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¿Cómo pudo suceder?[1]

 

 

25 de febrero de 1929

 

 

 

¿Cómo fue posible que esto sucediera? Se puede responder de dos maneras: describiendo el mecanismo interno de la lucha entre los grupos dominantes o des­cubriendo las profundas fuerzas sociales subyacentes. Los dos enfoques son correctos y no se excluyen recí­procamente, antes bien, se complementan. Es natural que el lector quiera saber, en primer término, cómo se produjo concretamente un cambio tan radical en la di­rección, con qué medios pudo Stalin adueñarse del aparato y dirigirlo contra los demás. En comparación con el problema esencial del reacomodamiento de las fuerzas de clase y la progresión de las etapas de la revolución, la cuestión de los agrupamientos y combinaciones per­sonales sólo tiene una importancia secundaria. Pero, dentro de sus límites, es perfectamente legítima y hay que aclararla.

¿Qué es Stalin? Para dar una caracterización concisa habría que decir: es la mediocridad más destacada de nuestro partido. Está dotado de sentido práctico, una fuerte voluntad y perseverancia en la prosecución de sus objetivos. Su perspectiva política es sumamente es­trecha. Y su nivel teórico es igualmente primitivo. Su trabajo de recopilación Fundamentos del leninismo, en el que trató de exaltar las tradiciones teóricas del parti­do, está lleno de errores elementales. Su desconoci­miento de idiomas extranjeros - no conoce uno solo lo obliga a seguir indirectamente la vida política de otros países. Su mente es obstinadamente empírica y desprovista de imaginación creadora. En el grupo diri­gente del partido (en círculos más amplios era totalmente desconocido) siempre se lo suponía destinado a desempeñar papeles secundarios o subsidiarios. Y el hecho de que hoy juegue el papel dirigente refleja más las características del actual período de transición, de equilibrio inestable, que su propia personalidad. Como dijo una vez Helvecio: “Toda época tiene sus grandes hombres y, si éstos faltan, los inventa.”

Como todos los empíricos, Stalin está lleno de con­tradicciones. Actúa según sus impulsos, sin perspecti­vas. Su línea política es una serie de zigzags. Para cada zig o cada zag, inventa alguna teoría baladí o se la en­carga a otros. Su actitud hacia las personas y los hechos es sumamente irresponsable. Jamás se avergüenza de llamar blanco a lo que ayer llamaba negro. No sería difícil reunir un catálogo asombroso de las afirmaciones contradictorias de Stalin. Citaré un solo ejemplo, que es el que mejor se adecua a los límites de un artículo perio­dístico. Pido disculpas de antemano, porque el ejemplo concierne a mi persona. En los últimos años Stalin em­peñó todos sus esfuerzos en lo que se llama “la demisti­ficación de Trotsky”. Se elaboró apresuradamente una nueva historia de la Revolución de Octubre, junto con una nueva historia del Ejército Rojo y una nueva histo­ria del partido. Stalin dio la señal para la revisión de los valores con su declaración del 19 de noviembre de 1924:

“Trotsky no desempeñó ni pudo haber desempeñado un papel destacado en el partido ni en la Revolución de Octubre.” Comenzó a repetir esta afirmación en toda ocasión propicia.

Alguien le recordó a Stalin un artículo que él mismo había escrito para el primer aniversario de la revolu­ción. El artículo decía textualmente: “Todo el trabajo de organización práctica de la insurrección fue realiza­do bajo la dirección inmediata del presidente del Soviet de Petrogrado, Trotsky. Puede decirse con certeza que el partido debe ante todo y fundamentalmente a Trots­ky el rápido paso de la guarnición al bando del Soviet y la eficaz organización del trabajo del Comité Militar Re­volucionario.”

¿Qué hizo Stalin para salir de esta embarazosa con­tradicción? Muy sencillo: intensificó sus invectivas con­tra los “trotskistas”. Existen cientos de ejemplos por el estilo. Sus comentarios sobre Zinoviev y Kamenev[2] se destacan por sus contradicciones igualmente flagran­tes. Y podemos estar seguros de que en un futuro pró­ximo Stalin comenzará a expresar de la manera más ponzoñosa, sobre Rikov, Bujarin y Tomski,[3] las mismas opiniones que hasta el momento tacha de perver­sas calumnias de la Oposición.

¿Cómo se atreve a caer en contradicciones tan fla­grantes? La clave del asunto es que sólo pronuncia sus discursos o escribe sus artículos cuando su adversario ya no tiene posibilidad de responder. Las polémicas de Stalin son el eco tardío de su técnica organizativa. El stalinismo es, ante todo, el trabajo mecánico del apa­rato.

