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El “pueblo” exige castigo[1]

 

 

31 de enero de 1937

 

 

 

La burocracia de Moscú ha movilizado a millares de personas en la Plaza Roja para celebrar su victoria. En los primeros años de la revolución las grandes movilizaciones expresaban el espíritu de las masas: las consignas, los símbolos, la alegría, y también la ira, eran manifestaciones espontáneas de la base. Ahora las manifestaciones en la Plaza Roja expresan el poder de la burocracia. El obrero va a la manifestación como va al trabajo, generalmente bajo la presión de las mismas personas y sospechando de los mismos alcahuetes.

Esto es más cierto aun en el caso de las resoluciones “unánimes” que exigen la cabeza de los acusados, y la mía además.

Desde hace ya mucho tiempo la participación en las asambleas es obligatoria. En el período comprendido entre 1925 y 1928 la mayoría de los obreros, de acuerdo con una expresión en boga en esa época, “votaban con los pies”; es decir, desaparecían de las asambleas cuando llegaba el momento de votar. Pero en los años siguientes, los agentes secretos de la GPU empezaron a montar guardia en la puerta: el que abandonaba la sala perdía el trabajo y, frecuentemente, la libertad. Por eso no me extraña que las resoluciones propuestas desde arriba se aprueben “por unanimidad”.

Con esto no quiero negar que el proceso de Moscú, con ayuda de una prensa y de una radio monolíticas, ha engañado a los sectores más atrasados de la población; que Stalin, imitando a Hitler, explota el espíritu de “preguerra” con bastante éxito, en aras de su dictadura personal.



[1] El “pueblo” exige castigo. El proceso de Moscú.



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