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El quinto año. Un año para el estudio

22 de febrero de 1922
Pravda Nro. 43

El Ejército Rojo es sólo cuatro meses más joven que la República Soviética. Pero esto es verdad sólo en términos de documentos. Esencialmente, el Ejército y la República nacieron el mismo día. Se podría decir incluso que, en la forma de nuestra organización Militar Partidaria, el Ejército Rojo había nacido antes del momento en que la clase trabajadora tomara el poder en sus manos.

El primer año de su existencia fue un periodo de intentos y esfuerzos descoordinados y semi-amorfos para crear una fuerza armada para la revolución bajo condiciones muy dificultosas impuestas por el estallido del viejo ejército y el disgusto por la guerra sentido por las masas trabajadoras.

El segundo y tercer año fueron un periodo de conflictos intensos en todas las fronteras del país. El Ejército fue construido bajo fuego. Varios métodos y procedimientos fueron probados, y también rechazados o consolidados. El ejército creció en número hasta un grado extraordinario e incluso excesivo. Esto fue debido a la extensión de los frentes y a la naturaleza de características muy imperfectas de nuestra organización militar. Las nuevas tareas y requerimientos militares engendraron nuevos órganos junto con aquellos previamente creados que ya habían demostrado a medias su incapacidad pero todavía no habían sido abolidos. Una preparación inadecuada condujo a un alto gasto de fuerza humana. Dondequiera que estaba faltando calidad, tenía que ser reemplazada por cantidad.

El cuarto año fue un año de relativa calma en la frontera y un intenso trabajo para reducir y reorganizar al ejército. La tarea era dar de baja a tantos grupos de edad como fuera posible, manteniendo en filas sólo a aquellos estrictamente necesarios, mientras al mismo tiempo, podamos la organización del ejército de todos los órganos superfluos, todas las excrecencias e instituciones paralelas, y recortando los servicios de retaguardia con personal excedente. Esta tarea ha sido ahora, hablando en general, consumada. De este modo, se crearon las condiciones para elevar cualitativamente el nivel del Ejército.

El quinto año de existencia del Ejército Rojo, va a ser un año de intenso estudio. Una nueva organización y reducción parcial del Ejército Rojo pueden tener lugar sólo sobre la base de una mejora cualitativa de sus elementos constitutivos, y estrictamente en acuerdo con este proceso.

Nosotros debemos elevar el nivel de la célula básica del ejército: el soldado de infantería. Él debe ser bien alimentado, mantenido, abrigado y vestido con ropa interior limpia. Un soldado con piojos es solo un soldado a medias.

El soldado debe ser instruido. Nos hemos comprometido firmemente con esta tarea. Para el primero de mayo no debe quedar ningún soldado analfabeto en nuestro ejército. Tenemos la obligación de llevar esta tarea adelante, y hacerlo no sólo para mostrarlo, eso es, no de manera que el hombre a quien han enseñado sus primeras letras en forma apresurada, retroceda, en un par de meses, a su estado original. No, nosotros debemos enseñar, y les enseñaremos a todos los hombres del Ejército Rojo sus primeras letras de manera apropiada.

El primero de mayo de este año la República Soviética debe convocar a su ejército a prestar el Juramento Rojo. Cada hombre del Ejército Rojo tiene que ser capaz de leer claramente, y conscientemente el texto de la ‘Promesa Solemne’ [1]

Tenemos que elevar el nivel político, y en general, moral de cada combatiente. Tiene que saber quienes son nuestros vecinos y posibles enemigos. Tiene que conocer los fundamentos de la Constitución Soviética y las tareas del Estado de los obreros y campesinos. Debe saber que la base del mundo en su conjunto, con todos sus fenómenos variados, es la materia, sujeta a sus propias leyes internas. Hay que librar una lucha persistente para liberar sus conciencias de los prejuicios y supersticiones. La superstición es un piojo interior que debilita al hombre incluso más que los de afuera.

Mejoraremos nuestro entrenamiento puramente militar en forma sistemática. Un comandante de un regimiento tiene que proponerse la tarea de elevar a cada hombre del Ejército Rojo a un nivel tal que, en caso de necesidad, sea capaz de comandar una sección.

