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Sobre el frente único (1922)

León Trotsky (digitalizado por el grupo Germinal)

I.- Consideraciones generales sobre el Frente Único

1.- El objetivo del Partido Comunista es dirigir la revolución proletaria. A fin de llevar al proletariado a la conquista directa del poder y de lograr esta conquista, el Partido Comunista debe apoyarse en la aplastante mayoría de la clase obrera.

Mientras no tenga esta mayoría, debe luchar por lograrla.

No puede esperar lograrlo si no constituye una organización independiente, provista de un programa claro y de una severa disciplina interior. Por ello, ha tenido que separarse, además de mediante su organización, ideológicamente de los reformistas y de los centristas que no aspiran a la revolución proletaria, ni saben ni quieren preparar a las masas para esta revolución y se oponen a este trabajo a través de toda su forma de actuar. Aquellos militantes del Partido Comunista que deploran la escisión en nombre de la unidad de las fuerzas y de la unidad del frente obrero, muestran con ello mismo que no comprenden ni el ABC del comunismo y que sólo a causa de circunstancias fortuitas pertenecen al Partido Comunista.

2.- El Partido Comunista, habiéndose asegurado una completa independencia gracias a la unidad ideológica de sus militantes, lucha para ampliar su influencia sobre la mayoría de la clase obrera. Esta lucha puede se más o menos lenta o rápida, siguiendo las circunstancias y la coherencia, más o menos grande, de la táctica con el objetivo.

Pero es evidente que la lucha de clase del proletariado no cesa en este período de preparación de la revolución.

Los conflictos entre la clase obrera y los patronos, la burguesía o el estado, surgen y se desarrollan sin cesar a causa de la iniciativa de una u otra de las partes.

En estos conflictos, lo mismo si afectan a los intereses vitales de toda la clase obrera o a los de su mayoría o sólo a un parte de esta clase, las masas obreras sienten la necesidad de la unidad en las acciones, de la unidad tanto en la defensiva contra el ataque del capital como en la ofensiva contra éste. El partido que se opone mecánicamente a estas aspiraciones de la clase obrera a la unidad de acción será condenado, irremediablemente, por la conciencia obrera.

Así pues, la cuestión del frente único, tanto por su origen como por su esencia, no es en absoluto una cuestión sobre las relaciones entre las fracciones parlamentarias comunista y socialista, entre los comités centrales de un partido u otro, entre la Humanité y Le Populaire. El problema del frente único - a pesar de la división inevitable en esta época entre las diversas organizaciones políticas que se basan en la clase obrera - surge de la necesidad urgente de asegurar a la clase obrera la posibilidad de un frente único en la lucha contra el capital.

Para aquellos que no lo comprenden, el partido sólo es una asociación de propaganda y no una organización de acción de masas.

3.- En el caso en que el Partido Comunista sólo representa todavía a una minoría numéricamente insignificante, la cuestión de su actitud hacia el frente de la lucha de clases no tiene una importancia decisiva. Bajo estas condiciones, las acciones de masas serán dirigidas por las antiguas organizaciones, que, en virtud de sus tradiciones aún potentes, siguen ejerciendo un papel decisivo. Por otra parte, el problema del frente único no se plantea en los países en que, como por ejemplo en Bulgaria, el Partido Comunista aparece como la única organización que dirige la lucha de las masas trabajadoras. Pero donde el Partido Comunista constituye una gran fuerza política sin haber alcanzado aún un valor decisivo, donde comprende a la cuarta o tercer parte de la vanguardia proletaria, la cuestión del frente único se plantea con toda su agudeza.

Si el partido contiene a la tercera parte o a la mitad de la vanguardia del proletariado se deduce que la otra mitad o las otras dos terceras partes forman parte de las organizaciones reformistas o centristas. Pero es evidente que los obreros que aún apoyan a los reformistas y a los centristas están, también, tan interesados como los comunistas en la defensa de mejores condiciones de existencia material y en mejores posibilidades de lucha. Es pues necesario aplicar nuestra táctica de tal manera que el Partido Comunista, que es la encarnación del futuro de la clase obrera entera, no aparezca hoy en día (y sobretodo que no lo sea en los hechos) como un obstáculo a la lucha cotidiana del proletariado.

El Partido Comunista debe hacer aún más: debe tomar la iniciativa para asegurar la unidad de esta lucha cotidiana. Únicamente así se acercará a esas dos terceras partes que no marchan aún con él y que no tienen aún confianza en él porque no lo entienden. Sólo por este medio los conquistará.

4.- Si el Partido Comunista no hubiese roto radical y decisivamente con los socialdemócratas, nunca se hubiera convertido en el partido de la revolución proletaria. No hubiese podido dar ni el primer paso serio en la vía de la revolución. Habría sido para siempre una válvula de seguridad parlamentaria del estado burgués.

No comprenderlo es ignorar la primera letra del alfabeto del comunismo.

Si el Partido Comunista no buscase las formas de organización susceptibles de hacer posible en cada momento determinado las acciones comunes concertadas entre las masas obreras comunistas y no comunistas (socialdemócratas incluidas), daría prueba, por ello mismo, de su incapacidad para conquistar a la mayoría de la clase obrera mediante acciones de masas. Degeneraría en una sociedad de propaganda comunista y nunca se desarrollaría como partido para la conquista del poder.

