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La Revolución española y la IV Internacional - parte 2

Mónica Torraz y Titín Moreira

 

En la anterior entrega vimos los cinco primeros años de la revolución española. El rol pérfido de las direcciones obreras como socialistas y estalinistas, que apoyaron a la izquierda burguesa republicana y la inconsistencia de los anarquistas. El proletariado buscó por todos los medios profundizar su revolución, enfrentó a la derecha durante el llamado bienio negro, intentó la insurrección en Asturias en octubre de 1934 pero no tenía un partido obrero revolucionario al frente. La Izquierda Comunista, dirigida por Andreu Nin y Juan Andrade, que era parte de la corriente trotskista internacional desperdició distintas oportunidades para convertirse en una alternativa.

 

La ruptura con Nin

Las divergencias entre León Trotsky y Nin datan desde inicios de la revolución y ya en 1933 las discusiones se habían transformados en duras y hostiles. La negativa del catalán a tomar posición clara sobre las cuestiones de política internacional y de las distintas secciones del movimiento por la Cuarta Internacional; sus evasivas para definir tácticas y políticas concretas a aplicar en España, como su negativa a desarrollar los soviets (o juntas) o de entrar en las Juventudes Socialistas para influenciar a decenas de miles de jóvenes con espíritu revolucionario; su abstencionismo o diletancia frente a sucesos revolucionarios como los de octubre del 34, fueron las diferencias fundamentales. Mientras tanto Nin reforzaba su alianza con el provincialista y confusionista catalán Maurín formando el POUM (partido obrero de unificación marxista).

Pero es en enero de 1936, con la firma del programa electoral del “Frente Popular” por parte del POUM, lo que provoca la ruptura de Trotsky con Nin, ya que califica a esta actitud como una traición. Este bloque electoral -con burgueses republicanos, socialistas y comunistas-no era otra cosa que llevar al combativo proletariado español detrás de la burguesía. En su programa además de reafirmar el fortalecimiento de las instituciones burguesas, aclaraban que “los republicanos no aceptan el principio de nacionalización de la tierra y su entrega gratuita a los campesinos”, y que los partidos republicanos rechazaban la nacionalización de la banca y el control obrero que pedían los socialistas.

Sólo un puñado de revolucionarios españoles, después reforzados por grupos de extranjeros, se mantienen fieles a la política bolchevique que levantaba la Oposición de Izquierda Internacional.

El triunfo del Frente Popular

En febrero de 1936, el Frente Popular gana las elecciones en forma aplastante. De inmediato las masas inician una enorme movilización para imponer sus reclamos. Sin esperar la ley del nuevo parlamento, una multitud forzó las puertas de las cárceles para liberar a los presos políticos, la mayoría combatientes en las jornadas de octubre del 34.

Los campesinos se lanzaron en masa a la toma de tierras -desconociendo por otra parte el propio programa del Frente Popular-, los comités obreros imponían el control en muchas fábricas y obligan a reincorporar a los despedidos por represalias políticas. De esta manera, entre la política del gobierno y el tibio programa burgués del Frente por un lado y la acción decidida de las masas por otro, se abría un abismo. El PC y el PS avalaron la política del gobierno burgués.

El 22 de abril de 1936 Trotsky escribe: “La situación en España es de nuevo revolucionaria. La revolución española se ha desarrollado con un ritmo muy lento. Los revolucionarios se han beneficiado así de un plazo relativamente importante para reunir alrededor de ellos a la vanguardia a fin de estar a la altura de sus tareas en el momento decisivo. Hoy, debemos decir abiertamente que los «comunistas de izquierda»1 españoles han dejado pasar completamente este plazo muy favorable y que no se han mostrado en nada mejores a los traidores socialistas y «comunistas». ¡Sin embargo no les había faltado advertencias! Tanto más grande es la responsabilidad de un Andreu Nin, o de un Andrade. Con una política justa, la izquierda comunista hubiera podido encontrarse hoy, como sección de la IV.ª Internacional, a la cabeza del proletariado español. En lugar de ello, vegeta en la organización confusionista de un Maurín, sin programa, sin perspectivas, sin ninguna importancia política. La acción de los marxistas en España comienza por la condena del conjunto de la política de Andreu Nin y Andrade, que era y sigue siendo, no sólo errónea, sino criminal.”2

Ante los acontecimientos que se avecinaban el proletariado español carecía de un partido bolchevique que lo llevará al triunfo. Como señaló Trotsky: “En los momentos cruciales de los giros históricos, la dirección política puede convertirse en un factor tan decisivo como el de un comandante en jefe en los momentos críticos de la guerra. La historia no es un proceso automático. Si no ¿para qué los dirigentes? ¿para qué los partidos? ¿para qué los programas? ¿para qué las luchas teóricas?”3

La contrarrevolución en marcha

La contrarrevolución venía preparándose al amparo del mismo Frente Popular, ya que los militares conspiradores seguían en funciones, a lo sumo los trasladaban. Así fue el caso del General Francisco Franco que luego de sublevarse en Marruecos comienza el alzamiento militar y pone marcha hacia la península. Lo apoyaba la gran burguesía española y la reaccionaria Iglesia. Más tarde mientras Hitler y Mussolini le mandaban tropas, armamentos, municiones y aviones, las democracias francesas e inglesas que decían apoyaban a la República votan la “no intervención” .

