Obra de LT Menu Biblioteca Menu Publicaciones Menu Estudios Menu Novedades

El problema básico y fundamental[1]

 

 

10 de mayo de1929

 

 

 

Estimado camarada Souvarine:

 

Trataré una vez más de expresarme brevemente y con toda franqueza, aunque debo decirle que cada car­ta suya más defrauda que incentiva mis esperanzas sobre una posible colaboración entre nosotros. Debo decir que usted se empeña en soslayar todas las cues­tiones de principios, tanto en los problemas sociales como en los fundamentales, y que centra su atención en los asuntos de índole psicológica y personal. En su primera carta me aconseja que espere y piense bien las cosas, a la vez que me previene de que tendré ocasión de lamentar mi apresuramiento. En su segunda carta me acusa de juzgar a los individuos de manera abstrac­ta. Sus observaciones me autorizan a responderle con toda franqueza. Usted reemplaza, o propone remplazar, para la selección de los individuos, los criterios políticos estrictos por las cualidades y el talento personal. En todos sus juicios hace abstracción de las tendencias políticas fundamentales, es decir, de los alineamientos sociales latentes, para remplazarlos con la evaluación cualitativa de las personas, grupos, medios y recursos en cuestión. Eso no conduce ni puede conducir a ningu­na parte. Usted se lamenta del error cometido por los representantes de la Oposición rusa. Reconozco que se adoptaron medidas equivocadas, pero estoy seguro de que usted exagera, porque cuando uno se aparte de la línea política fatalmente se le distorsiona el sentido de la proporción. De hecho, usted se apartó de la línea po­lítica. Nadie puede retornar, y usted menos que nadie. Si no le hubiera ocurrido nada importante, me habría bastado con leer apenas diez líneas de su carta para determinar su posición política. Los políticos que se apoyan en la madurez y la experiencia y saben lo que quieren se entienden con pocas palabras. Tienen claro si están en el mismo bando o en campos enemigos. Pero usted soslaya todas las cuestiones que constituyen el punto de partida. ¿Acaso teme instintivamente a que se descubra su talón de Aquiles, es decir, que usted no tiene línea política? Se niega a asumir responsabilida­des por Brandler. ¿Acaso adoptó al respecto la posición implacable que la política oportunista de aquél exige? ¡No! Usted ataca a quienes comparten mis ideas porque son demasiado dóciles o no son lo suficientemente independientes, o por otras fallas reales o ficticias, pero siempre personales o psicológicas. La línea polí­tica queda fuera de su campo visual. Incluso en una carta personal sólo habla de las “contradicciones” de Brandler. Tanto las personas que comparten las ideas de uno como las que uno combate pueden tener tal o cual contradicción. Antes de hablar de contradicciones es necesario determinar - en base a hechos esenciales - a qué bando pertenece Brandler, al de nuestros amigos o al de nuestros enemigos. Usted elude este problema básico y fundamental. ¿Por qué? Porque usted mismo todavía no ha decidido en qué bando está.

Estos indicios son sumamente alarmantes. Usted escogió un camino que conduce hacia la derecha.

No sé hasta qué punto este proceso lo afectó, mejor dicho, prefiero no decirlo. ¿Hay que considerarlo un caso perdido? Este es el único motivo de mi carta. Sin la menor ironía - por el contrario, con toda la seriedad que la gravedad de la situación requiere- le devuelvo su consejo: tómese su tiempo. No adopte una decisión apresurada antes de examinar cuidadosamen­te sus pensamientos. No se apure a enviar a la imprenta cada fase transitoria de su pensamiento actual. No se apresure hoy a aferrarse a un pequeño error, sólo para descubrir que mañana lo apoya con mayor firmeza, co­metiendo así un error más grande, que puede resultar irreparable.

No envío copia de esta carta a nadie porque, a pesar de la pésima impresión que me causó su carta anterior, no quiero abandonar toda esperanza de trabajar con usted sin antes haber hecho lo posible por lograrlo y sin agregar la advertencia antes mencionada, que hago con toda sinceridad.



[1] El problema básico y fundamental. De Contributions à l’histoire du Comintern, editado por Jacques Freymond, Libraire Droz, Ginebra, 1965. Sin firma. Traducido [al inglés] para este volumen [de la edición norteamericana] por Dick Fidler. Es otra carta a Boris Souvarine.



Foro sólo para inscritos

Para participar en este foro, debe registrarte previamente. Gracias por indicar a continuación el identificador personal que se le ha suministrado. Si no está inscrito/a, debe inscribirse.

Conexióninscribirse¿contraseña olvidada?