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El individuo en la historia[1]

 

 

1938

 

 

 

Me veo en la necesidad de aclarar una cuestión teórica que también tiene una gran importancia política. Se refiere esencialmente a la relación entre la personalidad política e histórica y el "medio". Para ir directamente al nudo del problema, quiero mencionar el libro de Souvarine sobre Stalin,[2] en el que el autor acusa a los dirigentes de la Oposición de Izquierda, yo incluido, de distintos errores, omisiones, mentiras, etcétera, que habrían comenzado en 1923.

No deseo en absoluto negar que hubo muchos errores, torpezas e incluso estupideces. Sin embargo, lo importante tanto desde el punto de vista teórico como político es la relación, o mejor dicho la despro­porción, entre estos "errores" y sus consecuencias. Precisamente en esta desproporción se expresó el carácter reaccionario de la nueva etapa histórica.

Cometimos no pocos errores en 1917 y en los años siguientes. Pero el huracán de la revolución los reparó y llenó los vacíos, a veces con nuestra ayuda, otras incluso sin nuestra participación directa. Pero para este período los historiadores, Souvarine incluido, son indulgentes, porque la lucha terminó con el triunfo. Durante la segunda mitad de 1917 y los años siguientes fue el turno de los liberales y mencheviques; ellos fueron los que cometieron errores, omisiones, desa­tinos, etcétera.

Para ilustrar esta "ley" histórica acudiré una vez más al ejemplo de la Gran Revolución Francesa. En ella, debido a que se dio en un pasado más remoto, las relaciones entre los actores y su medio aparecen mucho más delineadas y cristalizadas.

En un determinado momento de la revolución los dirigentes girondinos perdieron totalmente su sentido de orientación.[3] A pesar de su popularidad, de su inteligencia, no podían cometer más que errores y acciones inadecuadas. Parecían colaborar activa­mente para su propia caída. Después les llegó el turno a Danton y sus amigos.[4] Les historiadores y biógrafos nunca dejan de asombrarse ante la confusa, pasiva y pueril actitud de Danton durante los últimos meses de su vida. Le mismo vale para Robespierre y sus compa­ñeros:[5] desorientación, pasividad e incoherencia en el momento más crítico.

La explicación es obvia. Cada uno de estos grupos agotó en un determinado momento sus posibilidades políticas y ya no podía avanzar contra la todopoderosa realidad: las condiciones económicas internas, la presión internacional, las nuevas corrientes que éstas generaban entre las masas, etcétera. En esta situación, cada paso comenzó a producir resultados contrarios a los esperados.

Pero la abstención política no les era más favorable. Las etapas de la revolución y la contrarrevolución se sucedían a un ritmo acelerado, las contradicciones entre los de un determinado programa protagonistas y la cambiante situación adquirían un carácter ines­perado y extremadamente agudo. Eso da al historiador la posibilidad de desplegar su sabiduría retrospectiva para enumerar los errores, las omisiones, la ineptitud. Pero, desgraciadamente, estos historiadores se abstie­nen de señalar el camino que en una etapa de alza revolucionaria hubiera llevado a un moderado al triunfo, o por el contrario de señalar una política revolucionaria razonable para triunfar en un período termidoriano.



[1] El individuo en la historia. International Socialist Review, invierno de 1964, donde este extracto de una carta fue traducido por William F. Warde (George Novack) [al inglés] de las memorias de Pierre Naville Trotsky vivant.

[2] Boris Souvarine (n. 1893): estuvo entre los fundadores del Partido Comu­nista Francés. Uno de los primeros biógrafos serios de Stalin. Repudió el stalinismo en la década del 20 y fue el único delegado extranjero al decimotercer Congreso del PC Ruso que defendió a Trotsky contra las calumnias de los stalinistas. Poco después fue expulsado del partido francés. En la década del 30 se volvió antileninista. Para Trotsky era un ejemplo del cinismo y el derrotismo característicos de los renegados del bolchevismo.

[3] Girondinos: republicanos burgueses moderados que actuaron en La Revolución Francesa. Querían derrocar el antiguo régimen pero temían a las masas de campesinos pobres de la ciudad y del campo que eran quienes podían hacerlo; por lo tanto oscilaban entre La revolución y la contrarrevo­lución basta que finalmente optaron por esta última.

[4] Georges Danton (1759-1794): dirigente del ala derecha de los jacobinos, fue ministro de justicia desde 1792; lo decapitaron en la guillotina menos de un año después del gobierno de la Gironda.

[5] Maximiliano Robespierre (1758-1794): dirigente de los jacobinos, el verdadero jefe de estado desde 1793. Fue derrotado por la contrarrevolución del 9 de termidor y decapitado en la guillotina.



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