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Una vez más el ILP[1]

 

 

Noviembre de 1935

 

 

 

P: ¿Qué quiere decir, específicamente, cuando afirma al final de su artículo ["El ILP y la Cuarta Internacional"] que el ILP debe "elaborar un programa marxista"?

R: A través de todo el artículo presento los casos en que la política del ILP no es marxista, revoluciona­ria: sigue sin diferenciarse tajantemente del pacifis­mo, ni del stalinismo, sin volverse decididamente hacia las masas inglesas y sin adoptar una posición clara respecto a la organización internacional. Todos estos defectos forman parte del mismo problema. Tomemos, por ejemplo, el pacifismo. A pesar de la fraseología revolucionaria de What the ILP Stands For [¿Qué representa el ILP?], Maxton, McGovern y Campbell Stephen pueden lanzar un llamado oficial instando a los obreros a no tomar las armas en caso de guerra.[2] Esta es una política impotente; es derrotismo contra los obreros, no derrotismo revolucionario contra el capitalismo. Por otra parte, la guerra es un producto internacional del capitalismo, y sólo se la puede combatir en el terreno internacional. ¿Con qué organizaciones obreras de otros países deben unificarse los revolucionarios que militan en el ILP? No con la Comintern, como anhelaban vuestros dirigentes pacifistas, porque la Comintern está comprometida con el social-patriotismo. Tampoco con el Buró Inter­nacional de Unidad Socialista Revolucionaria (IAG o Buró de Londres), porque de los diez grupos que lo integran, algunos desaparecieron, otros se han vuelto pacifistas o inclusive social-patriotas, y sólo el partido holandés (RSAP) coincide con el ILP en la lucha contra las sanciones y con la necesidad de la movilización obrera independiente. Esta organización se declaró a favor de la Cuarta Internacional hace mucho tiempo, y esta semana (alrededor del 21 de noviembre de 1935) se declaró partidaria de romper con el Buró. Por lo tanto, si el ILP quiere unirse a la lucha revolucionaria internacional contra la guerra, debe solidarizarse ne­cesariamente con el partido holandés y con los demás partidos que luchan abiertamente por la Cuarta Inter­nacional.

Leí en New Leader que las ramas de Lancashire, Londres y Escocia del ILP ya se han pronunciado contra las declaraciones pacifistas del ejecutivo interno y contra los discursos de McGovern en la Cámara de los Comunes. Pero eso no basta. Triunfarán en su lucha sólo si levantan una consigna positiva, no simplemente "contra el pacifismo", sino por el derrotismo revolu­cionario. Esto sólo puede significar que la lucha prin­cipal será por la Cuarta Internacional.

P: ¿Fue correcta la posición del ILP de presentar la mayor cantidad posible de candidatos en las elec­ciones generales recientes, a pesar del riesgo de dividir los votos?

R: Sí. Hubiera sido una estupidez por parte del ILP si hubiera hecho lo mismo que el Partido Comunis­ta, es decir, sacrificar su programa político en aras de una supuesta unidad y permitir que el Partido Laborista monopolizara el programa. No podemos conocer nues­tras fuerzas si no las sometemos a prueba. Siempre existe el riesgo de provocar escisiones y perder fuerzas, pero es necesario correrlo. En caso contrario, nos boicoteamos a nosotros mismos.

P: ¿Fue correcta la posición del ILP de negar su apoyo crítico a los candidatos laboristas partidarios de las sanciones militares?

R: No. Las sanciones económicas, si son verdade­ras, conducen a las sanciones militares, a la guerra. El mismo ILP lo dice. Debería haber apoyado críticamente a todos los candidatos laboristas allí donde el ILP no presentó candidatos propios. Leí en New Leader que la rama de Londres aceptó apoyar únicamente a los candidatos laboristas opuestos a las sanciones. Esto también es un error. Deberían haber apoyado críticamente al Partido Laborista, no por estar a favor o en contra de las sanciones, sino porque representa a las masas obreras. El error fundamental que cometieron aquellos del ILP que retiraron el apoyo crítico fue suponer que el peligro de guerra exige la modificación de nuestra caracterización del reformismo. Pero como dijo Clausewitz y como Lenin solía repetir, la guerra es la continuación de la política por otros medios. Si esto es cierto, entonces se aplica, no sólo a los partidos capitalistas, sino también a los partidos socialdemócra­tas. La crisis bélica no modifica el hecho de que el Partido Laborista es un partido obrero, lo cual no es el partido gobernante. Tampoco modifica el hecho de que la dirección del Partido Laborista no puede cumplir sus promesas, y que traicionará la confianza que las masas depositan en él. En tiempos de paz, si los obreros confían en la socialdemocracia morirán de hambre; sí confían en ella en tiempo de guerra, morirán abaleados. Los revolucionarios jamás apoyan críticamente al refor­mismo suponiendo que si éste estuviera en el poder, podría satisfacer las necesidades fundamentales de los obreros. Desde luego, es posible que un gobierno la­borista efectúe unas cuantas pequeñas reformas tem­porales. También es posible que la Liga [de las Nacio­nes] pudiera postergar un conflicto militar en torno a problemas secundarios, de la misma manera que un cartel puede eliminar crisis económicas secundarias para provocarlas luego en mayor escala. Así, la Liga puede eliminar los pequeños conflictos episódicos para generalizarlos luego en una guerra mundial.

