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Carta a Nueva York[1]

 

 

30 de setiembre de 1937

 

 

 

Estimados camaradas:

 

Ayer envié el siguiente telegrama al camarada Sneevliet:

“Asesinato Reiss por GPU facilitado por política errónea ocultamiento. Sólo campaña inmediata en prensa mundial puede salvar a su esposa. Mayor demora fatal. Unidad de acción es necesaria. Leo.”

Esta mañana recibí la siguiente respuesta:

“Totalmente de acuerdo unidad de acción. Va carta. Henry.”

Cuando recibí la declaración mimeográfica firmada por Ludwig [Reiss] y refrendada por Sneevliet, tuve la impresión de que se trataba de un asunto de escasa importancia. El contenido de la declaración era total­mente vago, llevaba una firma absolutamente desconocida y la nota de Sneevliet también era de lo más vaga. En otros términos, la declaración bastaba para provocar acciones enérgicas por parte de la GPU, pero no bas­taba en lo más mínimo para interesar a la opinión pú­blica. El asunto no podía haberse iniciado de manera más ineficaz y peligrosa. Cuando Bessedovski o Agabekov rompieron con la burocracia, lo hicieron de manera pública, franca y agresiva, y sólo este método les per­mitió salvarse la vida[2]. Reiss estaba en posesión de materiales concernientes a los procesos de Moscú. Hubiera bastado una declaración valiente –“Hasta el día de la fecha fui un agente responsable de la GPU. Conozco los secretos de los procesos de Moscú. Los comunicaré a la opinión pública mundial”, etcétera- para proyectar su nombre al plano público internacional e imposibilitar políticamente su asesinato a manos de la GPU. Me resultaba totalmente imposible com­prender por qué un asunto de tan mayúscula importancia quedó como una cuestioncilla privada entre Reiss y Sneevliet en lugar de convertirse inmediatamente en asunto de la Cuarta Internacional. Un comunicado que se me hubiera enviado hace algunos meses no sólo hubiera sido de gran valor para la investigación en Nueva York, sino que, estoy seguro, hubiera salvado la vida de Reiss. Desgraciadamente, es imposible rec­tificar los errores cometidos.

 

Ahora se trata de no repetir los errores en el caso de la viuda de Reiss. Debe preparar una declaración pública y valiente para la prensa mundial, y su fotografía debe aparecer en todos los periódicos importan­tes. Es la única manera de salvar su vida y servir a la causa. Es necesario convencerla de que debe dejar de lado todas las consideraciones secundarias, dictadas por una cautela totalmente ficticia. Naturalmente, estoy dispuesto a hacer todo lo posible por ayudarla a esta­blecer contacto con la prensa norteamericana. Creo que le pagarían bien por una serie de artículos, pero el primer paso es establecer claramente su identidad política. Este fue el sentido de mi telegrama al camarada Sneevliet. Le envío copia de esta carta.

 

Con mis mejores saludos,

 

L. Trotsky



[1] Carta a Nueva York. Del archivo de Joseph Hansen. Carta a las dirigentes trotskistas de EE.UU.

[2] G. Agabekov y Grigori Bessedovski: diplomáticos soviéticos que en 1930 y 1929, respectivamente, defeccionaron y se radicaron en el mundo capitalista.



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