El 18 de julio comienza la guerra civil. El gobierno republicano del Frente Popular sabía del levantamiento franquista pero trató criminalmente de ocultarlo ante las masas. Sin embargo de inmediato los trabajadores se lanzaron heroicamente en lucha contra el fascismo con armas en mano, asaltando cuarteles y desarmando a los guardias y dando vuelta a los regimientos. El golpe de Franco va a fracasar en las ciudades más importantes y de gran composición obrera como Madrid, Barcelona, Bilbao y en gran parte del Estado español.

Dentro de lo que se denominaba “zona republicana” se desata como torbellino la revolución y se constituyen los comités obreros y populares armados. Comenzaba el enfrentamiento abierto entre revolución y contrarrevolución.

El carácter de la guerra civil

Desde el inicio de la guerra civil, comienza un debate clave.¿La lucha desatada era una “lucha de la democracia contra el fascismo” como decían republicanos y reformistas? No, porque en primer lugar el objetivo del golpe de Franco no era meramente remplazar al gobierno de Azaña sino aplastar a sangre y fuego la revolución que el nuevo gobierno republicano era incapaz de desmontar.

La política nefasta del PS, PC y CNT-FAI desalentaban todas las iniciativas revolucionarias que tomaban las masas: ocupación de tierras, control obrero generalizado en Cataluña y expropiación de fábricas, constitución de milicias. León Trotsky escribía: “La guerra civil, en la que tiene importancia la fuerza de la violencia, exige un supremo compromiso de los participantes. Los obreros y campesinos no son capaces de asegurar la victoria sino cuando luchan por su propia emancipación. En estas condiciones, someterlos a la dirección de la burguesía, es asegurar de antemano su derrota en la guerra civil.” 4

Mientras el POUM levantaba arengas, en general correctas, pero abstractas sobre “ socialismo o fascismo”, los reformistas del PC y el PS se ocupaban de engañar a las masas diciendo que “primero ganar la guerra contra Franco y después hacer la revolución”. Pero para ganar la guerra era necesario hacer la revolución. ¿Por qué un campesino armado en el frente de batalla se jugaría la vida si sus jefes le decían que si avanzaban sobre el ejército franquista las tierras conquistadas serían devueltas a los antiguos terratenientes? Si en cambio, al campesinado español, de lejos la clase más numerosa, se le hubiera dicho tierra conquistada y liberada de franquistas será entregada a los campesinos o se colectivizará a favor de todos seguramente los convertiría en una muralla colosal contra el fascismo. Pero no era esta la política del gobierno republicano apañada por Stalin y sus seguidores, y menos de los socialistas reformistas. León Trotsky escribía al respecto: “ La alternativa: socialismo o fascismo, significa solamente, y es bastante importante, que la revolución española no puede ser victoriosa más que por la dictadura del proletariado. Pero esto no significa de ninguna manera que la victoria esté asegurada por adelantado. Se trata también, y toda la tarea política está ahí, en transformar esta revolución híbrida, confusa, medio ciega y media sorda, en revolución socialista”5.

“Ganar la guerra o hacer la revolución?” machacaban como disyuntiva los estalinistas. Para el PC esta línea estaba íntimamente ligada con su política internacional; Stalin necesitaba mantener buenas relaciones con el imperialismo ingles y francés. Como les criticó Trotsky: “ Ellos han sido la vanguardia combatiente de la contrarrevolución burguesa republicana.

Querían eliminar la necesidad del fascismo probando a la burguesía española y mundial que ellos mismos eran capaces de estrangular la revolución proletaria bajo la bandera de la “democracia”. Esta era la esencia de su política. Estos señores no se plantean siquiera la cuestión del carácter social de la revolución. Sobre esta estafa fue construida la pérfida política del Frente Popular...”6.

Cataluña, corazón de la revolución

En Barcelona, capital de Cataluña, se decidirá en gran parte la lucha entre revolución y contrarrevolución y por ende la guerra civil.

