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Correspondencia entre Trotsky y Preobrazhensky

Este intercambio de correspondencia se produjo cuando Trotsky ya se hallaba en el exilio y Preobrazhensky, junto con otros militantes de la oposición de izquierda, acababan de ser expulsados del partido. Fueron publicadas por primera vez en inglés en The New International, abril de 1936. Tomado de la versión publicada en La segunda revolución china (notas y escritos de 1919 a 1938), León Trotsky, Editorial Puma, Colombia, 1976, p. 45.

Primera carta de Trotsky a Preobrazhensky*

19 de abril de

Pravda publica en varias entregas un extenso artículo titulado El significado y las lecciones de la insurrección de Cantón. Este artículo es muy notable tanto por la información invalorable, verificable y de primera mano que contiene, como por su lúcida exposición de las contradicciones y su confusión principista.

Comienza con una evaluación de la naturaleza social de la propia revolución. Como todos sabemos, es una revolución democrático-burguesa, obrera y campesina. Ayer se suponía que se desarrollaba bajo la bandera del Kuomintang; hoy se desarrolla contra el Kuomintang.

Pero, según apreciaciones del autor, el carácter de la revolución, y aún toda su política oficial, sigue siendo democrático burgués. Luego pasamos al capítulo que trata la política del poder soviético. Aquí encontramos que: “en interés de los trabajadores, el Soviet de Cantón emitió decretos que establecían [...] el control obrero de la producción, efectuando este control a través de los comités de fábricas [y] [...] la nacionalización de la gran industria, el transporte y la banca”.

Sigue para enumerar las siguientes medidas: “la confiscación de todas las viviendas de la gran burguesía para su utilización por los trabajadores [...]”

Los obreros tenían el poder en Cantón a través de sus soviets. De hecho estaba en manos del partido comunista, el partido del proletariado. El programa incluía no sólo la confiscación de cualquier propiedad feudal que aún existiera en China; no sólo el control obrero de la producción, sino también la nacionalización de la gran industria, la banca y el transporte, así como la confiscación de las viviendas burguesas y todas sus propiedades para uso de los trabajadores. Surge la duda. Si tales son los métodos de una revolución burguesa, ¿qué aspecto tendría la revolución socialista en China? ¿Qué otra clase podría efectuar la transformación y mediante qué medidas distintas? Observamos que, dado el desarrollo real de la revolución democrático-burguesa, obrera y campesina aplicada a China en el período actual, en esta etapa de su desarrollo resulta ser una ficción, una fórmula hueca, una tontería. Los que insistieron con esta fórmula antes de la insurrección de Cantón, y sobre todo los que insisten ahora, después de esta insurrección, repiten (bajo distintas condiciones) el error de principios cometido por Zinoviev, Kamenev, Rikov, y demás en el año 1917. ¡Se puede objetar que la revolución agraria aún no se ha resuelto en China! Cierto. Pero tampoco se resolvió en nuestro país antes del establecimiento de la dictadura del proletariado. En nuestro país no fue la revolución democrático-burguesa, sino la socialista la que logró la revolución agraria, la cual, además, fue mucho más profunda que la que es posible en China, vistas las condiciones históricas del sistema chino de propiedad de la tierra. Puede decirse que China aún no ha madurado para la revolución socialista. Pero ésta sería una manera abstracta y muerta de plantear la cuestión. Si tomamos a Rusia aisladamente ¿estaba madura para el socialismo? Rusia estaba madura para la dictadura del proletariado como única forma de solucionar todos los problemas nacionales; pero en lo que hace al desarrollo socialista, éste, que surge de las condiciones económicas y culturales de un país, está indisolublemente ligado al desarrollo futuro de la revolución mundial. Esto se aplica total y parcialmente a China. Si esto era un pronóstico hace ocho o diez meses (un tanto atrasado), entonces hoy es una deducción irrefutable que surge de la experiencia del levantamiento de Cantón. Sería erróneo argumentar que el levantamiento de Cantón fue en gran medida una aventura, y que las relaciones de clases se reflejaron en él en forma distorsionada.

En primer lugar, el autor del artículo antes mencionado de ninguna manera considera la insurrección de Cantón como una aventura sino como una etapa totalmente legítima en el desarrollo de la revolución china. La posición oficial es: combinar el análisis de la revolución como democrático-burguesa, con la aprobación del programa de acción del gobierno de Cantón. Pero aún desde el punto de vista de considerar la insurrección de Cantón como un putch, uno no podría llegar a la conclusión de que la fórmula de revolución democrático-burguesa, es viable. La insurrección fue, evidentemente, inoportuna. Pero las fuerzas de clase y los programas que surgen inevitablemente de ellas fueron expuestos por la insurrección en toda su legitimidad. La mejor prueba de esto es: que fue posible y necesario prever la relación de fuerzas que reveló la insurrección de Cantón. Y esto se previó.

