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Problemas de la sección alemana[1]

 

 

31 de enero de 1931

 

 

 

Al Secretariado Administrativo de la Oposición de Izquierda Internacional

Copia a los secretariados de las oposiciones alemana y francesa

 

La crisis de la Oposición de Izquierda alemana, que en las últimas semanas se ha vuelto sumamente aguda, me obliga a expresar mi opinión respecto de varios problemas:

1. Recibí, entre otros documentos, una copia de la correspondencia del camarada Well[2] con el Ejecutivo berlinés. No puedo coincidir con la caracterización que hace el camarada Well de la política errónea y extrema­damente peligrosa del Ejecutivo que dirige el camarada Landau. El tono de la carta del camarada Well sólo pue­de deberse a que se encuentra en un estado de profun­da crisis nerviosa, provocada por los golpes personales que ha recibido, pero no tiene justificación política, so­bre todo teniendo en cuenta que se trata de correspon­dencia oficial.

La tarea que se impone el camarada Well como ob­jetivo de su lucha es expulsar al camarada Landau de las filas de la Oposición. Sobra decir que no puedo coin­cidir con la manera en que se planteó el problema. La tarea planteada de cambiar el carácter de todo el traba­jo de la Oposición alemana y su orientación internacio­nal no se puede realizar de un solo golpe. En Francia, el contenido principista de la lucha es mucho más claro. Sin embargo, por lo que puedo ver, el ala izquierda de la Liga, a pesar de estar en mayoría, no se propone expulsar de la organización al camarada Naville. Por mi parte, creo que es necesario hacer todo lo posible -menos concesiones principistas- para garantizar el trabajo en común. Hago extensivo esto al camarada Landau, cuyos errores lo acercaron a Naville, lo que no es casual.

2. En la Oposición europea predominan los camara­das jóvenes que ingresaron sin haber tenido oportuni­dad de participar en forma seria y prolongada en el par­tido y en las luchas de masas. Además, la Oposición se desarrolla en medio de un prolongado reflujo revolucio­nario, excelente caldo de cultivo para el sectarismo y el espíritu de "camarilla". Austria proporciona un buen ejemplo del tipo de personajes que tratan de cobijarse bajo la bandera de la Oposición de Izquierda. Este ejemplo es una lección seria y, a la vez, una advertencia seria. Va dirigida, en primer término. .. al camarada Landau.

Este carga con una doble responsabilidad por el grupo Mahnruf[3]. No sólo ignoró todas las advertencias que se le hicieron respecto de este grupo, sino que se permitió atacar de manera verdaderamente insólita a los camaradas Mill y Molinier[4], quienes habían hecho una caracterización perfectamente objetiva del grupo Mahnruf. El último viraje de este grupo significó un castigo severo para el camarada Landau, y una prueba de que las maniobras organizativas y las relaciones per­sonales no pueden remplazar la educación política ba­sada en un programa definido.

Hasta ayer, las ideas del camarada Graef[5] eran de su exclusiva incumbencia. El que conocía su evolu­ción de los últimos años no podía dudar de que Graef se alejaba de la posición marxista en todos los proble­mas importantes de la política revolucionaría. Desde luego, yo no le oculté esta opinión. Si el camarada Graef hubiera planteado sus posiciones en la prensa (estaba preparando un trabajo en alemán), habría recibido, naturalmente, la respuesta correspondiente. La polémica en torno a los principios tal vez hubiera estimulado el desarrollo ideológico de la Oposición. ¿Qué posición hubiera adoptado Graef después? Esa es una pregunta de tipo personal que no puedo responder.

Sin embargo, lo que caracteriza al austro-oposicio­nismo -para emplear la magnífica expresión del cama­rada Frankel[6]- es la maniobra camarillesca y el aven­turerismo de trastienda. El grupúsculo de Frey[7], que comparte con el austro-oposicionismo el hecho de haber participado en todos los errores de los últimos meses y años, con el grupo Mahnruf, que ha pasado por todas las vacilaciones posibles para una secta y Graef, que consideraba ineptos a ambos, estos tres grupos, se reu­nieron para aprobar posiciones que hasta el momento no han sido analizadas en la prensa y respecto de las cuales las bases de la Oposición de Izquierda Interna­cional todavía no han tenido oportunidad de dar su opi­nión. ¿Puede alguien imaginar una carencia ideológica de principios más lamentable que ésta, que conforma la base del aventurerismo organizativo?

El camarada Landau exige que el grupo Mahnruf renuncie a sus nuevas posiciones en el término de vein­ticuatro horas. Como si eso fuera a cambiar algo o sig­nificara siquiera un paso adelante. Al contrario, un nuevo viraje sólo revelaría la total inconsecuencia ideológica de este grupo.

Respecto de los grupos austríacos apruebo plena­mente la resolución del Secretariado Administrativo, que debe ser confirmada por todas las secciones y por la conferencia europea próxima a reunirse[8].

