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Al congreso del Partido Socialista Revolucionario belga[1]

 

 

22 de junio de 1938

 

 

 

Queridos camaradas:

 

Acabo de recibir la noticia de que el camarada Vereecken ha dejado de ser miembro del partido. Esto es una cosa triste para nuestro movimiento porque el camarada Vereecken tiene cualidades poco comunes de devoción y energía. Pero es una cosa especialmente trágica para el mismo Vereecken, porque nuestro movimiento, que es totalmente revolucionario y no menos realista, es el único que podría salvarlo de sus características negativas: su sectarismo, falta de solidaridad y una sensibilidad bastante excepcional. Vereecken está seriamente equivocado si piensa que “puede servirle a su clase" por fuera de nuestro movimiento. Por mi parte, sólo puedo tener la esperanza de que ahora, o más tarde, encuentre de nuevo el camino de la Cuarta Internacional porque es el único medio para servirle al proletariado en nuestra época.

Las razones que da Vereecken para su renuncia están lejos de ser aceptables y sólo manifiestan el estado permanente de frenesí que ha llegado a ser característico en él. Acusa a T., al Secretariado Internacional y a "aquellos que los apoyan incondicionalmente" de desear liquidarlo a toda costa. ¿Cuáles podrían ser las razones para tan inexplicable y abominable propósito? No tenemos muchos camaradas, especialmente camaradas con experiencia que se dediquen totalmente a nuestro movimiento. Al contrario, creo que todos los camaradas dirigentes de nuestro movimiento han hecho y están preparados para hacer todo lo que esté en su poder para conservar a Vereecken en nuestras filas. Cualquier cosa menos una: renunciar ante él a los principios de la Cuarta Internacional. Sería fácil demostrar que, lejos de haber sido atacado o perseguido por otros, fue el mismo Vereecken quien atacó al Secretariado Internacional y a las direcciones de casi todas las secciones, excepto a aquellas que pisotean los principios del marxismo, se burlan de nuestra disciplina internacional y fraternizan con nuestros peores enemigos. Los documentos que le sirven a Vereecken de pretexto inmediato para su renuncia, no son más que actos de autodefensa contra los ataques absolutamente injustificados de éste. Por medio de estos ataques buscaba encubrir sus propios errores. Este estado de frenesí no es en ningún momento una desviación individual. Más bien es característico de un estado de conciencia política particular. He aquí lo que el proyecto del Programa de transición dice acerca de eso: "Puesto que los sectarios, como en general todos los confundidos y milagreros, reciben por ello a cada instante los golpes de la realidad, viven en un estado de perpetua exasperación, se quejan sin cesar del "régimen" y los "métodos" e incesantemente se consumen en pequeñas intrigas. "

Hace algunos días recibí el discurso del camarada V. respecto a las elecciones municipales. Los argumentos de V. contra la participación me parecieron falsos del principio al fin. Ustedes saben que he considerado y sigo considerando como un error extremadamente serio y grave el apoyo de nuestro partido a Van Zeeland.[2] Cuando V. reafirma esto, está en lo correcto. Pero este error no es razón para el abstencionismo. Si el partido, debido a las tendencias sectarias de su dirección, está tan debilitado que no puede participar en las elecciones, debe decirlo abiertamente y no cubrir su debilidad con argumentos artificiales y escolásticos.

"Las notas laborales (para La Lutte) eran menos semana tras semana." Leí esto en sus minutas del 8 de junio de 1938. Este simple hecho resume toda una línea política, es decir, su debilidad. Cuando el partido le da la espalda a los trabajadores, los trabajadores responden en la misma forma. Es necesario a toda costa buscar raíces en los sindicatos, profundizar las raíces en la juventud. En mi opinión, la orientación de su congreso debería ser: por su propio bien, no más frases vacías, no más repetición de fórmulas abstractas. ¡A las masas; de nuevo a las masas; siempre a las masas!

Observamos en Francia, en 1936, un movimiento de incomparable fuerza y vigor. Dijimos: esta es una situación prerevolucionaria en el sentido más concreto e inmediato del término. ¿Puede uno dudar por un minuto de que si este movimiento hubiese encontrado una dirección que expresara sus aspiraciones, aun en forma reducida, la revolución proletaria en Francia no sería hoy un hecho cumplido? Pero todas las organizaciones oficiales se juntaron para engañar, romper, conducir mal, sabotear y paralizar al movimiento revolucionario. ¿Tuvieron éxito? Sí, al menos hasta cierto punto; esto es, han disminuido las oportunidades de la revolución proletaria, en favor del fascismo. Hemos visto una nueva demostración del poder de los aparatos de las tres internacionales -la Segunda, la Tercera y la de Amsterdam- poder que tiene su fuente básica en la burocracia de Moscú y en la cruda y pérfida traición de la Comintern. Bajo estas condiciones, desear permanecer por fuera de la clase obrera, esperando que ella encause su mirada definitivamente hacia nosotros, es un programa digno de los más estériles sectarios, quienes sólo son revolucionarios, como lo dijo Engels, en su propia imaginación.

Creo, queridos camaradas, que el proyecto de programa presentado por el Secretariado Internacional, en líneas generales, habla bien de las necesidades de nuestro partido belga. Es sólo cuestión de no contentarse con una aceptación abstracta del programa, sino pasar inmediatamente a su aplicación. El prerrequisito es acabar con todos los vestigios de sectarismo. En esta situación, la renuncia de Vereecken puede tener un carácter simbólico.

¡Camaradas, el tiempo es más precioso que nunca. No lo desperdicien. Realicen un cambio valeroso. Dejen ir a los vacilantes, los débiles, los diletantes! Profundicen sus raíces en los sindicatos; profundicen sus raíces en la juventud; hagan de su periódico el instrumento y la expresión de su trabajo entre las masas. Si logran ejecutar este cambio, su congreso marcará una etapa crucial en el desarrollo de su partido.

Mis mejores deseos revolucionarios acompañan su trabajo.

 

Fraternalmente,

 

León Trotsky



[1] Al Congreso del Partido Socialista Revolucionario Belga. Con permiso de la Biblioteca de la Universidad de Harvard. Traducido del francés para este volumen, [de la edición norteamericana) por Tom Barrett.

[2] Paul van Zeeland (1893- ) economista y estadista belga, primer ministro belga de 1935 a 1937.



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