Por consiguiente, mientras exista el capitalismo, las crisis, tanto económicas como militares, reaparecerán con fuerza cada vez mayor. Y sabemos que la socialde­mocracia no puede abolir el capitalismo.

No, tanto en la guerra como en la paz, el ILP debe decirle a los obreros: "El Partido Laborista os engaña­rá y traicionará, pero vosotros no nos creéis. Muy bien, os acompañaremos en la experiencia, pero de ninguna manera nos identificamos con el programa del Partido Laborista".

Morrison, Clynes y compañía representan ciertos prejuicios de los obreros.[3] Cuando el ILP intenta boi­cotear a Clynes, ayuda a Baldwin y al propio Clynes.

Si la táctica tiene éxito y el ILP impide la elección de Clynes y de un gobierno laborista, también impide su desenmascaramiento ante las masas. Los obreros dirían: "Si Clynes y Morrison estuvieran en el poder, las cosas andarían mejor."

Es cierto, desde luego, que los respectivos intelec­tos de Clynes y Baldwin se parecen bastante entre sí, salvo, quizás, que Baldwin es un poco más "progresis­ta" y valiente. Pero el contenido de clase del apoyo a Clynes es muy distinto.

Se argumenta que el Partido Laborista ya ha sido desenmascarado por lo que hizo cuando estuvo en el poder y por su actual plataforma reaccionaria. Por ejemplo, la resolución de Brighton.[4] Para nosotros, ¡sí!. Pero no para las masas, para los ocho millones que votaron por el laborismo. Es muy peligroso que los revolucionarios atribuyan demasiada importancia a las resoluciones de los congresos. Presentamos las pruebas en nuestra propaganda, pero sin mayor fuerza que la de nuestra prensa. Uno no puede gritar más fuerte de lo que le permite su garganta.

Supongamos que la táctica de boicot del ILP hubiera tenido éxito, arrastrando a un millón de obreros, y que ese millón de votos menos hubiese determinado la derrota laborista en las elecciones. ¿Qué pasaría en el momento de estallar la guerra? Las masas desilusiona­das no se volcarían hacia nosotros, sino hacia el Par­tido Laborista. Si en el curso de la guerra se formaran soviets, los soldados elegirían a los laboristas para di­rigirlos, no a nosotros. Los obreros dirían que nosotros paralizamos al laborismo. Pero si apoyáramos críticamente al Partido Laborista y con ello lo ayudáramos a llegar al poder, afirmando al mismo tiempo ante los obreros que el Partido Laborista formaría un gobierno capitalista y conduciría una guerra capitalista, al estallar la guerra los obreros comprenderían que, a la vez que nuestro vaticinio fue acertado, marchamos siempre con ellos. Nos elegirían a nosotros a los soviets, y éstos no traicionarían.

Como principio general, un partido revolucionario sólo tiene derecho a boicotear el parlamento cuando es capaz de derrocarlo, vale decir, cuando puede rempla­zar la acción parlamentaria por la huelga general y la insurrección, por la lucha directa por el poder. Las masas inglesas todavía no tienen confianza en el ILP. Por lo tanto, éste es demasiado débil para romper la máquina parlamentaria, y debe seguir utilizándola. En cuanto al boicot parcial, como el que quiso realizar el ILP, es una medida irreal. En esta etapa de la política británica las masas lo interpretarían como una medida de desprecio hacia ellas; esto es muy propio de Gran Bretaña, donde la tradición parlamentaria sigue siendo muy fuerte.

