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La Bolivia del Che (1966-67) y la Bolivia de la Asamblea Popular (1969-71)

¿Guerrilla o revolución obrera y campesina?

por Jean Baptiste Thomas[1]

Bolivia 1952, Cuba 1959, dos truenos en el cielo de Yalta

La post Segunda Guerra Mundial marca el advenimiento del orden de Yalta-Postdam, es decir, la era de la coexistencia y de la dicotomía mundial entre los imperialismos vencedores y la burocracia stalinista encargados de asegurar la estabilidad política en sus zonas respectivas de influencia. Esto es así para los centros imperialistas así como para el mundo colonial y semicolonial en plena ebullición. En América Latina, el stalinismo tomó a su cargo la responsabilidad de ahogar todos los anhelos de independencia con respecto al yugo imperialista norteamericano y británico, sin hablar de la aspiración al cambio social. Se recordará seguramente el rol central del Partido Comunista cubano durante el acceso de Batista al poder. Se recordará también, en el caso boliviano, el golpe de Estado contra el régimen nacionalista burgués de Villarroel apoyado por el PIR[2] .

 

 

En este marco, dos truenos van a estremecer al continente y a tener una repercusión mundial. El más conocido es seguramente aquel que se gestó con la entrada de las tropas del Movimiento 26 de Julio (M-26) en La Habana detrás de los comandantes Camilo Cienfuegos y Ernesto Che Guevara, en enero de 1959. El impacto es enorme para las masas del mundo periférico que ven que es posible enfrentar al imperialismo. El precedente chino y yugoslavo[3] parece confirmarse: la revolución desde del campo y detrás de un ejército de guerrilla es posible, e incluso la única vía, para los países llamados “del Tercer Mundo”. El fracaso de Sandino es borrado por la victoria de Castro presionado por las masas obreras y campesinas de la pequeña isla del Caribe.

 

El segundo trueno crujió nueve años antes. Es menos conocido –no casualmente- y tiene por marco la cordillera andina. Lo que debía quedar como un golpe de Estado militar de sectores nacionalistas burgueses opuestos al poder instalado desde 1946, se transforma en abril de 1952, por una participación contradictoria de las masas populares, en una verdadera revolución en la medida en que los trabajadores urbanos y los mineros intervienen de manera autónoma y decisiva, derribando al gobierno militar instalado. El ejército es derrotado y disuelto de facto por los trabajadores en armas, organizados en milicias obreras, mientras que el Estado desapareció en la tormenta. Pronto es fundada la Central Obrera Boliviana (COB), unificando desde su cúpula las direcciones dispersas de los sindicatos bolivianos, aunque estando al servicio de su base ya que en un primer momento la enorme mayoría de los trabajadores urbanos y de los mineros, sindicalizados o no, controlan su funcionamiento. El Partido Obrero Revolucionario (POR, trotskista) de Guillermo Lora juega un rol central en este proceso. Luego es el turno de intervenir del campesinado, a partir de 1953.

Pronto sin embargo, la burguesía recompone un bloque hegemónico con la ayuda del Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR) realizando no obstante toda una serie de concesiones[4] . La ilusión de la burguesía nacional progresista es una trampa en la cual cae tanto el movimiento obrero y popular que irrumpió en el centro de la escena política, como una fracción del POR. Los años siguientes hasta la recuperación en manos del país por el general Barrientos en noviembre de 1964 son la historia de las tentativas de liquidación de las conquistas revolucionarias y de la estabilización del país.

