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Correcciones y observaciones al testimonio de los acusados[1]

 

 

4 de marzo de 1938

 

 

 

1. En 1927 Krestinski me escribió una carta de Berlín a Moscú, en la cual me informaba de su intención de capitular ante Stalin y me aconsejaba hacer lo mismo. Respondí con una carta abierta, en la que rompía relaciones con Krestinski y con todos los demás capituladores. Una gran cantidad de material sobre esta lucha irreconciliable entre los oposicionistas (“trotskistas”) y los capituladores, fue revelada por mí en abril de 1937 a la comisión de investigación del doctor John Dewey. Pero la GPU continúa basando sus fraudulentos juicios exclusivamente en los capituladores que durante años, han sido juguetes en sus manos. Es por ello que el fiscal Vishinski necesitaba demostrar que mi ruptura con Krestinski tenía un “carácter ficticio”.

Esta tarea le fue confiada a otro capitulador, Rakovski de sesenta y cinco años, quien declaró que la capitulación era una “maniobra” y que de algún modo, ésta se había hecho con mi aprobación. Sin embargo Rakovski no explicó, y por supuesto el fiscal no le preguntó, por qué él no había llevado a cabo esta “maniobra” durante siete años, sino que había preferido permanecer en las difíciles condiciones del exilio en Barnaul (Altai), aislado del resto del mundo. O, por qué en el otoño de 1930, Rakovski escribió desde allí, en una carta indignada contra los capituladores, su famosa frase, “lo peor no es el exilio y la soledad, sino la capitulación”. Por qué, finalmente, sólo llegó a capitular en 1934, cuando sus fuerzas físicas y morales estaban completamente agotadas.

2. Después de negar su culpa (en completo acuerdo con el guión de la GPU) Krestinski admitió que todas las acusaciones hechas en su contra eran correctas y se refirió a un falso encuentro conmigo en Merano en octubre de 1933. Declaro que después de 1926 nunca vi a Krestinski y no tuve relación alguna con él. Nunca en mi vida estuve en Merano. Octubre de 1933 estuve como paciente en Francia ante los ojos de mis amigos y el doctor y bajo la observación de la policía francesa. Estos hechos fueron completamente establecidos por la comisión investigadora del doctor Dewey en Nueva York. Si el fiscal Vishinski hubiese consultado a las autoridades francesas, éstas le habrían dado la información exacta sobre el lugar donde yo estaba en octubre de 1933. ¡Pero fue precisamente por esto que Vishinski no les preguntó!

3. El acusado Rosengoltz declaró que se reunió con mi hijo León Sedov en Carlsbad y recibió a través de él todas las instrucciones criminales que yo había dado. La deserción del señor Rosengoltz de la oposición hace doce años fue tan vergonzosa que no cabía posibilidad alguna de que prosiguieran nuestras relaciones. León Sedov no estuvo en Carlsbad ni en 1934 ni en ningún otro año y esto puede probarse con las cartas y documentos del diario de su corta vida, de la misma manera en que la comisión del doctor Dewey demostró que en noviembre de 1932 Sedov no estaba en Copenhague. Como podemos ver, el calendario de Sedov no coincidía con el de la GPU. Y fue por ello que la GPU lo llevó a una muerte prematura.

4. Tanto Krestinski como Rosengoltz testificaron que yo les había dado instrucciones sobre la necesidad de formar una alianza con Tujachevski y otros generales, con el fin de “derrocar el poder soviético”. Es evidente que el fantasma del ejecutado mariscal Tujachevski revolotea sobre el proceso. Al temer el descontento de los mejores generales, Stalin decapitó al Ejército Rojo y provocó un profundo resentimiento en todo el mundo. Ahora trata, retrospectivamente, de demostrar a la opinión pública soviética y mundial que los generales fusilados eran realmente unos traidores.

Declaro que en el testimonio de Krestinski y Rosengoltz no hay una sola palabra de verdad. Desde la primavera de 1925, es decir desde el momento en que abandoné la jefatura del Ejército Rojo, no tuve ni reuniones personales, ni correspondencia, ni el menor vínculo indirecto con Tujachevski. A pesar de que estuvimos estrechamente ligados por cuestiones militares, ni Tujachevski ni los demás generales ejecutados fueron trotskistas políticamente. Ellos eran soldados. Si Tujachevski se levantó contra Stalin en el último período ello fue motivado exclusivamente por sentimientos patrióticos. Tanto él como los demás generales no podían evitar ver que la política de Stalin asestaba irreparables golpes a la defensa de los intereses de la Unión Soviética.



[1] Correcciones y observaciones al testimonio de los acusados. Biulleten Opozitsi, Nº 65, abril de 1938. Traducido para la primera edición [Norteamericana] de Escritos 1937-1938 por John Fairlie



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