Por otra parte, la política de la rama londinense de apoyo crítico a los antisancionistas significaría que existe una diferencia fundamental entre éstos y los socialpatriotas como Morrison y Ponsonby o -si me permiten- el propio Cripps.[5] En realidad, las dife­rencias son exclusivamente propagandísticas. Cripps es tan sólo un partidario de segunda categoría de la burguesía. En cierta ocasión dijo: "Haced caso omiso de mis ideas; nuestras diferencias son pequeñas". Esta no es la actitud de un revolucionario, sino la de un aficionado. Vale mil veces más un enemigo franco como Morrison. El propio Lansbury es un viejo honesto, pero extravagante e irresponsable; no debiera estar en el parlamento, sino en un museo. Los demás pacifistas son más engañosos, tramposos: al igual que Norman Angell, que exige nuevas sanciones inmedia­tas,[6] se trasformarán fácilmente en social-patriotas a medida que avance la guerra. Podrán decirles enton­ces a los obreros: "Nos conocéis. Fuimos antisancio­nistas. Hasta el ILP nos apoyó en nuestra lucha. Por eso, podéis contar en nosotros cuando decimos que esta guerra es una guerra justa."

No, el ILP debió haber aplicado la misma política de apoyo crítico al Partido Laborista en su conjunto, alterando levemente los argumentos frente a la propa­ganda de los pacifistas y social-patriotas. Si no, se crean ilusiones de que el pacifismo tiene mayor poder de resistencia que el social-patriotismo. No es cierto; no existen diferencias fundamentales entre ellos. Has­ta entre los conservadores existen diferencias respecto de las sanciones y de la política de guerra.[7] La diferencia entre Amery y Lansbury es que Amery es mas realista.[8] Ambos son antisancionistas; pero Lans­bury, con sus ilusiones y su sinceridad, resulta más peligroso para la clase obrera.

Sin embargo, lo más peligroso es la política stali­nista. Los partidos de la Internacional Comunista se dirigen especialmente a los obreros más revoluciona­rios denunciando a la Liga (una denuncia que consti­tuye una disculpa), levantando la consigna de "san­ciones obreras" y agregando, no obstante, "debemos usar a la Liga cuando ésta se pronuncia por las sancio­nes". Tratan de atar a los obreros revolucionarios al carro de la Liga. Para que éstos lo arrastren. Así como en 1926 el Consejo General aceptó la huelga general pero firmó un acuerdo tras las bambalinas con el clero y los pacifistas de izquierda, utilizando así la opinión y la influencia burguesas para "disciplinar" a los obre­ros y sabotear la huelga general, los stalinistas tratan de disciplinar a los obreros manteniendo el boicot dentro de los límites de la Liga de las Naciones.

La verdad es que si los obreros aplican sus propias sanciones contra Italia, esa acción golpea inevitablemente a sus propios capitalistas y la Liga se vería obli­gada a abandonar todas las sanciones. Ahora las propone porque la voz de los obreros está silenciada en todos los países. La movilización obrera sólo puede partir de la oposición absoluta a la burguesía nacional y a sus maniobras internacionales. El apoyo a la Liga y el apoyo a la movilización obrera son como el agua y el fuego: no se las puede unir.

Es por esto que el ILP debió haberse diferenciado más tajantemente del PC en las elecciones. Debió haber apoyado críticamente al Partido Laborista contra Pollitt y Gallacher.[9] Debió haber afirmado de manera abierta que el PC tiene todas las deficiencias y ninguna de las ventajas del Partido Laborista. Sobre todo, debió haber demostrado en la práctica qué significa el ver­dadero apoyo crítico. Al acompañar el apoyo con una crítica amplia y despiadada, al explicar pacientemente que el único objeto del apoyo es el de denunciar la traición de la dirección del Partido Laborista, el ILP también hubiera desenmascarado ese apoyo "crítico" espúreo de los stalinistas, apoyo que fue absolutamente no crítico y basado en un acuerdo de principios con la dirección del Partido Laborista.

P: ¿Debe el ILP hacer entrismo en el Partido Labo­rista?

R: En este momento, el problema no está planteado de esa manera. Si el ILP quiere trasformarse en un par­tido revolucionario, debe volverle la espalda al PC y darle la cara a las organizaciones de masas. Debe empeñar el noventa y nueve por ciento de sus ener­gías en la construcción de tendencias en los sindicatos. Entiendo que en este momento los militantes del ILP pueden actuar abiertamente como miembros de sindi­catos y cooperativas. Pero el ILP jamás debe declararse satisfecho; debe ampliar su influencia en las organiza­ciones de masas con la mayor premura y energía. Por­que puede llegar el momento en que, para llegar a las masas, deba entrar al Partido Laborista y, en ese caso, ya debería tener listo el camino. Solo la experiencia ga­nada en el trabajo tendencial puede señalarle al ILP si, y cuándo, debe entrar al Partido Laborista. Pero la premisa para cualquier actividad es un programa abso­lutamente claro. Con un hacha pequeña se puede derri­bar un gran árbol, siempre que el hacha esté bien afilada.

P: ¿Se romperá el Partido Laborista?