Respecto del camarada Landau, la conclusión no es menos clara. Hay que reconocer y decir abiertamente -y lo mejor sería que el propio camarada Landau lo hiciera- que en la cuestión Mahnruf, a pesar de sus estrechas relaciones con este grupo, él demostró que era el menos capaz de caracterizarlo adecuadamente; y, dado que el camarada Landau es el dirigente más destacado de este grupo, debemos sacar la conclusión de que los métodos que empleó no eran los apropiados para los fines perseguidos. Eso significa que el camarada Landau debe revisar sus métodos drásticamente. Lo ayudaremos a hacerlo.

3. La conducta del Ejecutivo alemán en la crisis francesa[9] completa y confirma esta conclusión. Si el Ejecutivo alemán no sabía cómo se desarrolló la crisis, lo lamentamos. Pero no puede decirse lo mismo del camarada Landau. Estaba tan bien informado como podía estarlo cualquier camarada en otro país. Lo que le faltó al camarada Landau no fue información sino un criterio correcto, la concepción marxista de la política revolucionaria, que sólo se adquiere con la experiencia y la reflexión. Desgraciadamente, el camarada Landau hizo gala de una increíble indiferencia hacia los proble­mas de principio. Tanto en Francia como en Austria se ocupó más de las maniobras personales y organizati­vas que de los fundamentos principistas de las mismas. Ese es, indudablemente, el síntoma más inquietante. El camarada Landau necesita una nueva orientación. Si no se reorienta, sus cualidades positivas le resultarán más perjudiciales que provechosas al movimiento re­volucionario.

4. Las lecciones de Austria y Francia revelan clara­mente el trabajo del camarada Landau en Alemania. El libró una lucha implacable y constante para llegar a la dirección, y nadie conoce con exactitud los fundamen­tos principistas de esa lucha. Sea como fuere, aparente­mente la lucha personal del camarada Landau tuvo éxi­to. Sin embargo, fue un triunfo logrado a expensas de toda la organización. De haber seguido por esta senda, la Oposición alemana se hubiera trasformado en un nuevo Mahnruf.

5. ¿No se justifica en este caso que los camaradas exijan la expulsión del camarada Landau de las filas de la Oposición de Izquierda como solución del problema? No. Esta "solución" depende pura y exclusivamente de los métodos del propio Landau. Si tuviéramos una orga­nización con una visión clara y firme del camino a recorrer, con cuadros consolidados, la remoción de tal o cual persona significaría la solución de algún problema per­sonal. Pero esta no es la situación que reina en Alema­nia. Toda la organización necesita una educación mar­xista. La primera tarea consiste en ayudarla a compren­der, analizar y evaluar los errores de la dirección actual, que encabeza el camarada Landau. De lo contrario la organización no avanzará ni un centímetro. Esta eva­luación debe expresarse en tesis concretas, sometidas a la consideración de toda la Oposición de Izquierda In­ternacional. Sólo así se pueden forjar cuadros revolucio­narios que subordinen cualquier consideración a la preocupación constante por la firmeza ideológica, la consolidación y la perseverancia revolucionaria de la fracción internacional. Sólo en este marco se resolverá la suerte política de cada uno de los camaradas.

6. En la carta del 13 de enero el Ejecutivo declaró que aprobaría una resolución sobre la crisis francesa y que todos los militantes de la organización alemana estaban obligados a acatar esa resolución, tanto dentro como fuera de Alemania. Esta sola disposición -a la que jamás hubiera dado crédito de no haberla leído con mis propios ojos- basta para demostrar en qué panta­no impenetrable se hunden quienes encaran los proble­mas principistas desde un punto de vista organizativo-­camarillesco. ¿Cómo es posible que el Ejecutivo ordene a los militantes de la organización que aprueben deter­minada posición que, para colmo, es tema de discusión internacional? Aquí se coloca la disciplina nacional -o una caricatura de disciplina nacional- por encima de la disciplina internacional y, lo que es más grave aún, por encima de las mismas bases principistas que cons­tituyen el único fundamento de esa disciplina. En consecuencia, un camarada alemán que resida circuns­tancialmente en Francia y milite en la Liga no deberá votar como comunista sino como... alemán.

Pero incluso dentro de Alemania, debemos conside­rar como un elemento inútil al comunista que se subor­dina a un Ejecutivo que le ordena aprobar tal o cual posición en debate. No es de extrañar que, en virtud de tales métodos ultraburocráticos, el Ejecutivo berlinés se encuentre en estado de guerra civil con sus organiza­ciones provinciales más importantes.

7. El 7 de julio del año pasado le escribí al Ejecutivo de la Oposición alemana, por intermedio del camarada Mueller, lo siguiente: "En general, debo decir que: si la dirección quiere ganar autoridad (y tiene el deber de desearlo) no ha de actuar como si ya gozara de una autoridad inconmovible y, al principio, tendrá que apoyarse lo menos posible en sus derechos puramente for­males. El Ejecutivo debe emplear un tono suave y amis­toso y demostrar una paciencia excepcional, sobre todo con sus adversarios; no ganara la menor autoridad si no demuestra en la realidad, al conjunto de la organiza­ción, que está dispuesto a intervenir en forma objetiva y consciente en toda clase de conflictos y que se preocupa por la situación de la organización. Las medidas organi­zativas, disciplinarias, etcétera, sólo pueden basarse en esta clase de autoridad, que no se logra en un día. Sin esto, la organización no puede vivir. Todo intento de aplicar medidas disciplinarias sin la necesaria autori­dad y sin que la organización esté plenamente conven­cida de la corrección de las medidas tomadas conduce inexorablemente al debilitamiento, no al fortalecimien­to, de la organización, y al derrumbe de la autoridad del propio Ejecutivo".

