Obra de LT Menu Biblioteca Menu Publicaciones Menu Estudios Menu Novedades

Producción y revolución

Discurso pronunciado ante el XII Congreso del Partido Comunista (B) Ruso [1]

La primera y más elemental de las tareas de la NEP decidida por nuestro partido fue dar un impulso a las fuerzas productivas. La segunda es dirigir las fuerzas de la producción en dirección de la recuperación, o mientras se recuperan, hacia el socialismo. Esas dos cuestiones de ningún modo deben ser confundidas.
La NEP ha cumplido su primer objetivo. Nuestras estadísticas para 1913, 1921 y 1922, más allá de lo inexactas que puedan ser, describen bastante bien el movimiento de la producción. En 1913 el ingreso total de todas las ramas de la industria y la agricultura rusa sumaban 11.000 millones de rublos oro. En 1921 éste fue de menos de 4.500 millones, y en 1922 fue de 5.300 millones.
En 1913 la agricultura proporcionó un rendimiento de 6.700 millones. En 1921 dio 3.500 y en 1922, 4.000 millones. En 1913 la industria de conjunto produjo 4.400 millones de rublos oro, y en 1921, 929 millones. En 1922 la producción sobrepasó los 1.300 millones. Pero lo que más nos preocupa es la industria pesada nacionalizada por un lado y la producción de los pequeños talleres, por otro. En 1913 la industria pesada y mediana produjo 3.700 millones, en 1921, 669 millones, y en 1922, 954 millones. En otras palabras, en 1922, logró un crecimiento del 43% por encima del monto de 1921. Pero, ¿cuál fue la producción de los pequeños talleres? Fue de 730 millones un año antes de la guerra. En 1921 fue de 260 millones, y en 1922, 435 millones.

La naturaleza primitiva del intercambio con el campo

Del mismo modo, el intercambio entre la ciudad y el campo se ha incrementado. Esto se manifiesta principalmente en bienes de consumo. La ligazón con el campo ha atravesado así una etapa básica, y sólo ahora nos estamos aproximando a la segunda, en la cual el campo proveerá materias primas a la ciudad y recibirá de ella las maquinarias.
El carácter primitivo de nuestro intercambio con el campo está condicionado por dos factores: se basa en bienes de consumo, y la pequeña producción artesanal juega un enorme papel en ella. Permítannos recordar que esta producción ha subido de cuatro a cinco millones de rublos oro, mientras que la de la industria pesada y mediana es de sólo 954 millones. El problema aquí se plantea agudamente: el intercambio entre la ciudad y el campo, ¿está avanzando hacia el socialismo o hacia el capitalismo? La NEP es una esfera legalmente reconocida por nosotros en la cual el capital privado compite con nosotros.
La pequeña producción de mercancías es la levadura del cultivo en la cual se ha desarrollado el capitalismo en Rusia, por otro lado introducida por el capital extranjero. El capital privado apenas ha penetrado en nuestra industria mediana y pesada. Las empresas permitidas sólo juegan un rol de escasa importancia entre nosotros. Pero la propiedad privada es predominante en el comercio. La pequeña producción de mercancías y el comercio privado forman un bloque de fuerzas hostil contra nosotros.