R: El ILP no debe suponer que crecerá automáticamente a expensas del Partido Laborista, que la bu­rocracia separará al ala izquierda y entonces ésta ven­drá al ILP. Existe esa posibilidad. Pero también cabe la posibilidad de que el ala izquierda, que se desarro­llará a medida que se agrave la crisis -sobre todo en los sindicatos, ahora que el laborismo perdió en las elecciones-, luche con éxito por permanecer en el Partido Laborista. Ni siquiera el hecho de que la Liga Socialista se escindiera del Partido Laborista para unirse al ILP agota estas posibilidades, porque la Liga Socialista es muy pequeñoburguesa y difícilmente or­ganizará a los sectores combativos del Partido Laboris­ta.[10] Sea como fuere, la historia de la huelga general británica de 1926 nos enseña que dentro de una organización sindical fuertemente burocratizada puede crearse un movimiento combativo fuerte, que dé lugar a un movimiento minoritario muy importante, sin ser expulsado de los sindicatos.

Lo que sucede, en cambio, es que los falsarios del movimiento obrero viran hacia la izquierda para rete­ner el control. Si en el momento crítico el ILP no aparece como dirección revolucionaria, los obreros deberán buscar su dirección en otra parte. Podrían volverse hacia Citrine, porque éste podría estar dispuesto a clamar por los soviets durante un tiempo para no per­der el control. Así como Scheidemann y Ebert clama­ron por soviets y luego los traicionaron, lo propio hará Citrine[11] Bajo la presión revolucionaria de las masas francesas, el periódico Le Populaire de León Blum publica titulares tales como: "Por las sanciones, pero bajo control obrero", y así sucesivamente. Esta es la política traicionera de "encabezar para descabezar" que el ILP debe combatir en Gran Bretaña.

P: ¿Es el stalinismo peligro mayor?

R: De todos los charlatanes de izquierda, los stali­nistas son los más peligrosos. Los militantes del PCGB [Partido Comunista de Gran Bretaña] se arrastran en el polvo ante el Partido Laborista, pero esto les facilita la tarea de arrastrarse hasta entrar. Harán cualquier concesión que se les exija, pero una vez dentro podrán aparecer como el ala izquierda, porque los obreros todavía retienen ciertas ilusiones acerca del carácter revolucionario de la Comintern: ilusiones que el ILP ayudó a fomentar en el pasado. Usaran estas ilusiones para corromper a los militantes con su política social-patriota. Sembrarán semillas de las que sólo saldrán hierbas dañinas. Solo una política valiente y clara por parte del ILP puede impedir esta catástrofe.

P: ¿Recomendaría para el Ateneo Juvenil del ILP la misma política que para el partido adulto?[12]

R: Y en mayor medida. Dado que la juventud del ILP parece pequeña y atomizada, mientras que la [Liga] Juvenil Laborista es la organización juvenil de masas, yo diría: "No sólo construyáis tendencias: tratad de entrar". Porque aquí se agudiza al máximo el peligro de la devastación stalinista. La juventud es fundamen­tal. A diferencia de la generación anterior, no tiene experiencia directa de guerra; a los stalinistas y demás patriotas seudorrevolucionarios les resultará más fácil confundir a la juventud respecto a los problemas de la guerra, que a los sobrevivientes de la guerra anterior. Por otra parte, la inclinación de los stalinistas a arrastrar a los jóvenes a una verdadera guerra, des­pertará sospechas legítimas en la juventud. Nos escucharán con más facilidad... si estamos allí para ha­blarles. No debemos perder el tiempo. De la nueva generación surge la nueva Internacional, la única es­peranza para la revolución mundial. La sección britá­nica reclutará sus primeros cuadros entre los treinta mil obreros jóvenes de la Liga Juvenil Laborista. Sus camaradas más avanzados de la juventud del ILP no deben permitir que se los aísle, sobre todo en este momento, en que el peligro de guerra es real.

P: ¿Debe el ILP poner fin a su frente único con el PC?

R: Rotunda y categóricamente, ¡sí!. El ILP debe aprender a volverle la espalda al PC y darle la cara a las masas trabajadoras. Los "comités de unidad" per­manentes que el ILP integró con el PC fueron absur­dos. El ILP y el PCGB eran organizaciones de propaganda, no de masas; los frentes únicos carecían de sen­tido si cada uno tenía derecho de presentar su propio programa. Estos programas tenían que ser necesariamente distintos -en caso contrario no habrían existido dos partidos- y, cuando existen programas distintos, no hay bases para la unificación. Por supuesto que se podrían contemplar ciertos frentes únicos para acciones específicas, pero el único frente único que tiene impor­tancia para el ILP es con el Partido Laborista, los sindi­catos y las cooperativas. En este momento el ILP es demasiado débil como para lograrlos; primero debe conquistar el derecho al frente único ganándose el res­paldo de las masas. En esta etapa, los frentes únicos con el PC sólo servirán para desprestigiar al ILP. La ruptura con el PC es el primer paso que debe dar para ganar una base de masas, y el logro de una base de masas es el primer paso que debe dar el ILP para lograr el frente único que corresponde, vale decir, el frente único con las organizaciones de masas.

