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¿Y ahora qué? La Oposición bolchevique en el PCUS[1]

 

 

Octubre de 1929

 

 

 

Como sabemos, muchos oposicionistas adhirieron a la declaración de Rakovski, Kosior y Okudshava. Esta declaración no introduce ningún cambio en la línea fun­damental de la Oposición. Por el contrario, su sentido esencial es la confirmación de esta línea en una nueva etapa. La declaración rechaza la táctica que con tanta perfidia y persistencia le atribuyen a la Oposición los stalinistas: la lucha armada por el poder contra el Par­tido Comunista de la Unión Soviética. La declaración reitera que la Oposición sigue en la línea de la reforma interna y que, como antes, está dispuesta a proseguir su tarea dentro de los marcos del mismo partido. Esta actitud está determinada por la inconmovible convic­ción de que, si hay democracia partidaria, la Oposición, con métodos normales, ganará al núcleo proletario del partido. Pero, se dirá, ustedes mismos admiten que es­to sólo es posible si existe una verdadera democracia partidaria. La falta total de democracia constituye la característica principal del régimen de Stalin. ¿Acaso en estas condiciones la declaración no se convierte en una ficción?

No, la declaración no es una ficción sino un nuevo análisis público del régimen partidario. A pesar de la experiencia pasada, ¿hoy es capaz este régimen de corregir, aunque sea parcialmente, el enorme daño que causó al partido y a la revolución? ¿Es o no capaz de actuar con cierta iniciativa para alejar los peligros que sólo un ciego puede dejar de percibir? El aparato de Stalin, después de los acontecimientos de los últimos años, de los zigzags, de las pérdidas sufridas y de la constante declinación de la autoridad de la dirección del partido, ¿es capaz o no de avanzar en serio hacia los métodos leninistas de funcionamiento interno y de dirección?

La declaración de la Oposición plantea otra vez es­te problema, en un nuevo nivel. El tono extremadamente reservado del documento, el hecho de que no señale el carácter pernicioso de la política centrista desde el punto de vista internacional, y las observaciones sobre la evolución de los centristas hacia la izquierda en va­rias cuestiones, están determinadas, evidentemente, por el deseo de facilitarle al aparato los primeros pasos hacía un régimen interno más sano. Además, este tono le demostrará una vez más al partido que la Oposición pone lo esencial por encima de lo formal y los intereses de la revolución por sobre las ambiciones personales o de grupo. No tiene inconvenientes en ocupar el lugar más modesto en el partido. Pero sólo está dispuesta a hacerlo si puede seguir siendo lo que es, si puede se­guir manteniendo sus opiniones -que el curso de los acontecimientos confirmó de manera tan notoria-, si puede continuar defendiendo su derecho a la lucha in­terna para lograr que su posición llegue a ser la de todo el partido. Este es el significado de la declaración del 22 de agosto.

Ahora ya tenemos respuesta a la declaración, una respuesta no oficial pero muy auténtica, a través de un articulo de Iaroslavski. Para nosotros, están implicados problemas enormemente importantes, el futuro del PCUS y el de la revolución. Se entenderá, entonces, que por esta razón habríamos preferido pasar por alto ese artículo deshonesto y a su desvergonzado autor. Pe­ro Iaroslavski es ahora el guardián del aparato partidario. Su artículo es el documento de una persona res­ponsable. Por eso es imposible ignorarlo.

En su artículo, Iaroslavski caracteriza la declaración de la Oposición como un intento de engañar al partido. Demostraremos que con esta caracterización Iaroslav­ski hace una critica aplastante al régimen de Stalin y confirma la corrección táctica de la declaración.

¿Dónde y cómo la declaración engaña al partido? Iaroslavski da una respuesta policial, no política. Construye su "acusación" en base a algunas citas sacadas de una carta confiscada a un oposicionista deportado y a otras simplemente fraudulentas. Ignora totalmente la significación política de nuestra declaración. No obstante, su importancia es evidente para los que sí engañan al partido y para los que se aprovechan de ese engaño.

