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Un discurso censurado de Lenin y otras cuestiones[1]

 

 

Otoño de 1932

 

 

 

El Tercer Congreso de la Comintern se reunió en Moscú tres meses después de las jornadas de marzo de 1921 en Alemania.[2] La joven dirección del Partido Comunista Alemán, que todavía no se había serenado luego de las batallas de marzo, argumentaba aproxima­damente lo siguiente: como ésta es una época revolu­cionaria, nosotros, la vanguardia revolucionaria, debe­mos marchar a la cabeza, no detenernos ante ningún obstáculo y arrastrar a la clase obrera con nuestro ejemplo. Esto implicaba no partir de las circunstancias concretas ni de la situación real del proletariado, teniendo en cuenta sus distintos sectores, sino de la caracterización general de la época como revolucionaria. Esa es la base histórico-filosófica general del aventurerismo re­volucionario. En 1921 apenas se esbozaba tímidamente esta filosofía. Diez años después se la desarrolla, canoniza y burocratiza con el nombre de teoría del "tercer periodo".

Es muy importante recordar la actitud de Lenin hacia esta teoría ya que los lectores desconocen todavía uno de sus discursos más claros, oculto en los archivos de la Comintern. Nos referimos a la intervención de Lenin en una sesión del Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista del 17 de junio de 1921, en vísperas del Tercer Congreso. Para comprender los extractos que Citamos luego hay que tener en cuenta que en ese entonces el ultraizquierdismo se manifestaba en casi todos los partidos. Por ejemplo, una parte de la delega­ción francesa planteaba -aunque después del hecho- que los jóvenes llamados a filas en 1919 se negasen a prestar el servicio militar. El delegado de Luxemburgo acusó al partido francés de no "impedir" la ocupación de Luxemburgo por las tropas francesas. Trotsky, al hablar contra la política oportunista de Cachin-Fro­ssard,[3] se vio obligado a comenzar su discurso con una crítica al ultraizquierdismo. Demostró que era imposi­ble abatir el militarismo con la oposición pasiva de un grupo militar ("la clase 1919", como dicen los france­ses); para eso era necesario la intervención activa de toda la clase obrera. Demostró que si el conjunto del proletariado no estaba dispuesto a provocar un cambio revolucionario total, no podía evitar la ocupación mili­tar de Luxemburgo. Los intentos de resolver este tipo de problemas "privados" con una demostración de fuerza, cuando esa fuerza era insuficiente para solucio­nar el problema básico -la toma del poder-, condu­cen al aventurerismo, camino que podía resultar fatal para los jóvenes partidos comunistas.

Zinoviev, Bujarin y Radek estaban con los ultraizquierdistas. Pero como no sabían dónde se ubicaría Lenin no dieron la batalla abiertamente. Empujaron a Bela Kun,[4] que no sólo defendió la estrategia de marzo en Alemania (de la que era en buena parre responsable) sino también la crítica ultraizquierdista del delegado de Luxemburgo y de una parte de la sección francesa, en­tre los que estaba Laporte,[5] que después se hizo fas­cista.

Lenin estuvo ausente en esa sesión. Cuando se en­teró del contenido del debate, pidió una transcripción literal y luego apareció en la reunión del Comité Ejecutivo y pronunció un discurso lleno de fuerza contra los ultraizquierdistas:

"El camarada Bela Kun sostiene que los únicos equivocados son los oportunistas, pero en realidad tam­bién lo están los ultraizquierdistas. Tengo la transcrip­ción literal de la intervención del camarada Trotsky. Según el informe, Trotsky dice que estos camaradas izquierdistas, si continúan por el mismo camino, destrozarán el movimiento comunista y el movimiento obrero de Francia. (Aplausos.) Yo estoy profundamente convencido de esto. En consecuencia, vine a protestar contra el discurso del camarada Bela Kun, que se opuso al camarada Trotsky en vez de defenderlo, posición que debería haber adoptado para ser un verdadero mar­xista [...]

"El camarada Bela Kun cree que ser un revolucio­nario significa defender siempre y en todas partes a los izquierdistas. Ningún partido puede preparar solo la revolución en Francia, uno de los países más grandes de Europa. Lo que más me complacería es que los co­munistas franceses ganaran la dirección de los sindi­catos [...]

