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Fenner Brockway: un segundo Pritt[1]

 

 

6 de marzo de 1937

 

 

 

Fenner Brockway, secretario del Independent Labour Party de Gran Bretaña, acude en ayuda de Pritt, abogado del rey, y de sus esfuerzos para salvar a los falsarios de Moscú. El Pritt número uno abordó la tarea en el plano jurídico. El Pritt número dos la abordó en el plano político. Para Fenner Brockway, no corresponde someter los juicios de Moscú a una investigación internacional, porque ello podría suscitar “prejuicios en Rusia y en los círculos comunistas”. Así, Fenner Brockway reconoce a priori que la verificación imparcial no confimaría las acusaciones, ni justificaría las ejecuciones de Moscú. Todo lo contrario: Brockway está convencido de que una investigación honesta, realizada a la luz pública, suscitaría “prejuicios” contra la camarilla de Stalin y los “círculos comunistas”. Precisamente por eso, el Pritt número dos propone organizar una “investigación del papel del trotskismo en el movimiento obrero”. En otras palabras: en lugar de establecer la verdad objetiva con respecto a las acusaciones criminales y monstruosas, Brockway propone someter a su adversario ideológico a un juicio político partidista. Además, Brockway considera - y nadie lo sabe mejor que el propio Brockway- que el destino lo ha designado para asumir esta iniciativa. Magnánimo, señala un futuro jurado de “cuatro o cinco personas” de “mente objetiva y analítica”. Los candidatos de Brockway son: Otto Bauer, socialdemócrata austríaco; Branting, abogado “dinamarqués” (¿sueco?); Norman Thomas, jefe del Partido Socialista de Estados Unidos y... “un buen francés”.[2] Esta comisión, a la cual proporcionará, según ha dicho, los recursos financieros indispensables, juzgará “el papel del trotskismo en el movimiento obrero”. ¡Resulta difícil imaginar un proyecto más ridículo y, a la vez, más astuto!

Si dejamos de lado mis cuarenta años de actividad revolucionaria, mi “actitud hacia el movimiento obrero” se expresa en las siguientes líneas: Los aparatos de conducción de las internacionales Segunda y Tercera se han convertido en obstáculos en el camino de la emancipación del proletariado. Si ahora la humanidad se ve implacablemente amenazada por una nueva guerra, la responsabilidad de ello recae sobre las direcciones de las internacionales Segunda y Tercera Considero que la creación de una nueva internacional es un hecho inevitable y necesario; mis libros, mis artículos y los trabajos de mis compañeros ideológicos explican y desarrollan el programa sobre el cual deberá basarse esa nueva internacional. Al mismo tiempo, los llamados trotskistas están dispuestos a apoyar cualquier medida práctica que tomen las internacionales Segunda y Tercera contra el fascismo y la reacción en general, siempre y cuando se trate de verdaderas medidas de lucha, no de baladronadas baratas, unificaciones engañosas, ni, en general, de todas esas cosas que sólo sirven para arrojar tierra a los ojos del público. ¡La charlatanería burocrática, la verborrea "democrática" no es nuestro método!

Mi lucha por estas ideas es franca y abierta. Mis adversarios tienen todo el derecho y todas las posibilidades de criticarme con toda severidad. Hasta el momento se han valido de ese derecho en innumerables ocasiones. Jamás me he quejado de ello. Se trata de una lucha donde están en juego los objetivos supremos de la humanidad. Sólo el desarrollo ulterior del proceso histórico resolverá estas diferencias implacables. Aguardo el veredicto con paciencia. En cambio, si Brockway, junto con Otto Bauer y el “buen francés” anónimo, desean anticipar el veredicto de la historia, sólo me resta desearles gran éxito. No es la primera vez que se hace el intento.

