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La organización de Molinier[1]

 

 

26 de mayo de 1937

 

 

 

Querido amigo:

 

Comprendo muy bien los problemas creados por la existencia de dos organizaciones que dicen agruparse bajo la misma bandera y que a la vez se combaten enconadamente. Por otra parte, el hecho no es casual. El grupo del camarada R. Molinier, y en primer término el propio Molinier, se han demostrado incapaces de trabajar en una organización obrera con los métodos normales. R. Molinier no se detiene ante ningún método de presión, inclusive financiero, cuando la organización no aprueba de inmediato sus ideas fantasiosas, sean correctas o incorrectas (generalmente más incorrectas que correctas).

Yo siempre valoré su energía, su dedicación a la causa, factores que frecuentemente se confunden en su personalidad. Más de una vez le defendí frente a las críticas exageradas, con la esperanza de que el crecimiento de la organización neutralizaría sus defectos y le permitiría desarrollar su talento. Desgraciadamente, sucedió lo contrario. R. Molinier introdujo sus hábitos de comerciante, su intolerable grosería y su falta de escrúpulos en las filas de la organización revolucionaria.

Traté de advertírselo en muchas ocasiones, tanto directamente como por intermedio de sus amigos (quienes, con su docilidad ciega, se convierten en sus peores enemigos). Ni siquiera pude convencerle de que moderara su actitud. Se ha separado de las organizaciones nacionales e internacionales con irresponsabilidad criminal. Hubo un intento de fusión. R. Molinier volvió a sus intrigas con renovado vigor. ¡Ese es su fracaso! ¡Ese es su crimen! Lo que más suscita la justa indignación de los camaradas es su forma de decirle a la organización: “Recibiréis el dinero si me seguís; en caso contrario, no conseguiréis nada”. Por eso, el intento de fusión culminó en una nueva escisión.

En esa coyuntura, R. Molinier vino a visitarme a Noruega por iniciativa propia. Esto es, aproximadamente, lo que le dije: “Su única alternativa, después de los crímenes que ha cometido, es retirarse a un segundo plano. Trasládese a otro lugar (Estados Unidos, o cualquier otro); permita que la organización lleve a cabo su fusión y se desarrolle; demuestre en los hechos que ha aprendido la lección. Entonces podrá reclamar su puesto en las filas de la Cuarta Internacional”.

Se negó a comprender. Pudo crear su propia organización porque cuenta con el dinero necesario. Despilfarra sus energías y recursos para nada. Su empresa caerá inexorablemente en la bancarrota. Después de esta experiencia no puedo hacer más concesiones a nadie. El único consejo que le pueden dar sus amigos verdaderos es que abandone esta empresa, condenada de antemano al fracaso.

Esa es, querido camarada, mi respuesta a su propuesta, dictada por los intereses revolucionarios que nos son comunes.

 

Reciba usted mis saludos más fraternales,

 

Crux [Trotsky]



[1] La organización de Molinier. Bulletin Intérieur, Parti ouvrier internationaliste, 15 de diciembre de 1937. Traducido del francés [al inglés] Para esta obra Por Mary Gordon. Carta a Lagorce, viejo militante de Marsella. En esa época existían dos grupos en Francia: el POI, sección oficial de la CI, y el PCI, grupo dirigido por Raymond Molinier que se había separado de la sección en octubre de 1936. Véase la explicación de la escisión en The Crisis of the French Section (1935-36).



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