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Después del colapso de Checoslovaquia Stalin buscará un acuerdo con Hitler[1]

 

 

22 de septiembre de 1938

 

 

 

Checoslovaquia está desapareciendo del mapa de Europa como potencia militar. La pérdida de tres millones y medio de alemanes que le son profunda­mente hostiles sería una ventaja en el aspecto militar si no implicara la pérdida de las fronteras naturales. Los puntales de la fortaleza de los Sudestes caen con el rugido del cuerno fascista. Alemania no sólo conquista tres millones y medio de alemanes sino también una frontera firme. Si hasta ahora se consideraba a Checos­lovaquia un puente militar que unía la URSS con Europa, ahora se transforma en el puente que conduce a Hitler hasta Ucrania. La “garantía” internacional de independencia otorgada a lo que queda de Checoslo­vaquia significará muchísimo menos que la misma garantía que se otorgó a Bélgica antes de la guerra mundial.

El colapso de Checoslovaquia es el colapso de la política internacional que aplicó Stalin durante los últimos cinco años. La idea de Moscú de “una alianza de las democracias” para luchar contra el fascismo es una ficción sin perspectivas de vida. Nadie quiere luchar por un principio democrático abstracto; todos luchan por sus intereses materiales. Inglaterra y Francia prefieren satisfacer los apetitos de Hitler a expensas de Austria y Checoslovaquia más que a expensas de sus colonias.

La alianza militar entre Francia y la URSS pierde ahora el setenta y cinco por ciento de su validez, y fácilmente puede perder el cien por cien. Por lo menos hasta una nueva crisis, se hizo realidad la vieja idea de Mussolini de un pacto cuatripartito de potencias europeas bajo la dirección de Italia y Alemania.

El tremendo golpe asestado a la posición interna­cional de la URSS es la retribución por las continuas y sangrientas purgas que descabezaron al ejército, desbarataron la economía y revelaron la debilidad del régimen stalinista. El origen de la política derrotista está en el Kremlin. Tenemos la certeza de que ahora la diplomacia soviética intentará una aproximación a Hitler, al costo de nuevos repliegues y capitulaciones, que a su vez sólo pueden acercar el momento de la caída de la oligarquía stalinista.

El compromiso sobre el cadáver de Checoslovaquia no garantiza en lo más mínimo la paz; sólo le crea a Hitler una base más favorable para la próxima guerra. Los vuelos de Chamberlain pasarán a la historia como un símbolo de las convulsiones diplomáticas por las que atravesó la dividida Europa imperialista, ambiciosa e impotente, en vísperas de la nueva matanza que anegará en sangre al mundo entero.



[1] Después del colapso de Checoslovaquia, Stalin buscará un acuerdo con Hitler. Este artículo fue escrito como epilogo de “Frases y realidad” y fechado el 22 de setiembre de 1938. Pero cuando se publicó en Socialist Appeal del 8 de octubre de 1938 (con el título “Después de Munich Stalin buscará un acuerdo con Hitler") no se identificó como epílogo ni se le puso fecha. En la primera edición [norteamericana] de Escritos 1938-1939 tampoco se lo consi­deró un epílogo y se lo fechó erróneamente el 7 de octubre de 1938. Once meses después de escrito este artículo se hizo público el pacto entre Stalin y Hitler.



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