No es suficiente con tener un machete, es necesario afilarlo. No es suficiente con afilarlo, hay que saber servirse de él.

No es suficiente con separar a los comunistas de los reformistas y ligarlos mediante la disciplina de la organización, la organización debe aprender a dirigir todas las acciones colectivas del proletariado bajo todas las circunstancias de su lucha vital.

Esta es la segunda letra del alfabeto comunista.

5.- ¿La unidad del frente incluye sólo a las masas obreras o también incluye a los jefes oportunistas?

Esta pregunta es el fruto de un malentendido.

Si hubiésemos podido unir a las masas obreras alrededor de nuestra bandera, o de nuestras consignas normales, empequeñeciendo a las organizaciones reformistas, partidos o sindicatos, sería, ciertamente, la mejor de las cosas. Pero en ese caso la cuestión del frente no se plantearía ni incluso bajo su forma actual.

La cuestión del frente único se plantea porque fracciones muy importantes de la clase obrera pertenecen a las organizaciones reformistas o las apoyan. Su experiencia actual no es aún suficiente para hacerles abandonarlas y organizarse con nosotros.

Es posible que tras acciones de masas que estén a la orden del día se produzca un gran cambio. Es justamente lo que queremos. Pero aún no hemos llegado a este punto. Los trabajadores organizados todavía se encuentran divididos en tres grupos. Uno de estos grupos, el comunista, tiende a la revolución social y, precisamente por este motivo, apoya todo movimiento (incluso parcial) de los trabajadores contra los explotadores y contra el estado de la burguesía.

Otro grupo, el grupo reformista, tiende a la paz con la burguesía. Pero, a fin de no perder su influencia sobre los obreros, se ve forzado, contra la firme voluntad de sus jefes, a apoyar los movimientos parciales de los explotados contra los explotadores.

En fin, le tercer grupo, centrista, oscila entre los dos otros no teniendo valor propio. De este modo, las circunstancias hacen posibles, en toda una serie de cuestiones vitales, las acciones comunes de los obreros unidos en estos tres tipos de organizaciones, como también de las masas no organizadas que los apoyan.

No sólo los comunistas no deben oponerse a estas acciones comunes sino que, por el contrario, deben tomar la iniciativa justamente porque cuanto más grandes son las masas atraídas al movimiento más alta deviene la conciencia de su potencia, más segura se vuelve de sí misma, y más se convierten las masas en capaces de marchar hacia delante, por muy modestas que hayan sido las consignas iniciales de la lucha. Esto quiere decir también que la ampliación del movimiento a las masas acrece su carácter revolucionaria y crea condiciones más favorables para las consignas, para los métodos de lucha y, en general, para la dirección del Partido Comunista.

Los reformistas temen al potencial impulso revolucionario del movimiento de las masas; la tribuna parlamentaria, las oficinas sindicales, los juzgados, las antecámaras de los ministerios son sus lugares favoritos.

Nosotros, por el contrario, estamos interesados, por encima de cualquier otra consideración, en obligar a los reformistas a salir de sus escondites y en situarlos a nuestro lado en el frente de las masas en lucha. Con una buena táctica esto sólo puede suceder en nuestro beneficio.

El comunista que duda o que tiene miedo se parece a un nadador que haya aprobado las tesis sobre el mejor método de natación pero que no se arriesga a lanzarse al agua.

6.- La unidad del frente supone por nuestra parte, pues, la decisión de hacer concertar prácticamente nuestras acciones, dentro de determinados límites y sobre cuestiones determinadas, con las organizaciones reformistas en tanto que éstas representan aún hoy en día la voluntad de fracciones importantes del proletariado en lucha

Pero ¿es que no nos hemos separado de las organizaciones reformistas? Sí, porque no estamos de acuerdo con ellas en las cuestiones fundamentales del movimiento obrero.

¿Y, sin embargo, buscaremos un acuerdo con ellas?

Sí, cada vez que la masa que las sigue esté presta a actuar de concierto con la masa que nos sigue a nosotros y cada vez que los reformistas se vean más o menos forzados a convertirse en el instrumento de esta acción.

¿Pero dirán que tras habernos separado de ellos tenemos necesidad de ellos?

Sí, sus oradores podrán decirlo. Y algunos de entre nosotros podrán horrorizarse a causa de ello. En cuanto a las grandes masas obreras, incluso aquellas que no nos siguen y que no comprenden nuestros objetivos pero que ven la existencia paralela de dos o tres organizaciones obreras, estas masas deducirán de nuestra conducta que, a pesar de nuestra división, tendemos con todas nuestras fuerzas a facilitarles la unidad de acción.

7.- La política del frente único, sin embargo, no encierra en sí misma garantías para la unidad de hecho en todas las acciones. Por el contrario, en numerosas ocasiones, puede que en la mayor parte de ellas, el acuerdo de las diferentes organizaciones sólo llegará a cumplirse hasta la mitad o en nada. Pero es necesario que las masas en lucha puedan convencerse en todas las ocasiones que la unidad de acción ha fracasado no por culpa de nuestra intransigencia formal sino por culpa de la ausencia de verdadera voluntad de lucha de los reformistas.