Cuando Radek declara en sus conversaciones y en su correspondencia privada que "la plataforma de la Oposición está reivindicada de manera brillante", y luego desautoriza oficialmente esa plataforma tachándola de falsa, está engañando deliberadamente al par­tido. Iaroslavski está perfectamente informado de es­tas cuestiones, ya que vive de la confiscación de las cartas de la Oposición. En lo que hace al engaño ideológico al partido, Iaroslavski es no sólo el custodio del partido sino también el inspirador de Radek.

Cuando formaban parte de la Oposición, Kamenev, Zinoviev, etcétera, relataron con todo detalle cómo, junto con Stalin, Iaroslavski y etcétera, inventaron el mito del "trotskysmo" para combatir a Trotsky. Ahora esta gente abjura del trotskysmo por exigencia de Iaros­lavski; ¿acaso no compran su retorno al partido pagándole con el engaño?

En la época del Sexto Congreso y después, en agos­to de 1928, Stalin anunció públicamente que no había diferencias en el Comité Central y que los rumores de una lucha entre los centristas y la derecha eran un in­vento de los trotskistas. Stalin engañó al partido para transformar la lucha ideológica contra la Oposición de Derecha en una intriga organizativa y para impedir que el partido comprendiera que él no hacia más que apo­derarse de algunas migajas del programa de la Oposi­ción. Estos ejemplos se podrían multiplicar hasta el infinito, ya que un régimen de inestabilidad centrista y de violencia burocrática se apoya indefectiblemente en el engaño sistemático al partido.

Pero, ¿dónde está el engaño por parte de la Oposi­ción? Esta dice las cosas como son. No desmiente en voz alta sus posiciones para difundirlas por lo bajo. No se atribuye los errores que en realidad cometió el Comi­té Central. Sin vacilar, sin cambiar su orientación, sin camuflaje, golpeó una vez más a las puertas del parti­do. A la pregunta del portero: "¿Quién es?", responde: "Los bolcheviques leninistas (Oposición)." A la pre­gunta: "¿Renuncian ustedes a sus opiniones?", responde: "No, las consideramos absolutamente correc­tas." "Entonces, ¿qué quieren?" Y la Oposición repli­ca: "Queremos combatir con el partido a los enemigos de clase y dentro del partido por nuestras opiniones con los métodos de persuasión de un partido normal." ¿Dónde hay engaño? ¿Dónde se puede encontrar aun­que sea una sombra de engaño? ¿Y qué pueden cam­biar las trampas y las citas de una carta personal en este diálogo claro y directo?

Pero al guardián del aparato no le parece accidental el candor con que la Oposición exige su readmisión en el partido, y lo considera un engaño. ¿Acaso los opo­sicionistas no saben -ésta es la idea personal pero evidente que tiene Iaroslavski- que él sólo puede dejar pasar a aquellos que se quiebran el espinazo y declaran que lo blanco es negro? ¿Qué derecho tienen esas per­sonas que conservan intacto su espinazo político a gol­pear la puerta y perturbar la paz del portero? ¡Es obvio que lo que pretenden es engañar al partido!

Aunque la propuesta de la Oposición de restablecer la unidad del partido sobre bases leninistas, Iaroslavski repite servilmente la respuesta que dan los socialde­mócratas a los comunistas cuando éstos les proponen el frente único de lucha contra la burguesía. Sabemos que los dirigentes socialdemócratas declaran invaria­blemente que los comunistas en realidad no desean el frente único, que, por el contrario, su objetivo es divi­dir a la clase obrera y que proponen el frente único sola­mente para engañar a las masas. En estas ocasiones, los socialdemócratas no se valen de cartas personales confiscadas (y distorsionadas) sino de los artículos y discursos de los dirigentes comunistas. La indignación de los socialdemócratas se alimenta de su conciencia de que son impotentes en la lucha: los comunistas saben que no podemos ni queremos combatir a la burguesía. ¿Por qué nos ofrecen el frente único? ¡¡¡Engañan a las masas!!! No, replican los comunistas, son ustedes los que engañan a las masas al pretender ser luchadores; nosotros no hacemos más que desenmascararlos ante ellas. ¡Si no quieren que los desenmascaremos, pre­párense a pelear!