P: ¿Debe el ILP prohibir las fracciones?

R: Difícilmente podría hacerlo sin prohibir a su di­rección -que también es un grupo, un grupo centrista protegido por el aparato del partido-, o sin negar el principio fraccional por el cual debe regirse para ganar influencia en las organizaciones de masas.

Las fracciones, como corrientes temporales de opi­nión, existieron durante todo el curso de la historia del Partido Bolchevique, salvo por un breve período en 1921, cuando la dirección las prohibió por voto unánime como medida de excepción durante una crisis aguda.

P: ¿Hasta qué punto pueden desarrollarse las frac­ciones sin poner en peligro la seguridad del partido?

R: Eso depende de la composición social del par­tido, de la situación política y del carácter de la direc­ción. Generalmente, lo mejor es permitir que las ten­dencias pequeñoburguesas se expresen con toda liber­tad, porque de esa manera se autodesenmascaran. Si no existen tendencias de ese tipo, si la organización es más bien homogénea, se formarán únicamente agru­paciones temporales, a menos que la dirección cometa errores. Esto aparecerá en la práctica. De manera que cuando surgen diferencias se debe realizar una discu­sión, votación y aprobación de una línea mayoritaria. No debe haber discriminación contra la minoría; la hos­tilidad personal no desprestigiará a la minoría, sino a la dirección. Una dirección auténtica mantiene una acti­tud leal y fraternal hacia una minoría disciplinada.

Por supuesto que toda discusión suscita sentimien­tos que persisten durante algún tiempo. La vida política está repleta de dificultades: las personalidades cho­can, exageran sus diferencias, se fastidian mutuamen­te. Se deben superar las diferencias por las experien­cias comunes, por la educación de la base y al demos­trar la dirección que tiene razón. Se debe recurrir a medidas organizativas únicamente en casos extremos. La disciplina no se logra únicamente con los estatutos, se la construye mediante la educación. El Partido Bol­chevique forjó su disciplina gracias a su vida interna flexible. Incluso después de la conquista del poder, Bujarin y otros militantes del partido votaron contra el gobierno y el Comité Ejecutivo Central sobre problemas importantes, como la paz con Alemania. Allí se alinea­ron con los Social-Revolucionarios, quienes poco des­pués intentaron una insurrección armada contra el estado soviético. Pero el partido no expulsó a Bujarin. Lenin dijo: "Toleraremos cierta falta de disciplina. Les demostraremos que tenemos razón. Mañana aprende­rán que nuestra política es correcta y no violarán la disciplina tan fácilmente." No quiero decir con esto que los camaradas disidentes deban imitar la arrogan­cia de Bujarin. Pero recomiendo a la dirección que aprenda a tener paciencia y tacto como Lenin. Sin em­bargo, cuando las circunstancias lo exigían, sabía utili­zar el hacha con tanta habilidad como la pluma.

Para imponer la disciplina revolucionaria, la direc­ción nacional debe poseer autoridad. Esta puede aumentar enormemente cuando representa un acuerdo internacional de principios para la acción. En ello radica una de las fuentes de poder de la nueva Internacional.

P: ¿Qué piensa de la política colonial del ILP?

R: Parece existir más que nada sobre el papel. Fenner Brockway ha escrito muy buenos artículos acer­ca de las luchas en Mohmand y Etiopía. Pero debería haber más artículos y, además de palabras... acción. Hace mucho que el ILP debió haber creado algún tipo de Buró colonial para coordinar las organizaciones de obreros coloniales que tratan de derrocar al imperialis­mo británico. Es evidente que sólo los auténticos revo­lucionarios del ILP se molestarán en desarrollar esa política. Será una prueba de su conciencia revolucionaria.

P: ¿Cuál debe ser el concepto fundamental del tra­bajo ilegal?