Cerrando acuerdos con otras organizaciones nos imponemos, sin lugar a dudas, determinada disciplina de acción. Pero esta disciplina no puede tener un carácter absoluto. Si los reformistas sabotean la lucha, se oponen a la disposición de las masas, nos reservamos el derecho a sostener la acción hasta el fin, prescindiendo de nuestros aliados temporales, como organización independiente.

Una encarnizada renovación de las luchas entre nosotros y los reformistas podrá ser el resultado de ello. Pero esto no será una simple repetición de las mismas ideas en un círculo cerrado, esto significará (si nuestra táctica es buena) una ampliación de nuestra influencia dentro nuevos ambientes proletarios.

8.- Ver en esta política un acercamiento al reformismo sólo puede hacerse desde el punto de vista de un periodista que cree alejarse del reformismo, cuando lo critica sin salir del despacho de redacción y que tiene miedo de enfrentarse a él ante las masas obreras, miedo de suministrar a estas masas la posibilidad de comparar al comunista y al reformista bajo condiciones de igualdad en la acción de las masas. De hecho, bajo este temor (que pretende ser revolucionario) al “acercamiento” se disimula un fondo de pasividad política que tiende a conservar el estado de cosas, en la cual los comunistas como los reformistas tienen cada uno su círculo de influencia, su auditorio, su prensa, y en el que todo esto es suficiente para que tanto unos como otros se hagan la ilusión de una lucha política seria.

9.- Hemos roto con los reformistas y con los centristas para tener libertad para criticar las traiciones, la indecisión del oportunismo en el movimiento obrero. Todo lo que limitase nuestra libertad de crítica y de agitación sería, pues, inaceptable para nosotros. Participamos en el frente único pero no podemos disolvernos en él en ninguno de los casos. Intervenimos como una división independiente.

Justamente en la acción es donde las grandes masas deben convencerse de que nosotros luchamos mejor que los otros, que vemos más claro, que somos más valientes y más decididos. Así acercamos la hora del frente único revolucionario, bajo la dirección sin discusiones de los comunistas.

II.- Los reagrupamientos en el movimiento obrero francés
10.- Si queremos examinar la cuestión del frente único en relación con Francia teniendo en cuenta las tesis formuladas más arriba, tesis que se deducen de toda la política de la Internacional Comunista, debemos preguntarnos si en Francia estamos ante una situación tal que los comunistas representan, desde el punto de vista de las acción prácticas, “una cantidad insignificante” o bien, por el contrario, agrupan a la mayoría de los obreros organizados o, incluso, tienen una posición intermedia, es decir: si son lo suficientemente fuertes para que su participación en el movimiento de masas tenga un gran valor pero no lo suficiente como para concentrar en sus manos la dirección indiscutida. Y es bien cierto que en Francia estamos en presencia del tercer caso.

11.- En el ámbito de la organización política, la preponderancia de los comunistas frente a los reformistas es indiscutible. La organización y prensa comunistas son incomparablemente más fuertes, más ricas y vivas que la organización y la prensa de los llamados “socialistas”.

Pero esta preponderancia indiscutible está lejos de ser suficiente para asegurar al Partido Comunista francés la dirección completa, indiscutible del proletariado francés debido a la fuerza de las tendencias antipolíticas y de los prejuicios que pesan principalmente sobre los sindicatos obreros.

12.- La mayor particularidad del movimiento obrero francés es que los sindicatos obreros han sido, desde hace mucho tiempo, la cobertura bajo la que se oculta un partido antiparlamentario, de una forma especial, conocido bajo el nombre de sindicalismo.

Los sindicalistas revolucionarios pueden, en efecto, separarse tanto como quieran de la política y del partido; nunca podrán negar que ellos mismos constituyen un partido político, que aspira a apoyarse en las organizaciones económicas de la clase obrera. Hay buenas tendencias revolucionarias proletarias en este partido. Pero también presenta rasgos negativos, le falta un programa preciso y una organización definida.

La cuestión se complica debido al hecho que los sindicalistas, como todos los otros reagrupamientos de la clase obrera, están divididos tras la guerra en reformistas que apoyan a la sociedad burguesa y otras que han pasado, personificando a los mejores elementos, al lado del comunismo.

Y la tendencia al mantenimiento de la unidad del frente ha inspirado, precisamente, no sólo a los comunistas sino también a los sindicalistas revolucionarios, la mejor táctica en la lucha a favor de la unidad de la organización sindical del proletariado francés. Por le contrario, Jouhaux, Merrheim y tutti quanti se han adentrado en la vía de la escisión, impelidos por el instinto de quienes se ven en bancarrota, que sienten que no podrán sostener ante la masa obrera la competencia de los revolucionarios en la acción. La lucha, de una colosal importancia, que se desarrolla hoy en día en todo el movimiento sindical francés, entre los reformistas y los revolucionarios, se nos presenta como una lucha a favor de la unidad de la organización sindical y, al mismo tiempo, a favor de la unidad del frente sindical.