Estos dos acontecimientos mayores vuelven a poner el problema de la independencia nacional frente al orden imperialista y de la revolución. Pero ¿de qué revolución se habla? El proceso cubano parece trazar nuevos caminos. No sólo el sujeto social y político de la revolución obrera y socialista se desplaza de la clase obrera a otra clase subalterna, el campesinado y su vanguardia, sino incluso los instrumentos de la revolución cambian en concomitancia. Toda la herencia del marxismo revolucionario, incluso transformada por el stalinismo, se metamorfosea casi en un retorno a la guerra de los campesinos de Thomas Muntzer, modernizada a través de la concepción del foco[5] . La concepción de la revolución por etapas preconizada por el stalinismo moscovita y desacreditada, es reemplazada por la teoría de una revolución que aspira a ser integral, pero cuyo sujeto, en función de una lectura errónea y sociológica de las relaciones de clase y de producción no puede ser la clase obrera en los países rurales y atrasados, sino el campesinado y su vanguardia, la guerrilla. Esta vuelta teórica representa evidentemente la negación pura y simple no sólo de la revolución rusa y de la hoz y del martillo, es decir, la alianza obrera y campesina. También niega las tareas centrales de la revolución permanente, de las que los mineros, obreros, estudiantes y campesinos bolivianos habían demostrado la validez en 1952.

¿Revolución obrera y socialista, es decir revolución permanente o guerrilla de largo aliento? Esa es entonces la alternativa estratégica. La guerrilla, es verdaderamente la ilusión fúnebre en la cual dejarán la vida decenas de millares de revolucionarios sinceros por una única América Latina y que sin embargo, demuestra su fracaso desde 1967 en Bolivia. Se trata de un fracaso paradójico sobretodo si se lo inscribe en el tiempo, ya que la muerte del guerrillero por excelencia[6] precede dos años al segundo proceso revolucionario obrero y campesino que comenzará a sacudir al país a partir de 1969 y que permite poner en paralelo dos estrategias en la lucha contra el imperialismo y por el derrocamiento del orden capitalista: guerrilla o revolución obrera y socialista. A pesar del sangriento golpe de Estado de agosto de 1971, es verdaderamente la segunda estrategia la que parece portadora de victoria y de esperanza para la Bolivia que anticipa todos los procesos revolucionarios que atraviesan el Cono Sur en el curso de estos años y se inscribe plenamente en el movimiento en ascenso de la lucha de clases a nivel mundial a partir de 1968.

Es entonces estas dos concepciones que intentaremos poner en perspectiva a través de un proceso real que pone de relieve toda la validez de la revolución permanente y de la alianza obrera y campesina para la revolución latinoamericana como para toda la periferia semicolonial y los países centrales.

La Bolivia del Che después de Cuba y el Congo

La experiencia congoleña del Comandante es un primer fracaso. La burocracia cubana ve allí sin embargo una buena ocasión para separarse de un estorbo que rechaza la línea moscovita de coexistencia y pretende propagar la revolución con sus métodos cubanos en el “Tercer Mundo”. En noviembre de 1966 vuelve a reunirse con un puñado de combatientes cubanos y bolivianos en Bolivia para abrir allí otro frente, uno de los “mil Vietnam” al cual aspira.[7]

La elección de Bolivia que debe transformarse en la Sierra Maestra del continente tiene paradójicamente muy poco que ver con la tradición revolucionaria del país y de su vanguardia central, el proletariado de las minas. La lucha que quiere emprender Guevara es un proceso a largo plazo totalmente desconectado en consecuencia de los cambios bruscos de la lucha de clases de los cuales es capaz el movimiento obrero y popular, particularmente en Bolivia. Guevara no pretende ligarse al movimiento de masas real. En este sentido, Guevara va a anticipar, pero sin verlo venir y aislándose el futuro proceso revolucionario.

Todo en la preparación y el desarrollo de este foco anuncia la catástrofe futura. La guerrilla pensó en un primer momento en las zonas del Alto Beni o de Chapare –regiones de colonización y de protesta- para abrir el frente. Se opta en realidad por el no man’s land [tierra de nadie] a medio camino entre la cordillera y el Chaco boliviano, una región casi desierta[8] donde “a los habitantes hay que cazarlos para hablar con ellos pues son como animalitos”[9] y donde la pequeña tropa será rápidamente “rodeada por dos mil hombres en un radio de ciento veinte kilómetros y se estrecha el cerco, complementado por bombardeos de napalm”[10] . El Che parece olvidar los principios mismos de la lucha armada que había teorizado en Cuba.[11]