Esta cuestión está estrechamente ligada al problema fundamental del Kuomintang. De pasada, el autor del artículo relata, con fingida satisfacción, que una de las consignas de lucha del alzamiento de Cantón fue el grito: “¡Abajo el Kuomintang!” Las banderas y las insignias del Kuomintang fueron arrancadas y pisoteadas. Pero, recientemente, aún después de la “traición” de Chiang Kai-shek y de la “traición” de Wan Tin-wei*, oímos el siguiente juramento solemne: “¡No entregaremos la bandera del Kuomintang!” ¡Oh estos tristes revolucionarios!…

Los trabajadores de Cantón proscribieron al Kuomintang, declarando ilegales todas sus tendencias; ¿Qué implica esto? Implica que para la solución de las tareas nacionales fundamentales, ni la gran burguesía ni la pequeña burguesía, pudieron juntar una fuerza tal como para resolver, junto con el partido del proletariado, las tareas de la “democrático burguesa”.

Pero “nosotros” pasamos por encima de los millones de campesinos y la revolución agraria... Una lamentable objeción... Porque la clave de toda la situación yace precisamente en el hecho de que la tarea de conquistar al movimiento campesino recae sobre el proletariado, es decir, sobre el partido comunista, y esta tarea no puede resolverse en la realidad en otra forma que la que utilizaron los obreros de Cantón, es decir, a través de la dictadura del proletariado cuyos métodos desde el comienzo pasan a ser inevitablemente métodos socialistas. Por el contrario, el destino general de estos métodos, tanto como la dictadura de conjunto, lo decide en última instancia el curso del desarrollo mundial, que naturalmente no excluye, sino que presupone una política correcta de parte de la dictadura proletaria, que consiste en desarrollar y fortalecer la alianza entre obreros y campesinos y en una adaptación total a las condiciones por un lado y al curso del desarrollo mundial por el otro. Jugar con la fórmula de democrático-burguesa, luego de la experiencia de la insurrección de Cantón, es marchar contra el octubre chino, porque sin una orientación política correcta los levantamientos revolucionarios no pueden triunfar, no importa cuán heroicos y sacrificados sean.

Ciertamente, la revolución china ha “pasado a una fase nueva y más elevada”, pero esto es correcto no en el sentido de que surgirá mañana, sino en el de que ha revelado el vacío de la consigna de revolución democrático burguesa. Engels dijo que un partido que pierde una situación favorable, y como resultado sufre una derrota, se transforma en nada. Esto se aplica también al partido chino. La derrota de la revolución china no es de ninguna manera más pequeña que la derrota alemana de 1923. Por supuesto, debemos entender que la referencia a la “nada” debe hacerse en forma sensata. Muchas cosas hablan del hecho de que el próximo período en China será un período de reflujo revolucionario, un lento proceso de asimilación de las lecciones de las derrotas más crueles y en consecuencia, el debilitamiento de la influencia directa del partido comunista. De ahí surge la necesidad de que este último saque conclusiones profundas en todas las cuestiones de principio y tácticas. Y esto es imposible sin una discusión abierta y total de todos los errores fatales cometidos hasta ahora. Por supuesto esta actividad no debe convertirse en una actividad autoaislante. Es necesario mantener una mano firme sobre el pulso de la clase obrera para no cometer un error en la apreciación del ritmo, no sólo para identificar una nueva ola ascendente, sino también para prepararse a tiempo. 


Respuesta de Preobrazhensky a Trotsky

Considero inoportuno que usted plantee la cuestión china. ¿Por qué? Porque, según todos los síntomas, la revolución china está en una etapa de reflujo. Tenemos mucho tiempo por delante antes de que se dé un nuevo ascenso. Durante ese tiempo tendremos muchas ocasiones de estudiar a fondo la historia china, su vida económica actual, sus relaciones de clase y la dinámica del desarrollo de todo el país. Como usted sabe jamás hubo unanimidad entre nosotros en torno a la cuestión china. Ni Radek, ni Smilga, ni yo, estamos en edad de cambiar nuestro punto de vista bajo la influencia de un nuevo argumento político (tanto más bajo la influencia de la repetición de viejos argumentos). Nuestras opiniones pueden ser influidas sólo por hechos nuevos de importancia decisiva. Si la insurrección de Cantón fue una aventura –e indudablemente lo fue, no fue una empresa que surgió del movimiento de masas- entonces, ¿cómo puede tal empresa crear una nueva situación, punto de partida para una nueva experiencia y una revisión de todas las concepciones anteriores? No es permisible considerar la insurrección de Cantón como una aventura y al mismo tiempo tratar de utilizarla para semejante revisión.

Confieso sinceramente que, según todas las apariencias exteriores, yo salí derrotado de nuestra controversia acerca de la cuestión china (creo que a principios o mediados de noviembre de 1927), pero no fui convencido. Desde entonces he meditado estos temas más de una vez pero mi conclusión sigue siendo la misma: usted está equivocado. He aquí mis puntos de vista expuestos brevemente.

