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La situación política en China y las tareas de la Oposición Bolchevique Leninista[1]

 

 

Junio de 1929

 

 

 

En el plenario de febrero [de 1928] del Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista y en su Sexto Congreso se hizo una evaluación absolutamente erró­nea de la situación en China. Para disimular las terri­bles derrotas se declaró que subsiste la situación revo­lucionaria (“entre dos oleadas”) y que la línea sigue siendo la misma: hacia la insurrección armada y los soviets.

En realidad, la segunda revolución china de 1925-1927 culminó en una serie de derrotas aplastantes, sin alcanzar sus objetivos. Ahora estamos frente a una etapa interrevolucionaria, dominada totalmente por la con­trarrevolución burguesa y el fortalecimiento del impe­rialismo extranjero.

Es imposible predecir la duración del periodo interrevolucionario puesto que depende de muchos fac­tores internos e internacionales. Pero el surgimiento de una tercera revolución es inevitable; se deriva abso­luta y totalmente de las circunstancias creadas por la derrota de la segunda revolución.

Las tareas de la Oposición comunista china, es de­cir, los bolcheviques leninistas, son: comprender cla­ramente las causas de las derrotas, evaluar correctamente la situación actual, reagrupar a los elementos más firmes, valientes y probados de la vanguardia proletaria, buscar nuevamente el camino hacía las masas apoyándose en las consignas transicionales y, en todas las áreas de 1a vida social, preparar a la clase obrera para la tercera revolución china.

La segunda revolución china fue derrotada en tres etapas en el transcurso de 1927: Shangai, Wuhan y Cantón.[2] La causa directa e inmediata de las tres derrotas fue la política fundamentalmente errónea de la Internacional Comunista y del Comité Central del Partido Comunista Chino.

La línea totalmente oportunista de la Comintern se expresó en las cuatro cuestiones que sellaron la suerte de la revolución china:

1.El problema del partido. El Partido Comunista Chino entró en un partido burgués, el Kuomintang, mientras se ocultaba el carácter burgués de dicho par­tido tras una filosofía charlatanesca sobre un supuesto “partido obrero y campesino” e inclusive sobre un par­tido de “cuatro clases” (Stalin - Martinov). De esa manera se privó de su partido al proletariado en el momen­to más critico. Peor aun: se convirtió a ese partido seu­docomunista en una herramienta más para que la bur­guesía engañara a los obreros. La historia del movi­miento revolucionario mundial no conoce un crimen de igual magnitud. La responsabilidad recae exclusiva­mente sobre sus inspiradores: el Comité Ejecutivo de la Comintern y Stalin.

Dado que, a pesar de ello, hoy día se están constru­yendo nuevos partidos “obreros y campesinos”, es decir, nuevos Kuomintangs en la India, Corea y otros países, la Oposición comunista china considera nece­sario afirmar, sobre la base de la experiencia de la segunda revolución china que:

El partido del proletariado, jamás y en ninguna circunstancia, puede fusionarse organizativamente con un partido de otra clase. El partido proletario absolu­tamente independiente es el primer y principal requisi­to de la política comunista.

2.El problema del imperialismo. La línea errónea de la Comintern se basaba en la afirmación de que el yugo del imperialismo obliga a unirse a todas las clases “progresistas”. En otros términos, según la teoría stalinista de la Comintern, el yugo del imperialismo alteraría de alguna manera las leyes de la lucha de clases. En realidad, en China la penetración económica, política y militar del imperialismo agudizó al extremo la lucha de clases interna.

Mientras que por abajo, en las bases agrarias de la economía china, la burguesía está orgánica e indisolu­blemente ligada a las formas de explotación feudales, por arriba está ligada a forma igualmente orgánica e indisoluble al capital financiero mundial. La burguesía china no puede romper por sus propios medios, con el feudalismo agrario ni con el imperialismo foráneo.

Sus conflictos con los militaristas feudales más reaccionarios y sus choques con los imperialistas extranjeros siempre pierden importancia, en el momento critico, frente a su irreconciliable antagonismo con los obreros y los campesinos pobres.

Con el respaldo de los imperialistas del mundo contra los obreros y campesinos chinos, la llamada burguesía nacional eleva la lucha de clases al nivel de guerra civil, y lo hace más rápida e implacablemente que cualquier otra burguesía del mundo, ahogando en sangre a sus adversarios.

