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Una propuesta a los calumniadores profesionales[1]

 

 

14 de mayo de 1940

 

 

 

La revista Futuro y el periódico El Popular vienen publicando sistemática y conscientemente calumniosas his­torias acerca de mi persona (preparo una huelga general contra el gobierno mexicano, estoy ligado a Cedillo y a un cierto doctor Atl, participo en la campaña electoral y en la conspiración contrarrevolucionaria, etcétera, etcé­tera). Ultimamente se dedican a mis relaciones secretas con el Comité Dies de los Estados Unidos “contra el pueblo de los Estados Unidos” (ver El Popular del 13 de mayo).

No vale la pena desmentir aquí todas las “acusaciones” porque son completamente insustanciales, no presentan hechos concretos ni hacen cargos precisos. Más aun, des­pués de cada refutación de mi parte, con referencias exactas a documentos, los calumniadores continúan, cam­biando la forma, repitiendo las mismas calumnias u otras directamente opuestas (hoy “agente del fascismo”, maña­na “agente de las democracias imperialistas”). Ni enjuicia­ré la personalidad moral de los “acusadores”, ayer intré­pidos luchadores contra el fascismo, hoy sus más serviles defensores. No es esto lo que me interesa. Sin embargo, creo que tengo derecho de exigir de estos acusadores públicos pruebas que sean tan públicas como sus acusa­ciones.

Durante mis tres años y medio de residencia en Méxi­co, a menudo propuse a estos caballeros que presenten sus “acusaciones” a una comisión imparcial para que efectúe una investigación pública. Estoy dispuesto a pre­sentarme cualquier día, a cualquier hora, ante esa comi­sión, siempre que esté constituida por las autoridades mexicanas, el Comité Nacional del PRM [Partido Revolu­cionario Mexicano, el partido gobernante en México] o cualquier otro organismo de imparcialidad reconocida. Hasta ahora no recibí respuesta a mi propuesta. La repito nuevamente, y al mismo tiempo preveo que no la acepta­rán. No se atreven a aceptar. No tienen nada, ni hechos, ni datos, ni siquiera una acusación bien pensada. Hablan­do claramente, mienten porque su jefe del Kremlin les ordena atacarme, y cada uno trata de demostrar una desvergüenza mayor que la de sus competidores.

Luego de la publicación de esta propuesta formal, que efectúo por última vez, esperaré setenta y dos horas la respuesta. Creo que transcurrido ese plazo cualquier persona honorable tendrá el derecho de considerar a estas personas calumniadores despreciables.



[1] “Una propuesta a los calumniadores profesionales”. De Los gángsters de Stalin. Traducido para esta obra por Will Reissner.



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