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Puro y transparente como el cristal[1]

 

 

Marzo de 1930

 

 

 

En el cuartel general de la Internacional Comunista se produjeron algunos hechos misteriosos. El aparato se ha vuelto tan poderoso que ya no siente el menor reparo en cumplir su “función" secreta a la luz del día. Se publican artículos y documentos que obviamente tienen un sentido muy especial, diríase oculto. En dichos artículos los sacerdotes de la primera categoría hablan un idioma que sólo entienden los sacerdotes de la segunda. Para los de la tercera, el sentido oculto de ese lenguaje resulta incomprensible, y al común de los mortales sólo le queda especular sobre el significado de todo eso.

El número 1 (1930) de la revista Bolchevique -hija dilecta del misticismo y la mistificación buro­cráticos- contiene tres discursos que Stalin pronunció ante el presidium y los comités de la Comintern en mayo de 1929.

Los editores de la revista subrayaron cuidadosamente que cada discurso “se publica por primera vez”. Pero no explican los motivos que los llevaron a enviar a la imprenta estos discursos tan viejos y -¡ay!- tan malos. Corresponden al período en que Lovestone, todavía integrante de la presidencia de la Comintern, competía con Foster[2] por el puesto de sacerdote de primera categoría. La manera en que el discurso des­cribe la competencia no carece de cierta cínica preci­sión. Veamos la forma tan realista en que Stalin pinta la lucha entre estos dos clanes por el derecho a erigirse en representantes norteamericanos de las ultimas revela­ciones del leninismo:

“El grupo de Foster, buscando demostrar su lealtad hacia el partido ruso, se declara ‘stalinista’. ¡Muy bien! Nosotros, los partidarios de Lovestone, dejaremos atrás al grupo Foster y exigiremos la expulsión de la Comin­tern del camarada Bujarin. ¡A ver si los partidarios de Foster son capaces de hacer algo mejor! ¡Ya verán, allá en Moscú, cómo jugamos a la bolsa los norteameri­canos! El grupo de Foster, que busca demostrar que es carne y uña con la Internacional Comunista, exige que se aplique la resolución de la misma y se expulse a Pepper. ¡Muy bien! Nosotros, los partidarios de Loves­tone, iremos más lejos y expulsaremos a Pepper del partido. ¡ A ver si los partidarios de Foster son capaces de hacer algo mejor! ¡Ya verán, allá en Moscú, cómo jugamos a la bolsa los norteamericanos!" (Bolche­vique, 1, 1930, p. 10.)

Para comprender estas líneas en toda su signifi­cación hay que recordar que, después de todo, acá no se habla de corredores de bolsa sino de dos fracciones, una de las cuales dirigió al partido norteamericano durante algunos años y participó en la dichosa campaña contra el trotskismo. Posteriormente, se puso a la otra a la cabeza del partido norteamericano para cumplir las tareas del "tercer período".

Uno no puede menos que preguntarse ¿qué fin persigue Stalin al publicar hoy estos discursos, muchos meses después de haberlos pronunciado, colocando así a Foster, que levanta el pendón enhiesto del stali­nismo, en el mismo plano con Lovestone, expulsado de la Internacional Comunista? Gran misterio. Un hecho tan inesperado como la publicación de discursos pronunciados en las reuniones más secretas sería totalmente incomprensible si no se supusiera que se está gestando una nueva maniobra de trastienda, y los sacerdotes de la primera categoría consideran oportuno advertírselo a los Sacerdotes de la segunda.

Pero, ¿es lícita esa suposición tan irrespetuosa? A partir de ciertas observaciones que hace Stalin en su discurso, parecería que no. El tema general del dis­curso es -créase o no- la moral revolucionaria. Sí, sí. No es broma. Veamos lo que dice el eximio orador:

“O somos leninistas, y nuestras relaciones mutuas, así como las relaciones de las distintas Secciones y la Internacional Comunista, se construyen sobre la confianza mutua, y son puras y transparentes como el cristal, dejando así a un lado los sucios ardides diplo­máticos [...] o no somos leninistas, y entonces [...]", entonces, claro está, lo permitimos todo: intrigas, mentiras, insinuaciones sucias, viles calumnias, asesi­natos y emboscadas.