"Cuando veo el magnífico trabajo del Partido Co­munista, cuando veo todas esas células sindicales y de otras organizaciones, me digo: el triunfo de la revolu­ción está asegurado en Francia si los izquierdistas no hacen nada estúpido. Y cuando alguien, como Bela Kun, dice que quedó demostrado que la serenidad y la disciplina no son correctas, cae en la idiotez izquierdis­ta. Vine aquí para decirles a los camaradas del ala izquierda: si siguen esos consejos, destruirán el movimiento revolucionario […]"

En cuanto al problema de los errores oportunistas del partido francés, Lenin dijo:

"Tomemos otro ejemplo, el de Marcel Cachin y otros que en la Cámara de Diputados se refieren a la cooperación anglo-francesa y dicen que es una garantía para la paz. Esto es oportunismo, y el partido que lo to­lera no es comunista. Por supuesto, en nuestras reso­luciones podemos señalar que tal o cual declaración es inadmisible, que ésa no es la vía comunista; pero es necesario que la crítica sea concreta. Tenemos que denunciar el oportunismo. Sin embargo, aquí no se criticó el verdadero oportunismo partidario, reflejado en el discurso de Cachin. En cambio, se critica esta declara­ción [de Trotsky] y nuevamente se ’previene’ en contra. He aquí lo que dijo el camarada Trotsky (se lee la versión en alemán de la intervención de Trotsky).

"Por lo tanto, el camarada Laporte estaba comple­tamente equivocado, y el camarada Trotsky, que pro­testó, tenía completa razón. Tal vez la actuación del partido francés no fue totalmente comunista. Estoy dis­puesto a admitirlo. Pero en este momento esas idiote­ces -rechazo al servicio militar, etcétera- destruirían el movimiento comunista de Francia e Inglaterra. La revolución no se hace con un llamado a la clase 1919. El camarada Trotsky tenía mil veces razón cuando lo repitió. Pero todavía tenemos al camarada luxembur­gués que reprocha al partido francés no haber sabotea­do la ocupación de Luxemburgo. ¡Bueno! Cree que es un problema geográfico, como sostiene Bela Kun. No, es un problema político, y el camarada Trotsky tenía toda la razón al protestar. Es una idiotez muy ’izquier­dista’, muy revolucionaria y muy perjudicial para el movimiento francés [...]

"Sé -continuó Lenin- que en la Juventud Comu­nista hay revolucionarios genuinos. Critiquen a los oportunistas sobre bases concretas, señalen los errores del comunismo oficial francés, pero no hagan tonterías también ustedes. Cuando las masas se acercan cada vez más a ustedes, cuando está próximo el triunfo, es necesario tomar el control de los sindicatos. La mayoría de los sindicatos se adapta maravillosamente al trabajo previo, y si logramos ganarlos obtendremos una gran victoria. A la democracia burguesa ya no le quedan posibilidades, pero en los sindicatos todavía predominan los dirigentes burocráticos de la Segunda Internacional y de la Internacional Dos y Media.[6] Antes que nada, tenemos que ganar una mayoría marxista confiable en los sindicatos. Entonces comenzaremos a hacer la revolu­ción, no con un llamado a la clase 1919, no con las idio­teces en que se especializa Bela Kun, sino por el con­trario, con la lucha contra el oportunismo y contra las imbecilidades perpetradas por los izquierdistas. Tal vez esto no sea tanto una lucha como una advertencia contra los discursos de Marcel Cachin -paralela a la lucha abierta y declarada contra las tradiciones del oportunismo- y una advertencia contra las idioteces iz­quierdistas. Por eso consideré mi obligación apoyar fundamentalmente todo lo que dijo el camarada Trots­ky y declarar que la política que sostiene Bela Kun es indigna de que la defienda ningún marxista ni ningún comunista.

 

¿Quién atrapó a Rakovski?

 

En 1918, los invasores rumanos en Besarabia di­rigieron el siguiente llamado a los habitantes de Mogui­lev:

A LOS PACIFICOS HABITANTES DE MOGUILEV

Atrapen a Rakovski, entréguenlo, si no no deten­dremos el bombardeo.

