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Los intelectuales que ya no son radicales y la reacción mundial[1]

 

 

17 de febrero de 1939

 

 

 

Durante la última década el stalinismo ganó gran influencia en la generación más antigua de la intelli­gentzia radical. Sin embargo, hoy en los países avan­zados son cada vez más los que se alejan de esa influen­cia. Algunos están sinceramente desilusionados y otros simplemente comprenden que el barco corre peligro y se apuran en abandonarlo. "Sería ingenuo esperar que los “desilusionados" vuelvan al marxismo, con el cual, en realidad, nunca estuvieron consustanciados. Para la mayoría de los intelectuales su aleja­miento del stalinismo significa la ruptura total con la revolución y una reconciliación pasiva con la demo­cracia nacionalista. Estos "desilusionados" cons­tituyen un medio cultural excepcional para el cultivo de los bacilos del escepticismo y del Pesimismo.

Dicen: "Actualmente es imposible hacer nada. De cualquier manera toda Europa caerá bajo las garras del fascismo y la burguesía de Estados Unidos es demasiado poderosa. Los caminos revolucionarios no llevan a ninguna parte. Tenemos que adaptarnos al régimen democrático, tenemos que defenderlo de todos los ataques. La Cuarta Internacional no tiene futuro, por lo menos durante las próximas dos o tres décadas...", etcétera, etcétera.

Entre los desilusionados no están sólo los stalinistas sino también los camaradas de ruta de un momento del bolchevismo. Para citar un ejemplo, Víctor Serge anunció hace poco que el bolchevismo atraviesa una crisis que presagia a su vez la "crisis del bolchevismo". En su inocencia teórica, Serge se imagina ser el pri­mero en haber hecho este descubrimiento; Sin embar­go, en todas las épocas de reacción se elevaron las voces de cientos de reaccionarios inestables anunciando la "crisis del marxismo", su crisis final, crucial, mortal.

Está más allá de toda discusión el hecho de que el viejo Partido Bolchevique se ha desgastado, ha dege­nerado y perimido. Pero la ruina de un partido histórico determinado que durante un período se apoyó en la doctrina marxista en absoluto significa la ruina de esa doctrina. La derrota de un ejército no inválida los preceptos fundamentales de la estrategia. Que un artillero pegue lejos del blanco de ninguna manera inválida la balística, es decir el álgebra de la artillería. Que el ejército del proletariado sufra una derrota o que su partido degenere de ninguna manera inválida el marxismo, que es el álgebra de la revolución. Es evidente que el mismo Víctor Serge está atravesando una crisis, es decir está desesperadamente confundido, igual que miles de intelectuales. Pero Víctor Serge en crisis no implica la crisis del marxismo.

De todos modos, ningún revolucionario serio pensaría en utilizar como vara para medir la marcha de la historia a los intelectuales confundidos, a los stalinistas desilusionados y a los escépticos defrau­dados. Es indudable que hoy la reacción mundial asume proporciones monstruosas. Pero por eso mismo abona el terreno para la mayor de las crisis revolucio­narias. Tal vez el fascismo se apodere de toda Europa; Pero será incapaz de mantenerse no sólo durante miles de años, como lo sueña Hitler, sino incluso durante una década. La fascistización de Europa implicará un monstruoso agravamiento de las contradicciones de clase e internacionales.

Es absurdo, anticientífico y antihistórico suponer que la reacción continuará avanzando gradualmente como lo viene haciendo hasta ahora. Reacción significa la supresión mecánica de las contradicciones sociales. En un momento determinado las explosiones inevitable. La reacción mundial será derrocada por la mayor catástrofe de la historia, o más correctamente por una serie de catástrofes revolucionarias. La guerra inmi­nente, que todos esperan ahora para un futuro muy próximo, aplastará todas las ilusiones. No sólo las del reformismo, el pacifismo y el democratismo sino también las del fascismo. Un solo estandarte se elevará por sobre el caos sangriento, el del marxismo.

Hegel solía decir que todo lo racional es real.[2] Esto quiere decir que toda idea que se corresponde con las necesidades del desarrollo objetivo logra triunfar. Ningún individuo intelectualmente honesto puede negar que los análisis y pronósticos hechos por los bolcheviques leninistas -los partidarios de la Cuarta Internacional- durante los últimos quince años han sido y siguen siendo confirmados por los acontecimientos de nuestra época. Esto es lo que hace fuertes e inmutables a las secciones fundamentales de la Cuarta Internacional. Las catástrofes del capitalismo europeo y mundial que amenazan a la humanidad abrirán el camino a los templados cuadros marxistas revolu­cionarios.

Que los decepcionados se caven su propia tumba. La clase obrera no es un cadáver. La sociedad se sigue apoyando en ella. Necesita una nueva dirección. Solamente la encontrará en la Cuarta Internacional. Todo lo racional es real. Ya hoy la socialdemocracia y la stalinocracia son estupendas ficciones. Pero la Cuarta Internacional es una realidad indiscutible.



[1] Los intelectuales que ya no son radicales y la reacción mundial. Socialist Appeal, 14 de febrero de 1939. Sin firma. El 6 de marzo Trotsky envió la siguiente carta al Modern Quarterly (anteriormente se llamaba Modern Monthly), dirigida por V.F. Calverton, para diferenciarse de los intelectuales que se separaban del marxismo: Señores: estoy en total, desacuerdo con la tendencia general de vuestra revista y en consecuencia pido que saquen mi nombre de vuestra lista de contribuyentes. Sinceramente vuestro, León Trotsky." La carta se publicó en Socialist Appeal del 11 de abril de 1939 pero no en Modern Quaterly.

[2] Georg Wilhem Friedrich Hegel (1770-1831): el más eminente filósofo alemán de la primera mitad del siglo XIX, desarrolló el sistema dialéctico que Marx adaptó posteriormente al materialismo histórico.



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