Sin embargo, Stalin, como leninista que es, según sus propias palabras, es “puro y transparente como el cristal”. La veracidad de esto quedó certificada, como todos saben, de una vez y para siempre por el mismo Lenin, cuando lo calificó de desleal. ¿Qué significa, entonces, la publicación inesperada de este viejo dis­curso? Porque debe tener algún significado, ¿Se trataba solamente de terminar de desacreditar al expulsado Lovestone? Supongamos que sí. Entonces, ¿qué tiene que ver Foster? ¿Por qué el moralista puro y transparente como el cristal cubre de barro al actual dirigente de ese partido? Sigamos leyendo: “Para caracterizar la forma en que se distorsiona y se ensucia la pura moral comunista en el curso de una lucha fraccional, podríamos referirnos a hechos como, por ejemplo, mi conversación con los camaradas Foster y Lovestone [...] Me refiero a una conversación que tuvo lugar en la época del Sexto Congreso. Es característico de Foster que, en una carta a sus amigos, se refiera a esta conversación como si fuera algo misterioso, que no habría que mencionar en voz alta... ¿De dónde viene esa mística? ¿Y para qué sirve, queridos camaradas? ¿Qué podría haber de mis­terioso en mi conversación con los camaradas Foster y Lovestone? Al escuchar a estos camaradas, se podría recibir la impresión de que yo les decía cosas que me avergonzaría de contarles a ustedes. Pero es absurdo, queridos compañeros. ¿Para qué sirve todo este misti­cismo? ¿Es tan difícil comprender que no tengo nada que ocultar a los camaradas? ¿Es tan difícil comprender que estoy dispuesto siempre y en todo momento a repetir ante los camaradas el contenido de mi conversa­ción con Foster y Lovestone desde el principio hasta el fin?" (p. 11, el subrayado es nuestro.)

De manera que acusa a Foster nada más y nada menos que del crimen de “distorsionar" y “ensuciar la pura moral comunista". ¡ Pero Foster está a la cabeza del Partido Comunista de Estados Unidos! Foster es miembro de la presidencia de la Comintern. ¿Cómo hemos de interpretarlo?

No exigimos que todos los comunistas, aunque pertenezcan a la raza de los lideres, sean necesariamente “puros y transparentes como el cristal". Sería una norma demasiado elevada, casi sobrehumana. Pero así y todo existen muchas graduaciones entre la “suciedad” y el “cristal”. ¿Qué explicación puede encontrar un simple mortal al hecho de que un especu­lador de la bolsa, Lovestone, haya sido reemplazado por Foster, que ensucia la “pura moral comunista"?

¿Y por qué -acá vamos al meollo de la cuestión- el líder de líderes, puro y transparente como el cristal, juzga necesario desenterrar esta vergüenza oculta tantos meses después del remplazo del especulador Lovestone por el sucio Foster al mando del timón?

Por lo menos estos discursos nos enseñan algo -sobre lo cual, a decir verdad, no abrigábamos ninguna duda-, y es que Foster no obtuvo su victoria a espaldas de Stalin sino todo lo contrario, con ayuda de alguna conversación de trastienda con él. “¿De dónde viene esta mística y para qué sirve, queridos camaradas?" Precisamente: ¿de dónde, para qué? ¿Tan difícil es comprender que Stalin no tiene nada que ocultarles a los camaradas? ¿Tan difícil es entender que Stalin está “dispuesto en todo momento a repetir ante los camaradas absolutamente todo desde el principio hasta el fin”: todo, absolutamente todo?