Pero más allá de los problemas militares y de los errores stricto sensu se plantea la cuestión de la relación con los sectores obreros y campesinos reales susceptibles de organizarse y de luchar a pesar de la noche barrientista.[12] En vez de elegir el terreno de combate en las organizaciones de clase, los principales apoyos del Che se aíslan con él. Algunos de los dirigentes más valientes del PC boliviano como los hermanos Peredo eligen la guerrilla antes que llevar una lucha al interior del partido contra la línea de Monje. Esto incluye a un dirigente minero del temple de Moisés Guevara, que se exilia en lo más remoto del maquis pensando estar allí “como pez en el agua”, según la expresión consagrada por Mao, en vez de continuar luchando paso a paso en las minas donde él y sus compañeros “eran bastante conocidos”[13] . La siniestra dirección boliviana del PC que estaba inicialmente de acuerdo en apoyar con desgano toda guerrilla que no tomara como punto de apoyo el territorio nacional[14] se vuelve francamente hostil a la pequeña tropa a partir de enero de 1967.[15]

Lo que se autoproclamará a fin de marzo de 1967 como el Ejército de Liberación Nacional de Bolivia (ELNB) sólo cuenta de hecho con cuarenta y siete combatientes. Sus comunicados no serán jamás publicados en vida de la tropa y se sabe que reclutará más en el barrio latino de París a través de Régis Debray, que entre los pocos campesinos con los cuales llega a entrar en contacto y que denuncian su presencia al Ejército.[16] Es fácil en este marco para el Pentágono formar un cuerpo de elite de Rangers con el fin de liquidar el foco, en primer lugar su retaguardia a principios de septiembre de 1967, luego el grupo de Guevara en octubre. “Hasta que el Che no muere, nosotros, en la mina, no sabíamos que estaba en Bolivia”[17] testimonia Domitila Barrios[18] . Un triste fin para aquel que Korda inmortalizó con la mirada llena de desafío y que lanzaba a los pueblos del mundo “es la hora de los braseros y sólo es necesario ver la luz”[19] . Los braseros mundiales que nacen sobre las barricadas parisinas atravesarán efectivamente a Bolivia, pero no como el guerrillero podía esperar.

La Bolivia post Guevara, la recomposición de la protesta minera, obrera, campesina y popular

El gobierno de Barrientos utiliza el pretexto de la lucha contra la subversión encarnada por la guerrilla desarrapada para relanzar la represión contra los bastiones mineros en junio de 1967 y organizar en julio una manifestación en apoyo a su gobierno en el curso de la cual el vicepresidente Siles Salinas retoma el “No pasarán” de Dolores Ibárruri. Sin embargo, las caídas del valor de los metales de los que Bolivia extrae sus principales recursos así como la penetración acrecentada del capital extranjero, combinado con el pago del servicio de la deuda, comienzan a provocar un incipiente movimiento contestatario sobre bases económicas de los sectores que hasta ese momento no habían estado a la vanguardia de la conflictividad social pero van a actuar con un rol similar como cajas de resonancia preparando el terreno de las luchas y la entrada en escena después de 1969 del proletariado minero.[20] Estas primeras brechas en los cimientos del régimen barrientista muestran que en el espacio de algunos meses, la situación de la relación de fuerzas entre las clases comienza a invertirse.

La muerte brutal de Barrientos en abril de 1969 sorprende a todos los sectores sociales y apremia sobre todo a la burguesía. Profundamente dividida, intentará desactivar la crisis social y canalizar la protesta y el proceso revolucionario antes de optar por el golpe de Estado sangriento de Bánzer como último recurso en agosto de 1971.[21] Esta sucesión de golpes y contragolpes de Estado van a significar tantas brechas en el seno del bloque burgués y de la tutela norteamericana que van a potencializar la recomposición progresiva de las reivindicaciones mineras, obreras, estudiantiles y campesinas.

Paralelamente, en el curso de estos tres años, las fuerzas obreras y populares van a reconstruir en base a un plan político y tendencialmente militar sus propias instituciones de clase[22] y forjarán nuevas instituciones como el Comando Político de la Clase Obrera y del Pueblo en octubre de 1970[23] , luego la mítica Asamblea Popular (AP[24] ) que sesionará por primera vez en junio de 1971, apenas dos meses antes del putsch de Bánzer.