Es Iaroslavski el que engaña al partido al presentar a la fracción de Stalin como el custodio de su unidad. No sólo el PCUS sino todos los partidos de la Interna­cional están divididos en tres partes. Todos los organiza­dores y dirigentes de la Internacional Comunista de la época de Lenin fueron desplazados, y la inmensa mayo­ría expulsados del partido. El prestigio del comunismo mundial, continúa decayendo. Quien diga lo contrario engaña al partido. El plan quinquenal industrial, el proyecto estadístico de desarrollo de la economía, no definen la cuestión. El partido es el arma histórica y fundamental del proletariado. En esta situación, con su orientación programática, su régimen de funciona­miento y dirección actuales, el partido no podrá lograr sus objetivos.

En la república soviética, tras la fachada del aparato gubernamental heredado de la Revolución de Octubre, se oculta la verdadera situación del partido. Esto no ocurre en los países capitalistas. El comunismo inter­nacional sufre grandes pérdidas y sigue retrocediendo. Y sin una Internacional bien dirigida no habrá plan quinquenal que conduzca al socialismo. En estas condi­ciones, la Oposición hizo un intento de restablecer la unidad del partido. Por supuesto, no dudamos un minuto de que sería rechazado. Y así ocurrió. Ya se nos respondió. La claridad, que algunos aún necesitaban, logró establecerse. Muchos de los oposicionistas que firmaron la declaración de Rakovski romperán con el núcleo fundamental. ¡La limpieza será muy prove­chosa! Estos últimos meses ese núcleo pudo recupe­rarse totalmente de la puñalada por la espalda que le dieron los capituladores. En su momento, el efecto fue muy duro debido al aislamiento de la Oposición. El peor período fue junio y julio. No por casualidad Iaroslavski se vio obligado a citar una carta escrita en junio.[2] El Consejo de Redacción del Biulleten recibe ahora decenas de cartas que indican que la Oposición superó la crisis. La respuesta de Iaroslavski aclara toda una época. Los centristas de izquierda, que por necesidad estuvieron en la Oposición hasta la ruptura del bloque de la derecha y el centro, rompieron con ella cuando el centrismo oficial se volcó a la izquierda. Así tenía que ser.

La Oposición leninista cierra filas nuevamente. Tenemos que reagruparnos a escala nacional e internacional. Respecto a la URSS y al PCUS, así como hacia la Internacional, nuestra línea sigue siendo la de la refor­ma. Pero no estamos dispuestos a luchar por esta reforma dentro de los limites legales que Stalin y Iaroslavski, en su desesperación por sostenerse, estrechan constantemente. Estamos convencidos de la necesidad de redoblar nuestros esfuerzos para organizar a los bolcheviques leninistas como fracción interna del comunismo, para publicar sistemáticamente el Biulleten Opozitsi, para introducirlo en la URSS y distri­buirlo regularmente entre los obreros de vanguardia de la república soviética. Llamamos a los que piensan como nosotros a que se decidan a colaborar con nuestra causa.



[1] ¿Y ahora qué? La Oposición bolchevique en el PCUS. The Militant, 28 de diciembre de 1929 y 4 de enero de 1930. Firmado "Consejo de Redacción" de Biulleten Opozitsi.

[2] Como no criticamos el artículo de Iaroslavski per se, no refutamos las mentiras que contiene. En este aspecto Iaroslavski cuenta con una reputación muy coherente, que está más allá de las posibilidades de la Oposición. Al atri­buirle al camarada Trotsky un programa para provocar la guerra civil, distorsionó groseramente párrafos de sus cartas de 1928, pero al mismo tiempo citó extemporáneamente un material que desmiente totalmente la "acusación" de que se hacia objeto a su autor. Dejamos de lado todo esto, así como las distor­siones tan evidentes de la carta del camarada Solntsev. [Nota de León Trotsky]



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