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Algo más sobre la represión de Kronstadt[1]

 

 

6 de julio de 1938

 

 

 

En mi reciente artículo sobre Kronstadt traté de plantear el problema sobre un plano político. Pero muchos están interesados en la cuestión de la "responsabilidad" personal. Souvarine,[2] quien de inactivo marxista se convirtió en exaltado adulador, asegura en su libro sobre Stalin que en mi autobiografía conscientemente guardé silencio sobre la rebelión de Kronstadt; hay hazañas -dice sarcásticamente- de las cuales uno no alardea. Ciliga en su libro In the Country of the Big Lie, cuenta que en la represión en Kronstadt "más de diez mil marineros" fueron fusilados por mí (dudo de que toda la flota del Báltico tuviese tal cantidad en ese momento). Otros críticos se expresan en esta forma: sí, la rebelión tenía objetivamente un carácter contrarrevolucionario, pero ¿por qué usó Trotsky tales medidas represivas, despiadadas, en la pacificación y posteriormente?

Nunca he tratado este tema. No porque tenga algo que ocultar, sino, al contrario, precisamente porque no tengo nada que decir. La verdad de la cuestión es que personalmente no tuve la más mínima participación en el aplastamiento de la rebelión de Kronstadt ni en la represión que siguió a ella. Pero para mí este hecho no tiene significación política. Yo era miembro del gobierno y consideré necesario sofocar la rebelión, por lo tanto, asumo responsabilidad por la represión. Sólo dentro de estos límites he respondido a las críticas hasta ahora. Pero cuando los moralistas empiezan a molestarme personalmente, acusándome de excesiva e innecesaria crueldad dentro de las circunstancias, considero que tengo el derecho de decir: "Señores moralistas, ustedes están mintiendo un poco."

La rebelión estalló durante mi estadía en los Urales. Desde los Urales vine directamente a Moscú para el Décimo Congreso del partido. La decisión general de reprimir la rebelión por medio de la fuerza militar, si la fortaleza no se podía inducir a rendirse, primero con negociaciones de paz, luego por medio de un ultimátum, fue adoptada con mi participación directa. Pero después de tomada la decisión, continué permaneciendo en Moscú y no tomé parte directa ni indirectamente en las operaciones militares. Respecto a la represión posterior, este asunto correspondía a la Cheka totalmente.

¿Qué pasó que no fui personalmente a Kronstadt? El motivo fue de naturaleza política. La rebelión estalló durante la discusión de la así llamada cuestión "sindical". El trabajo político en Kronstadt estaba totalmente en manos del comité de Petrogrado, a la cabeza del cual estaba Zinoviev. El mismo Zinoviev era el jefe más incansable y el líder más apasionado en la lucha contra mí en la discusión. Antes de salir para los Urales estuve en Petrogrado y hablé en un mitin de marineros comunistas. El espíritu general del mitin me dejó una impresión extremadamente desfavorable. Marineros petimetres y bien alimentados, comunistas de nombre solamente, producían la impresión de parásitos en comparación con los obreros y hombres del Ejército Rojo de aquella época. La campaña se estaba llevando adelante en forma extremadamente demagógica por parte del comité de Petrogrado. El personal de comando de la flota fue aislado y aterrorizado. La resolución de Zinoviev recibió probablemente el noventa por ciento de los votos. Recuerdo haberle dicho a Zinoviev en aquella ocasión: "Todo está muy bien aquí hasta que se ponga muy mal." Posteriormente, Zinoviev estaba conmigo en los Urales cuando recibió un mensaje urgente que decía que las cosas en Kronstadt se estaban poniendo "muy mal". La abrumadora mayoría de marineros "comunistas" que apoyaron la resolución de Zinoviev, tomaba parte en la rebelión. Consideré y el Buró Político no tuvo objeciones, que las negociaciones con los marineros, y en caso de necesidad, su pacificación, deberían estar en manos de aquellos dirigentes que apenas ayer tenían la confianza política de estos marineros. De otra manera, la gente de Kronstadt asumiría el asunto como si yo hubiese tomado "venganza" sobre ellos por haber votado en contra mía durante la discusión del partido.

Correctas o no, en todo caso fueron precisamente estas consideraciones las que determinaron mi actitud. Me aparté de este asunto total y expresamente. Respecto a la represión, hasta donde recuerdo, Dzershinski estaba personalmente encargado de ella y no podía tolerar la menor interferencia en sus funciones (apropiadamente).

Si hubo víctimas innecesarias no lo sé. A este respecto confío más en Dzershinski que en sus trasnochados críticos. Por falta de datos, no puedo decir ahora, a posteriori, quién debió haber sido castigado y cómo. Las conclusiones de Victor Serge sobre esta cuestión -de tercera mano- no tienen valor ante mis ojos. Pero estoy dispuesto a reconocer que una guerra civil no es una escuela de humanismo. Idealistas y pacifistas siempre acusaron de "excesos" a la revolución. Pero el punto principal es que los "excesos" surgen de la misma naturaleza de la revolución, que en sí misma, no es más que un "exceso" de la historia. Quien así lo desee, puede sobre estas bases rechazar (en breves artículos) la revolución en general. Yo no la rechazo. En este sentido asumo la total y completa responsabilidad por la represión de la rebelión de Kronstadt.



[1] Algo más sobre la represión de Kronstadt. New International, agosto de 1938.

[2] Boris Souvarine (1893- ): uno de los fundadores del PC Francés y uno de los primeros biógrafos serios de Stalin. Expulsado del partido francés por trotskista en 1924. En los años 30 se volvió contra el marxismo.



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