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Entrevista por el “Sunday Sun” de Sydney[1]

 

 

17 de agosto de 1937

 

 

 

1. Japón quiere que la China se convierta en su India. Para consolidar su dominación en este inmenso país necesita trasformar al Pacífico occidental en un mar japonés. Australia será el limite austral del futuro “Mar del Japón”. Para Japón resulta imperioso encontrar un punto de apoyo en Australia.

La posición estratégica de vuestro continente estimulará los apetitos de los militares japoneses. Ustedes viven a mucha distancia tanto de Inglaterra como de Estados Unidos. La base británica más cercana, en Singapur, sólo puede tener importancia auxiliar y circunstancial.

Por fuera de estas consideraciones de índole militar, Australia en sí resulta una presa apetitosa. El archipiélago nipón tiene 175 habitantes por kilómetro cuadrado; Australia tiene un habitante en el mismo espacio. Australia es rica en diversas materias primas que Japón no posee. Cada australiano, inclusive los lactantes, consume aproximadamente cien kilogramos [de carne] al año, mientras que el italiano consume tan sólo quince kilos (como ve, el pomposo nacionalismo de Mussolini tiene un carácter específicamente cuaresmal) y el japonés menos.

No es exagerado decir que la suerte de Australia, por lo menos en un cincuenta por ciento, se resolverá en Shanghai y en toda China. El apoyo a la guerra de liberación de la nación China contra los bandidos japoneses es una de las premisas más importantes para mantener la independencia de Australia y de Nueva Zelanda.

2 y 3. Desgraciadamente, no conozco la vida política y social de Australia. Jamás estuve en Australia ni he podido seguir su prensa. Pero existe abundante literatura rusa y mundial dedicada a la situación económica y a la legislación social de Australia. Nuestros narodniki (populistas) mencionaban a Australia y a Nueva Zelanda como modelo del nuevo régimen social. De más está decir que he estudiado vuestra legislación social con verdadero interés; la misma está condicionada por las riquezas naturales del país y por un proteccionismo sistemático.

Sin embargo, no creo que vuestra legislación genere un proceso social de tipo especial, distinto en principio del de los demás países capitalistas. El problema de las formas de la propiedad privada reviste una importancia decisiva. Las estadísticas demuestran que, también en Australia, la competencia capitalista conduce a la acumulación de la riqueza bajo la forma de capital financiero, y genera contradicciones sociales cada vez más profundas.

Indudablemente, las relaciones sociales son más estables en Australia que en otros países capitalistas, sobre todo europeos. Pero la estabilidad no es absoluta ni eterna. La crisis mundial que se avecina - puede preverse que estallará en dos o tres años, cuando los programas militares de las grandes potencias lleguen a su culminación - también conmoverá a Australia. La guerra que se avecina - y que, desgraciadamente, no se hará esperar - arrastrará a Australia al torbellino. Estas perspectivas no son agradables, pero corresponden a la realidad; cerrar los ojos ante estos hechos denotaría una ceguera criminal.

4. La política de Hitler es la política del imperialismo agresivo. La política de Stalin es la política de autodefensa de una nueva casta privilegiada. Hitler busca la “amistad” de Inglaterra. Stalin busca la alianza militar con Francia y, por su intermedio, el acercamiento con Inglaterra. Si fracasan estos planes, la alianza de Hitler y Stalin no será posible, sino inevitable..., pero a condición de que Hitler y Stalin sigan detentando el poder. No lo garantizo[2].

5. Durante la guerra civil, el Partido Bolchevique aplicó el terror como arma inevitable, circunstancial, ligada, como lo demuestra la historia, a cualquier revolución. El objeto de este terror era liberar al país de las viejas cadenas y esclavitud y allanar el camino para la sociedad socialista. El terror de la burocracia soviética es reaccionario, no revolucionario. Su objetivo es ayudar a la formación de una nueva clase dominante y, sobre todo, defender a la todopoderosa burocracia soviética de toda oposición y crítica.

6. El problema de mi retorno a la URSS no es una cuestión personal. No puedo remplazar a Stalin como jefe del aparato estatal actual, totalmente reaccionario y dirigido contra el pueblo. Pero tengo la firme esperanza de que los pueblos de la URSS, protagonistas de tres revoluciones en este siglo, encontrarán el camino para poner fin al despotismo de la burocracia stalinista e iniciar el desarrollo libre del socialismo. Toda mi actividad va dirigida hacia ese fin.



[1] Entrevista por el Sunday Sun de Sydney. Quatrième Internationale, enero de 1938. Traducido del francés [al inglés] para la primera edición [norteamericana] de Escritos 37-38 por A.L. Preston. El periodista era Eric F. Baume, cuya caracterización de Trotsky apareció en su diario el 21 de noviembre de 1937.

[2] En agosto de 1939 Stalin y Hitler firmaron un pacto de “no agresión” y los stalinistas del mundo entero dejaron de criticar a Hitler.



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