La recuperación de la producción

La producción ha sido revivida. Se ha producido un poco más, y un poco mejor. La productividad del trabajo ha crecido, y los salarios junto con ella. ¿Significa ésto que el estado está mejor? En Alemania la recuperación de las empresas implicó la ruina del país. Pero nosotros no le pagamos reparaciones a nadie. Nosotros saldamos todas nuestras deudas en octubre de 1917[2], y nuestra prerrogativa permanece intacta. Si nuestra industria nacionalizada trabaja a pérdida, ¿quién puede por lo tanto hacerse rico, a no ser que no sea extranjero?
Porque este año nuestra producción tomada de conjunto ha trabajado a pérdida. Algunas ramas esperaban hacer ganancias. La producción subió el 43%. Hubo una muy leve mejoría en los combustibles. La producción de papel ha crecido de 86 millones de rublos oro a 191 y la de lana de 72 a 137. Las textiles están a la cabeza, y la industria liviana de propiedad privada están al frente de esto. La industria pesada nacionalizada es todavía deficitaria.
Este déficit puede se comparado con el esfuerzo de hacer andar una máquina que casi ha dejado de funcionar, y que ha dejado de funcionar completamente en algunos aspectos. En este caso no hay nada desconcertante, esto era inevitable. Sólo que ésto no debe continuar. El comienzo que se ha hecho no debe ser arruinado. La conclusión a extraer de esta experiencia es que estamos todavía en las etapas básicas de la recuperación. Esta recuperación nos ayuda, esto es obvio. Significa una conquista, y la suba de los salarios es otra. Pero si nos preguntamos a quién ha proporcionado sus primeros beneficios, haríamos bien en respondernos que fue a nuestro competidor, al pequeño productor. Y es necesario que admitamos que hemos gastado parte de nuestro capital para poner nuevamente a funcionar a nuestro equipamiento. Rikov* ha sacado esta conclusión, y agrega: “Es necesario durante el tercer año de la NEP cubrir los costos de nuestra industria y transporte y producir”.

Mejorar las condiciones de los campesinos y exportar granos

Durante la segunda etapa de la NEP, nuestro objetivo es el de unirnos al campo. El campesino se enfrenta al pequeño productor y a la industria nacionalizada. Nuestra Comisión de Comercio Interno señala que el campesino hoy está pagando en grano por sus bienes manufacturados, su carbón, su petróleo, etc., 2,75 veces más que en 1913. El pasado agosto los precios de los bienes manufacturados en nuestros mercados fueron menores que los de 1913. No han dejado de subir desde entonces. Al mismo tiempo los precios de los bienes agrícolas eran mucho más altos que en 1913, y no han cesado de caer desde entonces. Este es todo el problema de nuestra vida económica y de nuestro progreso hacia el socialismo.
Es urgentemente necesario aproximar los precios de la producción rural y de la producción industrial, sin lo cual ningún control de las fronteras nos salvará de la competencia del mercado extranjero.
La primera cuestión aquí es la de nuestras exportaciones de granos. Debería ser de primera importancia si los vendiéramos obteniendo ganancias. Pero estamos en un período de fascismo[3], y los bloqueos son posibles. Los americanos tienen tanto grano que lo están usando para alimentar a sus cerdos, e incluso lo están quemando: durante la guerra Norteamérica se apropió de las nueve décimas partes de nuetros mercados de granos. ¿Podemos recuperarlos? Sin el más mínimo optimismo podemos responder afirmativamente: Europa, aunque sea fascista, debe comer nuestro pan soviético, y las ganancias de estas exportaciones, beneficiando directamente a los campesinos, ayudarán en última instancia a revivir nuestra industria nuevamente. Pero ésta todavía no es la solución. Sino que es más un lazo entre la Europa capitalista y el campo ucraniano que entre nuestro proletariado y nuestro campesinado.

Crear una contabilidad

Nosotros también estamos torpemente equipados en relación a nuestro competidor, el pequeño productor. Su equipamiento es rudimentario. De nuestras vastas empresas industriales estamos utilizando sólo del 17 al 20%, 25% como máximo, y cargamos con todo el peso del resto. Nuestras empresas se parecen mucho a los antiguos ejércitos partisanos, que tenían 500 bayonetas, tres aeroplanos y dos aparatos de telégrafo para dar la impresión de un ejército. Es necesario, con la mayor seriedad, reorganizarlas, que el partido y los sindicatos le dediquen toda su atención a ello.
Debemos poner un freno a todo trabajo inútil. Es mejor alimentar a un desocupado que hacer funcionar una maquinaria inútil, centralizar nuestras empresas rigurosamente, reducir los costos secundarios de la producción, ya sean etiquetados como entrenamiento o apoyo al Ejército Rojo, y todavía más los de publicidad. En relación a esto se debe mencionar un hecho más: una gran parte de nuestra prensa se mantiene funcionando con las publicidades completamente inútiles de nuestros establecimientos industriales.
Además, necesitamos una contabilidad estricta, la falta de ésta alienta el robo y el derroche. ¿En qué punto estamos en nuestros cálculos? La Inspección Obrera[4] ha descubierto que el 80% de nuestros cálculos son arbitrarios -y podemos suponer que los otros no valen absolutamente nada-. Las empresas se jactaban de sus ganancias, y la Inspección Obrera les demostró que eran deficitarias.
Hay toda una magia que se practica con los números, y debemos terminar con ésto. Ya hemos experimentado el período de las “requisiciones” que justificaba todo, y después el de las “especulaciones”, temo que ahora entremos en el de los “cálculos”. Tenemos que crear una contabilidad, cálculos adecuados, que no disfracen más el pillaje, sino que nos permita realmente llevar adelante nuestra empresa. La contabilidad no es un requisito de oficina, un detalle técnico, sino el camino al socialismo.