R: El trabajo ilegal es el trabajo en las organizaciones de masas: para el ILP se trata del entrismo y tra­bajo sistemáticos en los sindicatos, cooperativas, etcé­tera, tanto en tiempos de paz como en tiempos de guerra. Usted dirá: "No nos permitirán entrar y nos expulsarán." Quien trabaja en un sindicato con una dirección reaccionaria no grita a voz en cuello "soy un revolucionario". Educa a los cuadros para que prosigan la lucha bajo su dirección. Educa nuevas fuerzas que reemplacen las expulsadas y así construye una oposi­ción de masas. El trabajo ilegal se debe realizar entre las masas trabajadoras. Uno no se refugia en un sótano como imaginan algunos camaradas. Los sindicatos son escuelas de trabajo ilegal. La dirección sindical es la po­licía extraoficial del estado. La cubierta protectora del revolucionario es el sindicato. La transición a las condi­ciones de guerra es casi imperceptible.

P: En su opinión, ¿qué tarea específica debe reali­zar el ILP para construir una nueva Internacional?

R: Si el ILP desea convertirse en un partido revolu­cionario auténtico, debe plantearse el problema de la nueva Internacional con toda honestidad.

El ILP ha dicho que la Segunda Internacional está en bancarrota. Ahora también reconoce la traición de la Tercera Internacional. Asimismo debe comprender que el Buró Internacional de Partidos Socialistas Revolucio­narios es un mito. Debe sacar la única conclusión posi­ble y agregar su nombre a la Carta Abierta por la Cuar­ta Internacional.

P: Usted dice que el Buró Internacional de Partidos Socialistas Revolucionarios no ofrece base para la lucha contra la guerra. ¿Cuál es la política del Buró? ¿Cuál su futuro?

R: El Buró no tiene una política unificada; sus par­tidos se pronuncian en todos los sentidos. El SAP ale­mán marcha resueltamente hacia la derecha, hacia la socialdemocracia y el stalinismo. Hoy recibí la noti­cia de que el congreso del RSAP, uno de los partidos más grandes del Buró, resolvió por abrumadora mayoría cortar sus estrechos vínculos con el SAP, así como separarse totalmente del Buró y asociarse con los par­tidos que luchan por la Cuarta Internacional. Incluso votó una moción de censura a su Comité Central por haber mantenido vínculos con el SAP durante tanto tiempo.

El Bloque Obrero y Campesino de España se parece en cierta medida al ILP.[13] Su dirección no es partidaria de la perspectiva internacionalista, pero un sector importante de la base está en favor de la Cuarta Inter­nacional. El USP de Rumania también evoluciona hacia una posición internacionalista revolucionaria. Hace poco expulsó de sus filas a la pequeña fracción stalinis­ta, y ya se la acusa de "trotskista". Espero que reco­nozcan a corto plazo la necesidad de unirse a la gran obra de construcción de la Cuarta Internacional.

Los demás miembros del Buró no existen, o no mantienen verdaderas relaciones con éste. El PS (Maxi­malista) de Italia no es un partido, sino un grupo microscópico, la mayoría de cuyos miembros viven en el exilio.[14] Hace dos años, el Frente Rojo austríaco tenía mil militantes en la clandestinidad.[15] Hoy ya no existe, está disuelto. ¿Por qué? ¡Porque no tenía programa ni bandera! El Partido Laborista Indepen­diente de Polonia es una broma, una organización caricaturesca carente de importancia política; mientras que nadie sabe qué es el LSG búlgaro.[16] Al igual que el Mot-Dag noruego -otro "miembro" del Buró- no es más que un grupito de intelectuales de izquierda en proceso de descomposición. El único partido obrero en Noruega es el NAP. Permaneció en el Buró durante dos años, pero rompió y no parece deseoso de construir una nueva Internacional. Justamente me acaban de informar que el NAP (el mismo día que el partido holandés se retiró del Buró) resolvió interrumpir inclu­so sus vínculos formales, aunque por razones políticas contrarias. Solo quedan dos partidos importantes: el ILP y el PS sueco.[17] El primero ya está enfriando sus relaciones con el Buró, mientras el PS vira hacia la derecha como el NAP. Es probable que repita el mismo proceso.

El Buró corre la suerte de todos los grupos centristas en épocas de agudización de la lucha de clases: las fuerzas centrífugas contenidas en su seno lo están destruyendo. Vaticinamos que el IAG perdería fuerzas tanto hacia la derecha como hacia la izquierda y eso está ocurriendo ante nuestros ojos, más rápidamente de lo que esperábamos. La historia no podría brindar un mejor aval de la justeza de nuestro análisis del cen­trismo. Si el ILP no se decide pronto, quedará como único y solitario dueño del Buró.

P: ¿Doriot no fue miembro de los "Siete Izquierdis­tas" [Buró de Londres]?