Pero lo que nos interesa más particularmente aquí con el fin de volver a nuestra problemática, es el estudio de lo que surgió por abajo, anticipó y dio vida a las instituciones que hemos citado[25] . Se trata de las tendencias sovietistas y de los órganos de doble poder que constituyen y marcan el camino de la independencia de clase, de la creatividad obrera en alianza con las clases subalternas y de la revolución con los cuales el golpe de agosto de 1971 va a terminar sangrientamente. Paradójicamente es en la misma época que el ELN lanza un segundo foco y que el PC maoísta y el POR (Moscoso[26] ) optan por una línea filo-guerrillerista. Una vez más las cuestiones políticas de la independencia nacional y del derrocamiento del capitalismo, del sujeto social y político y de los medios de la revolución, vuelven a estar planteadas.

Una alternativa política y una oportunidad histórica se presenta entonces para los revolucionarios en Bolivia que van a hacer la experiencia ante la hora del proceso revolucionario que sacudirá el Cono Sur y muy particularmente Chile (1970-71) y Argentina (1969-76). ¿Era necesario luchar sobre una base de clase en el seno del proletariado minero y fabril, del campesinado y de la universidad para la recomposición de su autonomía y de su hegemonía sobre la construcción del doble poder en vistas de la revolución o bien reiniciar, al margen del movimiento y quemando las etapas, la experiencia fracasada de Guevara y del ELNB que intentará una reconstrucción en julio de 1970?

Comandos y Comités revolucionarios, las expresiones locales del doble poder en la cima de los Andes

Las expresiones locales, más o menos espontáneas y estructuradas, sindicales o partidarias de la movilización y de la independencia de clase, son sin duda aquellas que han pasado más desapercibidas entre quienes se han dedicado a la historia boliviana contemporánea. Estas son experiencias locales de doble poder poco estudiadas a causa de la carencia de documentos producidos por los diversos comités locales de los cuales sólo subsiste la huella de la unidad de acción en los hechos, más frecuentemente realizada al precio de la vida de algunos de los protagonistas[27] . Se observa así la rapidez con la cual se recompone el hilo de la unidad en las filas del movimiento popular después de la era Barrientos. Nosotros nos interesamos particularmente en lo que surge después de la tentativa abortada de putsch de octubre de 1970 después del cual asume el general Torres.

 Tras la huella de los acontecimientos de octubre de 1970, cuando amplias franjas del movimiento popular se oponen espontáneamente al golpe de Estado de octubre con la huelga general, surgen comités locales con los nombres más diversos pero que tienen todos como característica unificar a la base las tendencias de izquierda más radicales. Se trata de una diferencia cualitativa con relación a los movimientos del período precedente en la medida en que estos comités de base intervienen directamente por medios que les son propios, en el centro de la escena política ocupada hasta el momento por las burocracias sindicales y políticas de izquierda tradicionales. Así en Tarija, en el extremo sur del país, luego de las primeras disensiones en las filas del campesinado en junio de 1970[28] , un Comité revolucionario toma forma reuniendo universitarios, campesinos y obreros que se apodera de los locales del Instituto de la Reforma Agraria local después de haber expulsado a los dirigentes campesinos oficialistas. Un Comando revolucionario hace su aparición en Cochabamba en octubre y se estructura a lo largo del período torrista alrededor de la COD[29] y del BIC local.

Estos comités locales reagrupan desde el inicio a militantes en ruptura con el oficialismo y el gobierno, pero cuya proyección es muy superior, al punto de volverse hegemónico a escala local. Su arraigo se traduce incluso en un fenómeno de radicalización creciente en el curso del cual se plantea la cuestión del armamento. Nacidos de la confrontación con las fuerzas armadas putschistas, estos comités no pueden no hacer referencia a las milicias obreras y campesinas de 1952 antes incluso, por otra parte, que esta cuestión sea abordada a nivel nacional en el momento de la primera sesión de la AP entre junio y julio de 1971. La centralidad obrera pesa con toda su fuerza y los mineros juegan un rol primordial abordando esta cuestión de buenas a primeras. La fracción minera del POR del departamento de Oruro exige que se constituyan milicias de autodefensa sin esperar “la magnanimidad de ningún general (...) pues el proletariado debe tomar las armas allí donde ellas se encuentran”[30] . Estas posiciones serán retomadas luego por el Comité revolucionario local.[31]