Regularizar los salarios

La Comisión del Partido para los Salarios, presidida por Rikov, ha tomado algunas decisiones importantes: obviamente los salarios deben subir al mismo tiempo que la producción, pero no deben reflejar el aumento de esta última. Las ganancias de la industria textil, por ejemplo, no deben ser absorbidas completamente por el aumento de los salarios, sino que deben contribuir parcialmente a la recuperación de toda la industria nacionalizada.

Concentrar el crédito

Financiar una empresa es en tres cuartas parte controlarla. En nuestro estado el mecanismo financiero es necesario cada vez más para reactivar la industria, en su sentido más amplio, naturalmente y no en sus detalles. El Comisariado de Economía del Pueblo sería impotente si no tuviera a su disposición un buen mecanismo financiero.
El control financiero de la producción obviamente no debe extraer su inspiración de las fluctuaciones inmediatas del mercado comercial, y no debe perder de vista la perspectiva a largo plazo, examinado por los servicios del estado y por el partido. La única forma de evitar el diletantismo en esta esfera es concentrar el crédito.
El monopolio del comercio exterior no debe ser puesto en cuestión[5]. Si tuviéramos que explicar en qué se basan nuestras esperanzas para un futuro socialista para Rusia, deberíamos responder:
1- Sobre el poder político del partido, apoyado por el Ejército Rojo.
2- Sobre la nacionalización de la producción.
3- Sobre el monopolio del comercio exterior
Sería suficiente con tirar abajo uno de esos pilares para que caiga todo el edificio.

Trabajar en conformidad con un plan racional

Ahora avanzaré a una cuestión que considero como la fundamental, la del trabajo económico coordinado según un plan unificado. ¿Qué es este plan? En el sistema capitalista es el juego libre de la oferta y la demanda, las crisis, etc., los que regulan la producción. Hay sólo un plan para las industrias privadas; es sólo cuando éstas son monopolios que su actividad combinada se extiende al mercado mundial. Bajo el Comunismo de Guerra tuvimos que sustituir los cálculos de nuestra administración por la interacción de todas las fuerzas económicas. Por lo tanto tuvimos éxito para bien o para mal en alimentar al ejército y al proletariado. Pero tenemos que admitir que no fuimos capaces de controlar nuestra industria de esta forma. Y llamamos al mercado a nuestra ayuda. Sólo que no podíamos poner sin cautela nuestra industria a disposición del mercado. El ejército siempre es una economía sistemática que no depende del mercado; nuestro transporte está completamente nacionalizado; y nuestra industria pesada y de combustibles trabajan principalmente para el ejército y para el transporte. Está fuera de toda cuestión ponerlas a disposición del mercado, no importa lo insignificante que éste sea. Estamos así obligados a reconciliar la actividad proyectada y planificada de los órganos económicos del estado con la movilidad y la flexibilidad del mercado, y eso exige la necesidad de un plan. En 1921 tuvimos una crisis de combustibles. En 1922 fue una crisis en las ventas. Ahora tenemos una crisis en las materias primas. En relación a la crisis de combustibles, Vladimir Ilich nos dijo en 1921: “Nos equivocamos en nuestros pronósticos”[6]. La crisis se desarrolló a partir de nuestra falta de un sistema, y la ausencia de un plan bien construido. La crisis de las ventas más tarde fue el resultado de nuestra falta de previsión comercial; habíamos saturado el mercado interno endeble. La crisis de las materias primas tiene la misma causa; los productos fueron puestos a la venta a un precio no garantizado por la provisión de materias primas. Nuestra crisis fue causada por la insuficiencia de nuestros planes. Planificando mejor nuestro trabajo podríamos prever y neutralizar los movimientos del mercado hasta cinco o seis décimos.
Controlar la vida económica significa prever y planificarla. Pero no debemos confundir el plan general con las posibilidades de maniobras y acción permitidas a empresas aisladas. Estas son cosas diferentes y seguirán así.
Diseñar un plan y aplicarlo significa hacer lo que hacen Morgan[7] y su estado mayor por su trust en Norteamérica: coordinar la dirección y la administración. Debemos dirigir toda nuestra producción rusa nacionalizada en la misma forma en que ellos dirigen sus trusts.
Así avanzamos hacia un acuerdo con las tesis del Comité Central sobre la necesidad de tener una Oficina Central Económica.