Su posición es fuerte sólo en sus apariencias externas, sólo en su simpleza y claridad esquemáticas, pero no es viable. La analogía con el curso de nuestra revolución no habla a su favor sino en su contra. Nosotros hicimos una revolución burguesa fracasada en 1905. Pese al hecho de que la burguesía aún en esa época ya se había revelado como una fuerza contrarrevolucionaria (durante el alzamiento de diciembre) nuestro partido orientó al proletariado hacia una nueva revolución democrático-burguesa, como etapa necesaria en la futura lucha por el socialismo, bajo una nueva relación de fuerzas. ¿Tuvo razón o no Lenin cuando, incluso en 1915-1916, luego de levantar la consigna de convertir la guerra imperialista en una guerra civil consideró necesario que Rusia, durante la primera etapa, se orientara hacia la revolución democratico burguesa y no hacia la dictadura del proletariado, mientras que consideró pueril la posición de Bujarin y Piatakov* (que hablaban de levantar la consigna de una revolución socialista directa)? Creo que Lenin tuvo razón. Y fue sólo después de que se realizó la revolución democrático-burguesa pero no se la completó en febrero, que Lenin levantó la consigna de la dictadura del proletariado, la consigna de la revolución que debía, en route completar la revolución democrático-burguesa y pasar a la reconstrucción socialista de la sociedad. Mientras tanto, las dos revoluciones chinas aún no han conseguido lo que nosotros conseguimos sólo en febrero, ni en el sentido de conquistas materiales ni, lo que es más importante, en el sentido de crear las condiciones para la organización de soviets de obreros y campesinos a escala masiva, algo que nosotros obtuvimos inmediatamente después de la caída del zarismo. Por otra parte, yo no creo que en la China de hoy ningún tipo de movimiento esté asegurado en la dirección burguesa según líneas de evolución, de la misma forma en que se consiguió la desaparición pacífica de los remanentes feudales en Alemania luego de la revolución fracasada de 1848. Resumo: China todavía tiene por delante una lucha colosal, amarga y prolongada por cuestiones elementales como la unificación nacional, y ni qué hablar del problema colosal de la revolución democrático burguesa agraria. Es imposible decir hoy si la pequeña burguesía china podría crear partidos análogos a nuestros socialrevolucionarios, o si tales partidos serán creados por los comunistas del ala derecha que rompan con el partido, etcétera. Hay una sola cuestión clara. La hegemonía del futuro movimiento aún pertenece al proletariado, pero el contenido social de la primera etapa de la futura revolución china no puede ser caracterizado como un vuelco socialista. Usted tendrá dificultades para demostrar, si es que vamos a recurrir siempre a las analogías, que la actual situación en China es la etapa entre febrero y octubre, sólo que se extiende por años. No ha habido febrero en China, el movimiento fue aplastado en el umbral de Febrero aunque en algunas cosas la situación superó a febrero (el espíritu contrarrevolucionario de toda la gran y media burguesía, de los kulaks y del capital mercantil). Su error fundamental yace en el hecho de que usted determina el carácter de una revolución sobre la base de quién la hace, qué clase, es decir, por el sujeto efectivo, mientras que le asigna importancia secundaria al contenido social objetivo del proceso. La revolución de noviembre en Alemania no fue realizada por la burguesía pero nadie considera que fue proletaria. La revolución de 1789 fue completada por la pequeña burguesía pero nadie ha caracterizado a la gran revolución francesa como una revolución pequeñoburguesa. La revolución china será dirigida desde el comienzo por el proletariado, y éste exigirá pago de ello desde el comienzo pero, pese a este hecho, la primera etapa de esta revolución permanecerá en el estadio del vuelco democrático burgués, mientras que la composición de las fuerzas organizadas estatales y actuantes seguirá siendo la de la dictadura del proletariado y los campesinos. Una palabra a propósito de su observación acerca de ignorar a “los millones de campesinos y la revolución agraria”. Usted la califica de “objeción lastimosa” y agrega “Zinoviev” entre paréntesis. Usted no puede haberse olvidado de que tanto Radek como yo le hemos hecho esta objeción. Yo no me opongo a los ataques fuertes en polémicas principistas entre amigos, pero sí me opongo a que me ataque a mí y a Radek bajo el seudónimo de Zinoviev. Somos perfectamente capaces de librar la batalla bajo nuestros propios nombres honorablemente adquiridos.

Le hago un pedido urgente, León Davidovich: si escribe usted una respuesta en refutación y la envía a todos nuestros camaradas en el exilio, haga copias de mi carta sobre China y envíelas también. Pero en general, como ya he señalado, no estoy a favor de una discusión acerca de esta cuestión en este momento. Tampoco considero que nuestras divergencias sean esenciales, es decir, siempre hemos tenido una posición unánime en cuanto a lo que debe hacer el Partido Comunista chino en la práctica, en la actualidad y cuando tenga lugar una nueva alza en la revolución.


Segunda carta de Trotsky a Preobrazhensky
21 de abril de 1928

Su carta tardó veintidós días en llegar. Es difícil discutir cuestiones vitales en semejantes condiciones, y en mi opinión la cuestión china se ubica entre las más vitales, porque la lucha todavía se está desarrollando, los ejércitos guerrilleros están en el campo, y la insurrección armada ha sido colocada a la orden del día, como usted sabe indudablemente a partir de la resolución del último plenario del Comité ejecutivo de la Internacional Comunista.