Los comités locales bajo sus formas más diversas operan al margen de la legalidad institucional y responden con sus medios reducidos a la violencia de clase del Ejército por sus propios métodos, especialmente en el medio urbano. Personas sin vivienda de Santa Cruz ocupan varios terrenos pertenecientes a las ricas familias Lavandez y Foianni. El gobierno, presionado por los ocupantes, es arrinconado para expropiar y emprender la construcción de viviendas sociales. Es así el caso de Oruro donde el Comité revolucionario obtiene la expulsión del conjunto del cuerpo de oficiales implicados en la matanza del 8 de octubre de 1970. Las perturbaciones tocan también a Sucre, Cochabamba donde la Escuela Normal Católica es ocupada violentamente por los estudiantes con el apoyo de la COD, así como varias medias y pequeñas propiedades agrícolas peri-urbanos son ocupadas por peones.

En las zonas rurales donde la dinámica popular tiene un impacto desfazado en el tiempo, sin embargo surgen comités casi en todas partes, acentuando la radicalización de los sectores independientes del campesinado y acelerando la ruptura del pacto militar-campesino. Jean Pierre Lavaud habla con relación a este período de una “serie de invasiones de propiedades clasificadas como medianas por los servicios de Reforma agraria, retenidas en las manos de los latifundistas”[32] . Para citar sólo dos ejemplos en el departamento del Oriente boliviano, podemos pensar en el Comité Campesino Revolucionario de Chané-Bedoya entre octubre de 1970 y agosto de 1971 o en la ocupación por los colonos de Yapacani, dirigida también por la UCAPO (Unión de Campesinos pobres, organización filo-maoísta), de la hacienda Versalles que se desarrolla con una toma de rehenes entre los cuales forman parte 25 metodistas norteamericanos y 15 funcionarios del Banco Interamericano de Desarrollo. Fioravanti da cuenta, sin precisar la cifra, de cierto número de antiguos soldados del regimiento de los Rangers de Santa Cruz, en el origen de la represión contra el primer maquis del ELNB, que habrían apoyado la ocupación desde el principio, el 31 de julio de 1971, después de haber desertado con sus armas.[33]

Estos comités locales no tienen nada que ver con la caricatura foquista que intenta constituir el núcleo de la guerrilla más o menos democráticamente alrededor de una base campesina. Los ejemplos de los comités revolucionarios de Teoponte y Tipuani, departamento de La Paz, son paradigmáticos en este plano. Se constituyen en octubre de 1970 entre los obreros de la South American Placers explotando los yacimientos auríferos de la zona, pero también entre los asalariados temporales, los lavadores de oro cooperativistas de Tipuani y los colonos. Son estos dos comités los que van a quebrar el cerco militar de la región decidido luego de la implantación del foco del ELN en la región en julio de 1970. Después de haber puesto en crisis el dispositivo militar, es bajo la protección armada conjunta de los dos comités que los últimos sobrevivientes de la trágica experiencia del maquis de Teoponte serán rescatados y acompañados a La Paz.

Estos comités animados por militantes subjetivamente revolucionarios, en ruptura con la política nacional de sus organizaciones –como el PRIN de Lechín[34] o del PCB que desarrollan una línea perfectamente legalista sobre la cuestión de los comités y de las ocupaciones salvajes- influencian un auditorio que se extiende más allá del cenáculo político tradicional. Estos sectores se encuentran sin embargo en una situación volátil entre una radicalidad y una independencia de clase tal que no se traduce en una desconfianza ni en una ruptura claras con el torrismo, especialmente por la ausencia de una verdadera política alternativa del POR Lora.