La dirección de la Comintern perpetró un crimen histórico colosal al ayudar a la burguesía nacional china a encaramarse sobre las espaldas de los obreros y cam­pesinos y al defenderla de las criticas y protestas de los bolcheviques revolucionarios. Jamás, en la historia de todas las revoluciones, la burguesía contó con un camu­flaje y un disfraz como el que la dirección stalinista le proporcionó a la burguesía china.

La Oposición recuerda a los obreros chinos y de todo el mundo que, apenas un par de días antes del golpe de Shangai de Chiang Kai-shek, Stalin llamó repentina­mente a confiar en Chiang Kai-shek y apoyarle y repri­mió ferozmente a los bolcheviques leninistas (los “trotskistas”), que en su momento previnieron sobre la derrota que aguardaba a la revolución.

La Oposición china declara traidores a quienes apo­yan, difunden o defienden en relación al pasado la le­yenda de que la burguesía “nacional” es capaz de diri­gir a las masas en la lucha revolucionaria. Para que las tareas de la revolución china puedan ser realizadas efectivamente es preciso que el proletariado chino, a la cabeza de las masas oprimidas, derribe la dirección política burguesa y tome el poder. No existe otro camino.

3. El problema de la pequeña burguesía y el campe­sinado. En esta cuestión, de importancia decisiva tanto para China como para todos los países de Oriente, la línea de la Comintern no es más que una falsificación menchevique del marxismo. Cuando la Oposición hablaba de la necesidad de forjar la alianza revolucionaria del proletariado y la pequeña burguesía, se refería a las masas oprimidas, a las decenas y centenas de millones de pobres de la ciudad y el campo. Para la dirección de la Comintern, la pequeña burguesía era y es la cúpula pequeñoburguesa, integrada en su abrumadora mayoría por intelectuales que, a través de partidos y organi­zaciones democráticas, explotan a los pobres de la ciu­dad y el campo, entregándolos en el momento crítico a la gran burguesía. Para nosotros, no se trata de for­mar una alianza con Wang Ching-wei[3] contra Chiang Kai-shek, sino de forjar una alianza con las masas tra­bajadoras contra Wang Ching-wei y Chiang Kai-shek.

4. El problema de los Soviets. Se remplazó la teoría bolchevique de los soviets por una falsificación oportu­nista, complementada luego por una práctica aventure­rista.

Tanto para los países de Oriente como para los de Occidente, los soviets son una forma de organización que puede y debe crearse desde la etapa inicial de un gran ascenso revolucionario. En general, surgen como organizaciones revolucionarias de huelga y luego am­plían sus funciones y acrecientan su autoridad ante las masas. En la etapa siguiente se convierten en órganos de la insurrección revolucionaría. Por ultimo, luego de la victoria de la insurrección, se transforman en orga­nismos del poder revolucionario.

Al obstaculizar la creación de soviets por parte de los obreros y campesinos chinos, la dirección stalinista de la Comintern desarmó y debilitó artificialmente a las masas trabajadoras frente a la burguesía, permi­tiéndole aplastar la revolución. El intento posterior (diciembre de 1927) de crear en veinticuatro horas un soviet en Cantón no fue más que una aventura criminal, cuya única consecuencia fue la de preparar la derrota final de los heroicos obreros de Cantón por los militares desenfrenados.

Estos son los crímenes fundamentales que cometió en China la dirección stalinista de la Comintern. De­muestran que se sustituyó el bolchevismo por un men­chevismo perfeccionado y llevado hasta sus últimas consecuencias. El aplastamiento de la segunda revolu­ción china es, fundamentalmente, una derrota de la estrategia menchevique, que en esta ocasión se ocultó tras la máscara bolchevique. No es casual que en todo este proceso la socialdemocracia internacional se soli­darizara unánimemente con Stalin y Bujarin.

No se podrá avanzar si no se comprenden las gran­des lecciones por las que la clase obrera china pagó tan alto precio. La Oposición de Izquierda china se apoya total y absolutamente en esas experiencias. La burgue­sía china, después de la derrota de las masas popula­res, tuvo que soportar la dictadura militar. En esta eta­pa esa es la única forma posible de poder estatal, la cual surge de los antagonismos irreconciliables de la burguesía con las masas populares por un lado, y de la dependencia de la burguesía respecto del imperialismo extranjero por el otro. Hay sectores aislados y grupos provinciales de la burguesía que están descontentos con el gobierno de la espada, pero la gran burguesía en su conjunto no puede mantenerse en el poder sin la espada.