Más de una vez, sobre todo entre 1914 y 1917, y también después, los señores Fenner Brockway y Otto Bauer, junto con los mencheviques rusos, acusaron a Lenin de sectario, rupturista, desorganizador, auxiliar de la contrarrevolución. Sus contrapartidas del siglo XIX, junto con los “buenos franceses” y también los “buenos” alemanes de la época, juzgaron y aniquilaron a Marx y Engels en más de una ocasión. Estoy dispuesto a correr la misma suerte que tan frecuentemente corrieron mis grandes maestros.

Sin embargo, el plan de Brockway se vuelve claramente deshonesto cuando trata de remplazar la investigación jurídica de las acusaciones y juicios criminales, mejor dicho, los fraudes judiciales más grandes del mundo, por una intriga política fraccional para evitar suscitar “prejuicios” contra Stalin y sus agentes. Es aquí donde la vanguardia obrera dirá, ¡alto! ¡Los temores de Brockway, cualquiera sea su origen, no impedirán que la verdad venza a la mentira!

Con respecto a los candidatos que menciona Brockway para su intriga política, puedo decir lo siguiente: en decenas de artículos escritos en años recientes, traté de explicarle fraternalmente a Fenner Brockway y a sus amigos que su política sin principios, oscilante entre la derecha y la izquierda bajo el azote del stalinismo, destruiría inevitablemente al Independent Labour Party. Desgraciadamente este pronóstico se ha confirmado. Conozco a Otto Bauer desde hace treinta años: es un político invertebrado siempre adaptado al enemigo de clase (la difunta monarquía Habsburgo, la burguesía austríaca, Wilson, la Entente),[3] y precisamente por ello principal responsable de la derrota del proletariado austríaco. Nuevamente, en 1922, Bauer pensaba que la dictadura soviética frenaba el “progreso” que, en su opinión, requería el retorno de Rusia al capitalismo. Ahora Bauer se hinca de rodillas ante la burocracia soviética, que frena el avance hacia el socialismo.

He analizado la política putrefacta de Otto Bauer en decenas de artículos. Bauer jamás trató de responderme. No sé nada de Branting, a quien buscan incorporar porque es “abogado”, a pesar de tratarse de problemas políticos y teóricos, no jurídicos.

Por su parte, Norman Thomas jamás ha ocultado sus discrepancias conmigo, y yo no tengo por qué atenuar su importancia. Sin embargo. Norman Thomas considera que, por profundas que sean las diferencias y por dura que sea la lucha de tendencias y fracciones, ciertos métodos resultan inadmisibles, criminales y corrompidos y amenazan a todos los sectores del proletariado por igual. Si no se purga a las filas obreras del terror, el sabotaje, el espionaje, etcétera -si es que existen-, o de los fraudes, falsificaciones, despreciables asesinatos jurídicos - ¡que sí existen, por cierto! el movimiento obrero en su conjunto está amenazado por la gangrena. Aquí hay un terreno común donde estamos Norman Thomas y yo, junto con todos aquellos que se preocupan seriamente por la moral interna del movimiento obrero. Con Brockway ese terreno común no existe, ni puede existir. Que el político Brockway juzgue al trotskismo como más le plazca; está en su derecho. Al Pritt número dos lo atacaremos implacablemente.



[1] Fenner Brockway: un segundo Pritt. Del archivo personal de George Novack. Fenner Brockway (1890-?), dirigente del ILP británico y adversario de la Cuarta Internacional, también era secretario del Buró de Londres. En lugar de apoyar la propuesta de Trotsky de crear una comisión investigadora internacional, Brockway propuso una alternativa que en realidad servía para impedir la creación de una comisión.

[2] Otto Bauer (1882-1938): principal teórico del austromarxismo y dirigente de la socialdemocracia austríaca.

[3] Habsburgo: dinastía reinante en Austria desde el siglo XIII hasta la revolución de 1918. Woodrow Wilson (1856-1924), presidente demócrata de EE.UU., desde 1913 a 1921. La Entente era la alianza de Francia, Rusia, Inglaterra Y Serbia en la guerra contra Austria-Hungría y Alemania de 1914. Después de la Revolución de Octubre, Rusia se retiró de la Entente.



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