A medida que las formas múltiples del doble poder se acentúan, que la impotencia de Torres es manifiesta, un vacío de gobierno se instaura, intolerable a los ojos de las clases dominantes. La salida decisiva que se bosquejaba sólo podía inclinarse en uno de los dos sentidos: ya sea el establecimiento de un gobierno obrero-campesino sobre la base de los órganos locales de doble poder que hemos descripto, ya sea la restauración sangrienta del orden barrientista. Cincuenta años antes, Gramsci afirma crudamente a la luz de la experiencia consejista italiana que “la fase actual de la lucha de clases (...) es la que precede ya sea la toma del poder por el proletariado revolucionario, para pasar a nuevos modos de producción y distribución (...); ya sea una terrible reacción de parte de la clase poseedora y de la casta gubernamental. Ninguna violencia será desperdiciada para sujetar al proletariado industrial y agrícola a un trabajo servil: se buscará quebrar inexorablemente los organismos de la lucha política de la clase obrera (...) e incorporar los organismos de resistencia económica (sindicatos y cooperativas) a los engranajes del Estado burgués”[35] . En esta alternativa entre socialismo o barbarie, es la reacción fascistizante quien triunfa en Bolivia.

Pierre Kalfon reduce el fracaso de Guevara a un problema formal y organizacional y no ve allí ningún problema estratégico de la revolución. Luego de la defección anunciada de Monje, Kalfon se pregunta en la muy larga biografía que consagra al Che si la solución no habría sido, “constituir a partir de un puñado de militantes residentes en la ciudad, jóvenes y devotos, (...) una estructura de reemplazo, capaz de servir de retaguardia a una vanguardia casi aislada de todo –y pronto de Cuba. ¿No está allí, en el Che, el signo de una prioridad exagerada dada a la sierra sobre “el llano” (la ciudad), siguiendo el esquema cubano de 1957-58 transformado en axioma?”[36] . ¿La solución no habría sido entonces la de la guerrilla campesina sino la de anticipar la estrategia uruguaya de los Tupamaros dando la primacía a la guerrilla urbana? El proceso que se abre en Bolivia después del asesinato del Che en una pequeña aldea del oeste de este mismo país indica que no.

El POR Lora que sin embargo no ha caído en la experiencia foquista no supo no obstante evaluar y explotar las tendencias sovietistas del proceso boliviano, sobre todo después de octubre de 1970 y contribuir así a unificarlas por la base en vista de la toma del poder. A la inversa, apoyó lo que supuestamente representaba la expresión nacional de estas tendencias sovietistas y del doble poder local pero que sólo era de hecho su reflejo burocrático, la Asamblea Popular nacional.

Con la guerra del agua y la semiinsurrección de Cochabamba de abril del 2000 seguida del levantamiento campesino de septiembre, las marchas de los cocaleros y de los mineros, las jornadas de revuelta de La Paz de febrero del 2003, se desarrollan muchos elementos que indican la forma en la que el movimiento obrero, campesino y popular boliviano reanuda con una cierta tradición de radicalidad andina en el marco de un continente convulsionado. Esperemos que esta radicalidad encuentre su expresión política y el camino de la liberación reanudando con la autoorganización sovietista, como en 1952 y entre 1969-71, y apoyemos a aquellos que luchan en esta dirección.

 

[1] París, junio de 2003. Catedrático de español. Trabajos universitarios: Maestría de civilización latinoamericana en octubre de 2001, París III, Luchas sociales y Asamblea Popular en Bolivia (1969-71), elementos de análisis de una situación revolucionaria. En curso, tesina de DEA de sociología (EHESS) sobre las ocupaciones de fábricas y autogestión obrera directa en Cerámicas Zanon y Brukman Confecciones hoy en Argentina. Colaborador del CEIP León Trotsky de Buenos Aires (Argentina).

[2] El Partido de la Izquierda Revolucionaria (PIR), secreción boliviana de Moscú, se caracteriza por su participación en el gobierno y en las masacres de Potosí en enero de 1947, ordenadas por los ministros stalinistas. El stalinismo boliviano luego deberá refundarse, creando finalmente en 1950 el PCB.

