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LA SOCIALDEMOCRACIA ALEMANA

Paul Singer

Pravda, Viena, Nrs. 18-19, 29 de enero de 1911

Singer ha muerto. Paul Singer ya no está con nosotros y su poderosa figura de la Internacional Obrera ha abandonado la escena. Se han agonstado las filas de los gloriosos veteranos que participaron en el nacimiento de la socialdemocracia internacional.
Rico comerciante judío porascendencia y demócráta por sus opinionrd, el joven Singer volvió pronto la espalda a la descompuesta burguesía democrártica de Alemania y dedicó sus energías y sus medios materiales, su tiempo y su talento, su vidaentera, a la democracia proletaria.

Ya en la última década de los sesenta (1860, NdE) sus simpatías se pusieron del lado de la socialdemocracia, aunque mucho tiempo permaneció en bambalinas. Fue sólo a finales de los años ochenta, durante el período de represión policial contra los socialistas, cuando muchos de los “compañeros de viaje” rompieron con el partido obrero y le dieron la espalda a los suyos (como hicieron en Rusia durante el período de la contrarrevolución) cuando Singer rompió sus lazos con la sociedad burguesa y entró activamente en las filas de sus enemigos más mortíferos. De la mano de Bebel y Liebknecht dirigió la obra de los que, piedra a piedra, construyeron la magnífica fortaleza del proletariado, el partido más poderoso del mundo: la socialdemocracia alemana. Fue un incansable organizador del partido y de su prensa, miembro del comité central, miembro del Ayuntamiento de Berlín, diputado del Reichstag, presidente del Grupo Parlamentario Socialdemócrata y, finalmente, presidente permanente de los congresos socialistas internacionales, el Presidente Rojo.
Sabía y había aprendido de otros como él que todo el trabajo debe hacerse bien. Para él no había nimiedades en lo que respecta a los intereses del proletariado: las minucias no son más que una parte del todo. Aportó a cada obra la seriedad moral que se deriva de la conciencia de la importancia del caso en cuestión. Singer comprendió, como pocos, que para que la clase se elevara desde las profundidades de la vida hasta las alturas de la obra histórica, era importante que se replegara en cada nueva posición, desplegara su estandarte y se fortaleciera a sí misma para un mayor progreso, más hacia adelante y más importante.
Como miembro del parlamento, Singer fue el mejor experto en los mecanismos del parlamentarismo; como concejal de la ciudad, fue el mejor experto en administración municipal. En resumen, fue el mejor presidente de toda la Internacional Obrera, tranquilo, atento, imparcial y sin descuidar ningún punto. Con su profunda y diligente atención a todos los detalles, engranajes y tuercas del mecanismo social burgués, Singer nunca perdió de vista las tareas generales del movimiento. Por el contrario, utilizó todos estos detalles en interés del conjunto, y para él este conjunto era lo que es para todo verdadero marxista en política, la conquista del poder estatal por el proletariado en nombre de la revolución social. Singer siempre fue un decidido opositor del reformismo oportunista, fue un revolucionario proletario hasta la médula.
Su admirable perfección en todo tipo de trabajo partidario, su actividad incansable en el cumplimiento de las obligaciones del partido, el dominio de todas las oportunidades posibles bajo el régimen burgués; todas estas cualidades debemos aprenderlas nosotros, los socialdemócratas rusos, de los grandes ausentes y de forma cotidiana.
Pero eso no es todo Singer. Singer, el revolucionario y el miembro del partido, no sólo sabía cómo luchar por su opinión, sino también cómo subordinarla al orden supremo de unidad de su partido. En cualquier controversia organizacional, todos sabían cómo reconocer la competencia de Singer como presidente del comité central. Como presidente del congreso o como presidente del grupo parlamentario, nunca ha inclinado injustamente, bajo la influencia de la simpatía personal, el equilibrio de la decisión del partido. Singer observó rigurosamente el código común de honestidad y justicia en las relaciones partidarias. Sobre esto se construyó su indestructible autoridad moral: la honestidad es una fuerza política. Sin autoridad moral, no puede haber líder proletario: la unión del proletariado no se mantiene mediante la disciplina mecánico, sino en lazos moralmente libres. Con el tiempo, el “presidente rojo” se ha convertido en la encarnación de la autoridad de la democracia proletaria y en el símbolo vivo de la unidad del ejército proletario. En esta esfera, Singer permanecerá, para nosotros los rusos que aún no hemos desarrollado la ética de nuestro partido, como un magnífico ejemplo moral.
Paul Singer murió a la edad de sesenta y siete años y cientos de miles de proletarios berlineses acompañaron sus cenizas a su funeral, pero la causa de su espíritu seguirá viva en los corazones de millones de hombres.

1 Publicado por Editorial Ayuso, Madrid, 1978.



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