Superar la “NEP”

Nosotros invocamos la competencia del libre mercado, y debemos medir nuestra fuerza contra éste. Perseveraremos por medio de un esfuerzo concertado, y nuestro éxito será indicado por la parte de la reconstrucción de la riqueza nacional que retorne al control conciente. La Nueva Política Económica es seria y de largo plazo, pero de ninguna forma es eterna. La creamos sólo para superarla con la ayuda de las leyes del mercado, para utilizar esas leyes para nosotros mismos, introduciendo nuestro poderosa maquinaria económica en ella, mientras que extendemos incesantemente en ella la palanca del trabajo según un plan unificado.
El plan extendido a todo el mercado terminará acabándolo. ¿Es posible esta victoria? Obviamente. ¿Es segura? No. ¿La hemos comenzado ya? En mi opinión, no. Recién ahora hemos sido capaces de acercarnos a las posiciones a partir de las cuales podemos triunfar. Hemos creado las condiciones preliminares para la victoria. ¿Qué debemos hacer para ganar?

Nuestras ventajas

1- Al contrario que los países capitalistas, conociendo nuestras capacidades y nuestras necesidades, podemos controlar concientemente nuestra vida económica.
2- En su interés general podemos hasta cierto punto avanzar en las relaciones entre la agricultura y la industria para desplazar ciertas fuerzas de una a otra.
3- Podemos dirigir concientemente los recursos de nuestro estado, abastecer mejor a ciertas ramas de la producción, y suprimir las que no necesitamos.
4- Podemos destinar concientemente nuestros recursos entre las empresas en la industria, desarrollando algunas y retrasando a otras.
5- Podemos coordinar el trabajo de las distintas empresas infinitamente mejor que el sistema capitalista.
6- Finalmente, la clase obrera rusa le permitirá al estado algún crédito sobre los salarios.
Estas son nuestras seis ventajas principales. Éstas las encuentro enumeradas en un folleto dedicado a la región minera de Moscú, cuyo autor agrega que si ahora tenemos déficit, es porque carecemos de jefes de industria, que se interesen en todo, dedicados a su trabajo, que lo conozcan y le dediquen sus noches y sus días. El proletariado tiene un solo medio de realizar el socialismo, la acumulación de ganancias. Aquí la regla más simple es la mejor: el ahorro del kopek soviético hará el rublo soviético.
En el IX Congreso del Partido, Vladimir Ilich hizo de la selección de los hombres la cuestión principal[8]. La Comisión del camarada Kuibyshev[9] examinó 28 firmas, y concluyó que eran tan “torpes, imprudentes y asistemáticas como aquellos que las dirigían”, hasta la consecuente escasez de contabilidad. También propuso que por lo tanto la administración de las empresas panrusas debe ser nombrada por el Consejo Económico Supremo junto con el Comité Central del partido. De modo similar, en las provincias, los comités provinciales del partido deberían colaborar en cuanto a recomendaciones con los comités económicos provinciales.

