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Carta sobre el derrotismo[1]

 

 

2 de enero de 1938

 

 

 

Querido camarada Van:

 

No tengo una sola copia de El caso de León Trotsky aquí. Por lo tanto no puedo analizar ni el texto ni el contenido. Pero la cuestión es muy clara aun sin eso, por lo menos para quienes no quieren confundirse deliberadamente. La Comisión, como era su deber, manifestó un profundo interés hacia la cuestión de mi actitud respecto a la Unión Soviética y especialmente durante la guerra. “Si usted no quiere apoyar a los gobiernos aliados de la Unión Soviética, usted es prácticamente un derrotista.” Tal era el significado de los argumentos de los comisionados, particularmente si no me engaño, de Stolberg, y en parte, del abogado Finerty.[2] Es fácil ver que reproducen de esta manera el argumento de nuestros ultraizquierdistas, sólo que en dirección opuesta (puede verse en esto que el ultraizquierdismo es un pensamiento burgués, solamente que patas arriba y llevado a un extremo).

Contesté aclarando que desarrollamos nuestra política no a través de los gobiernos, sino a través de las masas y mientras continuamos en oposición irreconciliable hacia los gobiernos burgueses aliados de la Unión Soviética, como Francia; en la aplicación práctica de nuestra línea general, hacemos todo - todo lo posible - por proteger los intereses de la defensa de la Unión Soviética, o China, etcétera. Entonces tuve que dar respecto a esto algunos ejemplos breves en el mismo sentido de aquellos que me sirvieron en la discusión del problema chino (dos barcos, etcétera). En suma el asunto se reduce a saber si estamos obligados a defender a la Unión Soviética o a otro “auténtico” estado obrero en caso de guerra, sin renunciar a la oposición revolucionaria, y si es así, por qué medios. Este problema se trata en mi artículo dirigido contra Craipeau. Por el momento no tengo nada que añadirle.

Es posible que exista cierta falta de precisión en el informe taquigráfico. No se trata aquí de un texto programático bien expresado o de un artículo, sino de un informe taquigráfico redactado por la comisión. Usted sabe que no tuve tiempo de revisarlo. Pueden haberse insinuado algunos malentendidos e imprecisiones. Los enemigos pueden utilizarlos, pero los camaradas serios deben entender el problema en su totalidad. Continúo basándome completamente en las tesis de la Cuarta Internacional sobre la guerra. Hay un asunto relacionado precisamente con este tema y el cual desde su comienzo había provocado la oposición de Vereecken y Craipeau. Es sobre esto que debemos hablar claro: ¿ha confirmado o no la experiencia de los últimos años nuestras tesis sobre este punto decisivo?

Vi por casualidad que los lovestonistas también han tratado de utilizar la misma cita aislada para presentar la cuestión como si yo tuviera dos políticas opuestas durante la guerra, una para los países democráticos y otra para los fascistas. No hay nada más absurdo. La guerra no será la competencia de regímenes políticos. Es cuestión de repartiese el mundo, de subyugar definitivamente a China y de recuperar la Unión Soviética para el capitalismo. Nuestra política durante la guerra debe por lo tanto adaptarse al carácter de ésta. Estamos contra el avasallamiento de China, como lo estamos contra el restablecimiento del capitalismo en la Unión Soviética. Por eso ayudamos a la Unión Soviética y lo mismo a China durante la guerra con todos los medios disponibles de una clase oprimida, y no dirigente, que permanece en oposición irreconciliable a su gobierno: preparando su derrocamiento y la toma del poder. Esta es la manera como se ha planteado el problema. Quien lo plantee de otra manera busca evadir su solución o simplemente confundirlo todo.

En cuanto al camarada Vereecken, quien desgraciadamente se aleja más y más del marxismo, es extremadamente característico que pueda apoyar a Sneevliet en su lucha totalmente oportunista y en lo sucesivo abierta contra la Cuarta Internacional y, al mismo tiempo, dirija contra nosotros su intransigencia ultraizquierdista. Así, para no privar a la NAS de su maná gubernamental, Sneevliet tiene una actitud completamente conciliadora, diplomática y equívoca hacia su gobierno en tiempos de paz. ¿Se puede creer por un instante que en caso de guerra, con la participación de Holanda, Sneevliet será capaz de una actitud revolucionaria? Solamente un ciego podría creerlo. El deber de todo revolucionario en Holanda como en el resto del mundo es denunciar implacablemente la política de Sneevliet, que solo puede dañar a la Cuarta Internacional. En lugar de eso, Vereecken se establece como el ángel de la guarda de Sneevliet. Le protege contra el trabajo fraccional, es decir contra el marxismo, como ha protegido ya a esos pobres centristas del POUM contra el “trabajo de núcleos” de la Cuarta Internacional.

El mundo aparece patas arriba en la cabeza de Vereecken. En cada ocasión comete nuevos errores para cubrir los anteriores y para distraer la atención de ellos. Oscila ahora entre Sneevliet y los bordiguistas[3] y sus oscilaciones se tornan más y más amenazantes, afortunadamente no para la Cuarta Internacional, sino para él mismo. Escribí ya en una carta anterior, que debemos salvarlo de sí mismo. Esta tarea se vuelve más apremiante que nunca. Pero el camarada Vereecken no puede ser salvado ni con consideraciones ni con concesiones. El firme baluarte de todas las secciones de la Cuarta Internacional, inclusive la belga, debe oponerse a él. En todo case el problema decisivo del futuro de Vereecken no es su deformación sediciosa de citas aisladas y mal interpretadas, sino su actitud hacia el POUM y Sneevliet, es decir, hacia el marxismo y el oportunismo, la Cuarta Internacional o el Buró de Londres.[4]

Esto es todo lo que puedo decir por el momento y creo realmente que después de todas las polémicas de los últimos años, es completamente suficiente.

 

Mis mejores saludos,

 

L. Trotsky



[1] Carta sobre el derrotismo. Internal Bulletin, SWP, Nº 3, 1938. Carta a Jean Van Heijenoort, uno de los secretarios de Trotsky en los cuatro países de su último exilio. Rechazó al marxismo después de la Segunda Guerra Mundial y se volvió profesor de filosofía.

[2] Benjamin Stolberg (1891-1951): miembro de la Comisión Dewey, escritor y periodista. John F. Finerty: abogado de la comisión fue el consejero de Sacco y Vanzetti y de Tom Mooney.

[3] Amadeo Bordiga (1889-1970): fundador del Partido Comunista Italiano fue expulsado por cargos de “trotskista” en 1929. La Oposición Internacional trató de trabajar con los bordigistas pero fracasó ante el inveterado sectarismo de éstos: por ejemplo, se oponían a la táctica del frente único “por principio”.

[4] El Buró de Londres (Buró Internacional de Partidos Socialistas Revolucionarios), fundado en 1935 fue el sucesor de la International Labor Community IAG, asociación de partidos centristas no afiliados ni a la Segunda, ni a la Tercera Internacional, pero que se opusieron a la formación de la Cuarta Internacional. Entre sus miembros se contaban el SAP (Partido de los Trabajadores Socialistas) de Alemania, el ILP británico y el POUM español; más tarde, en 1938, se unieron los brandleristas alemanes, el PSOP francés, y los lovestonistas norteamericanos.



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