A pesar de nuestra confusión, no resistimos la tentación de ofrecer una hipótesis: ¿No será todo esto el primer paso hacia el derrocamiento de Foster? De otra manera no se entiende por qué resulta necesario calum­niar a un líder recientemente ungido, acusándolo de ensuciar. Y la situación no se aclara con la lectura de la siguiente cita, tomada del discurso de Stalin:

¿Cuál es la solución?, se pregunta, y responde: El camarada Foster sugirió una solución viable. Según su propuesta, es necesario transferir la dirección a la minoría ¡es decir, al grupo de Foster! ¿Se puede acep­tar esta solución? No, no se la puede aceptar. La dele­gación del CElC cometió un error al diferenciarse tajan­temente del grupo mayoritario ¡el grupo de Lovestone! y no hacerlo, al mismo tiempo, del grupo minoritario. La propuesta del camarada Foster, con todas sus conse­cuencias, cae de su propio peso. (p. 12.)

Parece que en mayo de 1929 Stalin le negó termi­nantemente a Foster el derecho a heredar el puesto de Lovestone. Sin embargo, ¿fue tan terminante la nega­tiva? En ese momento se sobreentendía que Foster todavía tenia que dar muestras de “lealtad”.

Stalin acusaba a Foster, como al pasar, de haber estado dispuesto, en aras de la lucha fraccional con Lovestone, a utilizar a los “trotskistas enmascarados”. Esa fue la principal acusación en mayo de 1929. En ese momento el objeto del sermón de Stalin no era desacre­ditar sino intimidar a Foster. Y su éxito fue total. Cuando le exigieron pruebas de su lealtad, Foster res­pondió con creces. En la lucha contra la Oposición de Izquierda se superó a sí mismo. Consecuencia de ello fue que, después de una conversación con Stalin en Moscú, Foster recibió en sus manos el “aparato” norteamericano y... de minoría pasó a ser mayoría. En medio de esta operación, mientras Foster “ensu­ciaba la moral comunista” con todo éxito, Stalin se mantuvo en silencio. Pero ahora que la suerte del comu­nismo oficial de Estados Unidos está totalmente en manos de Foster, Stalin publica su viejo sermón con un agregado misterioso: “Publicado por primera vez."

El asunto se complica aun más con el siguiente ataque totalmente inesperado:

“Foster y Bittelman[3] -se indigna el orador- no ven nada de malo en declararse ’stalinistas’ para demostrar su lealtad hacía el Partido Comunista ruso. Pero esto es realmente indecente, queridos camaradas. ¿Acaso no saben que no hay [!] ni debe haber (!!) ’sta­linistas’? ¿Cómo se le pueden tolerar semejantes indecencias a una minoría?" (p. 9.)

Parece que declararse stalinista constituye una indecencia. ¿Quién lo hubiera dicho? En la misma edi­ción de Bolchevique, otro “cristal" más pequeño pero no menos transparente llamado Kuusinen demuestra, a lo largo de veinte apretadas páginas, que ser stali­nista es el primer y en realidad único deber de todo funcionario seriamente preocupado por su futuro. El artículo del héroe sin par de la revolución finlandesa de 1918 no se queda corto ni en el título: Stalin y la bolchevización del partido.

Con su brillantez habitual, el autor demuestra que la Internacional Comunista debe a Stalin todos sus éxitos en China, Gran Bretaña y otros países; sus derro­tas, a otras personas. Por su Parte, Stalin ensalza a Kuusinen en su discurso. Pero tenemos que creer que se trata de un mero accidente, ninguna vinculación con el caso. Si en enero de 1930 Kuusinen llena veinte páginas para proclamarse stalinista, eso es asunto suyo. Pero cuando Foster hizo lo propio en mayo de 1929 sólo trataba de elevar el valor de sus acciones en la bolsa, lo que era “realmente indecente, queridos camaradas"

¿Será posible que todo esto no sea más que un lamentable malentendido? Parece que tendremos que llegar a esa conclusión, porque: “Camaradas, la Inter­nacional Comunista, después de todo, no es una bolsa de valores. La Internacional Comunista es el sancta­sanctórum de la clase obrera. No deben confundir la Comintern con la bolsa de valores." Estas son las formulaciones incomparables, puramente stalinistas. Provienen todas del mismo discurso.