Como la burguesía “nacional” es incapaz de poner­se a la cabeza de una nación revolucionaria, el parla­mentarismo democrático le resulta inaceptable. Con el pretexto de un régimen temporal de “guardianes del pueblo”, la burguesía “nacional” sienta las bases de la dominación de las camarillas militares.

Estas últimas, que reflejan los intereses específicos y locales de distintos sectores de la burguesía, entran en conflictos y guerras abiertas, que son la consecuen­cia de que hayan podido aplastar la revolución.

Sería una actitud lamentable y despreciable tratar de determinar ahora cuál de los generales es “progre­sista" para atar nuevamente a su espada la suerte de la lucha revolucionaria. La tarea de la Oposición consiste en enfrentar a los obreros y los pobres contra el mecanismo social de la burguesía contrarrevolucio­naria. La línea de la Oposición no será la política stali­nista de colaborar y concertar alianzas con los líderes sino la irreconciliable política clasista del bolchevismo.

A fines de 1927 la revolución china cedió ante una contrarrevolución que sigue profundizándose. La expresión más patente de este proceso es la suerte corri­da por el partido chino. En el Sexto Congreso se infor­mó jactanciosamente que el Partido Comunista Chino cuenta con cien mil militantes. En ese momento la Oposición dijo que después de 1927 el partido difícil­mente podría conservar siquiera diez mil militantes. Así fue: hoy el partido nuclea apenas entre tres y cuatro mil, y sigue en la curva descendente. La errónea orien­tación política, que a cada paso se contradice implaca­blemente con los hechos, está destruyendo al Partido Comunista Chino y lo llevará inexorablemente al de­sastre si la Oposición comunista no logra imponer un cambio fundamental en la línea y en el régimen parti­dario.

Al seguir ocultando sus errores, la actual dirección de la Comintern allana el camino para que dos enemi­gos – La socialdemocracia y el anarquismo - penetren en el movimiento obrero chino. La única defensa que tiene el movimiento revolucionario ante estos peligros complementarios es la Oposición comunista, que libra una lucha implacable contra el oportunismo y el aven­turerismo, consecuencias inexorables de la dirección stalinista de la Comintern.

En la actualidad no existe en China un movimiento revolucionario de masas. Lo único que se puede hacer es prepararlo, llevando a sectores obreros cada vez más amplios a participar en la vida política del país, en la medida en que lo permita esta época de contrarrevolu­ción triunfante.

La consigna de soviets como consigna para el pre­sente es aventurerismo puro cháchara sin sentido.

La lucha contra la dictadura militar se expresará inevitablemente a través de reivindicaciones transicionales democrático - revolucionarias, que culminan en la consigna de asamblea constituyente convocada en base al sufragio universal, directo, igualitario y secreto para la solución de los problemas más apremiantes que enfrenta el país: jornada laboral de ocho horas, expropiación de la tierra y conquista de la independen­cia nacional.

Al rechazar las reivindicaciones transicionales de­mocrático - revolucionarias, el Sexto Congreso dejó al Partido Comunista Chino sin consignas, negándole, por consiguiente, la posibilidad de asumir en la situación contrarrevolucionaria la tarea de movilizar a las masas.

La Oposición china repudia esa política inoportuna y derrotista, y predice que apenas los obreros comiencen a superar su parálisis levantarán inevitablemente con­signas democráticas. Silos comunistas se quedan atrás, el reanimamiento de la lucha política beneficiará a la democracia pequeñoburguesa, y se puede predecir des­de ya que los stalinistas chinos quedarán rezagados, al otorgarle a las consignas democráticas un contenido conciliador no revolucionario.

Por lo tanto, la Oposición considera necesario acla­rar de antemano que el verdadero camino hacia la solu­ción de los problemas de la independencia nacional y la elevación del nivel de vida de las masas populares es un cambio radical en el conjunto de la estructura social, a través de una tercera revolución china.

Por ahora, resulta difícil predecir cuándo y de qué manera se iniciará en el país el reanimamiento revolu­cionario. Sin embargo, existen síntomas que permiten concluir que el reanimamiento político estará precedido por un cierto reanimamiento económico, con mayor o menor participación del capital extranjero.

