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EL SOCIALPATRIOTISMO RUSO

En recuerdo de Plejánov

Archivos, 1918(1)

¡Camaradas! Vivimos una época en que la vida particular de un hombre no es nada o casi nada ante el colosal torbellino de los acontecimientos. En la guerra murieron millones y en la revolución cientos de miles. Ante tales movimientos y luchas de las masas humanas una personalidad individual es insignificante. Sin embargo, aun en períodos de grandes acontecimientos de masas, hay muertes particulares que no se pueden pasar en silencio sin prestarles atención. Tal es la muerte de Plejánov.
En esta gran manifestación, compacta y desbordante, no hay una sola persona que no conozca el nombre de Plejánov.
Plejánov pertenecía a la generación de la revolución rusa y a la etapa de su desarrollo en que solamente pequeños grupos de intelectuales se habían incorporado a la lucha revolucionaria. Plejánov pasó por “Zemlia y Volia”, y por “Cherni Peredel”, y en 1883 organizó, junto a sus colegas más íntimos, Vera Zasúlich y Pavel Axelrod, el grupo “Emancipación del Trabajo”, que llegó a ser la primera célula del marxismo ruso, inicialmente sólo ideológica. Aunque no haya un solo camarada aquí que no conozca el nombre de Plejánov, entre nosotros, marxistas de la generación más vieja, no hay nadie que no haya estudiado en las obras de Plejánov.
Fue él quien treinta y cuatro años antes de octubre, demostró que la revolución rusa triunfaría solamente en la forma de un movimiento revolucionario de los trabajadores, y se esforzó por colocar el hecho del movimiento de clases del proletariado en la raíz de la lucha revolucionaria de los primeros círculos intelectuales; esto aprendimos de él; en ello yacen los fundamentos no sólo de la actividad de Plejánov, sino también de toda nuestra lucha revolucionaria, y a ello hemos permanecido fieles rigurosamente hasta el día de hoy. En el desarrollo posterior de la revolución, Plejánov abandonó la clase a la que tan brillantemente había servido en el período más siniestro de la reacción. No hay mayor tragedia para un dirigente político que incansablemente demostró durante décadas que la revolución rusa podía desarrollarse y llegar a la victoria como una revolución de la clase obrera, ni mayor tragedia tampoco que rehusar a tomar parte en el movimiento de la clase obrera en su etapa de mayor envergadura histórica, en el período de la revolución victoriosa. Y Plejánov desembocó en esta posición. No escatimó golpes contra el poder soviético, contra el régimen proletario ni contra el partido de los comunistas, al cual yo y muchos de ustedes pertenecemos, y desde luego que contestamos golpe por golpe. Y ante la tumba abierta de Plejánov permanecemos fieles a nuestro estandarte, sin hacer concesiones a Plejánov, el hombre de los compromisos y el nacionalista, y sin retractarnos una sola palabra de los golpes que devolvimos y sin esperarlo de nuestros oponentes. Pero ahora que la muerte de Plejánov afecta nuestra conciencia, sentimos, junto a la irreconciliable hostilidad revolucionaria hacia los que interfieren el camino de la clase obrera, la fuerza ideológica suficiente para recordar no al Plejánov que se puso firmemente en contra, sino al Plejánov del que aprendimos el alfabeto del marxismo revolucionario. Plejánov no dejó en el arsenal de la clase obrera una sola arma que no se haya vuelto despiadadamente contra él. En la lucha contra nuestros enemigos de clase y sus aliados conscientes o inconscientes, como en la lucha contra el mismo Plejánov en el último período de su vida, hemos hecho uso, y seguiremos haciéndolo, de la mejor parte del legado espiritual que él nos ha dejado. Ha muerto, y las ideas que forjó en los mejores días de su vida son tan inmortales como inmortal es la revolución proletaria. Ha muerto, y nosotros, sus discípulos, vivimos y luchamos bajo la bandera del marxismo, bajo la bandera de la revolución proletaria. Y antes de volver a la lucha cotidiana contra la opresión y la explotación, contra las mentiras y las calumnias, pido a todos ustedes ponerse de pie y honrar en silencio y con respeto la memoria de Plejánov.

1. Discurso de Trotsky en la XVII Sesión del Comité Ejecutivo Central Panruso del Sóviet de Moscú, del Consejo Central de Sindicatos de Moscú y Panruso de los Comités de Fábrica y de otras organizaciones obreras, el 4 de junio de 1918.



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