Para comenzar, quiero responder a un punto menor pero irritante. Usted dice que yo polemizo sin necesidad contra usted con el seudónimo de Zinoviev. En esto usted se equivoca completamente. Creo, dicho sea de paso, que el malentendido surgió como resultado de la irregularidad del correo. Yo escribí sobre el asunto de Cantón en la época en que fui enterado de la famosa carta de los dos mosqueteros (Zinoviev y Kamenev), y además de esto, llegaban informes de Moscú de que se les había provisto de secretarios para denunciar al “trotskismo”. Estaba seguro de que Zinoviev publicaría varias cartas mías acerca de la cuestión china en las que yo buscaba demostrar que en ningún caso habría una etapa especial en la revolución china de dictadura democrática del proletariado y los campesinos, porque allí existen muchas menos condiciones que en nuestro propio país, y como la experiencia, y no la teoría, ya nos lo ha demostrado, la dictadura democrática del proletariado y los campesinos, como tal, no se ha materializado en nuestro propio país. Así, toda mi carta fue escrita bajo el impacto de las “denuncias” pasadas y futuras de parte de Zinoviev. Al referirme a la acusación de ignorar al campesinado, ni por un momento me olvidé de ciertas discusiones nuestras acerca de China; pero no tenía razón alguna para poner en sus labios esta acusación banal en mi contra; porque usted, confío, reconoce que es posible, sin ignorar en lo más mínimo al campesinado, llegar a la conclusión de que el único camino para resolver el problema campesino es a través de la dictadura del proletariado. De modo que usted, querido E.A. -por favor no se ofenda ante una metáfora de cazador- asume gratuitamente el papel de una liebre asustada que concluye que el fusil apunta hacia ella cuando la persecución sigue, en realidad, un camino totalmente distinto.

Llegué a la conclusión de que no habría dictadura democrática de los obreros y campesinos en China desde el momento en que se formó por primera vez el gobierno de Wuhan[1]. Me basé precisamente en el análisis de los hechos sociales más fundamentales y no sobre la forma en que se refractaban políticamente, lo cual, como bien se sabe, a menudo asume formas peculiares, puesto que en esta esfera entran factores de segundo orden, incluyendo la tradición nacional. Me convencí de que los acontecimientos sociales básicos ya se habían abierto camino a través de todas las peculiaridades de la superestructura política, cuando el hundimiento de Wuhan destruyó totalmente la leyenda del Kuomintang de izquierda, que, según se decía, abarcaba las nueve décimas partes de todo el Kuomintang. En 1924-1925 era casi un lugar común aceptado que el Kuomintang era un partido obrero y campesino. Este partido demostró “inesperadamente” ser capitalista burgués. Entonces se creó otra versión: que esto último sólo lo era “la dirección”, pero que el verdadero Kuomintang, las nueve décimas partes del Kuomintang, era un partido campesino revolucionario. Una vez más resultó “inesperado” que el Kuomintang de izquierda, en todo y en parte, procediera a aplastar el movimiento campesino, que, como bien se sabe, tiene grandes tradiciones en China y sus propias formas organizativas tradicionales que se difundieron durante estos años. Es por eso que cuando usted escribe, en el espíritu de la abstracción absoluta, que “es imposible decir hoy si la pequeña burguesía china podrá crear algún tipo de partido análogo a nuestros socialrevolucionarios o si tal partido será creado por los comunistas de derecha que rompen con el partido”, etcétera, yo contesto a este argumento de “la teoría de las improbabilidades” como sigue: en primer lugar, aún donde el partido de los socialrevolucionarios está por ser creado, de ninguna manera surgirá de esto una dictadura del proletariado y los campesinos, precisamente como no la hubo en nuestro país, pese a que había condiciones muchísimo más favorables: en segundo lugar, en vez de adivinar si la pequeña burguesía será capaz en el futuro -es decir, con un mayor agravamiento de las tensiones de clase- de jugar un papel independiente mayor o menor (¿suponiendo que una astilla de madera pudiera disparar una bala repentinamente?), uno debería preguntarse por qué la pequeña burguesía resultó incapaz de jugar semejante papel en un pasado reciente, cuando tenía a su disposición las condiciones más favorables: el partido comunista fue lanzado al seno del Kuomintang, este último fue declarado un partido obrero y campesino, fue apoyado por toda la autoridad de la Internacional comunista y la URSS, el movimiento campesino se amplió y buscó dirección, la intelligentzia estaba movilizada ampliamente desde 1919, etc.

Usted escribe que China aún enfrenta “el problema colosal de la revolución democratico burguesa agraria”. Para Lenin ésta era la raíz de la cuestión. Lenin señaló que el campesinado aún como Estado, es capaz de jugar un papel revolucionario en la lucha contra el Estado de la nobleza terrateniente, y que la burocracia se ligaba indisolublemente a esta última, coronada por la autocracia zarista. En la etapa subsiguiente, dice Lenin, los kulaks romperán con los obreros y junto con ellos una sección considerable de los campesinos medios, pero esto tendrá lugar ya durante la transición a la revolución proletaria, como parte integral de la revolución internacional. ¿Pero cómo está la situación en China? China no tiene nobleza terrateniente, no tiene Estado campesino fusionado por una comunidad de intereses contra los terratenientes. La revolución agraria en China apunta contra la burguesía urbana y rural. Rádek ha enfatizado esto a menudo. Hasta Bujarín lo ha entendido a medias. ¡En esto reside el quid de la cuestión!