Un reanimamiento económico, aunque sea de corta duración, volverá a reunir a los obreros en las fábricas, elevará su confianza de clase y sentará así las condicio­nes para la creación de organizaciones sindicales y para una nueva ampliación de la esfera de influencia del Par­tido Comunista. El reanimamiento industrial no liquidaría a la revolución. Todo lo contrario: en ultima ins­tancia, reviviría y agudizaría todos los problemas no resueltos y todos los antagonismos de clase y subclase (entre los militares, la burguesía y la “democracia”, entre la burguesía “nacional” y el imperialismo y, por ultimo, entre el proletariado y la burguesía en su con­junto), que en la actualidad están reprimidos. El ascenso sacaría de la opresión y la pasividad a las masas po­pulares chinas. La crisis que sobrevendría inevitablemente daría un nuevo impulso a la revolución.

Desde luego, estos procesos podrían verse frenados o acelerados por factores de índole internacional.

Por lo tanto, la Oposición no se ata a esquemas prefabricados. Su deber es seguir el desarrollo real de la vida interna del país y de la situación internacional. Todos los virajes tácticos de nuestra línea deben efec­tuarse en concomitancia con la verdadera situación de cada etapa sucesiva. Y nuestra línea estratégica gene­ral ha de conducir a la conquista del poder.

La dictadura del proletariado chino debe enmarcar a la revolución china en la revolución socialista inter­nacional. La victoria del socialismo en China, como en la URSS, es imposible fuera del contexto de una revolu­ción internacional victoriosa. La Oposición rechaza categóricamente la reaccionaria teoría stalinista del socialismo en un solo país.

Las tareas inmediatas de la Oposición son:

a) publicar los documentos mas importantes de los bolcheviques leninistas (Oposición).

b) Comenzar a publicar lo antes posible un órgano semanal teórico y político de la Oposición.

c) Seleccionar, en base a un criterio claro, a los me­jores elementos comunistas, los mas dignos de confian­za, capaces de soportar la presión de la contrarrevolu­ción, para crear una fracción centralizada de bolchevi­ques leninistas (Oposición) y prepararse a si mismos y a los demás para un nuevo ascenso.

d) Mantenerse constantemente en .contacto activo con la Oposición de Izquierda de los demás países, con el fin de poder construir, en el menor tiempo posible, una fracción bolchevique leninista (Oposición) interna­cional fuerte e ideológicamente unificada.

Sólo esa fracción, que abierta y audazmente levan­tará sus propias banderas dentro y fuera de los partidos comunistas, podrá salvar a la Internacional Comunista de la decadencia y la degeneración y hacerla volver al rumbo marcado por Marx y Lenin.



[1] La situación política en China y las tareas de la Oposición bolchevique leninista. Biulleten Opozitsi, Nº 1-2, julio de 1929. Sin firma. Traducido [al inglés] para este volumen [de la edición norteamericana] por Iain Fraser. Este articulo llevaba como introducción una declaración de los directores del Biulleten: “El documento que publicamos a continuación es el programa de los bolcheviques leninistas chinos (Oposición). Su elaboración estuvo precedi­da por numerosas discusiones entre los oposicionistas chinos. El proyecto inicial se sometió luego a la aprobación de los camaradas de la Oposición de Rusia, de Francia y de Austria. En consecuencia, el presente programa de la Oposición de Izquierda china es también un documento internacional, tanto por su importancia política como por su origen. Después de una discusión privada entre los representantes de los cuatro grupos nacionales de la Oposi­ción recién mencionados (chinos, rusos, franceses y austríacos) se reconoció la necesidad de lanzarse de inmediato a la formación de una fracción interna­cional bolchevique leninista, tomando como base los documentos programáticos de la Oposición rusa. El primer paso en esta dirección debe ser la publi­cación de un periódico teórico y político de la Oposición internacional.”

[2] Las características de las tres etapas de la revolución china de 1927 son: Shangai, la matanza de fuerzas revolucionarias por Chiang Kai-shek (abril); Wuhan, el bloque del Kuomintang de Izquierda con Chiang Kai-shek y la supresión del PC llevada a cabo por este bloque (junio - julio); Cantón, la aven­tura putchista aplastada en diciembre.

[3] Wang Ching-wei (1884-1944): dirigente del Kuomintang de Izquierda y del gobierno de la industrializada Wuhan, al que apoyaron los stalinistas lue­go del chasco que se llevaron con Chiang Kai-shek.



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