Nosotros queremos la paz pero Rakovski quiere la guerra.

Elijan entre él o nosotros.

Solamente si nos entregan a Rakovski les daremos la paz y provisiones.

Ejército rumano

 

Pero la revolución soviética no atrapó a Rakovski ni lo entregó a sus enemigos; le era necesario; un gran trabajo lo esperaba.

En octubre de 1927 los reaccionarios gobernantes franceses exigieron que Rakovski abandonara París. Chicherin,[7] en una nota fechada el 12 de octubre de 1927, protestó contra "la expulsión del señor Rakovski, a cuyos esfuerzos y energía debe en gran medida la conferencia franco-soviética los resultados obtenidos". Precisamente a causa de su energía y su talento el di­plomático revolucionario Rakovski se granjeó el odio de la burguesía francesa. Fue necesario hacerlo volver.

Pero Stalin hizo volver a Rakovski simplemente para satisfacer los deseos de la burguesía rumana; lo ató de pies y manos y, si bien no lo entregó a Bucarest, lo enterró en Barnaul.

 

¿Qué es esto?

 

Ekonomicheskaia Zizn comenta el decreto de la Comisión Central de Control sobre la expulsión de "un grupo contrarrevolucionario". El artículo hace gala de un servilismo insuperable. En dos pequeñas columnas leemos:

"Bajo la experta dirección del Comité Central enca­bezado por el camarada Stalin […]"

Más adelante:

"[…] del partido leninista, encabezado por el ca­marada Stalin, su líder y maestro […]"

Y luego:

"Nuestro partido, bajo la dirección del camarada Stalin, el más fiel discípulo de Lenin […]"

Inmediatamente:

"Los obreros de nuestro país y de todo el mundo ven en el camarada Stalin un inquebrantable luchador por el socialismo, bajo cuya dirección [?] avanzan de triunfo en triunfo."

Y finalmente:

"Bajo las banderas de Lenin y bajo la dirección de su mejor discípulo, el camarada Stalin [...]"

Todo esto no se escribió para el cumpleaños de Sta­lin, ni en ocasión de su santo, ni en el aniversario de sus "seis condiciones". No, esta glorificación, cinco veces repetida, aparece en un artículo dedicado a la expulsión del partido de un grupo de militantes.

En el mismo articulo encontramos un aforismo que merece ser inmortalizado: "El partido desenmascaró de una vez por todas la esencia contrarrevolucionaria de la lucha fraccional contra la línea general y su direc­ción leninista." Toda dirección es "leninista" porque dirige, y toda su línea es "general", y toda lucha contra ella es contrarrevolucionaria. Esto es lo que se desenmascaró "de una vez por todas". Así es, fue y será por siempre. Amén.

 

"Grande" y "enorme"

 

En el informe de Rabochaia Moskva sobre la manifestación juvenil de septiembre, leemos:

"En las oficinas del gobierno hay un gran retrato de Ilich." Y unas líneas después: "Hay un enorme retrato de Stalin en el Museo Histórico." Todo guarda las proporciones: para el gran Lenin, un retrato grande; para el enorme Stalin, un retrato enorme.

 

Adoratski y Zinoviev

 

En 1923, Adoratski[8] escribió lo siguiente respecto a la Historia del partido de Zinoviev:

"Las conferencias del camarada Zinoviev son sólo esbozos rápidos pero dan una perspectiva correcta y en general trazan correctamente los lineamientos, y sirven realmente como una buena introducción para el estudio de la historia del partido […] (Proletarskaia Revolut­sia, 1923, N° 5, p. 344).

Sería interesante saber qué opina hoy Adoratski, que remplazó a Riazanov,[9] sobre este problema.



[1] Un discurso censurado de Lenin. Biulleten Opozitsi, N° 32, diciembre de 1932. Sin firma. Traducido [al inglés] para este volumen [de la edición nortea­mericana] por Tom Scott; la primera parte fue publicada en International Socialist Review de mayo de 1970. En 1973 el discurso de Lenin del 17 de ene­ro de 1921 seguía censurado en la Unión Soviética.