No obstante, nos aferramos a la convicción de que todo lo que hay en el mundo tiene una causa, y todo lo que hay en política un propósito. ¿Es lícito suponer que este discurso “se publica por Primera vez" sólo para demostrar nuevamente la incorruptibilidad política de Stalin?

Dicha suposición no es de por sí inverosímil en el contexto del “tercer período" en curso, período que se caracteriza sobre todo por la propaganda mons­truosa, archinorteamericana, vergonzosamente inde­cente, sobre las personalidades que integran la superdirección. Así y todo resulta difícil creer que las reputaciones de dirigentes de segunda fila todavía no depuestos sean arrastradas por el fango sin necesidad aparente, que se las enlode al pasar, por pura casua­lidad. Si es verdaderamente así, significa que el régi­men burocrático ha entrado en un nuevo nivel de dege­neración bonapartista, en el que sus más estrechos colaboradores aparecen bajo la misma luz que la “plebe".

Pero creemos que el eje de la cuestión no es solamente ése. Todos los precedentes -que no son pocos nos llevan a la conclusión de que las acciones de Foster están en baja con la fracción de Stalin. ¿Por qué? No lo sabemos. Sólo sabemos que no se debe a razones de principio. Es dudoso que en ese terreno Foster quiera causar dificultades. ¿Qué pasa, entonces? El misterio todavía no se ha filtrado fuera de las dos primeras categorías sacerdotales. ¿Por qué, pues, no se lo pre­guntamos al autor de los discursos? El odia los miste­rios. “¿Es tan difícil comprender que no tiene nada que ocultarles a los camaradas? ¿Es tan difícil comprender que está dispuesto siempre y en todo momento, a decirles todo a los camaradas, desde el principio hasta el fin -todo, todo-?” -¿salvo, quizás, cómo y por qué asesinó a Blumkin?- (no vamos a ceder hasta obtener respuesta a esa pregunta).

Pero parece que Foster tendrá que prepararse para un cambio... salvo que este artículo lo salve.[4]

 

Posdata: Pravda del 7 de marzo informa que los discursos de Stalin sobre la cuestión norteamericana fueron publicados en un folleto[5]. La primera edición es de cien mil ejemplares. Teníamos razón. El asunto es mucho más “profundo" de lo que podría pensar un observador. Sin embargo, la clave del misterio no reside en el hecho de darle tamaña difusión a una serie de discursos tan fatuos (que, salvo algunos sofismas cínicos, no dicen nada). ¡Cien mil ejemplares! Enton­ces, de verdad las masas son el destinatario. Pero, ¿qué pensarán éstas de estos comentarios inesperados sobre la meteórica carrera de Foster? ¿Acaso el único objeto de la nueva edición es demostrarle a Foster que el jefe no bromea? ¿O tal vez la difusión apocalíptica es sólo un subproducto de la eficiencia de los funcionarios como en el caso de la colectivización? Cada vez resulta más difícil encontrar el rumbo en medio de los zigzags de la línea general.



[1] Puro y transparente como el cristal. The Militant, 26 de abril de 1930, firmado “Alpha”.

[2] William Z. Foster (1881-1961). Militante del PS, dirigente sindical y dirigente del PC. Fue candidato presidencial del PC en 1924, 1928 y 1932. Y presidió el partido después de la segunda guerra mundial.

[3] Alexander Bittelman (n. 1890). Había sido dirigente del sector de Foster del PC de Estados Unidos y al igual que aquel se lo degradó cuando Moscú eligió a Earl Browder para conducir el partido y en 1960 fue expulsado del PC por “revisionista”.

[4] Efectivamente, Foster fue desplazado por Earl Browder en la conducción del PC norteamericano a principios de la década del 30, y no volvió a recuperar ese puesto hasta 1945, cuando el Kremlin humilló, degradó y expulsó a Browder.

[5] Los discursos acerca del partido comunista de Estados Unidos que Stalin pronunció el 6 y 14 de mayo de 1929 fueron publicados en un folleto en 1931 por el PC norteamericano.

 



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