[3] Experiencias victoriosas que se inscriben sin embargo en el marco del período “excepcional” de 1943-49.

[4] Entre estas conquistas contradictorias de la Revolución de 1952 se puede contar la nacionalización de las minas en octubre y la reforma agraria en agosto de 1953.

[5] El centro de la guerrilla.

[6] Aquel que recibirá de aquellos que le han dado el nombre de “guerrillero heroico” desde el velatorio fúnebre organizado en su honor el 18 de octubre de 1967, Plaza de la Revolución en La Habana. Ver el discurso de F. Castro “Una voz y un millón de silencios” en Cuba, noviembre de 1967 (Número especial).

[7] Es chocante constatar que de los diecisiete hombres que constituían el comando boliviano , casi todos son ex combatientes de la Sierra Maestra y han asumido muy altas funciones en el seno del gobierno postrevolucionario y del PC cubano. ¿Ver en la guerrilla boliviana un buen medio de organizar un “proceso de Moscú” a distancia cuyos ejecutantes serán al fin de cuentas el Ejército boliviano y la CIA es exagerado? En el caso de la tropa boliviana inicial, el núcleo duro está constituido por responsables disidentes del PC boliviano, entre los cuales está Inti Peredo quien era miembro del CC, después seguido por Loyola Guzmán de la dirección de las JC. Ver Kalfon, Pierre, Che, Seuil, París, 1997.

[8] Los pocos cursos de quechua (lengua vernácula hablada por los bolivianos en el tercio central del país con el aymara en el tercio norte) que habían tomado los guerrilleros y que continúan tomando en el maquis no les son de ninguna utilidad. En la zona donde se instalan se habla guaraní.

[9] E. Guevara, Diario de Bolivia, 19/06/1967.

[10] Ídem (28/03/1967).

[11] “No se puede, escribe, entablar una lucha frontal contra un ejército fuerte y potente cuando solamente se puede contar con un pequeño grupo”. Ver Guevara, E., “Cuba: ¿excepción histórica o vanguardia en la lucha anticolonialista?”, en De Maceo y Che, Ed. De Ciencias Sociales, La Habana, 1969. Guevara pensaba al principio formar un núcleo aguerrido y preparado de guerrilleros antes de iniciar todo combate, pero el terreno y las fuerzas armadas bolivianas lo apremiarán desde el 23 de marzo de 1967.

[12] Expresión que se refiere al período particularmente represivo luego del golpe de estado de 1964.

[13] Viezzer, Moema, “Si me permiten hablar...”, testimonio de Domitila, una mujer de las minas de Bolivia, Siglo XXI editores, México, 1980.

[14] ¿Es por esta razón que el terreno de operación de la guerrilla es relegado a una zona más próxima a la frontera argentina y paraguaya que a las neurálgicas concentraciones mineras?

[15] Es este el mismo período que cesa todo contacto entre el foco y Manila (La Habana).

[16] Para fortalecer su ligazón social y tener las manos libres para ahogar los bastiones de resistencia mineros, Barrientos firmó con la central campesina hegemónica CNTCB un “Pacto militar-campesino” en 1966 que sólo comenzará a agrietarse a partir de diciembre de 1968.

[17] Viezzer, Moema, op. cit., p.126.

[18] Se trata del famoso testimonio de Domitila Barrios, mujer de un minero del Campamento Siglo XX, recogido por Moema Viezzer, que dio la vuelta al mundo.

[19] Grito de guerra de José Martí que el Che retomó en su último discurso en público en abril de 1967.

[20]. Nosotros hacemos aquí alusión a las primeras huelgas aisladas de los maestros urbanos y rurales en marzo de 1968, convergiendo en octubre en una huelga general junto a los fabriles (obreros de la pequeña y mediana industria) paceños ( de la capital de La Paz) contra el estado de sitio. Dos meses más tarde, la tentativa de someter al campesinado hace saltar el polvorín y una minoría de delegados del Congreso campesino de diciembre forma el Bloque Campesino independiente (BIC) que firma con los estudiantes y los fabriles de la capital el pacto obrero-campesino-universitario. Algunos días después, es todo el Altiplano norte el que está en ebullición.