Lenin, en lo que se conoce como su “testamento”[4], menciona dos características de Stalin: rudeza y deslealtad. Pero éstas no se desarrollaron al máximo hasta después de la muerte de Lenin. Stalin quiere envenenar lo más posible la atmósfera de la lucha interna del parti­do y colocarlo así, ante el hecho consumado de una rup­tura.

Este cocinero sólo preparará platos muy pican­tes", le advertía Lenin al partido ya en 1922.[5] El de­creto de la GPU que acusa a la Oposición de prepararse para la lucha armada no es el único plato de este estilo preparado por Stalin. En julio de 1927, cuando la Oposi­ción todavía estaba en el partido y tema su representa­ción en el Comité Central, Stalin repentinamente pre­guntó: “¿Es verdad que la Oposición se opone a la victoria de la URSS en las próximas batallas contra el imperialismo?”

Demás está decir que semejante insinuación carecía por completo de fundamento. Pero el cocinero ya había comenzado a preparar el plato llamado Artículo 58. Puesto que el problema de la actitud de la Oposición hacia la defensa de la URSS es de importancia interna­cional, considero necesario, teniendo en cuenta los inte­reses de la república soviética, citar algunos pasajes del discurso en que respondí a la pregunta de Stalin.

“Olvidemos por un instante la descarada insolencia de la pregunta - dije en el discurso que pronuncié en agosto de 1927 ante el Comité Central y la Comisión de Control Central -.Y no nos detengamos en la caracteri­zación tan cuidadosa que hizo Lenin de los métodos de Stalin: ‘rudos y desleales’. Tomaremos la pregunta tal cual está planteada y responderemos. Sólo las Guardias Blancas[6] podrían ‘oponerse a la victoria de la URSS en las próximas batallas contra el imperialismo’ [...] Lo que Stalin tiene en mente es, en realidad, otra pregun­ta: ‘¿Piensa realmente la Oposición que la dirección de Stalin es incapaz de garantizar la victoria de la URSS?’ [...] Sí, la Oposición piensa que la conducción de Stalin dificulta enormemente la victoria [...] En caso de gue­rra [...] todos los militantes de la Oposición ocuparán el puesto que les asigne el partido, sea en el frente o en la retaguardia [...] Pero ninguno renunciará a su derecho y su deber de luchar por enderezar el rumbo del partido [...] En resumen: ¿por la patria socialista? ¡Sí! ¿Por el curso stalinista? ¡No!” Hoy, a pesar de que las circunstancias han cambiado, estas palabras mantienen toda su vigencia y obligan tanto como entonces.

Junto con los supuestos preparativos de la Oposición para la lucha armada y nuestra actitud supuesta­mente negativa hacia la defensa del estado soviético, me veo obligado a traer a colación un tercer plato del menú de especialidades stalinistas: la acusación de que perpetramos actos terroristas. Al llegar a Constantino­pla me enteré de que habían aparecido en la prensa mundial ciertos informes de origen turbio acerca de una supuesta conspiración terrorista, en la que estaban involucrados, se decía, ciertos grupos de la Oposición “trotskista”. Conozco perfectamente el origen de estos rumores. En cartas enviadas desde Alma-Ata frecuen­temente tuve ocasión de advertir a mis amigos que Stalin, por la senda que había escogido, sentiría la necesi­dad cada vez más apremiante de descubrir “conspiraciones terroristas” entre los “trotskistas”.

Atribuirle a la Oposición planes para una insurrec­ción armada, dirigida por un estado mayor de revolucionarios experimentados y responsables, era una tarea ingrata. Era muchísimo más fácil atribuirle objetivos te­rroristas a algún grupo de “trotskistas” anónimos. Evidentemente, los esfuerzos de Stalin se orientan actualmente en esa dirección. Lanzar a priori una advertencia pública quizás no le imposibilite a Stalin el cumplimiento de sus planes, pero al menos le dificultará la tarea. Por eso lo hago.

Stalin emplea tales métodos de lucha, que ya en 1926 me sentí obligado a decirle, en una reunión del Buró Político,[7] que estaba postulando su candidatura para el puesto de sepulturero de la revolución y el parti­do. Repito hoy esta advertencia, pero con énfasis redo­blado. De todas maneras, hoy estamos tan convencidos como en 1926 de que el partido vencerá a Stalin, y no Stalin al partido.