Usted escribe que “el contenido social de la primera etapa de la futura tercera revolución china no puede caracterizarse como un vuelco socialista”. Pero aquí se corre el riesgo de caer en el escolasticismo bujarinista, y de ocuparnos de minucias terminológicas en vez de hacer una caracterización viva del proceso dialéctico. ¿Cuál fue el contenido de nuestra revolución desde octubre de 1917 hasta julio de 1918? Dejamos los talleres y fábricas en manos de los capitalistas, limitándonos al control obrero, expropiamos las propiedades rurales e implementamos el programa socialrevolucionario pequeñoburgués de socialización de la tierra, y para coronarlo, durante este período, teníamos un copartícipe en el poder en los socialrevolucionarios de izquierda. Podría decirse con toda justificación que “el contenido social de la primera etapa de la revolución de octubre no puede caracterizarse como un vuelco socialista”. Yo creo que Yakovlev[2] y muchos otros profesores rojos han hecho gran cantidad de sofismas alrededor de este tema. Lenin dijo que completamos la revolución burguesa en route. Pero la revolución china (la “tercera”) tendrá que lanzarse contra el kulak en sus primeras etapas; tendrá que expropiar las concesiones de los capitalistas extranjeros, porque sin eso no puede haber unificación china en el sentido de una soberanía estatal genuina en la economía y la política. En otras palabras, la primerísima etapa de la tercera revolución china será menos burguesa en su contenido que la primera etapa de la revolución de octubre.

Por otra parte, los acontecimientos de Cantón (así como otros acontecimientos anteriores) han demostrado que la burguesía “nacional”, teniendo detrás de ella a los consejeros y los bancos extranjeros en Hong Kong, tiene una posición con respecto al menor movimiento independiente de los obreros y los campesinos que vuelve el control obrero sobre la producción menos probable que en nuestro caso. Lo más probable es que expropiemos todas las fábricas en los primeros momentos de la “tercera revolución china”.

Claro que usted simplemente propone dejar de lado la evidencia del alzamiento de Cantón. Usted dice “puesto que” la insurrección de Cantón fue una aventura -esto es, no una empresa que surgió del movimiento de masas- entonces, “¿cómo puede tal empresa crear una nueva situación […]?” Ahora, usted mismo sabe que es totalmente inadmisible simplificar la cuestión de esta manera. Yo sería el último en argumentar contra el hecho de que hubo elementos de aventurerismo en el alzamiento de Cantón. Pero pintar los acontecimientos de Cantón como una especie de magia de la cual no surgen conclusiones es un intento súper simplificado de evadir el análisis del verdadero contenido de la experiencia de Cantón. ¿En qué reside el aventurerismo? En el hecho de que la dirección, buscando cubrir sus pecados anteriores, forzó monstruosamente el curso de los acontecimientos, y provocó un aborto. Existió el movimiento de masas pero era inadecuado e inmaduro. Es una equivocación pensar que posiblemente un aborto no nos puede enseñar nada acerca del organismo materno y el proceso de gestación. El significado decisivo, teórico, enorme de los acontecimientos de Cantón en cuanto a las cuestiones fundamentales de la revolución china, yace precisamente en el hecho de que aquí tenemos -”gracias a” la aventura. ¡Sí! ¡Por supuesto!, lo que ocurre muy rara vez en la historia y en la política, un virtual experimento de laboratorio a escala gigantesca. Lo hemos pagado muy caro, pero eso nos da menos razón aún para dejar de lado sus lecciones.

Las condiciones para el experimento eran casi “químicamente puras”. Todas las resoluciones adoptadas previamente habían establecido, sellado y canonizado, de la misma manera en que dos por dos es cuatro, que la revolución era burguesa agraria, que sólo aquellos que “saltean etapas” podían hablar de la dictadura del proletariado basada en una alianza con los campesinos pobres, que componen el ochenta por ciento del campesinado chino, etcétera. El último congreso del Partido Comunista chino se convocó bajo esta bandera. Un representante especial de la Comintern, el camarada N., estuvo presente. Se nos dijo que el nuevo Comité Ejecutivo del Partido Comunista chino estaba por encima de toda sospecha. En esta época, la campaña contra el llamado trotskismo llegó a su ritmo más enloquecido, también en China. Sin embargo en el umbral de los acontecimientos de Cantón, el Comité ejecutivo del Partido comunista chino adoptó, en las palabras de Pravda, una resolución declarando que la revolución china había asumido un carácter “permanente”. Aún más, el representante de la Comintern; camarada N., mantuvo la misma posición. Por carácter “permanente” de la revolución debemos entender lo siguiente: cara a cara con la tarea práctica altamente responsable (aunque fue planteada en forma inmadura) los comunistas chinos y aún el representante de la Comintern, luego de tomar en cuenta toda la experiencia pasada, y, diríamos, todos los avances políticos, sacó la conclusión de que sólo los obreros dirigidos por los comunistas podían dirigir a los campesinos contra los propietarios agrícolas (la burguesía urbana y rural); y que sólo la dictadura del proletariado basada en una alianza con los cientos de millones de campesinos pobres podía surgir de semejante lucha victoriosa. Al igual que durante la Comuna de París, que también contenía elementos de una experiencia de laboratorio (porque la insurrección tuvo lugar en una sola ciudad aislada del resto del país), los proudonistas y blanquistas tuvieron que recurrir a medidas que iban directamente en contra de sus propias doctrinas, y así (según Marx) se reveló aún más claramente la verdadera lógica de las relaciones de clase. Así en Cantón, también, los dirigentes, que estaban llenos de prejuicios contra el fetiche de la “revolución permanente”, una vez que se pusieron a trabajar fueron culpables de cometer este pecado original permanente desde sus primeros pasos. ¿Qué pasó, entonces, con la antitoxina previa de martinovismo que había sido inyectada en dosis bovinas y asnales? ¡Ah no! Si ésta fuera solamente una aventura, es decir, una especie de magia, que nada mostrara, entonces esta aventura habría asumido la imagen y semejanza de sus creadores. ¡Pero no! Esta aventura entró en contacto con la tierra, fue alimentada por la savia de movimientos y relaciones de masas reales (aunque inmaduros); y fue debido a esto que dicha “aventura” tomó a sus creadores por los fundillos, los levantó, los sacudió en el aire y luego los depositó de cabeza, golpeando sus cráneos contra los pavimentos chinos para ver si así adquirían firmeza... Como lo demuestran las últimas resoluciones y el último artículo acerca de este tema, dichos “creadores” todavía están parados cabeza abajo, bailando “permanentemente” con sus pies en el aire.