III.- Movimiento sindical y Frente Único
13.- El comunismo francés se encuentra, en lo que concierne a la idea del frente único, en una situación excepcionalmente favorable. El comunismo francés ha logrado conquistar, en el marco de la organización política, a la mayoría del viejo Partido Socialista; tras lo cual los oportunistas han añadido a todas sus otras cualidades políticas la de liquidadores de organización. Nuestro partido francés ha señalado este hecho calificando a la organización socialista-reformista de disidente; este solo nombre evidencia el hecho que son los reformistas los que han destruido la unidad de acción y organización política.

14.- En el dominio sindical, los elementos revolucionarios, y los comunistas los primeros, no deben ocultar a su propia mirada ni a la de sus enemigos la magnitud de la profundidad de las diferencias de puntos de vista entre Moscú y Ámsterdam, diferencias que no son en absoluto el resultado de simples corrientes de opinión en las filas del movimiento obrero sino el reflejo del antagonismo entre la burguesía y el proletariado. Pero los elementos revolucionarios, es decir, ante todo, los elementos comunistas conscientes, nunca han preconizado la salida de los sindicatos o la escisión de la organización sindical. Esta consigna caracteriza a los agrupamientos sectarios y localistas del KAPD, a determinados grupos “libertarios” en Francia, que nunca han ejercido influencia entre las masas populares, que no tienen ni la esperanza ni el deseo de conquistar esta influencia, sino que se confinan en pequeñas parroquias bien definidas. Los elementos verdaderamente revolucionarios del sindicalismo francés han sentido instintivamente que no se puede conquistar a la clase obrera en el movimiento sindical si no se oponen el punto de vista revolucionario y los métodos revolucionarios al punto de vista y métodos de los reformistas en el dominio de la acción de masas, defendiendo al mismo tiempo con la mayor energía la unidad de acción.

15.- El sistema de núcleos en la organización sindical, que han adoptado los revolucionarios, representa la forma de lucha más natural para alcanzar la influencia ideológica y a favor de la unidad del frente, aplicable sin destruir la unidad de la organización.

16.- Semejándose a los reformistas del Partido Socialista, los reformistas del movimiento sindical han tomado la iniciativa de la ruptura. Pero precisamente la experiencia del Partido Socialista les ha sugerido que el tiempo trabaja a favor del comunismo y que se puede contrarrestar la influencia de la experiencia y del tiempo apresurando la ruptura. Vemos, por parte de los dirigentes de la CGT, todo un sistema de medidas tendentes a desorganizar a la izquierda, a privarla de los derechos que le confieren los estatutos de los sindicatos y, en fin, a excluirla (contrariamente a los estatutos y usos) de toda organización sindical.

Por otra parte, vemos la izquierda revolucionaria defendiendo sus derechos, en el ámbito de las formas democráticas de la organización obrera, y oponiéndose a la escisión decretada por los dirigentes confederales mediante el llamamiento a las masas a favor de la unidad sindical.

17.- Todo obrero consciente debe saber que cuando los comunistas no eran más que la sexta o la tercera parte del Partido Socialista, no pensaban en absoluto en la escisión, firmemente convencidos de que la mayoría del partido no tardaría en seguirles. Cuando los reformistas fueron reducidos a una tercera parte, llevaron a cabo la escisión, no teniendo ninguna esperanza en conquistar la mayoría en la vanguardia proletaria.

Todo obrero consciente debe saber que cuando los elementos revolucionarios se enfrentaron al problema sindical, lo resolvieron en la época en que sólo eran una ínfima minoría, en el sentido del trabajo en las organizaciones comunes, convencidos que la experiencia de la época revolucionaria llevaría rápidamente a la mayoría de los sindicados a la adopción del programa revolucionario. Cuando los reformistas vieron crecer la oposición revolucionaria en los sindicatos recurrieron, inmediatamente, a las medidas de expulsión y a la escisión porque no tenían ninguna esperanza en reconquistar el terreno perdido.

De aquí se extraen numerosas deducciones de gran importancia:
1) Las diferencias existentes entre nosotros y los reformistas reflejan en su esencia el antagonismo entre la burguesía y el proletariado;
2) La democracia mentirosa de los enemigos de la dictadura proletaria queda desenmascarada completamente puesto que no están dispuestos a admitir los métodos de la democracia obrera, no sólo en el marco del estado sino, también, en el marco de la organización obrera: cuando esta democracia se vuelve contra ellos, se separan, como los disidentes del partido, o expulsan a sus adversarios (como MM. Jouhaux, Dumoulin y compañía). En efecto, sería absurdo creer que la burguesía consienta jamás rematar la lucha con el proletariado en el marco de la democracia si los agentes de la burguesía, en la organización sindical y política, no logran resolver las cuestiones del movimiento obrero en el terreno de la democracia obrera, de la que aceptan, de forma ostensible, las reglas.

