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El contexto mundial, el expansionismo alemán y el crack del ’29

 

Andrea Robles 

 

 

Las tendencias expansionistas agresivas del capital alemán surgen desde su fundación imperialista[1]. A fines del siglo XIX el mundo ya estaba repartido entre la parte occidental del continente europeo y dejaba poco espacio para las nacientes potencias industrializadas (EE.UU., Japón, Alemania y Rusia). La Primera Guerra Mundial, no resolvió esta contradicción sino que por el contrario estableció un status quo internacional artificial, beneficiando en el reparto del mundo a Francia e Inglaterra, vencedoras en la contienda, cuyo potencial y desarrollo industrial siguió siendo inferior respecto del de Alemania y EE.UU. Esta contradicción aumentó con el transcurso de los años. Por un lado, Alemania no fue derrotada tan decisivamente como para eliminarla de la competencia por el liderazgo mundial. El triunfo de la revolución rusa y el temor a su expansión llevó a que los imperialismos europeos triunfadores no se arriesgaran a desarmar completamente a sus rivales alemanes para impedir que la clase trabajadora tomara el poder[2]. Durante la década del 20, sin colonias y sometida al pillaje de Versalles, posteriormente apoyada por Gran Bretaña para poner límites a la pretendida hegemonía francesa en Europa, Alemania pudo comenzar a rearmarse. Por otra parte, los gastos de la Primera Guerra dejaron a una Europa agudamente dependiente de EE.UU., cuya participación en la misma fue a modo de proveedor que enriqueciéndose afirmó su supremacía económica. Esta enorme dependencia del mundo introdujo las contradicciones de la economía mundial al interior del gigante americano, lo que provocó el crack de 1929.

La crisis económica mundial agudizó extremadamente las contradicciones en la estructura económica y política de los países imperialistas y su posición en el tablero mundial. La decadencia capitalista se traduciría en agudos conflictos de clases cómo en España y Francia. En general, el crack del 29, actuó como acelerador de las tendencias a resolver dichas contradicciones mediante un nuevo reparto de las colonias, de las esferas de influencia y de los mercados mundiales en una nueva guerra imperialista. El escenario de agudas confrontaciones de clase que dirimirían la salida frente a la decadencia capitalista, aunque no estaba dicho a priori algo era seguro que “en un futuro inmediato van a producirse importantes acontecimientos en Europa. Si bien Europa ofrece grandes posibilidades también peligros muy amenazadores”. En Alemania, estas contradicciones tomaron una dinámica y envergadura tal, conmensurable al potencial imperialista y su poderosa clase obrera. Alemania era la clave de la situación mundial. Para Trotsky, tanto si triunfaba el nazismo -acelerando las tendencias a una nueva guerra mundial (y la guerra contra la URSS)- o si triunfaba la revolución proletaria -poniéndole freno a dichas tendencias-, eran los únicos pronósticos realistas, que iban a influir decisivamente en el destino de Europa y en gran medida del mundo.



[1] Lo específico del nacimiento del imperialismo alemán se encuentra en la combinación entre el fracaso de la revolución burguesa radical (fracaso de las guerras campesinas y la revolución de 1948) y por otra parte, un crecimiento extraordinario de la gran industria y los grandes bancos durante el período posterior a la restauración de la unidad alemana en 1871. Esto llevó a un doble resultado. 1) La penetración tardía pero dinámica del capital alemán en el mercado mundial. 2) la supervivencia de estratos y mentalidades precapitalistas, en concreto el peso de los Junker del Este del Elba (los terratenientes) y de las castas militares prusianas, que tomaron parte decisiva en la fundación del Reich.

[2] Contaron para lograrlo con la ayuda de la socialdemocracia alemana que asumió el gobierno con tal de impedir el triunfo de la revolución de 1918.

 



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