Es ridículo e impermisible decir que resulta “inoportuno” sacar conclusiones de los acontecimientos vivos que cualquier obrero revolucionario debe meditar hasta el fin. En la época del alzamiento de Ho Lun-yetin quise plantear abiertamente que en vista de la consumación del ciclo de desarrollo del Kuomintang, sólo la vanguardia proletaria podía aspirar al poder. Esto presupondría un nuevo enfoque, una nueva auto-apreciación de su parte -luego de una revaluación de la situación objetiva- y esto mismo hubiera excluido cualquier enfoque aventurero ante la situación, como por ejemplo: “esperaremos el momento en nuestro rinconcito, el mujik vendrá en nuestro socorro y algo hará, y de alguna manera alguien tomará el poder y hará algo”. En esa época, ciertos camaradas me dijeron, no es oportuno plantear estas cuestiones con respecto a Ho-Lun, que ya ha sido aplastado”. De ninguna manera tendía a sobreestimar el alzamiento de Ho-Lun; sí consideré, sin embargo que era la última señal a favor de la necesidad de revisar la orientación de la revolución china. Si todas estas cuestiones se hubieran planteado oportunamente en esa época, entonces, tal vez, los autores ideológicos de la aventura de Cantón se habrían visto obligados a pensar bien las cosas, y el partido chino no habría sido destruido tan implacablemente; y si no, a la luz de nuestros pronósticos y advertencias, los acontecimientos de Cantón hubieran sido una importante lección que hubiera entrado en la conciencia de cientos y miles como ocurrió por ejemplo con la advertencia de Radek sobre Chiang Kai-shek en vísperas del golpe de Estado de Shangai. No, el tiempo propicio ha pasado. Yo no sé cuando se reanimará la revolución china. Pero podemos utilizar todo el tiempo que quede a nuestra disposición para la preparación, sobre todo teniendo en cuenta el nuevo curso de los acontecimientos.

Usted escribe que es necesario estudiar la historia de China, su vida económica, sus datos estadísticos, etcétera. Nadie puede objetarlo (a menos que esto sea un argumento destinado a postergar la cuestión hasta el día del juicio final). Para justificarme, sin embargo, debo decir que desde mi llegada a Alma Ata me he ocupado solamente del problema chino (y de la India, Polinesia, etcétera, para un estudio comparativo). Por supuesto quedan más lagunas que lugares cubiertos, pero sin embargo debo decir que en todos los libros nuevos (para mí), todavía no encuentro nada novedoso en cuanto a principios. Pero el punto principal se mantiene -la confirmación de nuestros pronósticos por la experiencia- primero en relación al conjunto del Kuomintang, luego en relación al Kuomintang “de izquierda” y el gobierno de Wuhan y, finalmente, en relación a la “experiencia” para la tercera revolución en la forma del alzamiento de Cantón. Por eso considero que no puede haber postergación.

Dos cuestiones finales:

Usted pregunta: ¿Tuvo razón Lenin cuando durante la guerra defendió contra Bujarin la idea de que Rusia todavía tenía por delante una revolución burguesa? Sí, tenía razón; la formulación de Bujarin era esquemática y escolástica, es decir, representaba la misma caricatura de la revolución permanente que Bujarin trata de atribuirme ahora. Pero también esta cuestión tiene otro aspecto. ¿Tuvo razón Lenin cuando contra Stalin, Zinoviev, Rikov, Kamenev, Frunze*, Kalinin*, Tomsky*, etcétera (y ni qué hablar de los Liadovs[3]), levantó sus Tesis de Abril? ¿Tuvo razón cuando contra Zínoviev, Kamenev, Rikov, Miliutin*, etcétera defendió la toma del poder por el proletariado? Usted sabe mejor que yo que si Lenin no hubiera llegado a Petrogrado en abril de 1917, no habría habido revolución de octubre. Hasta febrero de 1917 la consigna de dictadura del proletariado y del campesinado era históricamente progresiva; luego del vuelco de octubre la misma consigna -levantada por Stalin, Kamenev y otros- se convirtió en una consigna reaccionaria.

De abril a mayo de 1927 yo apoyé la consigna de dictadura democrática del proletariado y los campesinos para China (mas correctamente, yo acepté esta consigna) en la medida en que las fuerzas sociales todavía no habían dado su veredicto político, aunque la situación en China era muchísimo menos propicia para esta consigna que la que existía en Rusia. Luego de que la acción histórica colosal dio su veredicto (la experiencia de Wuhan) la consigna de dictadura democrática se convirtió en una fuerza reaccionaria y llevará inevitablemente al oportunismo o al aventurerismo.