Por eso mi mejor consejo fue: absoluta firmeza en lo que se refiere a la línea política pero, al mismo tiempo, la mayor cautela y discreción, toda la tolerancia y tacto posibles, al intervenir en conflictos y malentendidos personales. Hoy no puedo más qué repetir esas pala­bras. En el lapso transcurrido desde que envié la carta arriba citada, desgraciadamente, el Ejecutivo aumentó enormemente las medidas administrativas, sin ganar un milímetro de autoridad.

En la actualidad, la única salida para la crisis de la Oposición alemana es una conferencia preparada y or­ganizada a conciencia.

 

L. Trotsky



[1] Problemas de la sección alemana. International Bulletin, Oposición de Iz­quierda comunista, Nº 4-5, agosto de 1931.

[2] Roman Well y Senin: seudónimos de los hermanos Sobolevicius, oriun­dos de Letonia, que desempeñaron un importantísimo papel en la Oposi­ción alemana hasta fines de 1932, cuando encabezaron una ruptura hacia el stalinismo (véase Escritos 1932-33). Well se suicidó en 1962 mientras estaba bajo proceso como agente soviético de espionaje en Estados Unidos, entonces usaba el nombre de doctor Robert Soblen. Senin, con el nombre de Jack Soblen, dijo en 1957 a una comisión del Senado estadounidense que cuando actuaba en la Oposición de Izquierda era agente de la GPU.

[3] Der Neuer Mahnruf (El nuevo llamado): periódico de la Oposición comunista de Austria.

[4] M. Mill: también escribía con el seudónimo J. Obin; designado por la Oposición rusa para representarla en el Secretariado Administrativo, fun­damentalmente a causa de su conocimiento de la lengua rusa; en 1932 fue removido de este cargo a causa de intrigas personales y se convirtió en agente del stalinismo (ver Escritos 1932). Raymond Molinier (n. 1904): uno de los fundadores de la Liga Comunista de Francia y de La Verité. Hasta 1935 Trotsky lo apoyó frecuentemente en las numerosas disputas internas de la Liga. Durante varios años fue el blanco de rumores y acusaciones de adversarios de la Liga por los métodos supuestamente incorrectos que utilizaba para reco­lectar fondos. Con el fin de centrar la discusión en las diferencias políticas, Trotsky trató de terminar con los rumores haciéndolos investigar formalmente por una comisión de control. Su colaboración terminó en 1935, cuando el gru­po de Molinier violó la disciplina al publicar un periódico propio, La Commune (ver Escritos 1935-36). Sin embargo, en 1940, poco antes de su muerte, Trots­ky manifestó su deseo de analizar las posibilidades de una reconciliación y du­rante la segunda Guerra Mundial el grupo de Molinier pasó a formar parte de la sección francesa reunificada de la Cuarta Internacional (ver Escritos 1939-40).

[5] Ya. Graef: formó parte un tiempo de la Oposición austríaca (en el "Grupo Interno del Partido"), antes de decidirse por el stalinismo.

[6] Jan Frankel: militante checo que entró a la Oposición en 1927, pasó en 1930 a formar parte del secretariado y la custodia de Trotsky. Además de Trotsky, fue el único testigo que compareció a la audiencias realizadas en abril de 1937 por la Comisión Dewey, que investigó los Juicios de Moscú (ver The Case of Leon Trotsky (El caso de L.T.)).

[7] Josef Frey (1882-1957): uno de los fundadores del Partido Comunista Austríaco, del que fue expulsado en 1927, fue también dirigente del Partido Co­munista Austríaco (Oposición), que publicaba Arbeiter Stimme (La voz de los trabajadores).

[8] El Secretariado Internacional resolvió que a ninguno de los tres grupos austríacos se lo podía considerar representante de la Oposición de Izquierda Internacional y en consecuencia no se les podía reconocer el derecho a partici­par en la conferencia europea que el Secretariado Internacional esperaba reunir en un futuro próximo. La mayoría de las Secciones de la Oposición apoyó la posición del Secretariado Internacional, pero la conferencia no se realizó.

[9] La crisis francesa de fines de 1930 giró alrededor de las diferencias que surgieron en la dirección de la Liga Comunista sobre la política sindical y sobre el abandono circunstancial por el Partido Comunista de algunos de los rasgos característicos de su ultraizquierdismo del "tercer período". Trotsky apoyó la posición del grupo dirigido por Molinier y se opuso a la del grupo orientado por Naville. La crisis se contuvo con un acuerdo sobre la necesidad de cambiar la composición del Comité Ejecutivo de la Liga y continuar la discusión como preparación para la conferencia nacional.



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