[1] ¿Cómo pudo suceder?, de Jto i Kak Proizoslo? Traducido [al inglés] para este volumen [de la edición norteamericana] por George Saunders; en el momento de su publicación apareció una traducción en el New York Times del 28 de febrero de 1929 (Trotsky caracteriza a su enemigo Stalin) y en otros periódicos.

[2] Gregori Zinoviev (1883-1936) y Leon Kamenev (1883 1936): viejos bolche­viques que ocuparon altos cargos en la época de Lenin, Zinoviev el de presi­dente de la Comintern (1919-1926) y Kamenev, entre otros, el de secretario de Lenin. En 1923 lanzaron junto con Stalin la campaña contra el “trots­kismo” y luego formaron un bloque con Trotsky en contra de Stalin, la Oposición Conjunta (1926-1927). Expulsados del PC en 1927, capitularon ante Stalin y fueron readmitidos. Expulsados de nuevo en 1932, se volvieron a retractar, pero en 1935 los condenaron a diez años de cárcel, los juzgaron otra vez en 1936, en el primer Juicio de Moscú, y los ejecutaron.

[3] Alexei Rikov (1881-1938) Nikolai Bujarin (1888-1938), y Mijail Tomski (1886-1936): viejos bolcheviques que durante décadas se destacaron por su actividad revolucionaria; desde 1923 hasta 1925 hicieron un bloque con Stalin contra la Oposición de Izquierda. Rikov fue electo comisario del interior en 1917 y, después de la muerte de Lenin, presidente del Consejo de Comisarios del Pueblo (1924-1930). Bujarin fue director de Pravda (1918-1929) y presidente de la Comintern (1926-1929). Tomski era conocido, sobre todo, como dirigente de los sindicatos soviéticos. Los tres capitularon ante Stalin en 1929 y luego se les permitió jugar un rol secundario, pero eso no los salvó. Tomski se suicido en el Juicio de Moscú de 1936; Rikov y Bujarin fueron ejecutados en el juicio de 1938.

[4] En su testamento, escrito en diciembre de 1922 y enero de 1923, Lenin dio su caracterización final de todos los demás dirigentes soviéticos. Como en él planteaba la remoción de Stalin de su cargo de secretario general, el testa­mento desapareció de la Unión Soviética hasta después de la muerte de Stalin; ahora aparece incluido en el tomo 36 de las Obras completas de Lenin. El ensayo que escribió Trotsky el 31 de diciembre de 1932 sobre el testamento desaparecido está publicado en la colección Lenin’s Fight Against Stalinism [La lucha de Lenin contra el stalinismo], Pathfinder Press, 1975.

[5] Trotsky señala consecuentemente que Stalin fue designado secretario general en 1921 y que este comentario de Lenin el respecto data del mismo año. Aquí y en otras partes de los Escritos, los editores [norteamericanos] cambiaron esta fecha por la de 1922. Stalin fue electo secretario general en 1922, inmediatamente después del Undécimo Congreso del PCUS. En

Mi vida, Trotsky dice que Zinoviev propuso la candidatura de Stalin en el Décimo Congreso (1921) y que la elección siguió inmediatamente al congreso. En realidad, Stalin tomó el control organizativo del partido en el Décimo Congreso. Aunque en ese momento él no era miembro del secretariado, tres partidarios suyos, Molotov, Iaroslavski y Mijailov, reemplazaron al secretariado existente. Cuando entró al Secretariado en 1922, lo hizo como “secretario general”. Según Robert C. Tucker (Stalin as a revolutionary [Stalin como revolucionario] W.W. Norton, 1973), las elecciones posteriores al Undécimo Congreso simplemente formalizaron una situación que comenzó en 1921.

[6] Guardias Blancas, rusos blancos y blancos: son designaciones de las fuerzas contrarrevolucionarias rusas a partir de la Revolución de Octubre. Este discurso, que Trotsky cita varias veces en este volumen, aparece publicado en The Stalinist School of Falsification [La escuela stalinista de fal­sificación].

[7] El Politburó (Buró Político): en la época de Lenin, un organismo subordinado al Comité Central del PC. El primer Politburó, electo en 1919, estaba formado por Kamenev, Krestinski, Lenin, Stalin y Trotsky. La reunión a la que Trotsky se refiere se realizó el 25 de octubre de 1926. Ese año lo constituían Bujarin, Kalinin, Molotov, Rikov, Stalin, Trotsky, Tomski, Voroshilov y Zinoviev. En 1929, cuando Trotsky fue deportado, lo formaban Bujarin, Kalinin, Kuibishev, Molotov, Rudzutak, Rikov, Stalin, Tomski y Voroshilov. Bujarin y Tomski fueron removidos en 1929, Rikov en 1930.



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