Companys era el presidente del gobierno burgués nacionalista catalán, la Generalitat, que quedó paralizada ante el levantamiento de Franco. Fueron las masas organizadas en milicias las que dominaron a la reacción y le asestaron un golpe decisivo. El 21 Julio se impone la formación del Comité Central de las Milicias de Cataluña quien ejercía el poder efectivamente, sin embargo la dirección anarquista de la CNT-FAI, se niega a tomar el poder y se lo “restituye” a Compañys. Esta fue una de las más grandes traiciones de los anarquistas.

León Trotsky que estaba exiliado en Noruega busca por todos los medios participar in situ de la revolución en curso. Opina que seria criminal dejarse llevar por las diferencias del pasado con Nin y Andrade, que a pesar de las divergencias de programa y método eso no impedía un acercamiento sincero y se dispone a colaborar en La Batalla aunque sea desde lejos sino consigue la visa. Pero su viaje a España se vio frustrado, y poco después el POUM pega un salto a la derecha.

Anarquistas y el POUM en el gobierno

Los anarquistas, que renegaban de la lucha por el poder y decían estar en contra de “todo Estado”, entraron en el gobierno central junto a la burguesía “democrática” y los estalinistas. El ministro anarquista de Industria declaraba “nuestro triunfo dependía y depende de Inglaterra y Francia y no de la revolución, pero con la condición de hacer la guerra y no la revolución”. 7

Pese a que el POUM declamaba que el dilema no era “democracia o fascismo” sino “socialismo o fascismo”, en los hechos, no aplicaba esta política, muy por el contrario. Nin ingresa en septiembre del 36, como ministro de Justicia al gobierno burgués en Cataluña y acepta pasiva y criminalmente el desarme de las milicias y su militarización, o sea su integración al ejército regular para el 20 de octubre. Poco después de esto, a fines del 36, Nin será expulsado del gobierno por exigencia del estalinismo.

Jornadas de Mayo en Barcelona

Barcelona, era la capital de la revolución. Los estalinistas y el ejército republicano montan una provocación y el 3 de mayo de 1937, desalojan la central telefónica en manos de los anarquistas de la CNT desde el comienzo de la guerra civil. Estalla la insurrección, se levantan barricadas en toda la ciudad, hay duros enfrentamientos. No era un combate entre republicanos y fascistas, sino entre la contrarrevolución burguesa y estalinista contra el proletariado catalán. Los anarquistas y militantes del POUM se juegan en las barricadas, junto al pequeño grupo de trotskistas (llamados bolcheviques leninistas) que reparten un volante: “Viva la ofensiva revolucionaria...Huelga general en todas las industrias que no trabajen para la guerra hasta la dimisión del gobierno reaccionario. Solo el Poder proletario puede asegurar la victoria militar. Armamento de la clase obrera. Viva la unidad de acción CNT-FAI-POUM. (y llama a formar en todos lados) Comités de defensa revolucionarios”. Pero al día siguiente la CNT manda a García Oliver (ministro anarquista) a imponer el alto el fuego y levantar las barricadas. La dirección del POUM vacila, pero después se suma a la política oficial de la CNT. Los amigos de Durruti, ala izquierda del anarquismo, junto a algunos poumistas y los trotskistas resisten en las barricadas pero finalmente la insurrección es derrotada, no por el poderío militar de las Guardias de asalto y stalinistas sino por la traición de los jefes de la CNT seguidos por la dirección del POUM.8

Comienza una reacción generalizada en todo el estado español. Largo Caballero es obligado a renunciar a la presidencia de la República, persiguen a la izquierda anarquista, al pequeño grupo de trotskistas y al POUM, que es ilegalizado, cierran La Batalla y en junio Andreu Nin es asesinado por la GPU (policía secreta estalinista, enviada por Moscú).

Conclusiones

La revolución española desnudó no solo a los contrarrevolucionarios socialistas y estalinistas, sino a los anarquistas. También dejó en claro que los grupos centristas, como el caso del POUM, pese a su honestidad fueron cómplices (y después víctimas) de la traición al proletariado español. Citamos a Trotsky que a modo de conclusiones escribe: “Los anarquistas no han tenido ninguna posición independiente en la revolución española. No han hecho más que oscilar entre el bolchevismo y el menchevismo. O más exactamente, los obreros anarquistas tendían a buscar una salida en la vía bolchevique (19 de julio, jornadas de mayo), los dirigentes, por el contrario, empujaban con todas sus fuerzas a las masas hacia el campo del Frente Popular, es decir, al régimen burgués.

...De hecho en el campo republicano se han enfrentado dos doctrinas: el menchevismo y el bolchevismo...

El punto de vista bolchevique, expresado hoy día únicamente por la joven sección de la IV Internacional, procede de la teoría de la revolución permanente, es decir, que incluso las tareas puramente democráticas, tales como la liquidación de la propiedad semifeudal de la tierra, no pueden ser resueltas sin la conquista del poder por el proletariado; esto, a su vez, pone a la orden del día, la revolución socialista... Exigirles que no se salieran de los límites de la democracia burguesa es, de hecho, no sólo no hacer la revolución democrática, sino incluso renunciar a ella.”

