formalmente de una posición democrática a una semimarxista, lo cual, aparentemente, representa un avance. En realidad, estos periódicos pasaron de la democracia al servilismo hacia New Masses, el cual no es otra cosa que el órgano oficial de la GPU.

El factor decisivo para el futuro histórico de Estados Unidos o de cualquier país, es el partido obrero revolucionario. No haremos vaticinios sobre los caminos que seguirá, ni sobre las formas que asumirá. Nuestra revista no asume la tarea de construirlo. Nuestros objetivos son más modestos. Antes de construir, es necesario barrer la suciedad y la escoria del terreno. Debemos sacar al sector radicalizado de la opinión pública norteamericana de su atolladero. Debemos liberarlo del régimen gendarme. Debemos arrancar al marxismo de las garras de la Inquisición. Debemos recuperar la libertad de crítica y de creatividad. Debemos devolver la honestidad, la sinceridad y la verdad a sus puestos legítimos. Debemos devolver la independencia, la dignidad y la confianza al pensamiento revolucionario.

¿Por dónde empezar? Antes que nada, por una auténtica publicación marxista, sin otra obligación que la impuesta por la honestidad teórica. El marxismo es, por su esencia, una crítica que desconoce los tabúes. ¡Abajo la idolatría! Debemos afilar cuidadosamente las herramientas cortantes y aguzadas del pensamiento revolucionario. Sin temor, debemos tomar el látigo para echar de la tribuna a los profetas a sueldo y a los sicofantes que se autotitulan socialistas, a los lacayos disfrazados de revolucionarios, a los despreciables arribistas que reemplazan impunemente las convicciones y el conocimiento con la calumnia.

Los lacayos asustados dirán que conmovemos los cimientos de la URSS; debilitamos la democracia y servimos al fascismo. Desde ya, responderemos a esos gritos de alarma con el desprecio que, cuando no se limita a un mero puntapié, se vale fácilmente de las armas de la ironía y del sarcasmo. Todo lo que vive se desgasta y renueva. La revolución osificada necesita, más que nada, una renovación. Nada tenemos que ver con las jaulas de oro de los “amigos de la URSS”. Nuestra base es el régimen soviético. Odiamos a sus explotadores, parásitos y sepultureros. En bien del proletario mundial y de la URSS declaramos la guerra a muerte contra el bonapartismo stalinista y sus lacayos internacionales. El pensamiento revolucionario no puede permanecer, ni permanecerá en su cautiverio babilónico para siempre. Los fraudes judiciales de Moscú señalan el principio del fin. Queremos acelerar el derrumbe del control policíaco de la vanguardia de Oriente y Occidente. Esa es la tarea más importante de la publicación que visualizamos.

No cerraremos nuestros ojos ante las dificultades. Nuestra época nos plantea problemas colosales en todos los terrenos de la creatividad humana. No existen soluciones prefabricadas. El marxismo es el análisis del proceso histórico viviente. El libre análisis supone a priori que existen divergencias en torno a las propias bases fundamentales del marxismo. Nuestra revista repudiará el espíritu fatal del dogmatismo. En sus páginas se enfrentarán los diversos matices del pensamiento revolucionario. El foro del debate público ocupará un lugar destacado en ellas. El consejo editorial se esforzará por hacer el balance oportuno de cada polémica.

Partimos de fuerzas y medios modestos, pero con una fe inquebrantable en el futuro. Nuestras tareas son importantes a nivel internacional. Por ese contamos con la colaboración internacional. ¡A pesar de los obstáculos, a pesar de las dificultades, estamos seguros de que nuestra obra triunfará!



[1] Se necesita una revista marxista combativa, revolucionaria y crítica. Con autorización de la biblioteca de la Universidad de Harvard. Traducido del francés [al inglés] para esta obra por Mary Gordon. El artículo, dirigido a la dirección trotskista norteamericana, explicaba los resultados de conversaciones de Trotsky con personas que no eran militantes del partido, como Herbert Solow.



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