18.- La lucha a favor de la unidad de la organización y acción sindicales es, de ahora en adelante, uno de los problemas más importantes de los que se plantea el Partido Comunista. Se trata no sólo de reunir un número cada vez más grande de obreros bajo el programa y la táctica comunistas. Se trata de más, para el Partido Comunista se trata de buscar, mediante su acción y la de los comunistas sindicados, reducir al mínimo, en cada situación apropiada, los obstáculos que la escisión levanta ante el movimiento obrero. Si la escisión de la CGT se agrava próximamente, a pesar de todos nuestros esfuerzos encaminados a rehacer la unidad, ello no significaría de ninguna manera que la CGT Unitaria, que reúne a la mitad o más de la mitad del total de los sindicados, debería continuar su trabajo ignorando la existencia de la CGT reformista. Semejante actitud impediría considerablemente (si no lo impedía por completo) la posibilidad de una acción común del proletariado y facilitaría considerablemente a la CGT reformista ejercer el papel de una Unión Cívica burguesa, que quisiera ejercer durante las huelgas, manifestaciones, etc.; le permitiría llevar a la CGT Unitaria a acciones inoportunas de las que esta última sufriría completamente las consecuencias. A todas luces es evidente que, todas las veces que se lo permitirán las circunstancias, la CGT Unitaria, considerando necesario llevar adelante cualquier campaña, dirigirá abiertamente a la CGT reformista propuestas concretas y le propondrá un plan de acciones comunes. Y la CGTU no dejará de ejercer sobre la organización reformista la presión de la opinión obrera y de desenmascarar ante esta opinión pública sus espantadas y dudas.

Así, incluso en el caso en que la escisión sindical se agravase, los métodos de lucha por el frente único conservarían todo su valor.

19.- Se puede constatar que, en el dominio más importante del movimiento obrero (en el dominio sindical) el programa de unidad de las acciones necesita una aplicación más continuada, más perseverante y más firme de las consignas bajo las que se ha llevado a cabo nuestra lucha contra Jouhaux y compañía.

IV. La lucha política y la unidad del frente
20.- En el ámbito político una importante diferencia nos golpea en primer lugar, por hecho que la supremacía del Partido Comunista sobre el Partido Socialista, tanto en organización como en materia de prensa, es considerable. Se pude suponer que el Partido Comunista es capaz, en tanto que tal, de asegurar la unidad del frente político y que no tiene motivos para dirigir a la organización disidente ninguna propuesta de acciones concretas. La cuestión así planteada, basándose en la apreciación de la relación de las fuerzas, no tiene nada en común con el verbalismo revolucionario y merece ser examinada.

21.- Si se considera que el Partido Comunista cuenta con alrededor de 130.000 militantes, mientras que el Partido Socialista no tiene más de 30.000, el enorme triunfo de la idea comunista en Francia deviene evidente. Pero si se comparan estas cifras con los efectivos globales de la clase obrera, si se tiene en cuenta la existencia de sindicatos obreros reformistas, así como también la existencia de tendencias anticomunistas en los sindicatos revolucionarios, la cuestión de la hegemonía del Partido Comunista en el movimiento obrero se nos presenta como un problema extremadamente arduo que está lejos de haber sido resuelto por nuestra preponderancia numérica sobre los disidentes. Estos últimos pueden, bajo determinadas circunstancias, ser un factor contrarrevolucionario en el interior mismo de la clase obrera, mucho más importante de lo que parece a simple vista, si sólo lo juzgamos a través de la debilidad que su organización, de la tirada y contenido ideológico del Populaire.

22.- Para apreciar la situación conviene darse cuenta, muy claramente, de la manera en que se produce. La transformación de la mayoría del antiguo partido socialista en Partido Comunista ha sido el resultado del descontento y de la revuelta que la guerra hizo nacer en todos los países de Europa.

El ejemplo de la revolución rusa y las consignas de la Tercer Internacional parecían indicar el camino a seguir. Sin embargo, la burguesía se ha mantenido durante los años 1919-1920 y ha restablecido, a través de diversos medios, el equilibrio minado, no obstante, por terribles contradicciones y que evoluciona hacia una gran catástrofe, aunque conservando hoy en día y para el período más cercano una cierta estabilidad. La revolución rusa sólo ha logrado cumplir sus tareas socialistas lentamente, mediante un esfuerzo máximo de todas sus fuerzas, superando las más grandes dificultades y los obstáculos puestos por el imperialismo mundial. La consecuencia ha sido que el primer flujo de las tendencias revolucionarias, sin formas precisas y sin espíritu de crítica, se ha visto seguido por un inevitable reflujo. Bajo la bandera del comunismo sólo está la parte con más coraje, la más decidida y más joven de la clase obrera.

Ello no significa, ciertamente, que las grandes masas de la clase obrera, desengañada en sus esperanzas en la revolución inmediata y en los cambios radicales, hayan vuelto a las antiguas posiciones de anteguerra. No. Su descontento es más profundo que nunca, su odio a los explotadores es más agudo aún. Pero están políticamente desorientadas, buscan sin encontrarla la vía, contemporizan pasivamente con bruscas oscilaciones a un lado o a otro, según las circunstancias. La gran reserva de elementos pasivos, desorientados, podría ser ampliamente utilizada contra nosotros bajo determinadas coyunturas.

23.- Para apoyar al Partido Comunista se necesita actividad y dedicación. Para apoyar a los disidentes es necesario, y suficiente, con ser pasivo y encontrarse desorientado. Es completamente natural que la parte activa revolucionaria de la clase obrera suministre, guardando las proporciones, un mayor número de militantes al Partido Comunista que la parte pasiva, desorientada, suministra al partido de los disidentes.