Acumulación socialista primitiva

Estamos aprestándonos a saltar las etapas de la acumulación socialista primitiva. Ustedes deberían comprender qué es la acumulación capitalista primitiva según Marx[10], y qué presión de fuerzas presupone para el pequeño empleador. Este pequeño explotador hace milagros, alcanza algún tipo de heroísmo, duerme sólo cuatro horas de 24, vive a pan negro, explota a su mujer y a sus hijos, y ahorra cada centavo. Este es un espectáculo repugnante porque es una cuestión de un centavo aislado de un pequeño burgués rapaz. Pero nosotros necesitamos una economía estricta, a la cual debemos dedicarle todo nuestro conocimiento, toda nuestra energía y toda nuestra voluntad. Deberíamos lanzar a la nación esta consigna: Ahorremos el kopek soviético. Con la misma devoción y atención que usamos previamente en el trabajo revolucionario clandestino, guardando las direcciones de nuestros camaradas que nunca debían ser perdidas, y nunca traicionados, debemos de aquí en adelante defender sostenidamente cada pequeño pedazo del patrimonio de nuestro país socialista.
Vayamos a trabajar, y sacaremos este país de la miseria y la esclavitud. Y no nos rendiremos frente al capital.


[1] El texto en inglés de este artículo apareció por primera vez en mayo-junio de 1991 bajo el título Socialism and the Market en Workers News, el periódico de la Workers International League. Este informe fue impreso en Pravda (88), el 22 de abril de 1923; Ekonomicheskaya Zhizn (88-90), 22-25 de abril de 1923; y Protokolui XII Sezd RKP (B). La traducción realizada para el Bulletin Communiste del 10 de mayo de 1923 fue reproducida en Cahiers del CERMTRI, nº 58, septiembre de 1990. Traducción especial del inglés para esta edición tomada de la versión publicada en In Defence of the Russin Revolution: A Selection of Bolshevik Writings, 1917-1923, Ed. por Al Richardson, 1995, Londres, Inglaterra, pág. 209.

[2] Bajo los términos del Tratado de Versalles en 1921, se fijó el pago de reparaciones de Alemania a las potencias de la Entente. Pero Rusia repudió toda su deuda externa en el momento de la Revolución de Octubre.

[3] El primer dictador fascista, Benito Mussolini, tomó el poder en octubre de 1922 después de la Marcha sobre Roma.

[4] La Inspección Obrera y Campesina (Rabkrin) fue establecida para controlar la burocracia, la ineficiencia y el mal manejo en las instituciones del estado. Bajo la dirección de Stalin (1919-22) rápidamente se involucró profundamente en promoverlas.

[5] En octubre de 1922 el Comité Central adoptó decisiones que debilitaban el monopolio del estado sobre el comercio exterior. Lenin y Trotsky formaron una alianza, logrando que se diera marcha atrás con ellas.

[6] V. I. Lenin, Discurso a una Reunión de Activistas partidarios moscovitas, 24 de febrero de 1921, Obras Escogidas, Volumen 42, Moscú, 1969.

[7] John Pierpont Morgan (1867-1943): encabezó un enorme trust americano con inversiones en acero, ferrocarriles y bancos.

[8] V.I. Lenin, Discurso sobre las tareas inmediatas del desarrollo del partido, 24 de septiembre de 1920, Obras Escogidas, Volumen 42, Moscú, 1969.

[9] Valerian Vladimirovich Kuibyshev (1888-1935): antiguo bolchevique, fue miembro del Presidium del Consejo Económico Supremo en 1926, y Superintendente de la Administración Central de Electricidad, puestos en los que actuó como vocero destacado de la economía política stalinista. Aunque era un devoto stalinista, su muerte fue muy misteriosa.

[10] Marx describió el período de acumulación primitiva en la parte 8 del Volumen 1 de El Capital como un período de explotación y miseria más aguda en las industrias fundadas recientemente, en la expulsión de los campesinos de la tierra, y en el saqueo de las colonias.



Foro sólo para inscritos

Para participar en este foro, debe registrarte previamente. Gracias por indicar a continuación el identificador personal que se le ha suministrado. Si no está inscrito/a, debe inscribirse.

Conexióninscribirse¿contraseña olvidada?