Usted señala además que para el salto de octubre tuvimos el punto de partida de febrero. Es cierto. Si, aún al comienzo de la expedición al norte, hubiéramos empezado a construir soviets en las regiones “emancipadas” (y las masas luchaban por ello), hubiéramos obtenido una ventaja, desintegrado a los ejércitos enemigos, obtenido nuestro propio ejército y hubiéramos tomado el poder; si no en toda China de una vez, al menos en una parte muy considerable. En la actualidad, por supuesto, la revolución está en decadencia. La cháchara de los escritorzuelos irresponsables sobre el hecho de que la revolución está al borde de una nueva alza, en la medida en que en China, si se quiere, hay innumerables ejecuciones y una cruel crisis comercial e industrial hace estragos, es una idiotez criminal. Luego de tres enormes derrotas la crisis no levanta al proletariado, sino que al contrario lo oprime mientras que las ejecuciones destruyen al partido políticamente debilitado.

Hemos entrado en el período de reflujo. ¿Qué es lo que dará el impulso a una nueva ola ascendente? O dicho de otra manera: ¿Qué condiciones le darán el impulso necesario a la vanguardia proletaria a la cabeza de las masas obreras y campesinas? Esto no lo sé. El futuro demostrará si los procesos internos son suficientes o si se necesita un impulso desde afuera. Estoy dispuesto a admitir que la primera etapa del movimiento puede repetir en forma abreviada y corregir las etapas de la revolución que ya hemos pasado (por ejemplo, alguna parodia nueva de “el frente nacional” contra Chang Tso-lin[4]); pero esta primera etapa bastará sólo para permitir que el Partido Comunista levante y proclame a las masas populares sus “Tesis de abril”, es decir, su programa y estrategia de la conquista del poder por el proletariado. Si, en cambio, entramos en una nueva alza, que se desarrollará con un ritmo incomparablemente más rápido que en el pasado, con un esquema de “dictadura democrática” que hoy ya está gastado, entonces uno podría jugarse la cabeza por adelantado a que en China se encontrarán muchos Liadovs, pero ni un Lenin para efectuar (contra todos los Liadovs) el rearme táctico del partido, al día siguiente del alza revolucionaria.


Tercera carta de Trotsky a Preobrazhensky
24 de mayo de 1928

Estimado E.A., recibí su carta por avión ayer. De esta manera han llegado todas las cartas. La última tardó dieciséis días en llegar, es decir seis días menos que por correo ordinario. Hace dos días le envié una respuesta detallada a sus objeciones acerca de la revolución china. Pero al despertar esta mañana recordé que (aparentemente) no había contestado al argumento que usted considera más importante, así como yo lo entiendo. Usted dice: “Su error fundamental yace en el hecho de que usted determina el carácter de una revolución sobre la base de quién la hace, cuál clase, es decir, por el sujeto efectivo mientras que le asigna sólo importancia secundaria al contenido social objetivo del proceso.”

Entonces usted aduce como ejemplo la revolución de noviembre en Alemania, la revolución de 1789 en Francia, y la futura revolución china.

Este argumento es en esencia sólo una generalización “sociológica” (para utilizar la terminología johnsoniana) de todos sus otros enfoques históricos y económicos concretos. Pero también quiero responder a sus puntos de vista en su formulación sociológica general, porque al hacerlo el “error fundamental” (de su parte y no de la mía) resalta con mayor claridad.

¿Cómo caracterizar una revolución? ¿Por la clase que la dirige o por su contenido social? Hay una trampa teórica subyacente al contraponer la primera a la última en forma tan general. El período jacobino de la revolución francesa fue, por supuesto, el período de la dictadura pequeñoburguesa, en el cual, además, la pequeña burguesía en armonía total con su “naturaleza sociológica”, abrió el camino para la gran burguesía. La revolución de noviembre en Alemania fue el comienzo de la revolución proletaria pero fue detenida en sus primeros pasos por la dirección pequeñoburguesa, y sólo logró unas pocas cuestiones que no fueron cumplidas por la revolución burguesa. ¿Cómo llamamos a la revolución de noviembre: burguesa o proletaria? Ambas respuestas son incorrectas. El lugar de la revolución de octubre será restablecido cuando establezcamos la mecánica de esta revolución y determinemos sus resultados. No habrá contradicción en este caso entre la mecánica (poniendo bajo este nombre, por supuesto, no sólo la fuerza motriz sino también la dirección) y los resultados: ambos poseen un carácter “sociológicamente” indeterminado. Me tomo la libertad de plantearle la cuestión: ¿Cómo llamaría usted a la revolución húngara de 1919? Usted dirá: proletaria. ¿Por qué? ¿Acaso el “contenido” social de la revolución húngara no resultó ser capitalista? Usted contestará; éste es el contenido social de la contrarrevolución. Correcto. Aplique ahora esto a China. El “contenido social” bajo la dictadura del proletariado (basado en una alianza con el campesinado) puede permanecer durante un período como no socialista todavía, pero el camino al desarrollo burgués desde la dictadura del proletariado sólo puede producirse a través de la contrarrevolución. Por esta razón, en la medida en que concierne al contenido social, es necesario decir: “esperar y ver”.