Lo mismo ocurre con la prensa. Los elementos indiferentes leen poco. La baja cifra de tirada y el contenido vacío del Populaire reflejan igualmente la disposición de espíritu de determinada parte de la clase obrera. La supremacía completa en el partido de los disidentes de los intelectuales profesionales sobre los obreros no entra en contradicción con nuestro diagnóstico y nuestro pronóstico: puesto que la fracción poco activa de la clase obrera, en parte decepcionada y en parte desorientada, es, justamente y sobretodo en Francia, la que constituye una reserva en la que se alimentan las camarillas políticas, formadas de abogados y periodistas, de ensalmadores reformistas y de charlatanes parlamentarios.

24.- Si se considera a la organización del partido como a un ejército activo y a la masa obrera no organizada como a sus reservas, y si se admite que nuestro ejército activo es tres o cuatro veces más fuerte que el ejército activo de los disidentes, podría ocurrir que bajo determinadas circunstancias las reservas se repartiesen entre nosotros y los socialreformistas en una proporción bastante poco ventajosa para nosotros.

25.- La idea de un bloque de izquierdas flota en el ambiente político francés. Tras el nuevo período de poincarismo, que es el ensayo hecho por la burguesía para presentar al pueblo el plato recalentado de las ilusiones en la victoria, una reacción pacifista en los círculos más amplios de la sociedad burguesa, es decir en la pequeña burguesía, es muy probable. La esperanza en un apaciguamiento general, en una acuerdo con la Rusia Soviética, la posibilidad de recibir de ésta materias primas en condiciones ventajosas, la posibilidad del pago de las deudas, el aligeramiento de las cargas militares, etc., en un palabra el programa ilusorio del pacifismo democrático puede, durante un cierto tiempo, devenir el programa del bloque de izquierdas, que tomaría el lugar del bloque nacional. Desde el punto de vista del desarrollo de la revolución en Francia, semejante cambio de régimen será un paso adelante, con la condición expresa que el proletariado caiga lo menos posible en las ilusiones del pacifismo pequeño burgués.

26.- Los reformistas disidentes serán los agentes del bloque de izquierdas en la clase obrera. Cuanto más grande sea su éxito, menos se vera afectada la clase obrera por la idea y la práctica del frente obrero único contra la burguesía. Las capas obreras desorientadas por la guerra y la lentitud de la revolución pueden depositar sus esperanzas en el bloque de izquierdas como mal menor, no viendo otras vías y pensando en no arriesgar nada.

27.- Una de los medios más seguros de contrarrestar las tendencias y las ideas del bloque de izquierdas en la clase obrera, es decir del bloque de los obreros con una parte de la burguesía contra otra parte de ésta, es defender con resolución y perseverancia la idea del bloque de todos los partidos de la clase obrera contra toda la burguesía.

28.- En lo que concierne a los disidentes, esto quiere decir que no debemos permitirles mantener sin peligro una posición de expectativa vacilante en las cuestiones relacionadas con la lucha del movimiento obrero ni de gozar de la protección de los opresores de la clase obrera expresando, al mismo tiempo, su simpatía platónica con la clase obrera. Con otras palabras, podemos y debemos en todas las ocasiones apropiadas, proponer a los disidentes ir en ayuda de los huelguistas, de los sometidos a lockout, de los parados, de los mutilados de guerra, et., y ello bajo una forma determinada, señalando delante de la clase obrera sus respuestas formales a nuestras peticiones precisas y desenmascarándolos así ante las diversas fracciones de las masas políticamente indiferentes o semiindiferentes, masas sobre las cuales ellos esperan apoyarse en determinadas circunstancias.

29.- Esta táctica es más importante en la medida en que los disidentes están, indiscutiblemente, en estrecha relación con la CGT reformista, representando junto a ella las dos formas de acción de la burguesía en el movimiento obrero. Atacamos, así y al mismo tiempo, en el campo sindical y en el campo político esta acción de doble cara, aplicando aquí y allá los mismos métodos tácticos.

30.- La lógica irrefutable de nuestra acción se expresa así: “Reformistas del sindicalismo y del socialismo (les decimos delante de las masas), realizáis la escisión en los sindicatos y en el partido en nombre de ideas y métodos, que nosotros creemos erróneos y criminales. Os pedimos, al menos cuando se plantean problemas parciales, inmediatos y concretos en la acción de la clase obrera, que no pongáis palos en las ruedas, que hagáis posible la unidad de acción. En tal caso concreto os proponemos tal programa de lucha.”

31.- Igualmente en el dominio de la acción parlamentaria o municipal, podemos aplicar con éxito el método indicado. Les decimos a las masas: “los disidentes han escindido al partido obrero porque no quieren la revolución. Sería una locura contar con su colaboración para la obra de la revolución proletaria. Pero estamos dispuestos a concluir con ellos determinados acuerdos en el parlamento igual que fuera del parlamento, cada vez que, teniendo que escoger entre los intereses particulares de la burguesía y los intereses del proletariado, nos garanticen optar por estos últimos. Los disidentes sólo pueden hacerlo renunciando a la alianza con los partidos burgueses, renunciando al bloque de izquierdas y entrando en el bloque del proletariado. Si los disidentes son capaces de aceptar estas condiciones, los elementos obreros que les siguen pronto serán absorbidos por el Partido Comunista. Pero precisamente por esta razón, los disidentes no aceptarán estas condiciones. Con otras palabras, a las cuestiones planteadas neta y claramente, al requerimiento de pronunciarse a favor del bloque con la burguesía o a favor del bloque con la clase obrera (bajo condiciones concretas y muy claras de la lucha de clases) se verán forzados a responder que prefieren el bloque con la burguesía.