[2] El Tercer Congreso Mundial de la Internacional Comunista se reunió en Moscú en junio y julio de 1921, después de un vuelco en la situación internacional que, en opinión de Lenin y Trotsky, exigía que el movimiento revolucio­nario desarrollara tácticas defensivas, aprendiera a promover el frente único, a trabajar con las bases reformistas y centristas, etcétera. Esto los puso en contra de corrientes ultraizquierdistas de la Comintern, pero lograron ganar a la mayoría del congreso para su posición de "derecha". Los acontecimientos de marzo de 1921 fueron una serie de insurrecciones en las provincias centra­les de Alemania aisladas del movimiento obrero del resto del país. El Partido Comunista Alemán intervino en estas insurrecciones y pretendió llevarlas más allá de lo que la situación lo permitía; sus delegados en el congreso pre­tendían que éste elogiara o aprobara sus errores aventureros.

[3] Marcel Cachin: (1869-1958) y Louis-Olivier Frossard (1889-1946): dirigentes del Partido Comunista Francés que habían llevado una trayectoria parla­mentaria en el Partido Socialista; su oportunismo era repudiado por algunos delegados franceses al Tercer Congreso, que reflejaban a los sectores más jóvenes y revolucionarios del Partido.

[4] Bela Kun (1886-1939): dirigente de la revolución húngara de 1919 y de la República Soviética de Hungría, de muy corta vida. En Moscú fue funcionario de la Comintern, con notorias tendencias ultraizquierdistas. Se supone que fue fusilado por el régimen de Stalin durante la purga de exiliados comunistas de fines de la década del 30.

[5] M. Laporte, de quien Trotsky dice que después se hizo fascista, fue en 1921 dirigente de la Juventud Comunista Francesa. En Los cinco primeros años de la Internacional Comunista (Monad Press, Nueva York), Trotsky relata lo siguiente sobre Laporte: "En esa ocasión le pregunté a uno de nuestros jóvenes amigos [Laporte]: ’¿Cuál es su opinión, los conscriptos tienen que re­currir a la resistencia armada o puramente pasiva?’ Y el camarada respondió con vehemencia: ’Naturalmente, revólver en mano.’ Suponía que así manifes­taba su acuerdo total con la Tercera Internacional, que le daba a la Tercera Internacional la mayor de las felicidades revolucionarias, y que hablando como lo hacia cumplía con su deber. Lo decía en serio y estaba incondicionalmente dispuesto a combatir el enrolamiento revólver en mano. Por supuesto, le echa­mos encima un balde de agua fría y creo que el camarada comenzó a com­prender mejor las cosas."

[6] La Internacional Dos y Media (o Asociación Internacional de Partidos Socialistas) se formó en febrero de 1921 con partidos y grupos centristas que habían roto con la Segunda Internacional por presión de las masas revolucionarias. Aunque criticaban a la Segunda Internacional, la orientación de sus di­rigentes no era básicamente distinta; se reunificaron en mayo de 1923.

[7] Georgi V. Chicherin (1872-1936): diplomático del gabinete zarista, apoyó a los social-revolucionarios en la revolución de 1905 y se vio obligado a emigrar. En enero de 1918, cuando volvió a Rusia, se hizo bolchevique; ese año sucedió a Trotsky como comisario de relaciones exteriores y se mantuvo en el cargo hasta 1930.

[8] Vladimir Adoratski (1878-1945): viejo bolchevique, trabajó en el comisariado de educación y en la Universidad de Kazan antes de remplazar a Riazanov en el Instituto Marx-Engels.

[9] David B. Riazanov (1870-193?): historiador y filósofo, fue menchevique internacionalista durante la Primera Guerra Mundial y se unió a los bolchevi­ques en 1917. Organizó el instituto Marx-Engels y se retiró de la actividad política. Pero su actitud erudita y escrupulosa hacia la historia del partido lo convertía, a ojos de Stalin, en un elemento peligroso, y éste ordenó que se lo implicara entre los acusados en el "juicio a los mencheviques" de 1931. Fue removido de su cargo de director del instituto Marx-Engels y exiliado a Sara­tov. Trotsky señala que murió en 1933; posteriormente, se supuso que murió en 1935 o en 1938.



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