R: Por supuesto. Por razones que él conoce, jamás se adhirió formalmente, pero junto con Schwab y Gorkin fue asignado para formar el Comité Mundial por la Paz.[18] Desde luego que el comité jamás entró en funciones. Posteriormente, cuando hizo las paces con Laval, Doriot se escabulló del comité con la mayor rapidez posible. Con anterioridad, el IAG se había reunido en Saint-Denis bajo su protección. Posteriormen­te, cuando lo llamaban, su teléfono estaba siempre ocupado -hablaba con el gobierno- Doriot es un traidor abierto. Es interesante observar que en la última conferencia del IAG, fue el más vehemente en el repudio al trotskismo por la consigna de la nueva Inter­nacional, y el SAP lo aprobó con entusiasmo.

P: ¿No podrá el Buró recuperar fuerzas desde otros sectores?

R: El curso de los acontecimientos esta en contra. El francés Zyromsky era la gran esperanza del IAG. Junto con Pivert, permaneció durante un año en el grupo Bataille Socialiste. Este grupo ya no existe.

¿Cuál es la razón? La misma que en el caso del Frente Rojo de Austria: falta de programa claro, de bandera. Pivert se ha desplazado más hacia la izquierda y Zyromsky ha debido aliarse con la derecha, con el pro­pio Blum. En la actualidad, Zyromsky desempeña el pérfido papel de social-patriota stalinista en la SFIO.

Pivert ha construido un nuevo grupo de izquierda, que no durará ni seis meses. Una parte teme a los pa­triotas y otra a los bolcheviques-leninistas. El grupo se autotitula "Izquierda Revolucionaria".[19] Es levemente izquierdista, pero todavía no es revolucionario.

P: Los partidarios de Lovestone en el ILP sostienen que el PCUS debe seguir siendo un buen partido porque existe en un estado obrero. ¿Qué opina usted?[20]

R: No es un argumento marxista, sino metafísico. Si el estado obrero produjera automáticamente un buen gobierno, el Partido Comunista sería innecesario. En realidad, el PC, como gobierno del estado obrero, no es una "cosa en sí", sino que está sometido a la acción de diversas fuerzas históricas. Puede desviarse, dege­nerarse, constituirse en un peligro para la existencia del estado obrero. Eso es precisamente lo que ha su­cedido en Rusia.



[1] Una vez más acerca del ILP. New International, febrero de 1936. El texto de esta entrevista con E. Robertson, que se guarda en el Archivo Trotsky de Harvard, lleva el epígrafe "para Controversy" (el boletín de discusión del ILP). Esta conversación tuvo lugar un par de semanas después de las elecciones generales británicas, ganadas por los conser­vadores. En esa época, la sección británica de la LCI era una fracción en el ILP (el Grupo Marxista) e intentaba ganarlo para la Cuarta Internacional o reclutar obreros en su seno. El Grupo Marxista estaba dividido alrededor del problema de la política electoral. La mayoría resolvió ex­hortar al ILP a presentar el mayor número posible de candidatos y boico­tear a los candidatos laboristas, excepto a aquellos que se opusieron a las sanciones de la Liga de las Naciones contra Italia. La minoría abogaba por el apoyo crítico a los candidatos laboristas, salvo en aquellas regiones donde el ILP presentara candidatos propios. En la discusión con Robertson, Trotsky trato de aclarar los problemas de principios que se planteaban.

[2] John McGovern (1887-1968): dirigente del ILP en los años treinta, lo abandonó en 1947. Durante la Guerra Civil Española milito en el POUM. Posteriormente se volvió anticomunista. Campbell Stephen (1884-1947), diputado parlamentario del ILP en 1935.

[3] Herbert Morrison (1888-1965): diputado laborista de derecha. Fue ministro en el gabinete de coalición de guerra. Durante la Segunda Guerra Mundial clausuró la prensa stalinista y encarceló a los trotskistas. John R. Clynes (1869-1949), laborista de derecha, fue diputado durante treinta y cinco años y ministro en los dos primeros gabinetes laboristas.

[4] El congreso laborista de Brighton (1935): aprobó una resolución de apoyo a las sanciones de la Liga de las Naciones contra Italia, des­pués de un debate largo y acalorado.

[5] Arthur Ponsonby (1871-1946): dirigió el bloque laborista en la Cáma­ra de los Lores, en 1931-35. Sir Stafford Cripps (1889-1952), diputado laborista y dirigente de la Liga Socialista. Se opuso a aprobar las sanciones en el congreso de 1935. Luego fue funcionario del gobierno de coalición de guerra.

[6] Norman Angell (1874-1967): escritor pacifista, partidario del laboris­mo, fue copresidente del Comité Mundial contra la Guerra y el Fascismo y recibió el premio Nobel de la paz en 1933.