Tal respuesta no dejará de tener malas consecuencias para ellos entre las masas con cuyo apoya cuentan.

V.- Las cuestiones internas del Partido Comunista
32.- La política que acabamos de bosquejar supone sin dudas una independencia completa de la organización, una completa claridad ideológica y una gran firmeza revolucionaria por parte del Partido Comunista.

Así, por ejemplo, no se puede llevar adelante con éxito completo una política que tiende a desacreditar la idea del bloque de izquierdas, en la clase obrera, si en las filas de nuestro mismo partido se hallan hombres que osan defender abiertamente el programa actual de la burguesía. La expulsión incondicional e inflexible de todos los que preconizan el bloque de izquierda se convierte en uno de los deberes elementales del Partido Comunista. Ello limpiará nuestra política de elementos dudosos, llamará la atención de los obreros avanzados sobre la agudeza de la cuestión del bloque de izquierda y mostrará que el Partido Comunista se toma en serio todas las cuestiones que amenazan a la unidad revolucionaria de las acciones del proletariado contra la burguesía.

33.- Aquellos que intentan servirse de la idea del frente único para rehacer la unidad con los reformistas y los disidentes, deben ser excluidos inflexiblemente de nuestro partido pues son en nuestro interior los agentes de los disidentes y engañan a los obreros sobre los verdaderos causantes de la escisión y sobre sus causas. Estos, en lugar de plantear con justeza la cuestión de la posibilidad de tales o tales otras acciones prácticas a llevar a cabo de acuerdo con los disidentes, a pesar de su carácter pequeño burgués, piden a nuestro partido que renuncie a su programa práctico y a los métodos revolucionarios. La inflexible exclusión de estos elementos mostrará, mejor que cualquier otra cosa, que la táctica del frente único no tiene nada que se parezca a una capitulación o a la paz con los reformistas. La táctica del frente único le impone al partido una completa libertad de maniobra, flexibilidad y decisión. Y ello sólo es posible si el partido proclama en todas las ocasiones, clara y netamente, todo lo que quiere, el objetivo a que tiende y si realiza abiertamente delante de las masas sus propias acciones y propuestas.

34.- Es, pues, completamente inadmisible que determinados miembros del partido publiquen por su propia cuenta órganos políticos en los que oponen sus consignas y sus métodos a las tesis, a los métodos de acción y a las propuestas del partido.

Estos miembros propagan cada día bajo la égida del Partido Comunista, en los medios en los que el partido tiene autoridad, es decir en nuestro propio ámbito, las ideas que nos son hostiles; o más aún, siembran la confusión y el escepticismo, más enfermizo que la ideología netamente hostil. Los órganos que llevan adelante este fraude, así como sus editores, deben ser expulsados del partido de una vez por todas y denunciados en toda la Francia obrera a fin que ésta condene severamente a los contrabandistas pequeño burgueses que operan bajo la bandera comunista.

35.- Es igualmente inadmisible que aparezcan en los órganos dirigentes del partido, junto a artículos defendiendo las tesis fundamentales del comunismo, artículos que discuten estas mismas tesis o que las niegan. Es completamente inadmisible, e incluso monstruoso, que se prolongue en el partido un régimen de prensa que ofrece a la masa de lectores obreros, a guisa de artículos de fondo, en los órganos sometidos a una dirección comunista, artículos en los que se intenta hacernos volver a las posiciones del más lamentable pacifismo y que predican a los obreros, ante la triunfante violencia de la burguesía, el odio emplastado a toda violencia. Bajo el pretexto del antimilitarismo se lucha contra las ideas de la revolución y de la insurrección. Si tras la experiencia de la guerra y de los acontecimientos que la siguieron, sobretodo en Rusia y Alemania, aún subsisten, en el Partido Comunista, los prejuicios del pacifismo humanitario y si el Comité Director cree útil, de cara a la definitiva liquidación de estos prejuicios, abrir una discusión sobre esta cuestión, no es, sin embargo, posible que los pacifistas puedan aparecer en esta discusión con sus prejuicios como una tendencia admitida; deben ser, por el contrario, severamente amonestados por la voz autorizada del partido en la persona del Comité Director.

Cuando el Comité Director juzgue agotada la discusión, los intentos de propagación de las ideas emplastadas de tolstoismo o de cualquier otra forma de pacifismo, deberán suponer la exclusión del partido.