Un trabajo firme por parte de los comandantes y los comisarios, tanto sobre los hombres del Ejército Rojo como sobre sí mismos, constituye el precepto más importante de este quinto año de trabajo. A pesar del corto tiempo que tiene el ejército de existencia, nosotros ya tenemos mucha experiencia. Pero ésta todavía se encuentra en un estado caótico. Debe ser cuidadosamente estudiada, examinada, perfeccionada de modo tal que se pueda extraer lo más importante de ella, fijándolo firmemente en la conciencia de todo el ejército.

Cada gran causa, especialmente en una compleja y cambiante época como la nuestra, tiene dos grandes enemigos: el rutinarismo y la superficialidad. El rutinarismo consiste en pensar con viejos clichés, sin tomar cuenta las nuevas circunstancias: carece de iniciativa, de una concepción contundente y de decisión a la hora de la acción. En los asuntos de la guerra estas son fallas mortales.

La superficialidad, por así decir, es el opuesto del rutinarismo. Hoy en día, ésta siempre toma una forma ‘revolucionaria’. Habiendo observado correctamente las deficiencias de la rutina, la superficialidad rechaza todo trabajo serio, todo estudio concienzudo y detallado de las experiencias pasadas, y se engaña con generalidades facilistas y esquemas arbitrarios. La superficialidad, también, es una falla fatal en los asuntos de la guerra.

Necesitamos tener conciencia firme de que el nivel cualitativo del ejército no puede ser elevado agitando una varita mágica. No, esta tarea exige un trabajo tenaz, persistente, detallado, algunas veces un trabajo creativo. Sólo alguien que observe atentamente lo que hay debajo de sus pies, tomando nota de todo, estudiando cada cosa y aprendiendo de cada cosa puede contribuir con algo nuevo, sea grande o pequeño. Pero aquel que, tratando de decir algo nuevo sin más, busca encontrarlo contemplando el cielo, tropezará inevitablemente con una piedra y se golpeará la cabeza contra ella. ¡Ni rutinarismo ni superficialidad! ¡Trabajo persistente, tenaz y concienzudo!

Este trabajo se está haciendo ahora más fácil por la atención creciente que las masas trabajadoras de toda la Federación Soviética le prestan al ejército. Recientemente, a modo de experimento, nosotros implementamos la práctica del patrocinio del Soviet. ¡Qué rápido esto ha sido tomado y desarrollado! ¡Qué resultados beneficiosos está produciendo ya hoy en día! Incluso antes de ahora el Ejército Rojo era parte integral de la Rusia de los trabajadores y los campesinos. Pero ahora y cada día más, un lazo más íntimo se ha establecido entre ellos. La confraternización entre divisiones particulares y soviets particulares, y entre regimientos particulares y fábricas particulares y sindicatos va elevando el nivel moral del ejército y creando mejores condiciones materiales para este trabajo vital.

El Ejército Rojo mira hacia delante con tranquilidad y confianza. El quinto año de su existencia debe ser un año de incansable estudio.

[1] Aprobado por el Comité Ejecutivo Central de Rusia de los Soviets de Diputados de Trabajadores, Soldados, Campesinos y Cosacos, 22 de abril de 1918: 1. Yo, hijo del pueblo trabajador, ciudadano de la República Soviética, adopto el título de soldado del Ejército Rojo Obrero y Campesino 2. Ante las clases trabajadoras de Rusia y del mundo entero, me comprometo a llevar este título con honor, a estudiar concienzudamente el arte de la guerra y a proteger, como la pupila los bienes nacionales y militares de todo deterioro; 3. Me comprometo a observar rigurosamente en todo momento la disciplina revolucionaria estricta e incansablemente, y a ejecutar sin objeción todas las órdenes de los jefes designados por el gobierno obrero y campesino; 4. Me comprometo a abstenerme yo mismo y hacer que mis camaradas se abstengan de todo acto atentatorio a la dignidad de ciudadano de la República Soviética y consagrar todos mis pensamientos y acciones a la gran causa de la liberación de los trabajadores; 5. Me comprometo, al primer llamado del gobierno obrero y campesino, a defender la República Soviética contra todos los peligros y atentados que vengan de sus enemigos, a no escatimar ni mis fuerzas ni mi vida en la lucha por la República soviética rusa, por la causa del socialismo y de la fraternidad de los pueblos; 6. Si obedeciendo a malos designios incumplo este juramento solemne, que mi destino sea el del desprecio general y me castigue el brazo severo de la ley revolucionaria (Cómo se armó la revolución, op. cit., p. 143).



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