[7] Partido conservador o Tory: partido de la burguesía inglesa, surgió en el siglo XVIII del viejo partido realista de la guerra civil, los Cavaliers.

[8] Leopold C. Amery (1873-1955): político conservador, fue diputado parlamentario durante treinta y cinco años, secretario de colonias en 1924-25 y secretario de estado para asuntos de la india en 1940-50.

[9] Harry Pollitt (1890-1960) y William Gallacher (1881-1965): dirigen­tes del PC británico. Gallacher fue diputado parlamentario en 1935-50.

[10] La Liga Socialista del Partido Laborista: fundada en 1932 por ex miembros del ILP que se negaron a desafiliarse del partido. De 1934 a 1936 la presidió J.T. Murphy, un ex stalinista. La integraban también Reg Groves y otros ex trotskistas. Se opuso a las sanciones contra Italia por considerarlas una medida capitalista. En 1937 aceptó disolverse a pedido de los dirigentes del Partido Laborista.

[11] Friedrich Ebert (1871-1925): dirigente de la derecha socialdemócrata alemana. En su carácter de canciller presidió junto con Scheidemann el aplastamiento de la revolución de noviembre de 1918 y el asesinato de Liebknecht, Luxemburgo y otros. Fue presidente de la República de Weimar en 1919-25.

[12] Liga de la Juventud del ILP: organización política y cultural juvenil. La Liga de la Juventud del Partido Laborista se formó en 1926 cuando la Liga del ILP obtuvo algunos éxitos organizativos. Debió luchar cons­tantemente dentro del Partido Laborista por sus derechos y prerrogati­vas. Pudo iniciar la publicación de un periódico en 1935, y luego elegir representantes al Ejecutivo Nacional del Partido Laborista. En 1936 se la sometió bruscamente a la dirección del Partido Laborista.

[13] Bloque Obrero y Campesino español: llamado también Federación catalana, era un grupo centrista dirigido por Joaquín Maurín, que se unificó con la sección española de la LCI para formar el Partido Obrero de Unificación Marxista (POUM), en 1935.

[14] Maximalistas: constituían una tendencia centrista en el PS italiano que prosiguió su actividad en el exilio tras el acceso de Mussolini al poder. Firmaron un manifiesto conjunto con el PS y el PC llamando a la Liga de las Naciones a que sancionara a Italia por su agresión a Etiopía.

[15]Frente Rojo austríaco: grupo que se escindió de la socialdemocracia austríaca antes de que ésta fuera ilegalizada en 1934. Se disolvió y hacia fines de 1935 sus miembros ingresaron al Partido Socialista Revolucionario Socialdemócrata, una tendencia de izquierda.

[16] Partido Laborista Independiente de Polonia: pequeño grupo dirigido por Joseph Kruk, quien luego abrazó el sionismo.

[17] Partido Socialista Sueco: fundado por Karl Kilbom y otros ex diri­gentes del PC que se negaron a plegarse al viraje ultraizquierdista de la Comintern en 1929 y se aliaron a la Oposición de Derecha. Su primer nombre fue Partido Comunista Independiente Sueco. Se escindió en 1937, cuando la fracción de Kilbom rompió e ingresó al Partido Socialdemócrata.

[18] Julián Gorkin: dirigente comunista español, militó durante un período en la Oposición de izquierda, pero luego se unió al Bloque Obre­ro y campesino de Maurín y fue dirigente del POUM.

[19] Izquierda Revolucionaria: grupo formado por Marceau Pivert en el seno de la SFIO a fines de septiembre de 1935. Levantó muchas de las consignas popularizadas por el GBL en la SFIO, pero mantuvo una posi­ción ambigua respecto del Frente Popular y no se pronunció sobre la necesidad de una nueva Internacional. Repudió la expulsión de los bolcheviques-leninistas de le SFIO, pero al mismo tiempo se pronunció con­tra toda medida en favor del reintegro de los expulsados, oponiéndose así a la actividad politice independiente. Izquierda Revolucionaria fue un obstáculo para le formación de un partido revolucionario Independien­te. Al presentarse como ala supuestamente revolucionaria en la SFIO, proporcionó una excusa para que los elementos vacilantes permanecie­ren en la misma, y encubrió a la burocracia desde la izquierda al sostener que los revolucionarios tenían cabida en la SFIO.

[20] Jay Lovestone (n. 1898): dirigente del PC norteamericano en los años veinte, fue expulsado del mismo en 1929, tras la caída de Bujarin, su aliado a nivel internacional. Los lovestonistas disolvieron su organización a principios de le Segunda Guerra Mundial. Durante la guerra fría, Lovestone asesoró en cuestiones de política internacional a George Meany, presidente de la AFL-CIO [central obrera norteamericana].



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