36.- Se puede decir, ciertamente, que mientras que la depuración del partido de los prejuicios del pasado y su consolidación interna no se vean acabados será peligroso colocar al partido en situaciones en las que deba entrar en combate con los reformistas y los socialpatriotas. Semejante afirmación sería errónea. No puede negarse, en verdad, el hecho que el paso de un trabajo de simple propaganda a la participación directa en el movimiento de masas no encierra en sí mismo nuevas dificultades y, por tanto, nuevos peligros para el Partido Comunista. Pero sería erróneo creer que el partido puede prepararse para todas las pruebas sin esta participación directa en la lucha y sin entrar en contacto con los enemigos. Por el contrario, sólo por esta vía pueden alcanzarse una verdadera limpieza interior y una verdadera consolidación del partido. Puede ocurrir que determinados elementos de la burocracia del partido o de los sindicatos se sientan más próximos a los reformistas, de los que se han separado accidentalmente, que de nosotros. La pérdida de tales compañeros de ruta no será un mal sino, por el contrario, se verá compensada centuplicadamente por la afluencia al partido de los obreros y obreras que aún siguen a los reformistas. El resultado será una mayor homogeneización del partido que se convertirá en más enérgico y proletario.

VI.- Las tareas del partido en el movimiento sindical
37.- Mucho más importante que todas las otras tareas del partido comunista nos parece la de hacer la mayor luz posible en la cuestión sindical. Sin dudas, nos toca destruir completamente y desenmascarar la leyenda propalada por los reformistas sobre nuestros pretendidos planes de someter los sindicatos al partido. Los sindicatos acogen a los obreros de todos los colores políticos, sin partido, librepensadores, creyentes, etc., mientras que el partido reúne a aquellos que tienen un mismo credo político basado sobre un programa determinado. El partido no tiene, y no puede tener, ningún medio para someter desde fuera a los sindicatos.

El partido sólo puede organizar su influencia en los sindicatos en la medida en que sus miembros trabajen en estos sindicatos y hagan admitir en ellos los puntos de vista del partido. Su influencia sobre los sindicatos depende, naturalmente, de su número así como de su manera de aplicar en una justa medida, de una forma consecuente y apropiada, los principios del partido a las necesidades particulares del movimiento sindical. El partido tiene el derecho y el deber de plantearse como objetivo alcanzar, en esta vía, una influencia decisiva en las organizaciones sindicales. Llegará a lograrlo cuando el trabajo de los comunistas en los sindicatos se realice completamente y en todo conforme con los principios del partido y bajo su permanente control.

38.- Es necesario que en todas partes la conciencia de todos los comunistas sea liberada definitivamente de los prejuicios reformistas, que sólo ven en el partido una organización política parlamentaria del proletariado. El Partido Comunista es la organización de la vanguardia proletaria para la dirección del movimiento obrero en todos sus dominios y, en primer lugar, en el dominio sindical. Si los sindicatos no están bajo la dependencia del partido sino que son organizaciones completamente autónomas, los sindicados comunistas por su parte no pueden pretender ninguna autonomía en su actividad sindical y tienen que defender el programa y la táctica de su partido. Se debe condenar severamente la conducta de determinados comunistas que no sólo no luchan en los sindicatos a favor de la influencia del partido sino que se oponen a una acción en este sentido en nombre de una falsa interpretación de la autonomía sindical. Con esta actitud facilitan a los individuos, grupos y camarillas sin programa determinado y sin organización del partido y que utilizan la confusión de los agrupamientos ideológicos y de las relaciones, la adquisición de una influencia decisiva en los sindicatos, donde estos elementos conquistan la organización a fin de librar a la camarilla del control eficaz de la vanguardia obrera.

Si el partido, en su actividad en el seno de los sindicatos debe dar testimonio de una gran atención y de una gran paciencia hacia las masas sin partido y hacia sus representantes sinceros y concienzudos; si el partido debe acercarse, mediante el trabajo en común, a los mejores elementos del sindicalismo, y especialmente a los anarquistas-revolucionarios que luchan y aprenden, no puede por el contrario sufrir durante más tiempo en su medio a los pretendidos comunistas que se sirven de su calidad de miembros del partido para desarrollar con más seguridad en los sindicatos una influencia contraria al partido.

39.- El partido debe someter a una crítica continuada y sistemática, mediante la prensa y sus militantes sindicados, las carencias del sindicalismo revolucionario de cara a la solución de los problemas fundamentales del proletariado. El partido debe criticar infatigablemente y empecinadamente las debilidades de la teoría y la práctica del sindicalismo demostrando, al mismo tiempo, a sus mejores elementos, que la única vía justa para la orientación revolucionaria de los sindicatos y del conjunto del movimiento obrero, es la adhesión de los sindicalistas revolucionarios al Partido Comunista, su participación en las discusiones y decisiones de todas la cuestiones fundamentales del movimiento, su participación en el estudio de los nuevos problemas así como en la depuración del Partido Comunista y en el reforzamiento de su ligazón con las masas obreras.

40.- Es, en fin, completamente necesario hacer en el Partido Comunista francés un censo de los miembros precisando su condición social: obrero, empleado, campesino, intelectual, etc., su relación con el movimiento sindical (si son miembros de un sindicato, si asisten a los reuniones de los comunistas, de los sindicalistas revolucionarios, si hacen aprobar las decisiones del partido concernientes a los sindicatos, etc.) y su relación la prensa del partido (qué publicaciones del partido leen, etc.). Este censo debería ser hecho de forma que sea posible tener los resultados en el IV Congreso de la Internacional Comunista.

León Trotsky, 30 de marzo y 6 de abril de 1922, Le Bulletin Communiste



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