El quid de la cuestión yace precisamente en el hecho de que aunque la mecánica política de la revolución depende en última instancia de una base económica (no sólo nacional sino internacional), no puede, sin embargo, deducirse con una lógica abstracta de esta base económica. En primer lugar, la base misma es muy contradictoria y su “madurez” no permite la determinación estadística por sí sola; en segundo lugar, la base económica y la situación política deben enfocarse no en el marco nacional sino en el internacional, teniendo en cuenta la acción y reacción dialécticas entre lo nacional y lo internacional; tercero, la lucha de clases y su expresión política, desarrollándose sobre bases económicas, también tiene su lógica imperiosa del desarrollo, que no puede saltearse. Cuando Lenin dijo en abril de 1917 que sólo la dictadura del proletariado podía salvar a Rusia de la desintegración y la destrucción, Sujanov (su opositor más coherente) lo refutó con dos argumentos fundamentales: 1) el contenido social de la revolución burguesa aún no se había logrado; 2) Rusia no había madurado económicamente para la revolución socialista. ¿Y cuál fue la respuesta de Lenin? Si Rusia ha madurado o no es algo que “debemos esperar y ver”; esto no se determina estadísticamente, sino por el curso de los acontecimientos y, además, sólo a escala internacional. Pero, dijo Lenin, independientemente de cómo se determinará este contenido social al fin, en el momento actual, hoy, no hay otro camino para la salvación del país -de la hambruna, de la guerra y de la esclavitud- si no es por la toma del poder por el proletariado.

Esto es precisamente lo que debemos decir hoy en relación a China. En primer lugar, es incorrecto alegar que la revolución agraria impone el contenido básico de la actual lucha histórica. ¿En qué debe consistir esta revolución agraria? ¿En la repartición universal de la tierra? Pero ha habido reparticiones universales similares en la historia china. Y luego la evolución siempre volvió a “su órbita correspondiente”. La revolución agraria es la destrucción de los terratenientes y de los funcionarios chinos. Pero la unificación nacional de China y su soberanía económica implican su emancipación del imperialismo mundial, para el que China sigue siendo la válvula de escape más importante contra el colapso del capitalismo europeo y, mañana, del capitalismo americano. El cambio agrario en China sin una unificación nacional y una autonomía tarifaria (en esencia: el monopolio del comercio exterior) no abre ningún camino ni perspectiva para China. Esto es lo que predetermina el alcance gigantesco y la monstruosa agudez de la lucha que enfrenta China hoy, luego de la experiencia ya sufrida por todos los participantes. Entonces, ¿qué debe decirse a sí mismo un comunista chino bajo estas condiciones? Puede razonar de la siguiente manera: el contenido social de la revolución china sólo puede ser burgués (como demuestran tales y tales tablas estadísticas), por ende, no debemos plantearnos la tarea de la dictadura del proletariado; el contenido social prescribe en el caso más extremo, una dictadura de coalición del proletariado y los campesinos. Pero para una coalición (lo que está en cuestión aquí, por supuesto, es una coalición política, y no una alianza “sociológica” de clases) se necesita un compañero. Moscú me enseñó que el Kuomintang es un compañero. Sin embargo no se ha materializado ningún Kuomintang de izquierda ¿Qué hacer? Obviamente sólo me queda a mí, comunista chino, consolarme con la idea de que “es imposible decir hoy si la pequeña burguesía china podrá crear cualquier clase de partido”…

Un comunista chino que razonara según semejante esquema degollaría a la revolución.

Se entiende, por supuesto, que de ninguna manera se trata de llamar al Partido Comunista chino a que haga una insurrección inmediata por la toma del poder. El ritmo depende enteramente de las circunstancias. La tarea consiste en garantizar que el Partido comunista esté impregnado completamente con la convicción de que la tercera revolución china puede llegar a un fin triunfante sólo mediante la dictadura del proletariado bajo la dirección del Partido comunista. Además, es necesario comprender a esta dirección no en un sentido “general”, sino en el sentido del control directo del poder revolucionario total. Y en lo que hace al ritmo con que construiremos el socialismo en China, esto…”es cuestión de esperar y ver”.


[1] Dentro del Kuomintang se formaron dos alas: la "derecha" nucleada alrededor de Chiang Kai-shek, la "izquierda" que había formado un gobierno en Wuhan bajo la dirección de Wan Tin-wei. Los ministerios de Agricultura y de Trabajo quedaron bajo la dirección de los comunistas. Posteriormente Wan rompe la alianza con los comunistas, desata la persecución contra éstos y se alía con Chiang Kai-shek.

[2] Yakovlev, V: bolchevique, miembro del Comité de Moscú. Integrante de la fracción bujarinista.

[3] Liadov, Martyn Mandelstamm (1872-1947): “viejo” bolchevique, adhiere a los mencheviques en 1917 se reintegra al partido bolchevique en 1920 y es nombrado rector de la Universidad Sverdlov y presidente de la comisión de estudios de historia de la revolución.

[4] Chan Tso-lin: caudillo militar que en la década del 20 controlaba Manchuria con el respaldo japonés. En 1928 fue asesinado por los militares japoneses cuando decidieron abandonar a su protegido para preparar la intervención directa en Manchuria.



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