Y más adelante describe el rol del POUM: “...estaba en España a la izquierda de los demás partidos y contaba, incontestablemente, en sus filas, con sólidos elementos proletarios revolucionarios, con fuertes ataduras con el anarquismo. Ahora bien, este partido desempeñó, precisamente, un papel funesto en el desarrollo de la revolución española. No ha conseguido convertirse en un partido de masas, porque para conseguirlo hubiese tenido que destruir antes a los otros partidos, y esto sólo era posible mediante una lucha sin compromisos, una denuncia implacable de su carácter burgués. Ahora bien, el POUM, aunque criticaba a los antiguos partidos, se subordinaba a ellos en todas las cuestiones fundamentales. Participó en el bloque electoral “popular”; entró en el gobierno que acabó con los comités obreros; luchó por reconstruir esta coalición gubernamental; capituló en todo momento ante la dirección anarquista; en función de todo lo precedente llevó en los sindicatos una política errónea; tomó una actitud dubitativa y no revolucionaria con respecto a la insurrección de mayo de 1937.” 9

El gran acontecimiento de la revolución española, provocó una implacable lucha política y teórica en el propio seno de las organizaciones que se reivindicaban de la IV internacional y en el mismo Secretariado Internacional.

Las diferentes tácticas políticas sugeridas por Trotsky fueron resistidas por diversos dirigentes revolucionarios. Muchos reafirmaron su firme pertenencia y otros se hicieron directamente defensores del Poumismo.

La revolución española fue la última posibilidad de que el proletariado impidiera el estallido de la Segunda guerra mundial. Con una política correcta desde 1931 los dirigentes de la Oposición de Izquierda, en particular Andreu Nin y Juan Andrade podrían haber forjado el partido revolucionario que llevara al proletariado español a la victoria. Tal es la trágica experiencia de esa gran revolución traicionada.10

 

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1 Se refiere al grupo de Andreu Nin y Juan Andrade.

2 “¿Qué deben hacer los bolcheviques leninista en España?” Carta a un amigo español. León Trotsky

3 Clase, partido y dirección. León Trotsky

4 España, última advertencia, León Trotsky

5 Los ultraizquierdistas en general....León Trotsky-septiembre 1937

6 “Los anarquistas han dado pruebas de una fatal incomprensión de las leyes de la revolución y de sus tareas, ya que limitaron la revolución a los sindicatos, es decir, a las organizaciones de tiempo de paz, impregnadas de rutina e ignorantes de lo que pasaba fuera de ellas, en las masas, en los partidos políticos y en el aparato de estado. Si los anarquistas hubiesen sido revolucionarios, hubiesen llamado ante todo a la formación de soviets que reuniesen a todos los representantes de la ciudad y del campo, incluyendo a los millones de hombres superexplotados que jamás habían entrado en un Sindicato. Naturalmente, los obreros revolucionarios hubieran tomado una posición dominante en los soviets. Los estalinistas hubieran estado en una proporción insignificante. El proletariado se habría convencido de su fuerza invencible. El aparato de estado no hubiera sido tomado en cuenta para nada. No hubiera hecho falta un golpe demasiado fuerte para que este aparato cayera a tierra. La revolución socialista hubiera recibido un poderoso impulso.” España, última advertencia.

7 Diario Política de Madrid citado por Jean Rous-La Revolución Asesinada.-

8 “Habiendo sido aplastada la tentativa (de provocación) por la magnífica reacción de la clase obrera, la retirada se impone”- La Batalla 8/5/1937 –citado por Pierre Broué.

9 España, última advertencia.

10 “El camino de lucha seguido por los obreros se separaba en todo momento bajo un determinado ángulo el de las direcciones y, en los momentos más críticos, este ángulo era de 180º. La dirección entonces, directa o indirectamente, ayudaba a someter a los obreros por la fuerza de las armas. En mayo de 1937, los obreros de Cataluña se sublevaron, no sólo a pesar de sus propias direcciones sino en contra suya. Los dirigentes anarquistas burgueses patéticos y despreciables, disfrazados malamente de revolucionarios han repetido cientos de veces en la prensa que si la CNT hubiese querido tomar el poder en mayo, lo hubiese hecho sin dificultad. Y esta vez, lo que dicen los anarquistas es la pura verdad. La dirección del POUM se colgó literalmente de los faldones de la CNT, y se contentó con cubrir su política de una fraseología diferente. Debido solamente a esto, la burguesía consiguió aplastar la sublevación de mayo de este proletariado” falto de madurez”.” Clase, partido y dirección, León Trotsky.



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