[21] Siles Salinas, ex vicepresidente, llega al poder en abril de 1969 y promete elecciones, pero es derrocado en septiembre por el general Ovando. Este decreta querer iniciar una “tercera vía boliviana”, luego gira a la derecha a partir de julio de 1970. El general Miranda lo derroca en octubre pero el general Torres se le opone sobre bases nacionalistas burguesas y ocupa el puesto de presidente. Es en este momento que el proceso de autoorganización por abajo del cual hablaremos comienza a tomar su amplitud. En enero de 1971, un nuevo putsch es puesto en jaque por la huelga general. En agosto, Torres es derrocado por Banzer que encarna principalmente la reacción contra la revolución en marcha.

[22] Introduciéndolas simbólicamente a través de la sesión del Congreso minero (FSTMB) en marzo de 1970 y luego del Cuarto Congreso de la COB en mayo que adopta las tesis llamadas “socialistas”.

[23] Cuando el período revolucionario propiamente dicho se abre verdaderamente a través del surgimiento de órganos e instituciones locales de doble poder.

[24] La obra de Lora y la introducción de Catherine y François Chesnais (Lora, Guillermo, Del nacimiento del POR a la Asamblea Popular, EDI Ediciones, París, 1972) son un buen informe del período desde un punto de vista lorista y lambertista.

 [25] Se puede decir que la Asamblea Popular nacional que reúne 222 delegados en junio de 1971 es a la vez la expresión real burocratizada de los organismos sovietistas que surgen espontáneamente a partir de octubre de 1970.

 [26] Se trata de la organización trotskista afiliada al Secretariado Unificado de la Cuarta Internacional en el momento en que esta corriente teoriza sobre “las nuevas vanguardias” y la lucha armada. El POR Moscoso es muy inferior en número al POR Lora, que permanece, a pesar de un número importante de críticas que se le puede hacer, en una línea de lucha de clases.

[27] Ver en este sentido los estudios de principios de los años 70 de Jean Pierre Lavaud disponibles en el IHEAL, especialmente Lavaud, Jean Pierre, “La situación social en Bolivia” en Bolivia hoy, Estudios y documentos de trabajo, CNRS, Sind y del mismo autor “Bolivia bajo Ovando, Torres y Banzer, luchas actuales” en Bolivia hoy, estudios y documentos de trabajo, CNRS, Sind, así como Gallardo Lozada, Jorge, De Torres a Banzer, diez meses de emergencia en Bolivia, ediciones Periferia, Buenos Aires, 1973.

[28] En junio de 1970, una asamblea de campesinos independientes es organizada con la ayuda de cobistas para protestar contra la sesión del VI Congreso departamental de la CNTCB. La apertura del congreso oficialista debió ser aplazada mientras que el viaje del Ministro de Asuntos Agrícolas era obstaculizado como lo informa Presencia, La Paz, 17 de junio de 1970.

[29] Las Centrales Obreras Departamentales (COD) estructuran localmente la COB.

[30] Combate N° 9, órgano local del POR, Oruro, 19 de abril de 1971.

[31] Durante la nueva tentativa del golpe de estado reaccionario de enero de 1971, los mineros marcharán sobre La Paz armados de dinamita. En agosto, los combates luego del putsch de Banzer duran dos días sólo en la capital aunque el gobierno no había entregado armas y aunque la AP no había resuelto este problema central.

[32] Lavaud, Jean Pierre, La inestabilidad política en América Latina, el caso de Bolivia, ediciones del IHEAL/L’Harmattan, París, 1997.

[33] Fioravanti, Eduardo, La experiencia de la Asamblea Popular en Bolivia, Jaca Books, Milán, 1973.

[34] Histórico dirigente minero que osciló de las bases trotskizantes cercanas al POR Lora al MNR para luego fundar en 1964 el PRIN.

[35] Gramsci, Antonio, “Por una renovación del PCI, Ordine Nuovo, 8 de mayo de 1960”, en Textos, Ediciones Sociales, París, 1983.

[36] Ver Kalfon, Pierre, op. cit., p. 497.



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